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lunes, 30 de diciembre de 2019

CATS

Mi pregunta es sencilla: ¿cómo narices se enfrenta uno a una película como esta?
La carrera del director Tom Hooper es tan extraña como desigual. Tras deslumbrar con la excesivamente formal El discurso del rey bajo algunos enteros con La chica danesa (mi problema con esa película es su protagonista, lo confieso). Por medio dio el salto al musical y se puso muy teatral al adaptar Los miserables, algo que gustó bastante (excepto a mí, pero bueno). Y, quizá cómodo dentro del género, ahora no se le ocurre otra cosa que adaptar el eterno éxito de Broadway Cats.
Para quien no lo sepa: Cats es la historia de unos gatos callejeros que una vez al año compiten para elegir a aquel que entre ellos renacerá en una especie de reencarnación. Algo que ya de por sí suena extraño y confuso a lo que hay que sumar que se trata de gatos antropomorfos. Es decir, actores disfrazados o, en este caso, retocados por ordenador.
Una idea loca que puede funcionar muy bien en los escenarios y que en cine podrían haber dado para una producción en animación o una locura visual propia del Tim Burton de su mejor época, pero que en manos de Hooper resulta una cosa extraña, entre ridícula e insultante, donde las canciones de Andrew Lloyd Webber no lucen como deben excepto en su tramo final y que resulta bochornosa y anticuada a la vez.
Resulta incómodo ver a los actores así caracterizados (más en el caso de actores famosos y reconocibles), con la leve excepción de la protagonista, que es la única que merecería salvarse de la quema (quizá la redondez de su rostro ayuda a aceptar la broma de mal gusto que es esta conversión felina), provocando cierta desazón en el espectador similar al efecto valle inquietante de los personajes creados (mal creados, mejor dicho) por CGI. Lo peor es que uno nunca puede llegar a saber si los autores de este despropósito se lo pretenden tomar en serio o no. Sin una historia coherente como tal (se trata más bien de episodios enlazados), cosas como la amenaza del personaje de Idris Elba (y pensábamos que tras La Torre Oscura no podía caer más bajo…) o la ascensión espiritual del final se enfrentan directamente a la parodia casi obscena de Rebel Wilson bailando con ratones con rostros humanos o comiendo cucarachas que desfilan ante ella.
Sin embargo, si uno resiste la tentación de abandonar en estampida la sala del cine, algo empieza a cambiar, supongo que simplemente es el cerebro acostumbrándose al horror, y el final de la película, donde se encuentran las mejores canciones, amenaza con remontar ligeramente el vuelo, dejando un extraño regusto a frikería de serie B que tiene más en común con obras de John Waters que de Tom Hooper.
En fin, que quizá haya defensores para esto, pero a mi que no me miren. Ver actores a los que admiro hacer ciertas cosas me dan ganas de llorar. O de reír. O de yo qué sé…


Valoración: Tres sobre diez.

jueves, 8 de agosto de 2019

HOBBS & SHAW

Salvo honrosas excepciones, la taquilla mundial de los últimos años ha estado claramente dominada por la marca Disney, ya sea en su departamento de animación, de adaptación en live actions de sus clásicos, mediante Star Wars o, sobre todo, con las películas de Marvel Studios. La saga de Fast & furious, de la Universal es una de esas honrosas excepciones.
Desde que, a partir de la quinta entrega, la saga se reinventara, abandonando el espíritu poligonero de sus orígenes (recordemos que esto era una especie de remake de Le llaman Bodhi versión tunning) hasta volverse una locura desmadrada sin ningún sentido, pero alucinantemente divertidas, cada nueva película ha ido superando a la anterior en cuanto a recaudación, convirtiéndose en un hito moderno difícil de entender.
Entre sus armas, una de las que mejor ha funcionado ha sido la presencia de Dwayne Johnson en el elenco, cuya química con Jason Statham en las dos últimas entregas ha sido de lo más celebrado. Esto ha llevado a las mentes pensantes a idear una nueva línea (apoyada, posiblemente, por las desavenencias entre Johnson y Vin Diesel) que explorase esta relación lejos de Toreto y su pandilla, y de ahí el nacimiento de este spin off centrado en la figura de estos dos pesos pesados de los puñetazos y los chascarrillos.
Hobbs & Shaw, pues, viene a ser un nuevo reinicio para poder explorar otros caminos que no dejen de ser más de lo mismo, pero con otras caras, enriqueciendo y ampliando así el universo Furious. Y lo ha hecho sin arriesgar demasiado, casi jugando sobre seguro. Y, pese a todo, la cosa no ha terminado de funcionar del todo.
Sobre el papel, nada debía salir mal. Los dos protagonistas, Johnson y Statham, vuelven a sus roles dispuestos a darlo todo, se mantiene al guionista de casi toda la saga madre, Chris Morgan, y se ficha a un director acostumbrado a las grandes producciones y, sobre todo, a la acción más desmedida. David Leitch fue el codirector de John Wick, repitió esquemas con Atómica y demostró tener buena mano para el humor con Deadpool 2.
Y, sin embargo, es inevitable notar que algo falla en la película, algo que también ha parecido repercutir en su taquilla, muy por debajo delo que se esperaba.
Personalmente, se me ocurre una manera un poco simple de explicar el problema. Durante toda la película, con sus postureos, su musiquita molona y sus luces de neón, se aprecia una pretensión algo artificial por querer molar. Ese es el concepto que mejor define a Hobbs & Shaw: quiere molar. Fast & Furious, en cambio, molaba. Y esa sutil diferencia entre conseguirlo sin apenas esforzarse o esforzarse sin terminar de conseguirlo es lo que distingue a este spin off de la serie raíz. Las pullas entre los dos rivales no son tan punzantes y divertidas como en Furious 8, por ejemplo, y el nivel de exageración roza unos límites casi absurdos. No es que las otras películas tuvieran el más leve deje de realismo, pero sí había una especie de verosimilitud que permitía al espectador aceptar lo que estaba viendo, por imposible que fuese. Aquí, quizá por la composición de un villano demasiado fantástico y del abuso del CGI en los efectos (porgo como ejemplo las piruetas que realiza este en su moto), hay una capa de irrealidad que desconecta al espectador con el film, por más que luego busque esos valores tan anclados en la mitología de la saga como es el concepto de familia.
Con todo, no deja de ser un buen entretenimiento. Ellos dos se esfuerzan en dar lo mejor de si mismos y el bueno de Idris Elba es siempre un valor seguro, pero quien se come literalmente la pantalla es el personaje que interpreta Vanessa Kirby (a la que personalmente descubrí en Misión Imposible: Fallout), siendo la tercera pata de la cama y, quizá, el personaje que más luce en pantalla hasta que, en el tercio final, se la hace prácticamente desaparecer para dar más brillo a las dos moles de músculos.
En el lado positivo, se podría decir que hay vida más allá del Toreto de Diesel y su cara de palo. En el negativo, estamos ante un pasatiempo veraniego de fácil consumo pero que se olvida rápido, sin grandes escenas memorables que se queden grabadas en nuestras retinas como sí fuesen capaces de hacer en su momento James Wan o Justin Lin. Y cuando se tiene a los dos mejores personajes de la franquicia (con la excepción obligada del Brian de Paul Walker), eso sabe a poco.

