Mostrando entradas con la etiqueta matt walsh. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta matt walsh. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de diciembre de 2016

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN, lo justo para distraer.

En el título de Las apariencias engañan (frase hecha que no traduce para nada el original Keeping Up with the Joneses) se encuentra posiblemente la mayor mentira de la película. No, en este caso las apariencias no engañan para nada. La última película de Greg Mottola (que ha vivido tiempos mejores gracias a Supersalidos, Adventureland y Paul) ofrece exactamente lo que con su cartel y su propuesta argumental aparenta: una comedia simpática pero simplona que entretiene durante sus 105 minutos de duración pero que invita al olvido casi al momento. Incluso el giro argumental al que parece aludir el título se desvela en el propio poster de la película.
Quizá lo único verdaderamente decepcionante sea el desperdicio al que se somete a su interesante cuarteto protagonista, encabezado por un Zach Galifianakis irreconocible tras su notable adelgazamiento (y bastante menos gracioso de lo habitual quizá precisamente debido a ello), siguiendo con unas Isla Ficher y Gal Gador que pretenden rivalizar en belleza (cada una con su estilo: contundentes redondeces contra elegante delgadez) y un John Hamm que sigue buscando su lugar tras la conclusión de la serie Mad Men.
La premisa no puede ser más sencilla: un matrimonio aburridos de su vida en común, con sus hijos y su rutina, descubren que sus nuevos vecinos, una glamurosa y atractiva pareja, son en realidad una especie de súper espías, aunque en qué bando de la ley es algo que está por ver. Así, a bote pronto, es como mezclar a los soseras de Malditos Vecinos con El Sr. y la Sra. Smith.
Se supone que algo de mensaje se puede encontrar en la propuesta, como la frialdad de los barrios elegantes y exclusivos, la doble moral americana, la necesidad de echarle algo de sal al matrimonio o la aparición de la amistad en las situaciones más insospechadas, pero no nos engañemos. Esto va de echarse unas risas y poco más.
Al menos no aspira a ser una cachondada que se desinfla a las primeras de cambio, como Fiesta de empresa. Esta es mucho más humilde en sus intenciones y se limita a subirse al carro de las comedias de acción con espías que tanto has destacado en los últimos dos años, desde la magnífica Kingsman hasta la horrenda Agente contrainteligente pasando por Espías, Un espía y medio o la patria Anacleto,agente secreto.
Desde luego, tanto su base argumental como sus actores daban para mucho más de lo ofrecido, pero estamos en una época en la que no hay que pedirle peras al olmo de la comedia americana y hay que saber conformarse con productos de consumo rápido que no invitan más que a provocar la sonrisa y evadirse durante algo más de hora y media.

Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 31 de agosto de 2014

EN EL OJO DE LA TORMENTA (5d10)

En ocasiones resulta reconfortante acudir a una sala de cine sin tener ni idea de lo que te va a ofrecer la película en cuestión. Y si además, por una simple cuestión de intuición, prevés que el film en cuestión va a ser un truño insoportable, pues la cosa se pone interesante porque saber que por mala que sea finalmente no va a reducir las expectativas. En estos casos puede ser, incluso, que el resultado final sea bastante mejor de lo esperado.
Con esto no quiero decir que En el ojo de la tormenta sea una película buena, porque no lo es, pero hay que reconocer que logra cumplir con su objetivo de entretener y mantiene una tensión que muchas superproducciones de renombre no logran conseguir.
Pero lo que más llama la atención es lo disparatado de su planteamiento. No me refiero específicamente al guion, que a priori parece muy descabellado y excesivo pero desconozco si tiene algún valor científico y si lo plasmado en pantalla ha sucedido o podría suceder en la realidad. A lo que me refiero es a ese extraño pastiche entre película de acción, drama telefílmico y gotas propias del género de terror que desconcierta al espectador lo suficiente para captar su interés, con ese incierto uso de la cámara en mano que no es más que un recurso narrativo cuya finalidad no me queda muy clara y que se usa de manera totalmente tramposa.
Ya la primera escena, a modo de prólogo, está desarrollada con los esquemas clásicos de los slashers de terror, sustituyendo al asesino de turno por una tormenta eléctrica. A partir de ahí la trama se divide entre unos “cazadores de tormentas” tras la última oportunidad de conseguir algo digno de ser filmado, los problemas de un padre viudo con sus dos hijos y sus responsabilidades como subdirector de una escuela  y la historieta de dos “colgaos” fanáticos del riesgo y los videos de youtube que suponen un alivio cómico dentro de la tensión que propone la película.
Así, mientras contemplamos la formación de la mayor tormenta jamás vista que va arrasándolo todo a su paso los guionistas se esfuerzan en ofrecernos también un puñado de dramas personales que si bien no aportan nada original al menos demuestran la loable intención de profundizar en los protagonistas algo más de lo habitual en el Hollywood actual (por poner un ejemplo, sabemos mucho más de los problemas de comunicación en la relación padre/hijo así como lo sucedido con la difunta madre en una peli de acción que no llega a noventa minutos de lo que se nos explicó en las casi tres horas de Transformers: la era de la extinción sobre el mismo tema).
Frente a las cámaras, un puñado de actores desconocidos conscientes de que el verdadero reclamo del film es la propia tormenta con tan solo dos rostros mínimamente familiares pero sin suficiente caché como para aparecer siquiera en el cartel de la película: Sarah Wayne Callies, quien tiene el privilegio de haber sido la intérprete más odiada por los fans tanto en Prison Break como en The Walking Dead y Richard Armitage, cuyo mérito principal hay que localizarlo bajo el maquillaje y los retoques digitales que lo convirtieron en Thorin en la trilogía de El Hobbit.
Tras las cámaras un director cuya única película reconocible es Destino Final 5 pero cuyo currículo mejora si consideramos que ha sido director de la segunda unidad de Titanic y Avatar. Steven Quale realiza un curioso experimento al tratar de explicarlo todo a través de las filmaciones en video que realizan los propios protagonistas pero inventando excusas para saltarse las normas propias del género y ofrecer travelings, planos aéreos y lo que le viene en gana, haciendo que parezca en muchos momentos una filmación convencional. Lo que resulta evidente es que ese recurso ni aporta una tensión especial (como en el caso de películas tipo REC) ni reduce considerablemente el presupuesto (como tonterías tipo El heredero del Diablo) ya que los efectos especiales lucen bastante y el truquito de la cámara en mano no oculta tampoco las limitaciones presupuestarias que quedan bien cubiertas con maquetas convencionales.
He leído por ahí un titular que la definía como entretenimiento culpable y voy a apropiarme del concepto. Porque eso es lo que la película, un Twister venido a menos o un telefilm venido a más, una película flojita pero que hay que reconocer que engancha y cumple con creces su cometido.
No aporta grandiosidad a la cartelera, pero eso no siempre es necesario, ¿no?