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domingo, 17 de marzo de 2019

EL NIÑO QUE PUDO SER REY

Hace ya ocho años que Joe Cornish se dio a conocer como guionista y director de la interesante Attack the block. Definido como una especie de alumno aventajado de Edgar Wright, se esperaba mucho de él de cara a sus siguientes trabajos, pero no ha sido hasta ahora que ha decidido volver a ponerse tras las cámaras, limitándose todo ese tiempo a filmar los guiones de Tintin y el secreto del unicornio y Ant Man.
No está claro si su colaboración con Spielberg le inspiró para esta película o si eran ya sus ideas para este proyecto lo que propició que colaborara con él, pero lo cierto es que hay muchas semejanzas entre El niño que pudo ser rey y el cine clásico de la Amblin. Así, títulos como El secreto de la pirámide o Los Goonies vienen a la memoria al disfrutar de este entrañable pasatiempo familiar que consigue aunar el cine infantil y el adulto sin complejos, logrando aunar a la perfección ambos mundos.
No hay, en realidad, nada de original en El niño que pudo ser rey. Se trata, ni más ni menos, que de actualizar el mito del Rey Arturo (siempre con el Excalibur de John Boorman en la cabeza) con niños de por medio, pero lo que a priori podría parecer el fútil intento de iniciar una nueva saga adolescente del montón se desvía con inteligencia desde el primer momento. El niño que pudo ser rey, escrita por el propio Cornish, busca desde el primer momento su propia identidad, queriendo siempre acercarse más a las aventuras de chavales de los ochenta que, por ejemplo, al subgénero fantástico impuesto por Harry Potter y compañía.
Con El niño que pudo ser rey Cornish se consagra como un gran director, demostrando un gran dominio del ritmo y la cámara y sabiendo dotar de personalidad a sus personajes. Tanto da que el pringado, el amigo cómico o los matones del colegio se parezcan a esos niños mil veces vistos con anterioridad en el cine, Cornish se los lleva a su terreno para darles una pátina especial y conseguir que huyamos de las comparaciones. Aquí, lo importante no es ya lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. Y por eso la película resulta ser una extraordinaria aventura destinada a todo tipo de público y con un aroma clásico muy agradable.
Es notable el uso de los poderes mágicos que da a Merlín (aquí si que aporta un punto de originalidad) y al humor sin concesiones que ofrece a muchos momentos de supuesto dramatismo. Con ello se permite además ofrecer una película con mensaje, un canto a la amistad, la lealtad y la familia, ligeramente amargo por momentos, sin resultar cursi ni impostado.
Todo ello, al servicio de una historia de fantasía alrededor del mito artúrico, una leyenda mil veces llevada al cine y que, con el tino correcto, siempre debería funcionar. Puede que algún efecto visual desentone ligeramente (tampoco estamos ante una superproducción desmedida) y que el protagonista esté un punto por debajo del resto del reparto, pero al final son pequeños detalles que no ensombrecen una película que es un disfrute en todos los sentidos y que resulta emocionante y emotiva a la par que muy divertida.
Se agradece, por último, la honestidad de Cornish de querer ofrecer un producto único y cerrado. Sí pueden hacerse secuelas de esta película, por supuesto, pero ello se debería probablemente más a un deseo de la productora de estirar el filón (en caso de que resultara ser un éxito) que de la pretensión del autor de iniciar una franquicia, ya que el final está satisfactoriamente cerrado.

