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lunes, 31 de marzo de 2014

MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES * (6d10)

Hasta el año 2012 Joss Whedon era considerado por la gran mayoría como el creador de Buffy Cazavampiros y poco más. Eran apenas un puñado de frikis los que lo elogiaban por la serie de culto Firefly o por su contribución como guionista en la colección de comics de X-men. Pero llegó ese glorioso 2012 y su leyenda friki aumentó al producir y coguionizar La cabaña del bosque y rompió taquillas y puso el mundo a sus pies con Los Vengadores.
De la noche a la mañana, gracias al gran pelotazo de los más poderosos héroes del mundo, se convirtió en el nuevo rey Midas de Hollywood y director imprescindible no solo para la secuela de su mayor éxito sino para supervisar y coordinar el resto de producciones Marvel aparte de lanzar la serie televisiva Agentes de SHIELD. Tal cambio en su vida debió sin duda superarle, así que para lograr asumir mejor el éxito que mejor que hacer un giro de 180º en su trayectoria y embarcarse en una película pequeña, filmada en blanco y negro y rodeado de amiguetes. Vamos, que más que un rodaje debió parecer una cena entre colegas.
Mucho ruido y pocas nueces es una nueva revisión de la divertida obra de Shakespeare con la originalidad de estar ambientada en la actualidad pese a respetar el texto clásico del autor británico. Así, resulta difícil no hacer una buena película, siendo el texto en que se basa uno de los más divertidos de la literatura cuyos hirientes diálogos se mantienen frescos y ágiles en la actualidad.
Resulta inevitable no tener en la memoria la magnífica adaptación de Kenneth Branagh de 1993 con un espectacular reparto, pero no da pie a la comparación (contra la que saldría perdiendo, desde luego), pues esto no es más que un pasatiempo  de Whedon que tampoco es que realice grandes alardes con la cámara y en la que nos encontramos con Clack Gregg (el agente Coulson de Marvel), Amy Acker y Fran Kranz (recién salidos de La Cabaña en el bosque), Nathan Fillion (actualmente triunfa con Castle pero ya estuvo en Firefly), Reed Diamond (de la serie Dollhouse, también de Whedon, en la que coincidía con Kranz) y Alexis Denisof (salido de Ángel, el spin-off de Buffy Cazavampiros y que se ha paseado también por Dollhouse e incluso Los Vengadores).

Lo dicho, un entretenimiento simpático y fiesta de reencuentro para viejos amigos. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

LA CABAÑA EN EL BOSQUE * (7d10)

Aprovecho esta película para explayarme aquí con unas reflexiones sobre las distribuidoras y la piratería que llevo tiempo deseando compartir.
Veréis, La cabaña en el bosque (o The Cabin in the Woods, como se la conoce mejor) se rodó en el año 2009, pero no se estrenó en Estados Unidos hasta 2012 (imagino que aprovechando el tirón de Josh Wedon a raíz de Los Vengadores), cuando medio mundo se la había bajado ya de Internet. Aun así, llegó a Sitges ese mismo año y arrasó, aunque se anunció que no iba a ser estrenada en cines comerciales, por lo que el otro medio mundo no tuvo más remedio que bajársela también por Internet, ya que las críticas eran bestiales. Ahora, al fin, de golpe y porrazo se estrena en España, sin nada de publicidad y en escasos cines en Versión Original alejados de las grandes ciudades.
Conclusión: Yo también me la he bajado de Internet.
Claro, ahora es cuando todos se echan las manos a la cabeza y dicen que la piratería está hundiendo el negocio del cine. Por favor (y me dirijo tanto a productores como distribuidores y exhibidores), déjense de tonterías y comiencen a respetar un poco al espectador. Quizá así el espectador les respete también a ustedes.
Y dicho esto (¡Dios, qué a gusto me he quedado!) debo decir que The Cabin in the Woods (tanto tiempo esperando en vano su llegada a España ha hecho que me acostumbre más a su título en inglés) no es la obra maestra que algunos aseguran (y es que los hay exagerados), pero sí es una magnífica película, fresca, divertida y desquiciante (a la par que desquiciada) con mucha más inteligencia que todas esas patrañas de cine de terror con aspiraciones que nos llega últimamente y, sorprendentemente, sí se estrenan correctamente con su publicidad en las paradas del autobús y todo.
Poco se puede contar de La cabaña en el bosque, ya que lo mejor de ella son los sorprendentes giros argumentales para los que es necesario llegar a ella lo más vírgenes posibles, por lo que quizá su único defecto es que la propia película nos desvela alguno de sus secretos de forma algo precipitada (aunque eso también ayuda a desconcertar).
La historia no puede ser más simple, en claro homenaje a Posesión Infernal. Un grupo de jovenzuelos van a pasar unos días a una cabaña perdida en mitad del bosque, pese a que por el camino encuentran a un tipo de lo más siniestro regentando una gasolinera que les recomienda que no lo hagan. Allí, aislados del mundo excepto por un único camino de entrada y salida y sin cobertura telefónica, se enfrentarán a una pesadilla cuando invoquen, por accidente, a poderosas fuerzas del mal.
¿Les suena, verdad? Más tópico imposible.
¿O no?
Pues no, porque todo en la película escrita a cuatro manos por Joss Whedon y Drew Goddard y dirigida por el segundo es una enorme broma, un retorcido giro a las películas de terror que todos hemos mamado a las que homenajea y ridiculiza por igual. Con unos geniales Richard Jenkins y Bradley Whitford como protagonistas de una de las dos historias paralelas (de la que no pienso mencionar nada) y con Chris Hemsworth (antes de ser Thor) como única cara conocida del grupo de muchachos, La cabaña en el bosque es la hermana lista de Screen, como un reverso oscuro de aquella otra broma de Wes Craven aunque mucho más desquiciante si cabe, con una media hora final demencialmente apoteósica, donde las referencias invitan a detener el video para reconocer todos los guiños, hasta llegar al clímax final, con la imponente presencia de…
No, hombre, no. ¿De veras pensaban que iba a desvelarlo?
Como ya he comentado, cuanto menos se sepa de ella, mejor. No es una obra maestra ni derrocha talento por doquier, pero es difícil disfrutar más con tanta sangre y tantas muertes por doquier.

Y es que, si ella no se toma en serio a sí misma, ¿por qué vamos a hacerlo nosotros?