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domingo, 30 de abril de 2017

LOS GUARDIANES DE LA GALAXIA, VOL. 2: Siguen molando...

Cuando en 2014 Marvel dio luz vede a Los Guardianes de la Galaxia todos en la compañía eran conscientes del gran riesgo que estaban corriendo al apostar por una película tan diferente de lo que hasta ese momento había ofrecido el MCU y adaptando además unos personajes tan poco reconocibles no solo para el aficionado de a pie sino incluso para el fandom más marvelita.
Sin embargo, pese a contar con un director casi de serie B y un reparto poco estelar (los dos actores más taquilleros se limitaban a poner voz a sus personajes), el film fue un gran éxito y logró expandir aún  más el universo Marvel en el cine.
Sin contar con el factor sorpresa a su favor, la esperada secuela de esa ya mítica película, que repite director y casting, podría tenerlo muy difícil para contentar a los fans. El hype generado era incontrolable y la proximidad de La guerra del Infinito hacía prever que esta película iba a ser clave para el futuro de la saga fílmica. Sin embargo, James Gunn ha demostrado que no se deja amedrantar ante nada y ha apostado por arriesgar de nuevo concibiendo una historia más alejada si cabe del resto del Universo Marvel. Si en la primera película había una presencia importante de Las Gemas del Infinito o de la amenaza latente de Thanos, en Los Guardianes de la Galáxia Vol. 2 no hay más que unas menciones casuales. Se trata esta vez de ver como los Guardines se labran su propio camino, alejados (por el momento) del resto de héroes cuya existencia ni siquiera conocen. Esta es, por tanto, una especie de película de transición, una excusa para conocer la maduración del grupo, en espera del gran acontecimiento final. Lo cual no implica, por otro lado, que sea una grandísima película.
Efectivamente, Gunn consiguió que Los Guardianes de la Galaxia fuese una magnífica carta de presentación para este improbable grupo de compañeros más que amigos para ahora, ya enamorados todos de los personajes, empezar a indagar en ellos. Así, tal y como suceda en la saga de Fast&Furious, la unión del equipo debe ser la clave para vencer a las adversidades, convirtiendo esa camaradería inicial en algo muy parecido a una familia. Pero para ello, tal y como mandan los cánones, primero deben ser separados, fragmentados para debilitarlos y poder apreciar así sus puntos flacos y temores.
Con semejante planteamiento, se puede adivinar que Los Guardianes de la Galaxia, Vol. 2 es una película más intimista y de corte personal que su predecesora. Y aunque así es, que nadie se lleve a engaño. No se ha perdido el sentido del humor. Al contrario, este se ha potenciado más aún, llegando a límites insospechados (magnífica la escena inicial en la que una gran batalla se ve apenas de pasada mientras la cámara se centra en un bebé Groot bailando) pero totalmente autoconscientes, que en manos de un director más torpe podrían haber caído el ridículo pero que aquí lo esquivan consiguiendo que todo sea una gran fiesta.
La gran baza de la película, por tanto, es la milimétrica precisión con la que Gunn sabe conjugar tres elementos de difícil encaje: el cachondeo, la sensibilidad y la épica.
Los Guardianes de la Galaxia, Vol. 2 es una película delirante tremendamente divertida, con un uso de la luz y el color casi alucinógeno, pero a la vez contiene escenas muy emocionantes y acción espectacular y, en algún momento, incluso invita a la lagrimita.
Aunque sin duda el bebé Groot será quien arrase en las jugueterías este verano, todo el reparto vuelve a estar a gran nivel, teniendo más  momentos de lucimiento debido a ese tono introspectivo que comentaba antes, y reforzando las relaciones entre ellos. Así, Gunn consigue recuperar personajes de la película anterior que de otra manera podrían haber chirriado y tiene tiempo de incluir incluso a algunos nuevos, como Mantis o Stakar Ogord.
Como acostumbra a suceder en las películas Marvel, si en algo flaquea la película es en la sensación de que se enfrenten a una verdadera amenaza, pero eso es un peaje que se paga con gusto cuando lo importante aquí es la diversión por encima de todo.
Por ello, Gunn plantea dos conflictos que a la postre importan más que el propio destino del universo (resueltos de manera dispar) como son las relaciones paternofiliares y fraternales sobre las que se asienta la parte sentimental del film, aunque haya tiempo también para indagar sobre el amor, la lealtad o la soledad.
He oído alguna queja por ahí sobre la falta de “magia” de esta secuela con respecto a la original, y aun sin compartirla del todo puedo llegar a entenderla. Tal y como sucediera con Los Vengadores y Los Vengadores: la era de Ultron, cuando la película original es casi insuperable las comparaciones resultan siempre odiosas, y ambas franquicias tienen unas características que impiden que sus secuelas busquen un rumbo nuevo a la vez que tampoco pueden limitarse a repetir los esquemas. Por eso agradezco que Gunn haya arriesgado, distanciándose del resto del MCU (qué fácil habría sido meter por aquí a Iron man, que al fin y al cabo en el comic estuvo un tiempo compartiendo aventuras con los Guardianes) y buscando una conexión casi literal con el papel (no imaginé que tendría la osadía de ofrecer una imagen del auténtico Ego), regalando al fan algún que otro cameo que puede quedar como un simple chiste o abrir las puertas a lo que nos espera en una futura película.
Lo que sí que no ha cambiado son las referencias ochenteras (David Hasselford incluido), la impresionante banda sonora (que en esta ocasión funciona como perfecto acompañamiento al guion), el derroche de imaginería y las interpretaciones cargadas de carisma, con la incorporación de un Kurt Russell que, aparte de demostrar que en eso de la rejuveneción facial Marvel está un peldaño por encima de sus competidoras (y se está convirtiendo, después del Michael Douglas de Ant man y el Robert Downey Jr. de Civil War, en una marca de la casa), se permite un homenaje a su amigo John Carpenter con un arranque que recuerda, y mucho, a Starman.
En definitiva, un gran espectáculo que invita a disfrutar y nada más que disfrutar. Ya lo dicen en la propia película: “Hay dos tipos de personas: los que bailan y os que no”. Pero sea del tipo que sea cada uno, esta película le va a gustar.

Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 28 de enero de 2017

VIVIR DE NOCHE, magnífica en todos los sentidos.

Aunque estamos en una sociedad que, desde hace tiempo, y más con la irrupción de las redes sociales, acostumbra a seguir las modas y los caprichos de unos cuantos, últimamente este fenómeno se está acrecentando con casos tan ridículos como el de La la land, la película a la que todo el mundo alababa antes de haber visto y que tras su triunfo en taquilla y nominaciones ahora resulta que es tendencia decir que es una mierda y negarse rotundamente a verla.
Algo parecido sucede con Ben Affleck. Tras unos inicios arrolladores (Oscar como guionista incluido) se puso de moda el atizarle en todas sus interpretaciones (en algunas de las cuales lo cierto es que él mismo lo ponía bastante fácil) para luego encumbrarlo como director. Y ahora que ha recuperado las mieles del éxito interpretativo con su Batman (aún recuerdo los chistes y suicidios en masa cuando se anunció su fichaje) y la ilusión que despertó que se fuese a hacer cargo de dirigir la película en solitario del murciélago, ahora parece que es tendencia apalear el resto de sus trabajos como director. Es más, tras el Oscar que ganó su última película, la estupenda Argo, parece como si Vivir de noche ni siquiera hubiese interesado a nadie.
Pues permítanme decir, señoras y señores, que estamos ante una magnífica película. Puede que incluso una de las mejores (si no la mejor) de su director. Quizá es que el tema no apasione tanto como el entramado político de Argo o la corrupción de The Town, pero no me cabe la menor duda de que el manejo de la cámara y los brillantes diálogos que esconden Vivir de noche merecen encumbrar este título por encima del resto y situarlo como la mejor propuesta que hay en cartelera en estos momentos.
Vivir de noche es una historia sobre la América de la Gran Depresión, un relato de rivalidades mafiosas y de un hombre, un solitario, que se ve atrapado en ese juego sin pretenderlo y se traslada hasta Tampa, Florida, donde se hará cargo del negocio del ron en asociación con los cubanos. Sin embargo, pese a su gran violencia (con escenas de intensa crudeza) y sus muchas muertes, no es esta una historia de gansters, sino un relato de venganza, de pasión y traición y de segundas oportunidades. Joe Coughlin, el tipo al que da vida el propio Affleck, no es un mal tipo, simplemente alguien que no es capaz de huir de un pasado de violencia y al que la muerte rodea sin concesión, que debe hacer cosas sucias a su pesar para poder salir adelante y que ni siquiera se le permite refugiarse en el amor para tratar de evadirse de la realidad.
Puede que la historia avance un poco a trompicones, como si estuviese dividida en capítulos que Affleck no quiere entremezclar demasiados (no sé si por culpa de la novela de Dennis Lehane en la que se basa o por decisión propia), pero no es algo que moleste particularmente, ya que lo que se cuenta siempre resulta relevante y hace avanzar a la historia siempre en línea recta.
En el diseño de producción el nivel es impecable, con una recreación ambiental de sobresaliente que recrean esa América cruel y racial con elegancia y todo lujo de detalle, volviendo a lucirse Affleck con su manejo de la cámara y componiendo secuencias fabulosas, planos perfectos y encuadres magistrales, todo ello con un ritmo que sabe alternan momentos de diversión cruel con grandes dosis de drama y que tiene en los diálogos escritos por el propio director otro punto de admiración.
Finalmente, en el lujoso reparto, puede que sea Affleck el más encorsetado, lo cual tampoco logra estropear la película. A su alrededor, un elenco magnífico de actores como Chris Cooper, Brendan Gleeson,  Zoe Saldana, Elle Fanning o Sienna Miller que terminan de dar lustro al film.
En resumen, una pequeña obra maestra que me ha hecho disfrutar desde el primer minuto hasta el final y me invitan a incluir definitivamente a Affleck en mi lista de los mejores directores actuales, al lado de nombres ilustres como Gibson, Fisher, Scott, Spielberg y compañía.

