sábado, 4 de abril de 2015

LA COSPIRACIÓN DE NOVIEMBRE (6d10)

Muy desapercibida ha pasado esta película por las carteleras españolas, a las que ya llegó, por cierto, con bastante retraso. Y no es porque su calidad sea mala, pues no es el caso.
La conspiración de noviembre es una buena película de espías, con buenas interpretaciones, escenas de acción y un argumento inteligente. El problema que tiene es que parece fuera de época, poseedora de un clasicismo pasado de moda que nos transporta a finales del siglo pasado y cuya elección del actor protagonista, Pierce Brosnan, no es que ayude demasiado.
Basada en una serie de novelas del género (con la evidente intención de convertirlas en saga cinematográfica, cosa que dudo mucho llegue a buen puerto) firmadas por Bill Granger, La conspiración de noviembre nos devuelve al Brosnan (también productor) más recordado, aquel al que le sentaba tan bien el traje de Remington Steel y que parecía haber nacido para ser James Bond, aunque probablemente no será el más recordado de ellos.
Brosnan brilla con luz propia, agradeciendo que su personaje se adecue a su edad actual. Pero ello arrastra un problema: interpretar a un héroe cansado y de vuelta de todo puede contagiar a la propia película, y así el mismo espectador termina por sentirse cansado y de vuelta de todo, comprobando que no nos están contando nada nuevo y que por mucho que se busque nada hay en el film que pueda dejar poso, aparte de una notable violencia algo más explícita que en las películas a las que homenajea (imita) de la década de los noventa.
Heredera directa de Tom Clacy, John LeCarré o el propio Ian Flemming, La conspiración de noviembre es un buen producto de entretenimiento, un deleite durante su degustación pero de la que apenas nos acordaremos pasados unos pocos meses, pese a contar con la siempre interesante participación de Olga Kurylenko, curiosamente una chica Bond de la etapa Craig.
No es un peliculón, pero personalmente siempre he sentido algo de debilidad por Brosnan, y verle de nuevo enfundado en un traje, pistola en mano, en situaciones adrenalíticas ya me bastan para disfrutar durante algo menos de dos horas de película.
Y cuando termina, a otra cosa, mariposa, y todos tan felices.

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