Valoración: Seis sobre diez.

viernes, 12 de enero de 2018

MOLLY'S GAME

Llega ya el momento de dejarse de comentarios y paja varia e ir a por los estrenos, que de eso vive el blog. Y el primer gran estreno del año ha sido Molly’s game, el debut como director de Aaron Sorkin.
Con una espectacular (en todos los sentidos) Jessica Chastain, Sorkin se ha basado en la historia real de Molly Bloom para realizar su primera película, heredera de las señas de identidad de su filmografía como guionista.
Molly Bloom era una aspirante a esquiadora olímpica cuya carrera se truncó por una lesión, pareciendo que debía conformarse con dirigir su vida por su plan B, la abogacía. Pero el mundo de las partidas de póker se cruza en su camino y Molly se ve seducida por la vorágine de fama, lujo y dinero que le proporciona el organizar partidas para millonarios ludópatas hasta que la mafia rusa (y por ende, el FBI) empiezan a oír hablar de ella.
Esta es una muestra más de ese subgénero que tan de moda se puso a raíz de El lobo de Wall Street sobre personajes anónimos que se enriquecen en una versión corrompida del Sueño Americano, ya sea el caso de Barry Seal, Gold, Juego de armas, y muchas más. Sin embargo, gracias al talento de Sorkin, la historia de Molly va más allá de una simple anécdota sobre una triunfadora que se enriquece casi de la noche a la mañana, convirtiendo su aventura en una historia de dolor personal, de superación y de traumas ocultos. Por ello es tan interesante ese largo prólogo sobre la juventud de Molly como esquiadora y es el personaje del padre (magnífico Kevin Costner) pieza clave de la película.
A diferencia de otros guionistas reconvertidos en directores, que quizá para centrarse más en su trabajo deciden adaptar libretos ajenos, Sorkin firma el guion a partir de la novela autobiográfica de Molly Bloom, por lo que la película se beneficia de esos diálogos brillantes y directos a los que nos tiene acostumbrados, como ráfagas de ametralladora tan intensas como las propias escenas del juego. Aun sin poderse considerar el póker un deporte, la combinación entre el juego y el mundo empresarial recuerda en parte a Mooneyball, el último guion de Sorkin para la gran pantalla, mientras que la puesta en escena tiene algo de La red social. Aquí también, como en aquella película de 2010, puede que los ajenos al juego de cartas se sientan por momentos algo desubicados, pero en realidad no importa demasiado, la historia es siempre más importante que el fondo, y es tan convincente la interpretación de Chastain (tan fría y distante en ocasiones como frágil en otras, recordándome en ciertos momentos a la Elizabeth Sloane de El caso Sloane) que realmente no es imprescindible saber más de lo justo y necesario. Cierto es que Sorkin no es David Fincher, y por más que parezca imitarlo no alcanza a sus virtudes visuales. Aun con un ritmo muy correcto que combina con eficacia el drama, la comedia y la intriga, no es Molly’s game una película completamente redonda y durante algún momento amenaza con perder algo de fuelle, pero afortunadamente nunca llega la sangre al río y el resultado global termina siendo sumamente agradable.
Muy complicada en su producción debido a los secretos que se intuyen, pero no llega a revelar (entre las identidades ocultas de los jugadores habituales parece ser que estaban Ben Affleck, Leonardo DiCaprio o Tobey Maguire), Molly’s Game es una muy interesante película, con un gran guion y unas interpretaciones grandiosas, que nos devuelven, por ejemplo, al mejor Idris Elba tras sus fiascos más recientes (La Torre Oscura, La montaña entre nosotros...).