Valoración: Nueve sobre diez.

viernes, 26 de agosto de 2016

STAR TREK: MÁS ALLÁ. Echando de menos a J.J.

Corría el año 2009 y la saga Star Trek (televisiva y cinematográficamente hablando) parecía totalmente agotada y defenestrada hasta que llegó el nuevo rey Midas de Hollywood J.J.Abrams y se sacó de la chistera una mezcla entre remake/secuela/reboot que funcionó estupendamente y ofreció una segunda juventud para las aventuras del Enterprise y su tripulación por más que los trekkies más radicales echaran pestes de ella. 
Tras una secuela igual de exitosa se puso por medio Star Wars y Abrams se bajó de la silla de director (que no de productor) dejando su puesto a Justin Lin, director taiwanes que ya había demostrado su buen hacer en las mejores piezas de la saga Fast & Furious.
No es este el único cambio importante que hay tras los créditos de Star Trek: Más allá, ya que los guionistas de las dos primeras entregas (Alex Kurtzman y Roberto Orci), fieles colaboradores de Abrams, dejaron los papeles en manos de Simon Pegg y Doug Jung. También Carol Marcus, el personaje de Alice Eve en Star Trek: En la oscuridad, desaparece sin comentario alguno.
Por el resto, todo sigue como siempre, con la tripulación de la Enterprise bien definida y la personalidad del capitán James T. Kirk evolucionando de película en película. Atrás han quedado los días de las chiquilladas, y tras los hechos de En la oscuridad el personaje al que da vida Chris Pine es ya un mando responsable y formal que incluso parece cansado ya de las aventuras espaciales y se plantea sentar la cabeza definitivamente.
Con la entrada de Pegg en el equipo de guionistas se podría pensar que la cosa iba a ser mucho más humorística, pero el protagonista de Zombies Party parece saberse muy bien las inquietudes de los trekkies recuperando a la Enterprise del espíritu aventurero de la que quizá carecía en las dos películas anteriores y recordando que se trata de una nave de exploración y no bélica, por más que la guerra termine persiguiéndola a ella.
De hecho, es la muerte uno de los temas centrales de la película, o al menos de las motivaciones de sus dos protagonistas principales. El fallecimiento de Leonard Nimoy, el Spock original que estaba presente en esta saga como versión futura y alternativa del Spock de Zachary Quinto, es usado como recurso para que el Spock joven se replantee su lugar en el mundo (además de servir para rendirle tributo), mientras que el cumpleaños del capitán Kirk le recuerda que ha conseguido vivir más de lo que lo hizo su propio padre (no os preocupéis por ello, Abrams ha anunciado que este, interpretado por Chris Hemsworth, volverá en la siguiente entrega, ya veremos cómo). Además, y como elemento externo, hay que recordar que el actor Anton Yelchin, que daba vida a Chekov, falleció poco después de terminar el rodaje; a él también va dedicada la película.
Star Trek: Más allá tiene momentos de mucha oscuridad, pero también de pura aventura, explorando nuevas razas y mundos desconocidos e incluso añadiendo nuevos personajes a la ecuación, como la Jaylah a la que interpreta Sofia Boutella, toda una declaración de intenciones que pretende diversificar la acción pero que termina pesando demasiado en el ritmo narrativo. Hay mucha acción, persecuciones y peleas, pero Lin no es Abrams y la dirección no es tan firme como en las dos películas anteriores. No trabaja Lin con la misma limpieza (reflejos luminosos aparte)y hay momentos de confusa precipitación que ensombrece el espectáculo, parte que el exceso de maquillaje reste presencia a un actor como Idris Elba en el papel de villano, en clara contraposición a lo que sucedía con el Khan de Benedict Cumberbatch.
En resumen, que estamos ante un nuevo gran espectáculo visual, una delicia de película, divertida, emocionante y adrenalítica, algo loca en algunos momentos (el capitán Kirk haciendo motocrós en un planeta extraño), pero que no consigue despegar del todo en busca de esta nueva identidad que la diferencia del trabajo de Abrams, colocándola un pasito por debajo de las dos anteriores estregas. Incluso el gran Michael Giacchino parece algo más acomodado que en otras ocasiones.
Película a la que se le pueden poner objeciones, y bastantes, pero que sigue siendo un magnifico entretenimiento.

Valoración: siete de diez.

viernes, 22 de agosto de 2014

GUARDIANES DE LA GALAXIA (9d10)

