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jueves, 30 de enero de 2020

LA MALDICIÓN (THE GUNGRE)

Nueva vuelta de tuerca a la historia creada por Takashi Shimizu para la película japonesa homónima de 2002. Con Sam Raimi volviendo como productor al terreno que mejor conoce, el del terror, y Nicolas Pesce como director y guionista, la historia se aleja lo suficiente del original (y de su anterior remake americano, aquí titulada El Grito, igualmente producida por Raimi y con Shimizu repitiendo como director) como para ofrecer una vertiente interesante en lugar de ser una simple repetición de elementos ya conocidos.
A medio camino entre la secuela (sería la cuarta entrega de la supuesta saga) y el remake, La maldición (the gungre) presenta la historia de una mujer policía y su hijo que se trasladan a un pequeño pueblo en busca de una nueva vida tras la muerte del marido y donde se topará con una cadena de terribles crímenes que la llevarán hasta una casa supuestamente maldita. Con un corte más policial de lo habitual (tiene incluso algo de buddy-movie gracias a su relación con el detective Goodman), la película no rehúye de los tópicos del género, pero tampoco se deleita en exceso con ellos. No abusa, por ejemplo, de los jumpscares y presta más atención de lo habitual en la historia y en el análisis de los personajes, lo que confirma esta tendencia del cine de terror más reciente por buscar la angustia a través del drama antes que mediante la sangre o los simples sustos.
Además, el juego de las historias paralelas a modo de flashbacks o lineas temporales alternas, ayuda a no sucumbir en la letanía.
No es que sea nada novedoso, pero sí hará pasar un buen rato (o malo, ustedes ya me entienden) a los aficionados del género.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 6 de octubre de 2018

SEARCHING...

Poco o más bien nada me apetecía esta película cuando supe de ella. No estoy en contra de las nuevas tecnologías,. Y siempre es bueno experimentar en el cine y arriesgar por hacer algo diferente, pero me aburría soberanamente eso de ver una película cuya acción se produjera en su totalidad en la pantalla de un ordenador. Precisamente hace unos días había visto un episodio antiguo de la divertida sitcom Modern Family en la que todo se ve desde el iPad de una de las protagonistas y me pareció un tremendo rollazo.
Sin embargo, había que darle una oportunidad, ya que aun sin ser algo tremendamente original, lo precedentes no era malos del todo. Open Windows, de Nacho Villalongo, era tramposa y regulera, pero tampoco estaba mal, mientras que Eliminado conseguía crear una historia de terror mucho más efectiva que las tontadas de turno (sí, me refiero a La Monja y sus compañeros de juego) utilizando para ello simplemente la interfaz de una sala de chat.
Searching..., sin embargo, va más allá y, aun haciendo alguna que otra trampa (hay momentos en que con la excusa de dejar la cámara de skype encendida vemos al protagonista haciendo cosas alejadas del ordenador, como hablar por el móvil), consigue transmitir una historia de suspense empleando para ello todos los recursos visibles desde la pantalla de un ordenador.
La clave de que Searching... sea una gran película, más allá del ingenio de saber dar forma a una historia explicándola únicamente mediante recursos informáticos, está en que cuenta con un guion de verdad, bien elaborado y que, en una historia narrada tradicionalmente, habría funcionado igual de bien.
David Kim es viudo y su hija adolescente es lo único que le queda. Por eso, cuando ella desaparece sin dejar rastro cree enloquecer y, ante los pocos resultados que la investigación policial parece prometer, decide buscarla por su cuenta, siendo el ordenador de su hija su única herramienta para ello. Llegados a este punto, conviene destacar la fabulosa presentación de los personajes y de su historia, en un inesperado homenaje al arranque de Up que consigue ser casi igual de emotivo.
A partir de ahí, el debutante Aneesh Chaganty se las apaña para componer una historia de intriga que, pese a las limitaciones visuales, consigue un buen desarrollo de personajes que ayudan a empatizar con el sufrido padre, siendo la película, por ello, un buen drama. Hay tiempo, incluso, para una mirada critica a los medios de comunicación, que tan pronto convierten al protagonista de héroe a villano o viceversa, aunque, puestos a ser un poco exigentes, se echa en falta algo más de crítica hacia el abuso de las redes sociales. Solo al principio se intuye la soledad de la protagonista pese a los cientos de amigos virtuales que puede tener y a la ausencia de personalidad (de identidad, incluso) que las redes ofrecen, pero el mensaje parece diluirse a medida que avanza la trama.
En resumen, una interesante historia de intriga con una original manera de ser narrada que, en contra de lo esperado, no resulta nada cargante.

Valoración: siete sobre diez.

viernes, 26 de agosto de 2016

STAR TREK: MÁS ALLÁ. Echando de menos a J.J.