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 28 de octubre de 2017

THOR RAGNAROK, entre lo ridículo y lo divino.

Entre las eternas discusiones entre aficionados de cómic de DC y Marvel arece que siempre ha habido el mismo reproche hacia “la Casa de las Ideas”, y era su (a veces) descontrolado sentido del humor. 
Obviando siempre las películas de El Capitán América (apenas había chistes en El soldado de Invierno y Civil War, quitando la batalla del aeropuerto, tiene un importante cariz dramático), es cierto que en Marvel han apostado más por el desenfado y la diversión, alcanzando sus cotas más altas (hasta ahora) con Los Guardianes de la Galaxia.
En Thor Ragnarok han decidido no solo seguir en la misma línea sino dar incluso un paso más, alcanzando unas cotas de ridículo absurdo que no existían hasta ahora en Marvel y que pueden incluso ofender al fan más seguidor del Dios del Trueno. Es cierto que se mantienen todas las señas de identidad de la casa: hay peleas espectaculares, épica y diversos puntos de conexión con otras películas para recordarnos que estamos en un Universo Compartido, pero lo han hecho desmitificando a los héroes y con unos insospechados niveles de autoparodia que rozan la irreverencia.
El gran responsable de ello, sin duda, es Taika Waititi, el director, que pese a no estar acreditado como guionista sin duda ha impuesto su estilo y ha marcado las directrices en cuanto a la línea a seguir para el desarrollo de personajes. Y esto es otro cambio en Marvel. 
Hasta ahora habían apostado por directores jóvenes de estilos personales pero escasa trayectoria, a los que había terminado por manejar y modelar a su antojo, despojándolos de esas señas de identidad por las que lo habían contratado, y el fiasco de Edgar Wright en Ant Man es buena prueba de ello. Con Waititi, autor de las interesantes Lo que hacemos en las sombras y A la caza de los ñumanos, parece claro que le han dado rienda suelta para hacer lo que le ha dado la gana y, a juzgar por el resultado, desde luego que lo ha hecho.
Ya con los carteles y las primeras imágenes se auguraba una locura visual, e incluso esos dos avances llamados Team Thor indicaban por donde iban a ir los tiros, pero nadie podía imaginarse que todo iba a ser tan desquiciante y exagerado. Waititi no reniega, ni mucho menos, de los trabajos anteriores de Kenneth Branagh ni Alan Taylor, atando los cabos sueltos (de manera muy superficial, todo hay que decirlo) con el final de Los Vengadores: la era de Ultron. Así, Thor Ragnarok continúa la búsqueda de Thor por descubrir el significado de esos sueños premonitorios que en el film de Josh Wedon le provoca Wanda hasta llegar a la conclusión de que el Ragnarok, el fin del mundo de la mitología nórdica, está a punto de destruir su Asgard natal. La llegada de Hela, la Diosa de la Muerte, y su periplo en el planeta Saakar, donde se encuentra, también en consonancia con el final de La era de Ultron, con Hulk, le indicarán los pasos a seguir.
Waititi, como digo, construye su película sin renunciar a ser un peldaño más en la escalera del Universo Marvel que nos debe conducir a La Guerra del Infinito, pero no parece tampoco que esté tan atado a ello como para que su producto no tenga identidad propia, amparándose para ello en un montón de cómics a los que hace referencia directa, como Planeta Hulk, Contienda de Campeones o la propia saga de Ragnarok de la colección del Dios Nórdico. En lo que no es tan fiel Waititi es en el trato de los personajes, haciendo que tanto Thor como Hulk parezcan, por momentos, dos perfectos imbéciles. Peleas infantiles, caídas por escaleras, pelotazos en la cara... Situaciones absurdas impropias de unos héroes de este talante.
Dice el propio Waititi que casi el ochenta por ciento de la película se basó en improvisaciones, y el propio Mark Ruffalo no podía entender que les permitiesen llevar a los protagonistas a ese nivel, esperando durante todo el rodaje una llamada telefónica que los despidiera a todos. Pero, visto lo visto, Marvel decidió arriesgar y permitir todo lo que Waititi ha querido hacer y, sorprendentemente, la cosa funciona.
Podría haber sido un desastre, y estoy convencido de que muchos fans así lo pensarán y se tirarán de los pelos viendo la aberración que han hecho con sus héroes, pero una vez más hay que recordar que las películas no se hacen pensando en los cuatro frikis que leemos cómics, sino en el público general, y este va a quedar encantado con Thor Ragnarok.
Con un aroma que recuerda a Los Guardianes de la Galaxia, vol. 2, unos escenarios que parecen sobrantes de Star Wars (aunque algo de Blade Runner 2049 también hay) y mucha locura, Thor Ragnarok se pone al fin al servicio del Dios el Trueno para convertirlo en el absoluto protagonista, pese a los secundarios con los que forma equipo, y culminar su trilogía a lo grande. Este puede parecer el Thor más payaso de los tres que hemos visto hasta ahora, pero también el que al fin logra llegar a su evolución final y aspirar a ser el rey que Asgard necesita. Para ello Waititi ha contado con unos actores entregados y donde (una vez más) sobresale Tom Hiddleston, con una gran villana encarnada por Cate Blanchett cuya presencia sabe a poco y un histriónico Jeff Goldblum divertidísimo. Tengo alguna cosilla que echar en cara a Waititi, como la muerte demasiado ligera de ciertos personajes, la ausencia de otros o la aparición casi gratuita de Skurge, pero parece claro que todo vale en pos de la diversión, y si es esto lo que debemos valorar nadie le puede negar a Thor Ragnarok que es exageradamente divertida.
Al final, lo miremos como lo miremos, las virtudes superan con creces los defectos, y la película consigue ser todo lo que se propone, una locura desquiciantemente tronchante, capaz de elevar el interés hacia un héroe que todavía no lo había dado todo en el cine, mediante una fórmula que, aunque pueda no parecerlo a simple vista, innova mucho con respecto al llamado “método Marvel”, llegando a ser una apuesta realmente arriesgada y valiente.
No es, desde luego, la mejor película que ha hecho hasta la fecha Marvel, pero sí una de las más locas y divertidas, y aunque yo mismo estoy tratando todavía de salir del estupor que me ha provocado debo terminar por rendirme (no sin alguna objeción) a ella.. Y eso, tras dieciséis películas, no es fácil de conseguir. De momento, y contra todo pronóstico, la llama sigue viva. Y el camino hacia La Guerra del Infinito es cada vez más corto.
Valoración: Seis sobre diez.

