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domingo, 5 de noviembre de 2017

AMERICAN ASSASSIN, vengador antiterrorista.

American assasin se sitúa en el centro de una fructífera serie de novelas de intriga política del escritor Vince Flynn con Mitch Rapp como protagonista. Aunque la película homónima que ha dirigido Michael se basa directamente en ella, han tomado también elementos de otras obras y han rejuvenecido convenientemente al protagonista para que sirva como carta de presentación ante una supuesta nueva saga de un héroe de acción a la altura de James Bond, Jason Bourne, Ethan Hunt o Jack Ryan.
American Assassin narra la historia de un joven que, tras presenciar como su prometida muere en un atentado terrorista en Ibiza decide entregarse en cuerpo y alma a perseguir y exterminar a todos aquellos activistas radicales que se pongan en su punto de mira. Algo así como un Punisher internacional, para que me entiendan los seguidores de Marvel. Esto llama la atención de Irene Kennedy, subdirectora de la CIA, que ve en él las actitudes necesarias para incorporarlo a un programa de adiestramiento para convertirlo en un súper agente secreto, todo bajo la supervisión del veterano y estricto Stan Hurley. La única pega es que Rapp no parece muy bueno acatando órdenes, confundiendo a menudo el cumplimiento de la misión con su cruzada personal.
Como se puede apreciar, no hay nada que suene a original en la trama. Y tampoco su puesta en escena es nada del otro mundo. Michael Cuesta, del que hace no demasiado pudimos ver Matar al mensajero, se limita a realizar un trabajo correcto, con escenas de acción bien filmadas y que, si bien no quedarán para siempre en nuestra memoria, al menos no molestan.
Quizá el plato fuerte de la película haya que buscarlo en sus protagonistas, con ese duelo entre jóvenes estrellas como son Dylan O’Brien (a punto de culminar la saga de El corredor del laberinto) y Taylor Kitsch (que aún está esperando la gloria que John Carter le negó), aunque cuando realmente se tensa el ambiente es cuando entra en escena Michael Keaton, que tras unos años en el ostracismo parece que el éxito de Birdman lo ha recuperado a lo grande, bastando como prueba su trabajo en Spiderman Homecoming.
Con estos elementos, American Assassin es una película de acción más, con ligeros apuntes políticos, que no parece suficiente para demostrar que merece tener su propia franquicia pero que tampoco llega a aburrir en ningún momento. Es cine de entretenimiento que se deja ver con agrado y al que no se le debe pedir demasiado para que no salten todas las costuras.
American Assassin es, simplemente, más de lo mismo. Pero si ese mismo está bien hecho, tampoco es paras quejase demasiado, ¿no?

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 26 de enero de 2014

HÉRCULES, EL ORIGEN DE LA LEYENDA (3d10)

De vez en cuando aparecen películas que, independientemente de su calidad, suponen un antes y un después en la forma de concebir el cine, tanto para bien como para mal.
Sucedió, por ejemplo, con Star Wars en 1977, Matrix cambió la forma de entender el cine de acción en 1999, James Cameron revolucionó los efectos especiales en 1991 con Terminator 2 y reinventó el 3D en el 2009 con Avatar, pero quien más daño puede haber hecho al mundo del cine, muy a su pesar, fue Zack Snyder, en el año 2006, con su revolución visual y digital en 300, donde con un uso abusivo del croma y una utilización magistral de la cámara lenta (llegando incluso a usar imágenes estáticas) conseguía dar un aspecto muy irreal, más cercano al comic de Frank Miller en que se basaba que a los clásicos péplum del viejo Hollywood. La jugada, por cierto, le salió francamente bien, pero sentó un precedente cuyas últimas consecuencias se aprecian en la última película de Renny Harlin, un director que parecía que iba a algún lugar cuando realizó películas interesantes como Máximo Riesgo y La Jungla 2, se equivocó cuando orientó su carrera a mayor gloria de su efímero matrimonio con Geena Davis y no ha levantado cabeza desde la ya lejana Deep blue sea y que con esta fotocopia visual de 300 demuestra que no tiene ni personalidad propia ni el talento de Snyder, por más que también es cierto que ninguno de los payasos que pululan por la pantalla tampoco tienen nada que ver con Gerard Butler o Lena Headey.
Pero vayamos por parte. La película empieza con una panorámica bochornosa espantosamente mala que recuerda a un videojuego de la Play One de bajo presupuesto. Y a partir de ahí todo va para abajo.
Sustituyendo todo posible duelo interpretativo por una comparativa para ver quien tiene los pectorales más desarrollados (lo que se habrá reído Kirk Douglas si ha tenido la desgracia de ver esto), la historia, sin pies ni cabeza, plagia sin vergüenza escenas de Gladiator, incluye discursos alentadores muy por debajo del de Breveheart, deja a las mediocres Furia de Titanes / Ira de Titanes a la altura de clásicos y adorna el despropósito con una historia de amor descafeinada y nada apasionada.
Ridícula, con diálogos espantosos, dirección penosa, efectos digitales patéticos (ese león, ¡Dios mío!), situaciones absurdas y, encima, muy aburrida. De principio a fin. Y para colmo, pretende ser muy violenta (con esas peleas cuya cámara lenta es muy útil para ocultar las mediocres coreografías) pero no hay rastro de sangre alguna, como si de un mal producto Disney se tratara.
Y para colmo, está protagonizada por uno de los peores actores que recuerdo, un tal Kellan Lutz salido de la gloriosa serie de Crepúsculo y cuya carrera debería haber muerto junto a esa saga, acompañado por un puñado de tipejos que tampoco ayudan a mejorar mucho el tema.
Cada año nos toca vivir un duelo entre dos películas de temáticas parejas y este año el hijo de Zeus era el denominador común. Es triste como me puedo arriesgar a asegurar que el Hércules que dirige Brett Ratner, con la musculatura de Dwayne Johnson de percha, ha ganado la batalla sin siquiera haberse estrenado.

En una palabra: espantosa.