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jueves, 28 de abril de 2016

13 MINUTOS PARA MATAR A HITLER: Intrascendente crónica histórica.

En 13 minutos para matar a Hitler el director alemán Oliver Hirschbiegel regresa a su país de origen para volver a hablar de los oscuros años de dominación nazi como ya hiciera en la interesante El hundimiento (ya ha anunciado que pretende convertir esa película y la que nos ocupa en partes de una trilogía sobre el tema) después de que su aventura americana no se haya saldado todo lo satisfactoriamente que le hubiese gustado, con la ignorada Cinco minutos de gloria, la vilipendiada Invasión (ese aburrido remake de La invasión de los ladrones de cuerpos con Nicole Kidman y Daniel Craig) y la directamente mediocre biografía de la princesa Diana..
En 13 minutos para matar a Hitler se narra el intento verídico del carpintero Georg Elser para atentar contra el führer cuando este se encontraba en una cervecería  celebrando el aniversario del Putsch de Múnich. El atentado fracasó y provocó ocho fallecidos, todos ellos civiles, ya que Hitler había abandonado el local antes de lo previsto.
La película cuenta, en dos líneas temporales, tanto el atentado como las consecuencias que este tuvo para Elser en el campo de concentración de Dachau (el motivo de que no hubiese una ejecución inminente era que Hitler estaba convencido de que Elser no había actuado sólo y pretendía desenmascarar a todos los componentes de la conspiración), mientras a modo de flashbacks nos va introduciendo en la vida personal del protagonista, en cómo va tomando poco a poco consciencia de la amenaza que Hitler supone para su propio país y, sobre todo, nos muestra la historia de amor entre él y Elsa Harlen, la esposa de un hombre violento de su pueblo natal.
El problema que tiene Hirschbiegel en esta película es que pretende abarcar demasiado en la vida personal de Georg Elser, reincidiendo demasiado en la trama romántica e impidiendo el correcto avance de la acción. Parece, casi, como si nos encontrásemos ante el planteamiento perfecto para una mini serie de televisión, pero las casi dos horas que dura el film son insuficientes para que se expliquen correctamente las motivaciones de Elser. Además, se dan muchos datos sobre él que quedan desdibujados y no hace sino confundir al espectador, como es la relación con su padre, su paternidad con una novia de la infancia o el conflicto con el marido de Elsa. Al final, nos encontramos con un drama de época mal narrado y uno se queda con las ganas de profundizar más en el tema del atentado, que es de lo que realmente se supone que va la película. Al fin y al cabo, descubrir como poco a poco las “supuestas” buenas intenciones del partido nazi se van oscureciendo hasta devenir en la amenaza que terminaron por ser es algo que ya hemos visto en mil películas.
Hirschbiegel no consigue aportar nada nuevo a uno de los episodios más negros de la historia moderna, y lo que realmente podría interesar como es ese atentado fallido bastante menos popular que la operación Valkiria al final sabe a poco.
Es interesante, sí, como todo lo relacionado con el nazismo, y más viniendo desde la misma Alemania, pero demasiado intrascendente.

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 17 de diciembre de 2013

DIANA (3d10)