viernes, 13 de octubre de 2017

LA MONTAÑA ENTRE NOSOTROS: una montaña de bostezos

Fueron las películas palestinas Idol y Omar las que abrieron las puertas de Hollywood al director nacido en Nazaret Hany Abu-Assad, dándole la oportunidad en trabajar en una película como La montaña entre nosotros.
Aprovechando la majestuosidad de los paisajes de Vancouver, en Canadá, la película narra la epopeya de dos desconocidos que deciden aventurarse en un viaje en avioneta cuando la amenaza de tormenta impide la salida de todos los vuelos comerciales. Un accidente los dejará malheridos y perdidos en medio de la nada, iniciándose así una lucha por su propia supervivencia a la vez que deben aprender a conocerse y confiar uno en el otro para aspirar a ser rescatados.
Cayendo todo el peso de La montaña entre nosotros en sus dos estrellas, unos esforzados Idris Elba y Kate Winslet que incluso estando soberbios no salvan de la quema al film (por ahí están también Dermot Mulroney y Beau bridges, pero sus aportaciones son casi anecdóticas), el problema de la película no está en lo terriblemente previsible que es (casi desde el arranque se puede adivinar como va a terminar, sin espacio alguno para la sorpresa), sino en que esa supuesta aventura de supervivencia (cabría pensar en algo al estilo ¡Viven!) queda enseguida empañada por el drama romántico en que deriva la narración.
Aun así, la química entre Elba y Winslet podría ser suficiente para ver la película con un mínimo de agrado, pero Abu-Assad comete el error de alargar la historia con un epílogo demasiado extenso, inconsciente de que una vez se deja atrás la parte referente a la montaña el interés decae definitivamente.
La montaña entre nosotros, resulta, al final, tediosa y aburrida, poco creíble y sin ningún aliciente especial (más allá de los mencionados actores) para acercarse a ella.

Valoración: Cuatro sobre diez.