Corría el año 2009 y la saga Star Trek (televisiva y cinematográficamente hablando) parecía totalmente agotada y defenestrada hasta que llegó el nuevo rey Midas de Hollywood J.J.Abrams y se sacó de la chistera una mezcla entre remake/secuela/reboot que funcionó estupendamente y ofreció una segunda juventud para las aventuras del Enterprise y su tripulación por más que los trekkies más radicales echaran pestes de ella. 
Tras una secuela igual de exitosa se puso por medio Star Wars y Abrams se bajó de la silla de director (que no de productor) dejando su puesto a Justin Lin, director taiwanes que ya había demostrado su buen hacer en las mejores piezas de la saga Fast & Furious.
No es este el único cambio importante que hay tras los créditos de Star Trek: Más allá, ya que los guionistas de las dos primeras entregas (Alex Kurtzman y Roberto Orci), fieles colaboradores de Abrams, dejaron los papeles en manos de Simon Pegg y Doug Jung. También Carol Marcus, el personaje de Alice Eve en Star Trek: En la oscuridad, desaparece sin comentario alguno.
Por el resto, todo sigue como siempre, con la tripulación de la Enterprise bien definida y la personalidad del capitán James T. Kirk evolucionando de película en película. Atrás han quedado los días de las chiquilladas, y tras los hechos de En la oscuridad el personaje al que da vida Chris Pine es ya un mando responsable y formal que incluso parece cansado ya de las aventuras espaciales y se plantea sentar la cabeza definitivamente.
Con la entrada de Pegg en el equipo de guionistas se podría pensar que la cosa iba a ser mucho más humorística, pero el protagonista de Zombies Party parece saberse muy bien las inquietudes de los trekkies recuperando a la Enterprise del espíritu aventurero de la que quizá carecía en las dos películas anteriores y recordando que se trata de una nave de exploración y no bélica, por más que la guerra termine persiguiéndola a ella.
De hecho, es la muerte uno de los temas centrales de la película, o al menos de las motivaciones de sus dos protagonistas principales. El fallecimiento de Leonard Nimoy, el Spock original que estaba presente en esta saga como versión futura y alternativa del Spock de Zachary Quinto, es usado como recurso para que el Spock joven se replantee su lugar en el mundo (además de servir para rendirle tributo), mientras que el cumpleaños del capitán Kirk le recuerda que ha conseguido vivir más de lo que lo hizo su propio padre (no os preocupéis por ello, Abrams ha anunciado que este, interpretado por Chris Hemsworth, volverá en la siguiente entrega, ya veremos cómo). Además, y como elemento externo, hay que recordar que el actor Anton Yelchin, que daba vida a Chekov, falleció poco después de terminar el rodaje; a él también va dedicada la película.
Star Trek: Más allá tiene momentos de mucha oscuridad, pero también de pura aventura, explorando nuevas razas y mundos desconocidos e incluso añadiendo nuevos personajes a la ecuación, como la Jaylah a la que interpreta Sofia Boutella, toda una declaración de intenciones que pretende diversificar la acción pero que termina pesando demasiado en el ritmo narrativo. Hay mucha acción, persecuciones y peleas, pero Lin no es Abrams y la dirección no es tan firme como en las dos películas anteriores. No trabaja Lin con la misma limpieza (reflejos luminosos aparte)y hay momentos de confusa precipitación que ensombrece el espectáculo, parte que el exceso de maquillaje reste presencia a un actor como Idris Elba en el papel de villano, en clara contraposición a lo que sucedía con el Khan de Benedict Cumberbatch.
En resumen, que estamos ante un nuevo gran espectáculo visual, una delicia de película, divertida, emocionante y adrenalítica, algo loca en algunos momentos (el capitán Kirk haciendo motocrós en un planeta extraño), pero que no consigue despegar del todo en busca de esta nueva identidad que la diferencia del trabajo de Abrams, colocándola un pasito por debajo de las dos anteriores estregas. Incluso el gran Michael Giacchino parece algo más acomodado que en otras ocasiones.
Película a la que se le pueden poner objeciones, y bastantes, pero que sigue siendo un magnifico entretenimiento.

Valoración: siete de diez.

domingo, 7 de julio de 2013

STAR TREK, EN LA OSCURIDAD (9d10)

