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domingo, 9 de abril de 2017

MESA 19: insulsa tontería

Las comedias americanas que transcurren alrededor de la celebración de una boda son casi un subgénero por sí mismas. En Mesa 19, la pretensión es hacer una película de corte indy sobre un grupo de inadaptados que terminan coincidiendo en la misma mesa durante una ceremonia, una mesa destinada a los marginados, a esos invitados por compromiso que los novios piensan que si deciden no aceptar la invitación, mejor.
No es mal punto de partida, sobre todo si tenemos en cuenta que la protagonista es la siempre solvente Anna Kendrick y que pululan por ahí alguna que otra cara conocida como Lisa Kudrow, Craig Robinson o Stephen Merchant.
Desconozco si el estilo de las ceremonias nupciales americanas distan mucho de las españolas, aunque por lo visto en el cine no lo parece. Sin embargo, no logro entender cómo funciona la que aparece en la película, si el baile es antes de la cena, cuando se hacen los brindis, cuando el pastel, cuánto dura… Durante la celebración los personajes entran y salen del salón, se van a pasear por un bosque cercano, se refugian en una de las habitaciones del hotel… y el resto de invitados a lo suyo, en un ejemplo de caos organizativo que hubiera horrorizado a la Jennifer Lopez de Planes de boda. Comento esto porque la falta de ritmo y el avance confuso de la ceremonia es un buen ejemplo de lo que sucede con la película en sí. Nunca se sabe si se está ante una comedia, un drama o una simple historia de amor, no hay ningún personaje que enganche y los chistes carecen de gracia.
Mesa 19 está bastante cerca del desastre, resultando aburrida e insustancial, consiguiendo que todo lo que hace por diferenciarse de las comedias románticas sobre bodas comunes sea para peor. No consigo recordar nada destacable (un par de chistes aislados, quizá) de la película, y eso en un género tan fácil de acometer me parece imperdonable.
No conocía al tal Jeffrey Blitz que firma la película (parece que ha hecho sus pinitos en series de prestigio como The Office), pero si esto es lo mejor que puede dar de su en pantalla grande, no creo que valga la pena seguirle la pista.
Una pérdida de tiempo.

Valoración: Tres sobre diez.

domingo, 30 de octubre de 2016

LA CHICA DEL TREN: insustancial enigma voyeur

Reconozco no haber leído la obra literaria de Paula Hawkins en la que se basa la película, aunque las referencias que me han llegado no son demasiado buenas, aunque acostumbro a desconfiar de esos éxitos literarios que se convierten en grandes éxitos de la noche a la mañana y que la gente que en su vida había leído un libro compra aunque solo sea para quedar bien en el andén del metro camino al trabajo.
Apenas un año después de arrasar en las librerías se estrena La chica del tren, la adaptación que dirige Tate Taylor, quien se hiciera conocido por su labro tras Criadas y señoras.
La chica del tren es un thriller sobre la desaparición de una mujer que no tarda en poner sus cartas sobre la mesa y presentarnos a los seis sospechosos para que el espectador empiece a hacer sus cábalas y tratar de averiguar quién es el malo de la función. En realidad, todo gira alrededor de Rachel, un deshecho de mujer, alcohólica y obsesiva, que cada día observa con envidia la aparentemente feliz vida de Megan (que casualmente es vecina de su exmarido y canguro de la hija de este con su actual esposa) desde la ventanilla de su tren hasta que descubre que esta tiene una aventura y decide ir en su busca para expresar su indignación. Precisamente la noche en la que la muchacha desaparece sin dejar rastro. En ese momento se pone en marcha un supuestamente retorcido puzle donde se pretende jugar con el espectador y desviar su atención de un lado hacia otro para complicar un poco el juego. Estamos, de hecho, ante una versión de La ventana indiscreta donde el voyeurismo se torna obsesión. Lo malo es que para ello Taylor hace demasiadas trampas, como los saltos en el tiempo que impiden conocer todos los datos hasta que el guionista lo considera oportuno (y rompiendo contantemente el ritmo de la historia, de paso), aunque al menos hay que reconocer que algo de sorpresa sí consigue que haya.
El problema con la película es que todos los personajes son tan condenadamente desagradables que casi da lo mismo quien sea el culpable de lo que ha sucedido. Los tres personajes femeninos de la película parecen tener más de un problema psicológico, y ninguno de los masculinos es precisamente un santo. En ocasiones, como en la magnífica Elle, tener personajes oscuros ayuda a intensificar el drama, pero ni Taylor es Verhoeven ni la historia va en ese camino.
Pese a los esfuerzos de Emily Blunt por dar empaque a un personaje vacío (todo su relleno es artificial e impostado), la sonrisa angelical de Haley Bennet (no hay que fiarse de esta chica, recuerden Hardcore Henry) o los cameos (uno de ellos fugaz) de dos estrellas televisivas del pasado, lo cierto es que la película resulta ligeramente anodina. Todos los giros de guion, todas las subtramas, por ingeniosas que sean, están tan forzadas que pierden la naturalidad, resultando poco sorprendentes o incluso inverosímiles alguna, mientras que el intento de repartir el protagonismo entre las tres mujeres (incluso con el uso de sus nombres a modo de capítulos dentro de la película, algo que se olvida de repente) dificulta aún más la empatía con la atormentada Rachel, que se supone es el objetivo final para lograr la comunión entere público y película. Quizá la guionista Erin Cressida Wilson haya olvidado que una de las dificultades de adaptar una novela sea la de saber transcribir el lenguaje literario al cinematográfico, y que cosas que funcionan en un medio no valen para el otro.
Con todo, la intriga está bien conseguida y todos aquellos que desconozcan la novela podrán jugar a adivinar el resultado final del puzle que, al menos, no se ve venir tan de lejos como en otras intrigas similares. Si es que aceptamos creernos las cosas tal cual nos las cuentan, claro está.

