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domingo, 15 de abril de 2018

PROYECTO RAMPAGE


Esta no deja lugar a dudas.
Estamos ante la adaptación de un videojuego en la que unos científicos locos manipulan genéticamente el ADN de diversos animales hasta que la cosa se les va de las manos y crean unos monstruos mutantes que lo arrasan todo.
Si están pensando ustedes que estamos ante la tontería del año, lo han adivinado.
Además, se le pueden encontrar flecos por todas partes. El guion, dentro de su absurdidad, tiene una incoherencia terrible (¿por qué unos mutan más que otros?), la historia es tan previsible como ya vista (cojan un poquito de El origen del Planeta de los Simios, mezclen el King Kong de Peter Jackson con el Godzilla de Roland Emmerich e imaginen alguna escena del Pacific Rim de Guillermo del Toro) y súmenle a un actor terrible como Jeffrey Dean Morgan haciendo exactamente los mismos tics interpretativos que si se tratase del Negan de The Walking Dead. Eso es Proyecto Rampage.
Y es cierto. Pero es, además, Dwayne Johnson derrochando todo su carisma habitual, unos bichos gigantes pegándose leches mientras destrozan Chicago y un ritmo frenético que nunca decae.
Así que sí, esta película es una tontería enorme, pero te permite pasártelo estupendamente. Es endiabladamente entretenida y los efectos especiales suficientemente cumplidores para ver una vez más una ciudad americana arrasada por los monstruos de turno y no morir en el intento.
Es curioso cómo, además, el director Brad Peyton, que ya ha trabajado con Johnson en Viaje al centro de la Tierra 2 y San Andrés, pretende diferenciarse de otras películas del montón dándole un toque de seriedad y dramatismo que funciona muy bien en su primera mitad. La primera secuencia, sin ir más lejos, es heredera del terror espacial de Alien y alrededor del tono cómico de la película hay muertes e incluso una ligera violencia que me llamaron la atención.
Luego todo se pierde en la aparatosidad del espectáculo pirotécnico, con algún momento supuestamente climático que roza el ridículo, pero como diría Alejandro González Iñárritu, “el ritmo lo es todo”. Y esta película tiene ritmo. Mucho.
Es entretenimiento puro y duro. No hay que buscarle nada más, porque es entonces cuando nos podemos sentir decepcionados. Claro que quien le pida a una película de estas características algo más… Bueno, digamos que quien falla no es el film, sino el espectador.
A cada cual lo suyo, digo yo.

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 1 de octubre de 2016

CDS: LAS ÚLTIMAS SUPERVIVIENTES: al otro lado de la pantalla

Teniendo en cuenta que ya cuento las horas para que comience el próximo festival de Sitges (y del que este año también habrá un amplio repaso, no lo dudéis), me parecía un buen momento para recuperar una de las películas que se me escaparon en la edición del año pasado, precisamente la que se llevó los premios de mejor película, mejor guion y el premio especial del jurado.
En 1985 Woody Allen imagino un drama romántico donde un personaje de película atravesaba la pantalla de cine para aparecer en la vida real en la magnífica La rosa púrpura de El Cairo. John McTiernan repetiría la jugada en 1993 haciendo que un niño de la vida real se colase en una película y trajese de vuelta a su protagonista, un Schwarzenegger en estado de gracia en la genial e infravalorada El último gran héroe, esta vez combinando acción y comedia. Y esa misma premisa es la que ha seguido ahora Todd Strauss-Schulson para Las últimas supervivientes, en las que se juega (en un ejercicio similar al que hiciese Wes Craven en Scream o Joss Whedon y Drew Goddard en La Cabaña en el bosque) con los tópicos del cine de terror y les da la vuelta para burlarse de él hasta las últimas consecuencias.
En Las últimas supervivientes, Max (Taisa Farmiga) acude con unos amigos a un cine donde reponen una casposa película de serie B de los años ochenta protagonizada por su madre (Malin Akerman), recientemente fallecida. Allí, un incidente provoca que los jóvenes acaben atrapados dentro de la propia película y deban interactuar con los protagonistas para evitar ser asesinados por el enmascarado de turno.
La últimas supervivientes es una película pequeña y de poco presupuesto, pero eso no lastra la imaginación de un director para retorcer las bases del cine de género slasher, dándole una inteligente vuelta de tuerca que resulta muy divertida. Pero además, jugando bien las bazas de la madre y la hija, Strauss-Schulson logra también algunos momentos de verdadera emotividad consiguiendo unos toques de drama que para nada dificultan el ritmo narrativo (nunca ver a una rubia de ojos azules bailando en sujetador había sido tan dolorosamente triste).
Las últimas supervivientes rinde culto, a la vez que parodia, el género del terror, pero es también un homenaje a ese cine ochentero, a su música y a su ingenuidad (con muchos chistes propios de las películas de viajes temporales) que evocan irremediablemente a la aclamada serie de moda Stranger things, incluyendo su melodía electrónica y sus planos fotocopiados.
Una buena película para cualquier aficionado al cine, pero sobretodo una gran película para el aficionado al cine de terror.  Y con una Taisa Farmiga sublime.

Valoración: Siete sobre diez.