Marvel lo ha vuelto a conseguir y ha dado en el blanco con una pieza imprescindible dentro delk universo cinemático que está creando más allá del mundo de los comics.
Desde que se supo que Guardianes de la Galaxia iba a ser la cuarta y penúltima película de la Fase Dos de Marvel (justo antes de Los Vengadores: la era de Ultrón) no han sido poca las especulaciones sobre la misma, pues tras el apabullante y sorprendente éxito de la Fase Uno (Los Vengadores es de lejos la película más taquillera a nivel mundial de los últimos cinco años y la tercera de toda la historia) Marvel parecía haberse acomodado un poco, limitándose a repetir (y mejorar, en lo posible) los esquemas de sus triunfos el pasado (y que conste que no lo digo como algo negativo; El Capitán América: El Soldado de Invierno sigue siendo una de las mejores películas del año). Por eso la apuesta por Guardianes de la Galaxia parecía sumamente arriesgada y desconcertante.
Tras la presentación (mediante cinco películas) sin prisa pero sin pausa de los diferentes integrantes de Los Vengadores, ahora la productora afrontaba el desafío de repetir con una película coral sin conocimiento previo de los personajes, que tampoco es que sean unos superventas en papel y entre cuyos miembros se encuentran un mapache y un árbol. 
Para rizar el rizo, el elegido para dirigir tan pírrica empresa era Peter Gunn, un tipo desconcertante como pocos en cuya filmografía apenas destaca la cruenta Slither(La Plaga), la genial aunque surrealista Súper (primera toma de contacto del realizador con los superhéroes) y una serie de cortometrajes titulada PG Porn que representaba todos los tópicos del cine X pero para todos los públicos. Con semejante currículo era fácil intuir que era el realizador adecuado para esta película, aunque faltaba por ver si era el adecuado para hacer una obra maestra o un bodrio infumable que no soportaran ni los frikis más comiqueros.
Y, contra todo pronóstico, logró lo primero. 
Con un aire revival anclado en los ochenta y claros homenajes a la cultura pop de esa década (desde la genial banda sonora hasta las referencias a a Footloose –por cierto, que Kevin Bacon, héroe en las sombras de la película, es un viejo conocido de Gunn gracias a Súper-, Guardianes de la Galaxia es la película de acción perfecta, capaz de medir a la perfección sus tiempos y sin renunciar a ningún elemento cinematográfico clásico (hay drama, emoción, romance, todo en muy pequeñas dosis) pero apostando siempre por la acción más espectacular (y ojo, esto no quiere decir excesiva, interminable y agotadora) y, sobretodo, un sentido del humor tan salvaje que logra superar incluso a la joya de la corona marvelita que fue el primer Iron Man, piedra de toque de todo el imperio comiquero actual.
Sin que el argumento sea nada del otro mundo (un grupo de inadaptados sociales deben unirse para enfrentarse a un mal mayor y descubrir a los héroes que llevan dentro), la puesta en escena es tan eficaz que no solo resulta fácil empatizar con cualquiera de los cinco protagonistas (destacando a los dos personajes generados por ordenador) sino que sus traiciones y alianzas resultan tan coherentes como creíbles.
Lo que más llama la atención es la aparente desvinculación con el Universo cinemático Marvel tal y como lo conocíamos hasta ahora. Sí, sabíamos que había vida extraterrestre (los Chitauri y los propios asgardianos) en contacto con nuestro planeta e intuíamos (recuerden el extraterrestre azul de SHIELD) que nos quedaba mucho por descubrir, pero no hay en Guardianes de la Galaxia ninguna referencia directa a ningún miembro de Los Vengadores, ni cameos sorpresa ni aparición postcréditos de Nick Furia. 
Lo único que nos demuestra que estamos ante un capítulo más de la impresionante saga que se está cociendo a caballo entre el cine (principalmente) y la televisión es la aportación de El Coleccionista (visto fugazmente en la escena postcréditos de Thor: El reino oscuro), el cameo de Thanos (también brevemente vislumbrado al final de Los Vengadores) y la existencia de Las Gemas del Infinito. 