sábado, 19 de agosto de 2017

LA TORRE OSCURA, soportable como película, horrible como adaptación

La Torre Oscura es la más ambiciosa obra del escritor Stephen King. Una saga compuesta originariamente por siete volúmenes escritos entre 1982 y 2004 al que siguió un cuarto libro publicado en el 2012 además de un relato corto incluido en el compendio Todo es eventual y una serie de comics guionizados por Peter David con supervisión y aprobación del propio King.
Cuento esto para que se pueda entender el basto alcance de esta obra literaria, más de 4.200 páginas que Nikolaj Arcel y Akiva Goldsman pretenden condensar en apenas 95 minutos, algo casi ridículo para un blockbuster actual (prácticamente la mitad que otros títulos de este verano como Transformers:el último caballero o Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas). Pero, ¿es realmente La Torre Oscura una adaptación de la saga de King?
Volviendo a El viento por la cerradura, esa novela con la que King recuperó a sus personajes ocho años después de concluir la saga, o a Las hermanitas de Eluria, historia auto conclusiva sobre Roland, la película protagonizada (es un decir) por Idris Elba parece eso, una narración aislada englobada en ese mundo fantástico a medio camino entre Tolkien y Sergio Leone (entre otras muchas referencias reconocidas), incoherente si no se conoce a la perfección el universo que lo rodea.
Analizada simplemente como película, obviando la fuente en la que se inspira, La Torre Oscura es una obra entretenida, con buenas interpretaciones (Elba está muy bien en su papel de Pistolero mientras que Matthew McConaughey parece pasárselo en grande con su rol de villano). No hay, sin embargo, un desarrollo de personajes o una base argumental sólida para comprender de qué se está hablando. El espectador puede disfrutar de la película como un niño de cinco años disfruta de Del Revés (Inside out), por ejemplo, pudiendo entretenerse e incluso divertirse, pero sin entender nada de lo que está pasando. De igual manera, aquí no se acaba de comprender quienes son los Pistoleros, no hay razón para la villanía del Hombre de Negro ni se sabe de dónde salen esas bases secretas que tiene, se menciona a un Rey Carmesí sin dar más datos… De hecho, ni siquiera se explica qué demonios es La Torre Oscura. Todo esto en un film que, más allá de sus ambiciones iniciales, no tiene forma de inicio de saga, quedando su final aparentemente bien cerrado. Si han querido dejar preguntas al aire (como de hecho sucedía en la primera novela de King), no lo parece.
Analizada como una adaptación cinematográfica (y así habría que hacerlo, ya que la campaña publicitaria se ha encargado de resaltar mucho más el nombre de Stephen King que el de los propios Elba o McConaughey), la película es un verdadero desastre. No hay aquí nada de la complejidad que se encontraba en las novelas, ni argumentalmente ni en cuanto a sus personajes. No tiene la épica que ocultan los libros, pero tampoco el drama, el humor o la crueldad que habita en ellos. Nikolaj Arcel combina, eso sí, elementos de acción y comedia (e incluso sutiles toques de terror), pero lo hace de manera confusa y aleatoria, y su respeto hacia el maestro del terror parece limitarse a las múltiples referencias (master eggs se llaman ahora) que pululan por el film. El primer error, a mi entender, es el simple hecho de dar más protagonismo al personaje de Jake Chambers (correcto Tom Taylor) que al propio pistolero, a la par que abusar de las escenas en Nueva York (que en los libros no aparece hasta la segunda novela). Si de verdad se pensaba hacer una saga cinematográfica (y esos eran los planes iniciales, cuando Ron Howard estaba al frente y Javier Bardem era firme candidato como actor), habría sido más sencillo limitarse a adaptar solo la primera novela (también la más sencilla de convertir en película) y dedicarse a presentar a unos personajes (sobre todo el de Roland de Gilead) con calma y profundidad.
La Torre Oscura no es, al fin, el desastre absoluto que se decía por ahí, pero sí una gran decepción y una película anodina y simplona, bien filmada, pero sin apenas momentos verdaderamente meritorios (quizá la escena en la que Roland dispara a ciegas es la más lograda, totalmente desvelada antes de tiempo en el tráiler). Y eso que el apartado visual lo tenía fácil para destacar, teniendo en cuenta que algo que enriquece mucho las novelas de King son las ilustraciones de Michael Whelan o Phil Hale, que bien podrían haber servido directamente como concept art al film.
Y aunque siempre es complicado adaptar una saga literaria (más cuando cuenta con una legión de fans tan grande como esta), podrían haber tomado como base lo que se hizo en su momento con El Señor de los Anillos o Harry Potter, que supieron arriesgar y desde el primer momento sabían lo que querían hacer y cómo, en lugar de querer condensar en una sola película elementos de todas las novelas, añadiendo además personajes nuevos y transformando tramas a placer.
En fin, habrá que ver si la baja taquilla y las malas críticas impiden las supuestas continuaciones. De momento, la serie televisiva (donde también aparecerá Idris Elba) sigue en marcha.
Yo, por mi parte, con lo de moda que está esto de hacer reboots de sagas de manera casi instantánea, firmo ya por el reinicio de esta.

Valoración: cinco sobre diez.


viernes, 26 de agosto de 2016

STAR TREK: MÁS ALLÁ. Echando de menos a J.J.