Cuando uno se presenta ante una película como esta lo lógico es pensar en un biopic en toda regla sobre la princesa Diana, esperando quizá conocer detalles sobre cómo llegó a ser heredera al trono o sobre sus discrepancias con la Reina de Inglaterra, a la postre su suegra, viniéndonos a la mente grandes biografías cinematográficas como pueden ser las magníficas Chaplin, Gandhi, Nixon o Gran bola de fuego (sobre el genial Jerry Lee Lewis) -incluso podríamos meter en esta lista la reciente y maravillosa El mayordomo-. 
Luego nos enteramos de que solo trata un episodio concreto de la vida de Lady Di, pero no pasa nada. Ya nos sabemos su vida y ejemplos de biografías episódicas también hay unas cuantas, como Nixon contra Frost, Mi semana con Marilyn o (también de este año y también excelente) Rush. Además es de esos films con el clásico slogan en el cartel que reza: "de la ganadora de un Oscar..." y con un director de prestigio (que ya realizó El hundimiento, otro gran biopic episódico centrado en las últimas horas de vida de Hitler). Pero, lamentablemente, la unión de Oliver Hirschbiegel y Naomi Watts no bastan para salvar este despropósito de película cuya cosa más amable que se le puede decir es que es soporíferamente aburrida.
La trama arranca con la muerte de la princesa y su ¿prometido? Al-Fayed en París para retroceder entonces dos años y explicarnos cómo llegó a esa situación. A partir de ahí son muchos los caminos que se abrían ante el director por los que podría optar, y sin duda cualquiera de ellos habría sido interesante. Podría haberse convertido Diana en un drama romántico a raíz de su relación con el doctor Khan, una intriga palaciega centrada en sus desavenencias con la reina y su divorcio con el príncipe heredero, o incluso una crónica social con denuncia incluida en relación a la responsabilidad del acoso de los paparazzis en su accidente mortal. Pero ninguna de esas opciones son acordes con lo que Hirschbiegel nos va a mostrar en pantalla, una especie de crónica rosa que bien podría ser un documental de la revista Hello (o su contrapartida española Hola) en la que sólo falta Anne Inartiburu como maestra de ceremonias. Así además lo ha entendido la distribuidora en España, que fiel al poco sentido del ridículo que tenemos en este país ha decidido traducir los nombres de algunos protagonistas tal y como hace la prensa rosa de manera chabacana y sonrojante, de manera que la princesa es llamada Diana, como suena en lugar de Daiana, y su marido es Carlos en lugar de Charles, aunque no han tenido narices de saber castellanizar a Hasnat Khan o a Dodi Al-Fayed.
Pensando quizá que escarbar en una historia poco conocida como el romance de Diana con un cirujano cardiovascular era suficientemente interesante para permitirse prescindir de un guion de empaque alrededor de esta película con alma de telefilm que se lo juega todo a una sola baza en forma de su interprete, la excelente protagonista de Lo imposible, que aquí fracasa estrepitosamente en su transformación en Diana, limitándose a un maquillaje poco afortunado (se consideraba a Diana una de las mujeres más atractivas de la época, pero esta Diana no solo es mucho menos guapa que la princesa real sino que consigue ser también mucho menos guapa que la propia Naomi Watts, ver para creer) y a una insistente inclinación de cabeza exageradamente forzada, algo que recuerda a los ridículos andares de Aston Kutcher como única arma para mimetizarse en Steve Jobs. 
La dama de hierro era una mala película, pero al menos Meryl Streep conseguía transformarse totalmente en Margarita, perdón, Margaret Thatcher, mientras que Watts nunca consigue que veamos a Diana en pantalla, sino a una mera actriz interpretando.
Diana pretende ser la historia de un gran amor, pero solo consigue que veamos la relación entre un egoísta e inexpresivo médico -insulso Naveen Andrews (todos te preferimos como torturador, Sayid)- y una princesa histérica y acosadora; un romance que más bien parece protagonizado por jovenzuelos de instituto. Y para colmo tienen la indecencia de insinuar que la madre del médico espantapájaros este es la culpable indirecta de la muerte de la princesa por no dar su aprobación a la relación. 

En mi opinión la película habla de todo (ambición, egoísmo, cobardía, obsesión) excepto de amor, y lo hace de una forma tan plana y desdibujada que no se puede encontrar en ella el mínimo punto de interés, más cuando los propios productores quieren huir del efectismo más facilón y nos escamotean las escenas del accidente o el funeral con Elton John en plan estelar, lo cual, aunque lo tengamos todos grabado ya en nuestra memoria, nos habría despertado al menos momentáneamente.