Por lo demás, pese a que el seguidor Marvel puede palpar la conexión espiritual en el ambiente, Guardianes de la Galaxia podría considerarse una película claramente independiente, por más que todo parece indicar que en la Fase Tres Guardianes y Vengadores podrían cruzar sus caminos.
Pero aunque el mérito de Gunn (guionista aparte de director) es grande y hay que congratularse por la sensación de que Marvel le ha dado rienda suelta para hacer lo que le venga en gana, no todo el mérito es suyo, pues no cabe duda que el casting del film es casi perfecto, siendo todos los actores –por variopintos que sean- idóneos para su papel. Así, tenemos a desconocidos como Chris Pratt interpretando a Peter Quill (un perfecto y adorable caradura heredero natural de Harrinson Ford), estrellas reconocidas como Zoe Saldana (nueva diva de la ciencia ficción gracias a Star Trek y capaz de hechizar con su sensualidad ya sea azul, como en Avatar, o verde, como la asesina Gamora), luchadores fingiendo ser actores como Dave Bautista ejerciendo de Drax el Destructor (y, sinceramente, no lo hace nada mal), actores reconocidos poniendo movimiento y voz a Groot y Rocket como Vin Diesel y Bradley Cooper, actores de renombre casi irreconocibles bajo el maquillaje como Lee Pace, Karen Gillian y Djimon Hounsou (Ronan, el Acusador, Nébula y Korath), estrellas oscarizadas como Benicio Del Toro y Glenn Close, aportaciones de nivel de la mano de John C. Reilly y Michael Rooker, el cameo sorpresa de turno de la mano de Josh Brolin, y así hasta un largo etcétera. 
Todos cumplen a la perfección en una epopeya donde, esta vez sí, los efectos pirotécnicos y el maquillaje están al servicio de la historia, y no al revés, y cuya genialidad llega a niveles sublimes (si no le arrebata el Oscar a los mejores efectos digitales a El amanecer del Planeta de los Simios por ahí andará) en la confección de Rocket y Groot.
Guardianes de la Galaxia es divertida, trepidante, emotiva, brillante y conjuga la gran habilidad de ser una obra para todos los públicos, niños o adultos, amantes de la acción o de la comedia, fans de los comics o completamente desconocedores de los mismos. Tras el inmenso trabajo de J.J.Abrahms para resucitar Star Trek, Guardianes de la Galaxia viene para demostrar que el género de la space-opera no está tan fiambre como podía parecer y cuya confirmación vendrá de nuevo de la mano de J.J. en la nueva Star Wars.
Y precisamente referenciando a Star Wars se encuentra la única pega que se podría poner a Guardianes de la Galaxia. En su deseo no disimulado de rendir tributo a la cultura pop de los ochenta fuerza demasiado los guiños con respecto a la obra de George Lucas. Groot y Rocket son la equivalencia de R2D2 y C3PO, Peter Quill es la reencarnación de Han Solo (incluso tiene su propia versión del Halcón Milenario), hay un misterio latente no resuelto sobre la identidad del padre de Peter e incluso en un momento dado hay una escena con amputación de mano. Demasiadas referencias para una película que, aun así, es magistral.
Metan en una coctelera el concepto de cine independiente, la serie B, el blockbuster y filtren el resultado a través del rasero Marvel. El resultado será: Guardianes de la Galaxia, un film que no solo compite mano a mano con El amanecer del Planeta de los Simios para ser la película del verano sino que ambas estarán en lo más alto de la lista de lo mejor del año.
Una genialidad extremadamente divertida. La única lástima es que, viendo el buen resultado que les ha dado dejar a un tipo tan personal como Gunn campar a sus anchas, ¿por qué no se han atrevido a hacer lo propio con Edgar Wright, recientemente despojado de la silla de director de Ant Man, la primera película de la Fase Tres?