Corría el año 2009 y la saga Star Trek (televisiva y cinematográficamente hablando) parecía totalmente agotada y defenestrada hasta que llegó el nuevo rey Midas de Hollywood J.J.Abrams y se sacó de la chistera una mezcla entre remake/secuela/reboot que funcionó estupendamente y ofreció una segunda juventud para las aventuras del Enterprise y su tripulación por más que los trekkies más radicales echaran pestes de ella. 
Tras una secuela igual de exitosa se puso por medio Star Wars y Abrams se bajó de la silla de director (que no de productor) dejando su puesto a Justin Lin, director taiwanes que ya había demostrado su buen hacer en las mejores piezas de la saga Fast & Furious.
No es este el único cambio importante que hay tras los créditos de Star Trek: Más allá, ya que los guionistas de las dos primeras entregas (Alex Kurtzman y Roberto Orci), fieles colaboradores de Abrams, dejaron los papeles en manos de Simon Pegg y Doug Jung. También Carol Marcus, el personaje de Alice Eve en Star Trek: En la oscuridad, desaparece sin comentario alguno.
Por el resto, todo sigue como siempre, con la tripulación de la Enterprise bien definida y la personalidad del capitán James T. Kirk evolucionando de película en película. Atrás han quedado los días de las chiquilladas, y tras los hechos de En la oscuridad el personaje al que da vida Chris Pine es ya un mando responsable y formal que incluso parece cansado ya de las aventuras espaciales y se plantea sentar la cabeza definitivamente.
Con la entrada de Pegg en el equipo de guionistas se podría pensar que la cosa iba a ser mucho más humorística, pero el protagonista de Zombies Party parece saberse muy bien las inquietudes de los trekkies recuperando a la Enterprise del espíritu aventurero de la que quizá carecía en las dos películas anteriores y recordando que se trata de una nave de exploración y no bélica, por más que la guerra termine persiguiéndola a ella.
De hecho, es la muerte uno de los temas centrales de la película, o al menos de las motivaciones de sus dos protagonistas principales. El fallecimiento de Leonard Nimoy, el Spock original que estaba presente en esta saga como versión futura y alternativa del Spock de Zachary Quinto, es usado como recurso para que el Spock joven se replantee su lugar en el mundo (además de servir para rendirle tributo), mientras que el cumpleaños del capitán Kirk le recuerda que ha conseguido vivir más de lo que lo hizo su propio padre (no os preocupéis por ello, Abrams ha anunciado que este, interpretado por Chris Hemsworth, volverá en la siguiente entrega, ya veremos cómo). Además, y como elemento externo, hay que recordar que el actor Anton Yelchin, que daba vida a Chekov, falleció poco después de terminar el rodaje; a él también va dedicada la película.
Star Trek: Más allá tiene momentos de mucha oscuridad, pero también de pura aventura, explorando nuevas razas y mundos desconocidos e incluso añadiendo nuevos personajes a la ecuación, como la Jaylah a la que interpreta Sofia Boutella, toda una declaración de intenciones que pretende diversificar la acción pero que termina pesando demasiado en el ritmo narrativo. Hay mucha acción, persecuciones y peleas, pero Lin no es Abrams y la dirección no es tan firme como en las dos películas anteriores. No trabaja Lin con la misma limpieza (reflejos luminosos aparte)y hay momentos de confusa precipitación que ensombrece el espectáculo, parte que el exceso de maquillaje reste presencia a un actor como Idris Elba en el papel de villano, en clara contraposición a lo que sucedía con el Khan de Benedict Cumberbatch.
En resumen, que estamos ante un nuevo gran espectáculo visual, una delicia de película, divertida, emocionante y adrenalítica, algo loca en algunos momentos (el capitán Kirk haciendo motocrós en un planeta extraño), pero que no consigue despegar del todo en busca de esta nueva identidad que la diferencia del trabajo de Abrams, colocándola un pasito por debajo de las dos anteriores estregas. Incluso el gran Michael Giacchino parece algo más acomodado que en otras ocasiones.
Película a la que se le pueden poner objeciones, y bastantes, pero que sigue siendo un magnifico entretenimiento.

Valoración: siete de diez.

sábado, 30 de mayo de 2015

CAZA AL ASESINO (5d10)

Pierre Morel es un buen artesano que, bajo el ala protectora de Luc Besson, había dirigido hasta ahora las entretenidas y adrenalíticas  Venganza y Desde París con amor. Ahora, alejado ya del productor y realizador galo, Morel busca su propio camino en Hollywood con esta peripecia de intriga para mayor gracia de un fibrado Sean Penn, también productor del film.
Caza al asesino es una entretenida cinta de acción donde Morel pretende ser un poco menos extremado que en sus anteriores film presentándonos al héroe de la cinta, Terrier (Penn) como un hombre con pies de barro, no ya sólo por su pasado sino por su actual estado de salud.
Líder de un grupo militar en el Congo  con la misión, entre otras, de proteger el hospital en el que trabaja como voluntaria Annie (Jasmine Trinca), la mujer a la que ama, su realidad es bien distinta. Contratados a través de un hombre llamado Felix (Javier Bardén), Terrier debe asesinar a un ministro local por simple interés económico. Tras ello, Terrier abandona el Congo y a la mujer de su vida para comenzar un camino de redención en busca de un perdón que quizá no merezca.
Pero, como suele ser habitual en estos casos, el pasado volverá a perseguirlo años después y Terrier se verá envuelto en el centro de una conspiración que lo llevará a Barcelona donde el triángulo con Félix y Annie será clave para descubrir quién ha puesto precio a su cabeza.
Pese a las interesantes escenas de acción, Caza al asesino es algo menos dinámica que los anteriores títulos de Morel, pretendiendo centrarse más en el dramatismo que rodea al personaje de Penn y añadiendo incluso un toque de concienciación social que termina difuminándose en la mezcla de géneros que resulta el film. Y esto es lo que condena a una película con todos los ingredientes para ser un buen éxito y que naufraga entre aguas turbulentas por culpa de una mala planificación, empezando por un Barden demasiado acostumbrado últimamente a papeles caricaturescos, una Trinca que supone lo peor de la película en cuanto a reparto se refiere y un timón que en ningún momento sabe hacia donde se dirige. Casi se diría que Morel pretende aspirar a demasiado y se queda en las puertas de todo.
Desde un punto de vista patrio, sin embargo, la película ofrece un aliciente especial, ya que las secuencias filmadas en Barcelona hacen lucir a la ciudad condal como si de un personaje más se tratase, resaltando su belleza como pocas veces se ha visto en pantalla grande (toma nota, Woody) y permitiendo a los oriundos de la capital catalana sentirnos cómplices al acompañar a Penn por la Plaza Real, la Rambla Catalunya o la ya clausurada plaza de toros de La Monumental. ¡¡¡Incluso habrá quien podrá reconocer los bosques cercanos a Gavá en lo que se supone es el Congo!!!
Con todo, la película no aburre y se deja ver sin dificultad, lo cual es excusa suficiente para ver a Sean Penn emulando a Lian Neeson y (a la vejez, viruelas) convirtiéndose en un nuevo héroe de acción y disfrutar de la siempre interesante (aunque breve) aparición de Idris Elba, aunque la excusa de las ONG’s en el Congo desaprovechen la ocasión para incidir en el tema social en África.

