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domingo, 10 de julio de 2016

EL CASO FRITZ BAUER: Abriendo viejas heridas.

Parece claro que Alemania está tratando de purgar su terrible historia y ha elegido la vía del cine como el camino más directo para ello. Películas como El hundimiento, 13 minutos para matar a Hitler o La conspiración del silencio son claros ejemplos de que, en contra de ese absurdo movimiento que pretende demostrar que el Holocausto no existió, el país de Goethe y Beethoven, pero también de Hitler y Eichmann, como el propio Fritz Bauer dijo en una emisión televisiva con la que se abre la película El caso Fritz Bauer, quiere limpiar sus trapos sucios desde casa y entonar el mea culpa, aceptando las consecuencias no ya solo de lo sucedido bajo el mandato del Führer, sino también de los despropósitos y el oscurantismo que sucedió a la caída del Tercer Reich.
Dirigida por Lars Kraume, la película se centra en la cruzada del fiscal general por dar caza a los nazis desaparecidos tras la II Guerra Mundial, poniendo especial hincapié en  la figura de Adolf Eichmann, el principal responsable de la Solución Final y del transporte de miles de judíos a los Campos de Exterminio, cuyo paradero podría estar situado en Argentina.
La película sigue con la pericia de una crónica policíaca las pesquisas de Bauer sin obviar la oposición que el fiscal recibía por parte de las altas esferas, lo cual le obliga, apoyado en el único ayudante del que se puede fiar, Karl Angermann,  a pedir ayuda al Mossab, pese al riesgo de ser considerado traidor a su país.
Sin entrar en detalles sobre la vida personal de Bauer, es el personaje de Angermann quien ofrece algo de ligereza a la trama, merced a su relación extramatrimonial y la manera en que ello afecta a la investigación, lo cual permite que la figura del fiscal sea desnudada solo como el idealista y luchador por la justicia que se le supone. Su imagen de liderazgo que demostraba ante las cámaras de televisión incomodaban a muchos personajes en el poder, todavía apegados a viejos ideales nacionalsocialistas y es en ello en lo que pone el foco Kraume.
Es, pues, un interesante documento histórico, una de esas películas que nos permiten recordar la historia reciente de Europa y que ayudan a entender un poco mejor lo que pasó y como pudo pasar, aunque su factura germana quizá le resta algo de dinamismo, tomando por momentos un cáliz algo televisivo. Pese a ello, es altamente recomendable aunque solo sea por conocernos un poco mejor como seres humanos,.

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 28 de abril de 2016

13 MINUTOS PARA MATAR A HITLER: Intrascendente crónica histórica.

En 13 minutos para matar a Hitler el director alemán Oliver Hirschbiegel regresa a su país de origen para volver a hablar de los oscuros años de dominación nazi como ya hiciera en la interesante El hundimiento (ya ha anunciado que pretende convertir esa película y la que nos ocupa en partes de una trilogía sobre el tema) después de que su aventura americana no se haya saldado todo lo satisfactoriamente que le hubiese gustado, con la ignorada Cinco minutos de gloria, la vilipendiada Invasión (ese aburrido remake de La invasión de los ladrones de cuerpos con Nicole Kidman y Daniel Craig) y la directamente mediocre biografía de la princesa Diana..
En 13 minutos para matar a Hitler se narra el intento verídico del carpintero Georg Elser para atentar contra el führer cuando este se encontraba en una cervecería  celebrando el aniversario del Putsch de Múnich. El atentado fracasó y provocó ocho fallecidos, todos ellos civiles, ya que Hitler había abandonado el local antes de lo previsto.
La película cuenta, en dos líneas temporales, tanto el atentado como las consecuencias que este tuvo para Elser en el campo de concentración de Dachau (el motivo de que no hubiese una ejecución inminente era que Hitler estaba convencido de que Elser no había actuado sólo y pretendía desenmascarar a todos los componentes de la conspiración), mientras a modo de flashbacks nos va introduciendo en la vida personal del protagonista, en cómo va tomando poco a poco consciencia de la amenaza que Hitler supone para su propio país y, sobre todo, nos muestra la historia de amor entre él y Elsa Harlen, la esposa de un hombre violento de su pueblo natal.
El problema que tiene Hirschbiegel en esta película es que pretende abarcar demasiado en la vida personal de Georg Elser, reincidiendo demasiado en la trama romántica e impidiendo el correcto avance de la acción. Parece, casi, como si nos encontrásemos ante el planteamiento perfecto para una mini serie de televisión, pero las casi dos horas que dura el film son insuficientes para que se expliquen correctamente las motivaciones de Elser. Además, se dan muchos datos sobre él que quedan desdibujados y no hace sino confundir al espectador, como es la relación con su padre, su paternidad con una novia de la infancia o el conflicto con el marido de Elsa. Al final, nos encontramos con un drama de época mal narrado y uno se queda con las ganas de profundizar más en el tema del atentado, que es de lo que realmente se supone que va la película. Al fin y al cabo, descubrir como poco a poco las “supuestas” buenas intenciones del partido nazi se van oscureciendo hasta devenir en la amenaza que terminaron por ser es algo que ya hemos visto en mil películas.
Hirschbiegel no consigue aportar nada nuevo a uno de los episodios más negros de la historia moderna, y lo que realmente podría interesar como es ese atentado fallido bastante menos popular que la operación Valkiria al final sabe a poco.
Es interesante, sí, como todo lo relacionado con el nazismo, y más viniendo desde la misma Alemania, pero demasiado intrascendente.

Valoración: Seis sobre diez.