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 19 de agosto de 2017

LA TORRE OSCURA, soportable como película, horrible como adaptación

La Torre Oscura es la más ambiciosa obra del escritor Stephen King. Una saga compuesta originariamente por siete volúmenes escritos entre 1982 y 2004 al que siguió un cuarto libro publicado en el 2012 además de un relato corto incluido en el compendio Todo es eventual y una serie de comics guionizados por Peter David con supervisión y aprobación del propio King.
Cuento esto para que se pueda entender el basto alcance de esta obra literaria, más de 4.200 páginas que Nikolaj Arcel y Akiva Goldsman pretenden condensar en apenas 95 minutos, algo casi ridículo para un blockbuster actual (prácticamente la mitad que otros títulos de este verano como Transformers:el último caballero o Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas). Pero, ¿es realmente La Torre Oscura una adaptación de la saga de King?
Volviendo a El viento por la cerradura, esa novela con la que King recuperó a sus personajes ocho años después de concluir la saga, o a Las hermanitas de Eluria, historia auto conclusiva sobre Roland, la película protagonizada (es un decir) por Idris Elba parece eso, una narración aislada englobada en ese mundo fantástico a medio camino entre Tolkien y Sergio Leone (entre otras muchas referencias reconocidas), incoherente si no se conoce a la perfección el universo que lo rodea.
Analizada simplemente como película, obviando la fuente en la que se inspira, La Torre Oscura es una obra entretenida, con buenas interpretaciones (Elba está muy bien en su papel de Pistolero mientras que Matthew McConaughey parece pasárselo en grande con su rol de villano). No hay, sin embargo, un desarrollo de personajes o una base argumental sólida para comprender de qué se está hablando. El espectador puede disfrutar de la película como un niño de cinco años disfruta de Del Revés (Inside out), por ejemplo, pudiendo entretenerse e incluso divertirse, pero sin entender nada de lo que está pasando. De igual manera, aquí no se acaba de comprender quienes son los Pistoleros, no hay razón para la villanía del Hombre de Negro ni se sabe de dónde salen esas bases secretas que tiene, se menciona a un Rey Carmesí sin dar más datos… De hecho, ni siquiera se explica qué demonios es La Torre Oscura. Todo esto en un film que, más allá de sus ambiciones iniciales, no tiene forma de inicio de saga, quedando su final aparentemente bien cerrado. Si han querido dejar preguntas al aire (como de hecho sucedía en la primera novela de King), no lo parece.
Analizada como una adaptación cinematográfica (y así habría que hacerlo, ya que la campaña publicitaria se ha encargado de resaltar mucho más el nombre de Stephen King que el de los propios Elba o McConaughey), la película es un verdadero desastre. No hay aquí nada de la complejidad que se encontraba en las novelas, ni argumentalmente ni en cuanto a sus personajes. No tiene la épica que ocultan los libros, pero tampoco el drama, el humor o la crueldad que habita en ellos. Nikolaj Arcel combina, eso sí, elementos de acción y comedia (e incluso sutiles toques de terror), pero lo hace de manera confusa y aleatoria, y su respeto hacia el maestro del terror parece limitarse a las múltiples referencias (master eggs se llaman ahora) que pululan por el film. El primer error, a mi entender, es el simple hecho de dar más protagonismo al personaje de Jake Chambers (correcto Tom Taylor) que al propio pistolero, a la par que abusar de las escenas en Nueva York (que en los libros no aparece hasta la segunda novela). Si de verdad se pensaba hacer una saga cinematográfica (y esos eran los planes iniciales, cuando Ron Howard estaba al frente y Javier Bardem era firme candidato como actor), habría sido más sencillo limitarse a adaptar solo la primera novela (también la más sencilla de convertir en película) y dedicarse a presentar a unos personajes (sobre todo el de Roland de Gilead) con calma y profundidad.
La Torre Oscura no es, al fin, el desastre absoluto que se decía por ahí, pero sí una gran decepción y una película anodina y simplona, bien filmada, pero sin apenas momentos verdaderamente meritorios (quizá la escena en la que Roland dispara a ciegas es la más lograda, totalmente desvelada antes de tiempo en el tráiler). Y eso que el apartado visual lo tenía fácil para destacar, teniendo en cuenta que algo que enriquece mucho las novelas de King son las ilustraciones de Michael Whelan o Phil Hale, que bien podrían haber servido directamente como concept art al film.
Y aunque siempre es complicado adaptar una saga literaria (más cuando cuenta con una legión de fans tan grande como esta), podrían haber tomado como base lo que se hizo en su momento con El Señor de los Anillos o Harry Potter, que supieron arriesgar y desde el primer momento sabían lo que querían hacer y cómo, en lugar de querer condensar en una sola película elementos de todas las novelas, añadiendo además personajes nuevos y transformando tramas a placer.
En fin, habrá que ver si la baja taquilla y las malas críticas impiden las supuestas continuaciones. De momento, la serie televisiva (donde también aparecerá Idris Elba) sigue en marcha.
Yo, por mi parte, con lo de moda que está esto de hacer reboots de sagas de manera casi instantánea, firmo ya por el reinicio de esta.

Valoración: cinco sobre diez.