Mostrando entradas con la etiqueta sam lerner. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sam lerner. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de mayo de 2018

VERDAD O RETO


Seguramente todos hemos participado alguna vez en el juego de Verdad o Reto (que en mi caso era denominado Verdad o Acción), incluso con alguna de sus variantes, ya sea añadiendo una tercera opción en forma de beso o incluyendo castigos en forma de pérdida de una prenda de vestir o un trago de cualquier mejunje alcohólico en caso de no superar un desafío. La típica chorrada de adolescente en plena ebullición de hormonas que solo tienen en sus mentes eso de sexo, alcohol y.… más sexo y alcohol.
Verdad o reto es la versión macabra del juego surgida por las mentes de Blumhouse, productora acostumbrada a conseguir éxitos de terror con muy poco presupuesto pero que últimamente parece algo falta de imaginación, limitándose a dar una vuelta retorcida a conceptos de sobras conocidos. La película Adivina quién viene esta noche fue el referente de Déjame salir y Atrapado en el tiempo el de Feliz día de tu muerte. Y ahora le toca al jueguecito de marras, aunque la gran inspiración cabe encontrarla en una película a priori de semejantes aspiraciones, pero a la postre muy superior: Destino final.
Aquí los protagonistas no son adolescentes en la edad del pavo, como sería lógico, sino jovenzuelos en edad de empezar a pensar en sentar la cabeza en lugar de estas tonterías, todos ellos y ellas muy guapos, eso sí, que en unas vacaciones en México se topan con un espíritu maligno con muchas ganas de cachondeo que los condena a una maldición que los obligará a jugar a la tontería esta con resultados muy macabros.
No es, en realidad, una película de terror, ya que, de miedo, na de na. Tampoco funciona como drama adolescente. De hecho, no funciona como nada, más allá de la curiosidad por saber cómo se desenvuelven los protagonistas moninos y quién va a lograr sobrevivir y cómo. Y por eso, la jugada final y el simpático detalle visual que deforma a los personajes en el momento cumbre de la posesión es de lo poco que salva una película que más que mala es completamente plana, simple y poco ambiciosa.
En el fondo, Verdad o Reto puede verse sin que ofenda demasiado, la cámara está siempre colocada en su lugar y los presuntos actores no dan mucho el cante, pero poco hay donde rascar que despierte algo de verdadero interés en el invento este. Y eso que el director, Jeff Wadlow, parecía haber entrado en la liga de los chicos grandes tras haberse encargado de dirigir la secuela de Kick-Ass.
No llega a aburrir, pero resulta totalmente intrascendente.

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 2 de febrero de 2015

PROJECT ALMANAC (4d10)

Existen películas sobre las que uno ya puede hacer una valoración antes incluso de entrar a verlas. Sé que esto puede sonar muy poco profesional, pero por desgracia son casos en los que rara vez se lleva uno a desengaño.
En este caso, sin embargo, por más que uno pueda ir mentalizado a ver una basura de película no es fácil evitar el sentirse enfadado al llegar el momento de los títulos de crédito finales. Y no me refiero de un enfado referente a su baja calidad, a la ausencia de actores con un mínimo de talento o a los múltiples errores de su guion, no. Uno se siente enfadado porque es posible adivinar lo que la película podría haber llegado a ser y sólo la dejadez de sus artífices se lo han impedido.
La película trata de unos chavales (tres amigos cerebritos y, por lo tanto, socialmente marginales, la hermana de uno de ellos y la guapa del insti) que descubren los planos para construir una máquina del tiempo y se dedican a viajar al pasado para mejorar sus vidas. Curiosamente, pese a nombrar a lo largo del film muchas referencias cinematográficas del género (aunque ninguna con un mínimo rigor científico, vaya cutrez de gafapastas) no han tenido en cuenta el consabido efecto mariposa y cada viaje alterará gravemente el presente al que regresan.
Dicho así puede parecer mínimamente interesante, y vista la puesta en escena, aceptando ya la limitación actoral de los protagonistas, uno podría imaginar lo que se habría podido hacer con esta historia en los 80’ dejándola en manos de cualquier director de la escuela Spielberg o, incluso en la actualidad, siguiendo el estilo que ya demostró Abrams en la magnífica Super 8
Pero para empezar, estamos ante un nuevo ejemplo de found footage o grabación subjetiva cámara en mano, que en los films de terror del montón suele emplearse para reducir costes al máximo pero cuya excusa aquí sólo sirve para disimular la incompetencia y cobardía de un director inepto que ni con el agotado recurso este logra saber dónde debe poner la cámara.
En segundo lugar, el análisis de la juventud que se solía ofrecer en las películas antes mencionadas es sustituido aquí por descerebradas muestras de juerga desenfrenada que, quitando la insostenible historia de amor entre el cerebrito mayor y la guapa (¡toma ya!), demuestra lo patética y lastimera que es la vida para una generación que solo parece saber relacionar la diversión con el desfase.
Al final, la historia concebida por Andrew Deutschman y Jason Pagan (es su primer guion y ya han vendido una secuela más de Paranormal Activity, estos no aprenden) termina por írseles de las manos, confiriendo a algunos personajes reacciones que poco o nada casan con lo que sabíamos hasta ahora de ellos, con alguna incoherencia insalvable (es lo que tiene esto de las paradojas temporales), y obligando a que el espectador esté más pendiente de tratar de comprender por qué en situaciones como que a uno le persigue la policía o cuando se está teniendo una conversación supuestamente íntima hay siempre una cámara grabando.
En definitiva, que la película como tal no puede decepcionar demasiado vistas las escasas expectativas que ofrecía pero es triste salir de un cine dándose cuenta de cuanto se echa de menos a los Dante, Donner, Marshall o Zemeckis, directores que marcaron a una generación y en una época que ya no ha de volver… aunque se los necesite mucho.