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domingo, 26 de noviembre de 2017

BdS: EL JUEGO DE GERALD, el rey del terror desembarca en Netflix

Stephen King siempre ha sido una gran tentación para el mundo del cine y la televisión, pero hasta ahora sus adaptaciones se clasificaban en dos tipos: producciones lujosas con grandes nombres detrás que, por culpa de la necesidad de recuperar la inversión solía convertirse en una película de estudio más que de autor, perjudicando a la fidelidad de la trama (y el ejemplo más reciente lo tenemos en la fallida La Torre Oscura), o productos de serie B de bajo presupuesto y escasa ambición.
Sin embargo, la llegada de las plataformas digitales ha cambiado el panorama, y Netflix ha sido la primera en subirse al carro, como ya comenté en el artículo de opinión del mes pasado. Gracias a eso se ha encontrado un punto intermedio, el cual permite la aparición de adaptaciones que, sin ser superproducciones (que por otro lado no serían coherentes con la historia original), si tienen un nivel de calidad como corresponde al escritor de Maine.
El juego de Gerald es la primera adaptación de King de Netflix, y en ella se puede apreciar todo lo dicho. De hecho, ya hubo hace unos años un intento de adaptar la novela al cine pero, siendo realistas, ¿alguien se imagina el recorrido comercial en salas de una película que se basa en una mujer desnuda esposada a una coma durante prácticamente todo el metraje? Es cierto que Rob Reiner se enfrentó a un desafío similar en la magnífica Misery, pero repetir la jugada no parecía una tarea sencilla.
El medio televisivo parece la plataforma ideal para esta sórdida historia de apenas dos únicos protagonistas, con los solventes rostros de Carla Gugino y Bruce Greenwood, aunque el recurso de los flashbacks y un algo alargado epílogo permite la incorporación de otros personajes orbitales.
El juego en cuestión es un aparentemente inofensivo intento de animar el apático matrimonio entre Gerald y su esposa Jessie, que cual Christian Grey del montón decide convertirla en una sumisa esposándola en la cama en busca de algo de excitación añadida. Pero un infarto fulmina al pobre hombre, dejando a la mujer esposada en la cama en una cabaña aislada en medio de la montaña y con la puerta abierta de par en par. Sin duda una pesadilla digna de la retorcida mente de King que se convierte en una pieza de claustrofobia aterradora, enfrentada Jessie a sus fantasmas del pasado y a otros peligros algo más reales.
Mike Flanagan tiene un amplio currículo en el género del terror, siendo Ouija: el origen del mal su trabajo más completo hasta la fecha, aunque el cambio de formato le ha invitado a ser algo más suave en una puesta en escena no tan sangrienta ni heredera del jumpscare de turno.
Flanagan logra mantener el interés de la historia confiando en la fortaleza de sus dos protagonistas, aunque peca de un exceso de fidelidad a la obra original que, en este caso, le pasa algo de factura. Y es que una de las pegas que se le podrían poner a la novela estaba en su alargado final, que pierde interés una vez se resuelve la parte de la trama correspondiente a Jessie esposada a la cama, y Flanagan lo mantiene en su película, provocando que el ritmo decaiga y se pierda esa atmósfera tan bien lograda hasta el momento.
Aun así, el amor que Flanagan parece procesar a la historia original y el esforzado trabajo de los protagonistas, en especial una Carla Gugino (no tan desnuda como en el original literario, por razones obvias), hacen de la película una adaptación muy certera y sobradamente interesante.

Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 31 de octubre de 2016

OUIJA: EL ORIGEN DEL MAL, superando de largo a la primera.

Viendo Ouija: el origen del mal me vino a la memoria Calle Cloverfield, 10. Y no porque sus argumentos tengan nada que ver, sino porque sentí aquí la misma sensación que con aquella (confirmada después por J.J. Abrams): la de que se había aprovechado un guion ajeno a la supuesta saga para que, con algunos retoques, encajase en el puzle.
Escrita y dirigida por Mike Flanagan, quien ya hiciese su película de terror de culto con Oculus  y que se encuentra en pleno rodaje de El juego de Gerard, basada en una obra de Stephen King), Ouija: el origen del mal es en realidad una precuela de la simplona y floja Ouija de hace un par de años y sirve para conocer al detalle la historia de la madre y las dos hijas que habitaron en la casa con anterioridad a los protagonistas de aquella. Sin embargo, viendo ambas películas, las diferencias son tan notables que Ouija: el origen del mal merecería tener una entidad propia, sin ser lastrada por el hecho de ser una secuela de una película muy mediocre.
Confirmando mi teoría de que el cine de terror sufre una nueva corriente cada vez más cercana al drama, la película que propone Flanagan es un excelente retrato de una familia acuciada por las deudas y el dolor por la pérdida de la figura paterna que utilizan el espiritismo como medio para ganarse la vida hasta que la dichosa tabla de marras entra en la casa permitiendo el acceso de varios espíritus malignos.
Durante gran parte del metraje cuesta recordar que estamos ante una película de terror, pues los sustos son escasos y Flanagan no recurre apenas al efectismo de los sobresaltos musicales ni los planos tramposos, aunque la sensación de mal rollo es constante. Es más una película inquietante, que angustia, y que solo en su tramo final logra desatarse sin llegar nunca a alcanzar niveles de ridiculez como la mayoría de películas que pululaban por este género hace apenas unos años.
Prescindiendo del recurso de las adolescentes tontas (hay una hija adolescente, interpretada por Annalise Basso, que ya estaba en Oculus y era también una de las hijas de Captain Fantastic, pero de tonta no tiene un pelo), la coerencia con la que actúa la familia en todo momento, a expensas de la dolorosa ingenuidad infantil del miembro más débil de la misma, demuestran un guion inteligente y que no busca burlarse del espectador, consiguiendo que sea esta película muy superior a la Ouija original y que, pese a no ofrecer un terror muy exagerado, sea una interesante propuesta para este Halloween.
No va a romper moldes ni sentar cátedra, pero sí demuestra que con un poco de inteligencia y ganas de trabajar bien se pueden seguir haciendo películas de fantasmas interesantes.

Valoración: Seis sobre diez.