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 13 de mayo de 2014

MALDITOS VECINOS (5d10)

Poco podíamos esperar de una película que se promociona como: "de los tipos que trajeron Juerga hasta el fin". Los que me conozcáis ya sabréis que pienso de esos bodrios adolescentes cuyo único mérito es buscar quien dice la ordinariez más gorda o hace la guarrada más grande. No obstante, y pese a la participación de Seth Roger como protagonista, la presencia de un director como Nicholas Stoller, acostumbrado a comedias de medio pelo pero no exageradamente burdas (ahí están Paso de ti o Eternamente comprometidos) abría la puerta a un rayo de esperanza.
El argumento no da para mucho: Rogen y Rose Byrne interpretan a un matrimonio con una niña pequeña que descubren que se han hecho adultos a su pesar, y cuando reciben como nuevos vecinos a una hermandad universitaria acostumbrada a desfasantes fiestorras con la música a tope hasta altas horas de la madrugada se declara una guerra entre ellos, por más que en su fuero interno envidien esos años de locura y desenfreno.
Así,  es fácil imaginarse las estupideces que se van a suceder, los chistes de penes y tetas y la apología al alcohol y las drogas. Y sin embargo, algo bueno he podido sacar de esta película que me ha impulsado a aprobarla (justito, eso sí), aparte del hecho obvio que tal sucesión de absurdeces propicia que, por pura estadística, alguno haga gracia.
Por un lado está el aspecto interpretativo, pues mientras Rogen se limita a hacer lo de siempre y Byrne (por si alguien no la recuerda es la Moira de X-men: primera generación y lo pasa fatal en las dos partes de Insidious) parece sentirse demasiado actriz como para esforzarse mucho en esta película, por el lado de los descerebrados me ha sorprendido el buen hacer de Zac Efron (ya lo hizo en A cualquier precio, al final haremos algo de provecho con este antiguo chico Disney) y tampoco desentona nada Dave Franco, uno de los magos de Ahora me ves... que a poco que se esfuerce superará en carisma a su hermano James. Pulula también por ahí algún otro rostro conocido, como Lisa Kudrow o Christopher Mintz-Plasse, pero eso ya es harina de otro costal... mientras que la actriz que interpreta al bebé Brittany está para comérsela.
El segundo punto a favor es su madurez final. No es que una película como ésta deba tener un mensaje de fondo para funcionar (yo mismo me he quejado a veces cuando pretenden vendernos una comedia gamberra y terminan endulzando la cosa y quedándose cortos) pero lo cierto es que Seth Rogen ya tiene una edad para ejercer eternamente de inmaduro alocado en este tipo de películas que normalmente tildaría de basura y me parece una novedad que la conclusión final sea que ellos son los que hacen lo correcto y los universitarios los que están echando a perder su vida. Que una película para adolescentes de hormonas alborotadas te refleje lo maravilloso de la paternidad, la vida en pareja y lo que podríamos definir como costumbrismo me parece, cuanto menos, diferente.
Al final falta algo de mala baba y originalidad, por supuesto, pero si nos atrevemos a ver un film de estas características mejor que nos conformemos con lo poco bueno que pidamos rascar.

Menos da una piedra...