En 2006 un prometedor cineasta de 40 años que despuntaba como guionista (A propósito de Henry, Eternamente jovenArmageddon) y creador televisivo (Felicity, Alias), posiblemente gracias al éxito que estaba siendo su último proyecto, la serie Perdidos (Lost, que supondría un hito en la historia y cambió la manera de hacer televisión), debutó como director de cine con Misión Imposible 3, posiblemente el único traspiés en su todavía corta trayectoria. 
Para tratar de resarcirse prometió a la productora un gran éxito por cuatro duros y produjo (dejando los mandos de la dirección a su amigo Matt Reeves), con una espectacular campaña publicitaria viral sin precedentes, Monstruoso, que superó las expectativas más optimistas y le permitieron tomar las riendas de la renovación de una saga si no muerta, por lo menos agónica: Star Trek. Cuatro años después, tras emocionar con Super 8, recuperar el brillo perdido con la producción de Misión Imposible: protocolo fantasma y rizar el rizo en materia televisiva con Fringe (a lo que habría que añadir la confirmación de que se sentará en la silla de director de la nueva Star Wars), J.J.Abrams regresa al mundo de Star Trek de la mano de sus fieles compañeros de juerga y guionistas habituales: Roberto Orci, Alex Kurtzman y Damon Lindelof.
Cuando se planteó resucitar Star Trek hubo mucho debate sobre si hacer una nueva secuela, un remake o un reboot, pero Abrams, más listo que ninguno, consiguió zanjar el asunto haciendo las tres cosas a la vez, consiguiendo empezar de nuevo con los personajes clásicos pero más jóvenes y con nuevos rostros, aunque manteniendo la continuidad con las diez películas anteriores, usando algunos de sus recursos favoritos (que ya había practicado en sus series) como los viajes en el tiempo y la creación de líneas temporales alternativas, es decir, este Star Trek se desarrolla en un nuevo universo paralelo al ya conocido, y cono nexo de unión la presencia de un veterano Spock, con el insustituible rostro de Leonard Nimoy. El resultado fue una película magnífica, para muchos la mejor de la saga, con una sabia combinación de acción, espectacularidad y fantasía,  cuidando a los personajes y con medidas dosis de humor. Dicen los fans más radicales, los trekkies, que está más cerca del espíritu de Star Wars que del de Star Trek,  a lo que yo añado: ¿y eso es malo?
El caso es que por segunda (o doceava) vez aterriza en nuestras salas la nave Enterprise, repitiendo el elenco original completo con dos incorporaciones: Peter Weller (inolvidable Robocop) y Alice Eve (vista recientemente en Men in Black 3). Tras ver en la anterior película como Jim Kirk aprendía a asumir sus responsabilidades, en esta ocasión tendrá que dar un paso adelante y demostrar que es algo más que un temerario irresponsable y estar a la altura del cargo de capitán de la USS Enterprise, mientras que Spock descubrirá el valor de la amistad y de esos sentimientos humanos que su mitad vulcana se empeña en ocultar. Pero esto no es un drama sentimental, ni mucho menos. Star Trek,  en la oscuridad contiene mucha más acción, épica y espectacularidad que sus predecesoras, siendo una delicia visual, un torbellino de adrenalina que se disfruta del primer al último minuto y repleta de guiños que seguro los fans más clásicos sabrán reconocer y disfrutar (por fin vemos a los klingons, sin duda la gran amenaza que llegará para cerrar la trilogía de Abrams). Los actores protagonistas, por su parte, se sienten cómodos en sus personajes, totalmente identificados con ellos y haciéndonos olvidar a los William Shatner, Leonard Nimoy y compañía de las primeras películas. Para las nuevas generaciones la tripulación del Enterprise es y será la formada por Chris Pine (Kirk), Zachary Quinto (Spock), Zoe Saldana (Uthura), Karl Urban (Bones), Simon Pegg (Scotty), John Cho (Sulu) y Anton Yelchin (Chekov).
Todo en este film ronda la perfección, empezando por una historia que atrapa, una acción que apabulla y una dirección impecable, aunque la guinda que corona el pastel es la sublime banda sonora de Michael Giacchino, compositor fijo de Abrams que crece con cada nuevo proyecto.
Hay algo en esta película que demuestra la implicación de todos los componentes del equipo, el cariño con el que se ha trabajado, la pasión y la energía que hay puesta en cada escena y que termina atrapando y emocionando al espectador (aprended lo que es una película con alma, Nolan, Snyder, Zimmer y compañía).
De todas formas,  todo esto podría valer también para la anterior Star Trek, así que... ¿qué tiene esta de especial para ser mejor que la anterior (y para, de hecho, ser la puntuación más alta que he otorgado en esta web)? Su villano, no hay duda. Sin querer menospreciar al Nero de Eric Bana, le faltaba algo para ser esa gran amenaza que nos acongojara a todos (por más que destruya Vulcano y estuviera a punto de hacer lo mismo con la Tierra), pero la presencia enigmática y sobrecogedora de Benedict Cumberbath (el mejor Sherlock Holmes que ha habido nunca) como Khan es sencillamente impresionante. No he sido nunca un gran seguidor de esta saga (de hecho creo que he visto todas las películas del reparto original, pero que me aspen si las recuerdo), así que no entraré a valorar las posibles comparaciones entre este Khan y el que interpretara Ricardo Montalbán, pero la historia que rodea a esta versión del personaje convence como para otorgarle el papel de malvado del film (aunque no el único) mientras que Cumberbath llena la pantalla con su mirada penetrante y su aspecto amenazador.
Quizá sí que Abrams tenga más corazón de Jedi que de trekkie, y muchos momentos de la película pueden recordar a la saga de Lucas (el planeta primitivo, sin ir más lejos), pero eso, por mucho que ofenda a un puñado de frikkis obsesivos, es algo positivo. Por un lado, ha conseguido resucitar una saga agotada y caída en el olvido (todos esperamos ahora con impaciencia esa anunciada guerra entre la Alianza y los klingons) y por otro ha colmado de esperanzas y entusiasmo desbordado el inminente inicio de la nueva trilogía de Star Wars, tras los decepcionantes episodios uno a tres.
Así que... ¿Qué hacéis leyendo esto en lugar de ir corriendo a verla?

Que la fuerza os acompañe... Err... Esto... Perdón... Quería decir: Larga vida y prosperidad.