domingo, 7 de julio de 2013

STAR TREK, EN LA OSCURIDAD (9d10)

En 2006 un prometedor cineasta de 40 años que despuntaba como guionista (A propósito de Henry, Eternamente jovenArmageddon) y creador televisivo (Felicity, Alias), posiblemente gracias al éxito que estaba siendo su último proyecto, la serie Perdidos (Lost, que supondría un hito en la historia y cambió la manera de hacer televisión), debutó como director de cine con Misión Imposible 3, posiblemente el único traspiés en su todavía corta trayectoria. 
Para tratar de resarcirse prometió a la productora un gran éxito por cuatro duros y produjo (dejando los mandos de la dirección a su amigo Matt Reeves), con una espectacular campaña publicitaria viral sin precedentes, Monstruoso, que superó las expectativas más optimistas y le permitieron tomar las riendas de la renovación de una saga si no muerta, por lo menos agónica: Star Trek. Cuatro años después, tras emocionar con Super 8, recuperar el brillo perdido con la producción de Misión Imposible: protocolo fantasma y rizar el rizo en materia televisiva con Fringe (a lo que habría que añadir la confirmación de que se sentará en la silla de director de la nueva Star Wars), J.J.Abrams regresa al mundo de Star Trek de la mano de sus fieles compañeros de juerga y guionistas habituales: Roberto Orci, Alex Kurtzman y Damon Lindelof.
Cuando se planteó resucitar Star Trek hubo mucho debate sobre si hacer una nueva secuela, un remake o un reboot, pero Abrams, más listo que ninguno, consiguió zanjar el asunto haciendo las tres cosas a la vez, consiguiendo empezar de nuevo con los personajes clásicos pero más jóvenes y con nuevos rostros, aunque manteniendo la continuidad con las diez películas anteriores, usando algunos de sus recursos favoritos (que ya había practicado en sus series) como los viajes en el tiempo y la creación de líneas temporales alternativas, es decir, este Star Trek se desarrolla en un nuevo universo paralelo al ya conocido, y cono nexo de unión la presencia de un veterano Spock, con el insustituible rostro de Leonard Nimoy. El resultado fue una película magnífica, para muchos la mejor de la saga, con una sabia combinación de acción, espectacularidad y fantasía,  cuidando a los personajes y con medidas dosis de humor. Dicen los fans más radicales, los trekkies, que está más cerca del espíritu de Star Wars que del de Star Trek,  a lo que yo añado: ¿y eso es malo?
El caso es que por segunda (o doceava) vez aterriza en nuestras salas la nave Enterprise, repitiendo el elenco original completo con dos incorporaciones: Peter Weller (inolvidable Robocop) y Alice Eve (vista recientemente en Men in Black 3). Tras ver en la anterior película como Jim Kirk aprendía a asumir sus responsabilidades, en esta ocasión tendrá que dar un paso adelante y demostrar que es algo más que un temerario irresponsable y estar a la altura del cargo de capitán de la USS Enterprise, mientras que Spock descubrirá el valor de la amistad y de esos sentimientos humanos que su mitad vulcana se empeña en ocultar. Pero esto no es un drama sentimental, ni mucho menos. Star Trek,  en la oscuridad contiene mucha más acción, épica y espectacularidad que