domingo, 19 de enero de 2014

MANDELA: DEL MITO AL HOMBRE (4d10)

Una vez más nos encontramos ante un biopic de un personaje histórico, un hombre mundialmente conocido pero cuyo camino hasta la gloria puede tener detalles que muchos ignoren. 
Después de que, con un acontecimiento deportivo como telón de fondo, Clint Eastwood nos lo presentara tras su puesta en libertad en Invictus, y con varias cintas sobre el premio nobel de la paz en la memoria (ha sido interpretado, aparte de por Morgan Freeman, por Sidney Poitier, Dennis Haysbert o Terrence Howard entre otros), esta cinta de Justin Chadwick (que dirigió Las hermanas Bolena), pretende hacer un recorrido por la trayectoria del recientemente fallecido presidente de Sudáfrica desde que fuera un joven rebelde integrado en el movimiento político CNA en contra del Apartheid hasta su llegada a la presidencia, pasando, claro está, por sus más de veinte años en prisión.
Sin embargo, como me temo nos tiene acostumbrado Hollywood en los últimos años, la película es completamente decepcionante, olvidándose totalmente de cualquier aspiración didáctica y centrándose más en la relación de Nelson Mandela con su esposa Winnie, la cual no compartía las ideas pacíficas de su esposo. Es esta relación lo único que podemos descubrir de la vida de Mandela, pues no hay nada novedoso en esta biografía que, eso sí, cuida muy bien los detalles como el vestuario o las localizaciones. Tanto es así que podríamos decir que hay casi una obsesión por fotocopias escenas reales, como se puede apreciar con las fotografías auténticas que decoran los títulos de crédito finales y que han sido imitadas al detalle durante la película, mientras que detalles “nimios” como el guion han quedado olvidados a un segundo plano.
Así, no se entiende, viendo la película, qué motiva que un hombre que recurre a las armas para combatir la presión del poder blanco termine volviéndose un pacifista casi incluso extremo, así como tampoco se entiende que se convierta en el líder que fue y que la gente lo aclame como a un héroe mientras estuvo en prisión. Parece como si Chadwick tuviese la obligación de mantener a Mandela en pantalla hasta el último segundo de metraje, no pudiendo apartar la cámara de él para explicarnos lo que está sucediendo a su alrededor.
Y a lo que no nos explica la película debemos añadir lo que explica mal, como las razones de su liberación, que Chadwick nos presenta exclusivamente como un acto de buena voluntad del presidente De Klerk, obviando los intercambios de prisioneros, las presiones internacionales y resumiendo toda la reacción mundial en unas pobres imágenes de estudio del famoso concierto de Wembley y poco más.
Por no querer explicar, ni siquiera se molestan en poner los títulos rótulos explicativos al final de la película con lo que el futuro deparó a los personajes protagonistas.
Como si de una crónica rosa se tratase (no tan extrema como Diana, desde luego), solo su segundo matrimonio (el primero, por cierto, se lo podían haber ahorrado, pues no aporta nada a la narración y se olvidan de él a los diez minutos de película) centra el interés de la historia. Afortunadamente, en compensación de la torpeza de director y guionista (y dejando aparte la preciosa canción de U2), los dos protagonistas principales (y únicas caras reconocibles de la película) rayan a un nivel sobresaliente, así como la caracterización física –paso de los años incluido- de Mandela.
Idris Elba (secundario en Pacific Rin, Prometheus y el Heimdall de los dos Thor) y Naomie Harris (la Tia Dalma de Piratas del Caribe y Eve/Moneypenny en los Bonds de Sam Mendes) logran hacernos creer esa relación de amor que la distancia no puede romper pero sí los ideales, pero me parece un pobre consuelo para una película demasiado vaga y ambigua que no de lejos hace honor a la grandeza del personaje al que pretende inmortalizar.
El subtítulo en español es: del mito al hombre. Conocemos al hombre, pero no cómo se convirtió en mito.

viernes, 15 de noviembre de 2013

THOR, EL MUNDO OSCURO (7d10)

