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jueves, 13 de octubre de 2016

Sitges 2016: VIRAL

Viral cuenta la historia de dos hermanas, Emma y Stacey (interpretadas por Sofia Black D’Elia y Analeigh Tipton) que tratan de enfrentarse a los típicos problemas de las chicas medias americanas (una nueva mudanza, el distanciamiento entre sus padres, los chicos…) cuando una epidemia que asola todo el territorio americano llega hasta ellas.
Una epidemia, en este caso, producida por una especie de gusanos que augura una película más repulsiva de lo que al final llega a ser.
A medio camino entre la clásica película de zombies y las de enfermedades contagiosas, pero pasada por el rasero de la comedia juvenil más que del terror, Viral es una película que no llega a sorprender en ningún momento pero que es fresca y divertida, consiguiendo crear a unos protagonistas que caen bien y por los que vale la pena sufrir y preocuparse.
Gusanos asquerosos propagando el virus, infectados con una especie de conciencia colmena, el ejército estropeando más que arreglando y la dosis justa de acción y sangre son los cócteles de este entretenimiento perfecto para una maratón nocturna en Sitges que provoca carcajadas y gritos por igual y, en más de una ocasión, sonoros aplausos. 
Únase a esto a alguna cara conocida como Michael Kelly o Machine Gun Kelly (uno de los secundarios de Nerve) y descubriremos que el fin del mundo quizá no sea tan terrible.
Un paso adelante en las carreras de sus directores: Henry Joost y Ariel Schiman, tras Paranormal Activity 3 y 4 y Nerve, otra película con y para adolescentes más comercial pero inferior a esta.
Eso sí, tampoco busquemos aquí una dosis de madurez y realismo extremo. Esto es otra cosa.

Valoración: Seis sobre diez.

viernes, 26 de agosto de 2016

NERVE: Sin "likes" no eres nadie.

Dirigida por Henry Joost y Ariel Schulman, oriundos de la saga Paranormal Activity, y con la novela de Jeanne Ryan como fuente de inspiración, Nerve pretende ser un retrato de la juventud actual en el que el medio audiovisual es la base de las nuevas religiones y uno es capaz de cualquier cosa por conseguir un like en Facebook.
En plena fiebre del Pokamon Go los teléfonos móviles son los verdaderos motores de la sociedad, albergando en su interior toda la identidad de sus usuarios, ya sea en forma de Facebook, twitter, Instagram, etc. y pudiendo llegar a arrebatársela. Este es el punto de partida de Nerve, en el que un juego virtual está arrasando por todas partes. En él, los participantes pueden elegir entre ser Observadores o Jugadores, siendo los primeros los que controlen a los segundos proponiendo una serie de pruebas que les hará subir de nivel y recibir tentadores premios económicos. Unas pruebas, por supuesto, creadas a partir de sus propios perfiles, conocedores de sus gustos, sus miedos y sus debilidades.
Vee Delmonico es la protagonista de la función personificando al adolescente anónimo, sin grandes aspiraciones y con miedo a luchar por sus creencias que encuentra en el (falso) anonimato de la red una oportunidad para sentirse viva y hacer posible todo aquello de lo que no se creía capaz. De esta manera Nerve arranca como un retrato de una época y una generación, tal y como hace años hiciera la comedia de Ben Stiller Reality Bites (de hecho, pese a no participar en ese film, Juliette Lewis, que interpreta en Nerve a la madre de Vee, era una de las actrices componentes de la llamada generación X), pero se aprecia en la puesta en escena detalles visuales que parecen prestados de La noche de las bestias (The Purge) y, sobre todo, es muy heredera de la magnifica serie británica Black Mirrow.
La alienación de la juventud, la obsesión por la fama instantánea (y efímera) y la perdida de la identidad son interesantes puntos de partida que, sin embargo, terminan diluyéndose en un film que va claramente de más a menos, que anuncia pero no llega a acusar ni a tomar partido y que deriva al fin en un thriller de intriga con dosis de romance, algo muy naiff y descafeinado y con una solución final tan facilona como irrisoria.
Con todo, el arranque es lo suficientemente interesante y revelador como para merecer un aplauso, por más que a sus realizadores, como a la propia protagonista, la cosa se les vaya de las manos y sean incapaces de controlar su propio ego. Esta es, quizá, la mayor metáfora de la película. Que al final la identidad termina por desaparecer bajo los efectos de los intereses del consumismo y la dictadura de una sociedad que prefiere un film comercial que uno que acuse y señale a su público objetivo.
Película interesante pero descafeinada aunque magnífico ejemplo de metacine accidental.
Valoración: Seis sobre diez.