sus predecesoras, siendo una delicia visual, un torbellino de adrenalina que se disfruta del primer al último minuto y repleta de guiños que seguro los fans más clásicos sabrán reconocer y disfrutar (por fin vemos a los klingons, sin duda la gran amenaza que llegará para cerrar la trilogía de Abrams). Los actores protagonistas, por su parte, se sienten cómodos en sus personajes, totalmente identificados con ellos y haciéndonos olvidar a los William Shatner, Leonard Nimoy y compañía de las primeras películas. Para las nuevas generaciones la tripulación del Enterprise es y será la formada por Chris Pine (Kirk), Zachary Quinto (Spock), Zoe Saldana (Uthura), Karl Urban (Bones), Simon Pegg (Scotty), John Cho (Sulu) y Anton Yelchin (Chekov).
Todo en este film ronda la perfección, empezando por una historia que atrapa, una acción que apabulla y una dirección impecable, aunque la guinda que corona el pastel es la sublime banda sonora de Michael Giacchino, compositor fijo de Abrams que crece con cada nuevo proyecto.
Hay algo en esta película que demuestra la implicación de todos los componentes del equipo, el cariño con el que se ha trabajado, la pasión y la energía que hay puesta en cada escena y que termina atrapando y emocionando al espectador (aprended lo que es una película con alma, Nolan, Snyder, Zimmer y compañía).
De todas formas,  todo esto podría valer también para la anterior Star Trek, así que... ¿qué tiene esta de especial para ser mejor que la anterior (y para, de hecho, ser la puntuación más alta que he otorgado en esta web)? Su villano, no hay duda. Sin querer menospreciar al Nero de Eric Bana, le faltaba algo para ser esa gran amenaza que nos acongojara a todos (por más que destruya Vulcano y estuviera a punto de hacer lo mismo con la Tierra), pero la presencia enigmática y sobrecogedora de Benedict Cumberbath (el mejor Sherlock Holmes que ha habido nunca) como Khan es sencillamente impresionante. No he sido nunca un gran seguidor de esta saga (de hecho creo que he visto todas las películas del reparto original, pero que me aspen si las recuerdo), así que no entraré a valorar las posibles comparaciones entre este Khan y el que interpretara Ricardo Montalbán, pero la historia que rodea a esta versión del personaje convence como para otorgarle el papel de malvado del film (aunque no el único) mientras que Cumberbath llena la pantalla con su mirada penetrante y su aspecto amenazador.
Quizá sí que Abrams tenga más corazón de Jedi que de trekkie, y muchos momentos de la película pueden recordar a la saga de Lucas (el planeta primitivo, sin ir más lejos), pero eso, por mucho que ofenda a un puñado de frikkis obsesivos, es algo positivo. Por un lado, ha conseguido resucitar una saga agotada y caída en el olvido (todos esperamos ahora con impaciencia esa anunciada guerra entre la Alianza y los klingons) y por otro ha colmado de esperanzas y entusiasmo desbordado el inminente inicio de la nueva trilogía de Star Wars, tras los decepcionantes episodios uno a tres.
Así que... ¿Qué hacéis leyendo esto en lugar de ir corriendo a verla?

Que la fuerza os acompañe... Err... Esto... Perdón... Quería decir: Larga vida y prosperidad.