Aun después de siete películas continúo quitándome el sombrero ante la maravillosa y arriesgada fórmula elegida por Marvel Studios para trasladar a la pantalla grande sus más celebres personajes (o por lo menos aquellos de los que mantienen sus derechos).
Como si de los propios comics se tratara han construido un Universo propio gracias al cual no solo encontramos referencias de unas películas a otras sino incluso cameos de sus actores para regocijo de fans.
En este panorama, Thor, el mundo oscuro forma el segundo eslabón de la cadena que nos conducirá hasta Los Vengadores: la era de Ultrón, situándose cronológicamente justo tras los sucesos de Los Vengadores y, por lo tanto, a la par de Iron Man 3. Además, en ella se dan pistas que no voy a revelar aquí sobre Guardianes de la Galaxia, que llegará justo a continuación de Capitán América: el Soldado de Invierno. Para rizar más el rizo algo de lo que en esta película sucede tendrá consecuencias (como pasará también en la segunda aventura del Capi) en la serie de televisión de Shield.
Pero centrándonos solo en este film lo primero que destaca es que los mandos han cambiado de manos. La ausencia de Kenneth Branagh en la silla de dirección implica un distanciamiento al tono shakesperiano que tan al dedo iba para definir la relación amor/odio entre Thor y su padre Odín, restando brillo a la magnífica Asgard vista en la primera película, aunque la experiencia de su sustituto, Alan Taylor, como realizador de diversos capítulos de Juego de Tronos se traduce en un mejor dominio de la narrativa bélica. Obviamente, Taylor está más interesado en la acción pura y dura que en las intrigas de palacio, y es que el conflicto que Branagh nos mostró entre Thor, Odín y Loki ya ha quedado atrás. El Dios del trueno ha madurado y es ahora un digno heredero del padre de todos, mientras que los sucesos de Nueva York narrados en Los Vengadores han dejado a Loki en una  situación de no retorno, encarcelado y repudiado por su propio padre.
Tampoco es necesario perder tiempo con la relación entre Thor y Jane Foster, pues una vez reencontrados podrán reanudar su amor interrumpido tras la marcha de Thor al final de la primera película (ahora sabemos que tras la destrucción del Bifröst ha estado recorriendo los Nueve Reinos para restaurar la paz) mientras forman alianza para salvar Midgard y, posiblemente, el universo entero.
Y de eso precisamente trata Thor, de las alianzas. Mucho más coral que otras películas Marvel el hijo de Odin deberá recurrir a la ayuda de sus compañeros de armas, Fandral, Volstagg, Heimdall (Hogun se mantiene en esta ocasión en un segundo plano), y la enamorada Sif (Jaimie Alexander, verdadera fémina de la película, mucho más interesante que una desganada Natalie Portman) por un lado, contará de nuevo con la colaboración terrestre del profesor Erik Selvig, Darcy y la propia Jane (a quien se les une un nuevo personaje, el becario Ian), mientras que uno de los puntos álgidos del film será la necesidad de tener que confiar en su traicionero hermanastro Loki.
Olvidados los Hombres de Hielo, los villanos en esta ocasión volverán a ser originarios de la mitología asgardiana: los Elfos Oscuros, una raza tan antigua como la existencia misma que ya fueron derrotados en el pasado por el padre de Odín, Bor, y que tratarán de nuevo de extender su oscuridad por todo el universo, siempre comandados por el pérfido Malekith. Es en este punto donde encontremos quizá lo más flojo de Thor, el mundo oscuro, pues tanto el origen como las motivaciones de Malekith y su raza queda bastante desdibujada, obligándonos a afrontar el hecho de que son los malos de la historia sin darle más vueltas.
Con Christopher Eccleston en el papel de villano, el resto del elenco es prácticamente el mismo que en la primera parte, con Chris Hemsworth totalmente amoldado al papel y un Tom Hiddleston que de nuevo es lo mejor de la película, logrando que su Loki, pese a contar con menos metraje que en Thor o en Los Vengadores, vuelva a ser la estrella de la función. Solo Natalie Portman parece desentonar con una actuación más floja de lo que nos tiene acostumbrados, quizá debido a sus discrepancias iniciales con la productora por la elección del director o que, simplemente, tras su merecido Oscar por Cisne Negro ha aprendido a actuar con el piloto automático puesto en estas producciones que si bien le van a llenar los bolsillos no van a proporcionarle premios ni alabanzas por mucho que se esfuerce. O a lo mejor simplemente es que su papel no da para más porque esta vez, por encima de todo, lo importante es la aventura. Hay drama, desde luego, vuelven los conflictos familiares e incluso alguna muerte que no es cuestión de desvelar ahora, pero lo más destacado de esta secuela es que Thor, por fin, en Thor. No tiene que adaptarse a Midgard, como le sucediera en la primera parte, o a sus nuevos aliados, como fue el caso de Los Vengadores. Ahora, al fin, vemos al superhéroe dándolo todo en el campo de batalla, volando, peleando y lanzando el martillo como los lectores de los cómics llevan tiempo esperando. Además, el detalle de trasladar la acción del ya sobradamente machacado Nueva York hasta Londres (un Londres, por cierto, menos tópico de lo habitual en Hollywood) imprime un nuevo soplo de aire fresto.
Por eso, pese a alguna carencia argumental, Thor, en el mundo oscuro, es un disfrute total, con mucha acción pero muy bien gestionada y un humor que no puede faltar en las producciones Marvel perfectamente incorporado al ritmo narrativo.
Chris Hemsworth (el más desconocido de los actores que conforman la plantilla de héroes de Marvel) es, definitivamente, Thor, y –tal y como pasa con su compañero de fatigas Robert Downey Jr.- no es posible ya imaginar al futuro rey de Asgard con otro rostro.

Thor: larga vida al rey. Larga vida al Vengador.