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viernes, 23 de diciembre de 2016

OPERACIÓN ANTHROPOID, el precio de una victoria.

Si en los ochenta la guerra de Vietnam copaba las carteleras americanas y con el cambio de siglo el enemigo a batir procedía de oriente medio, en la actualidad hay un revival de películas ambientadas en la II Guerra Mundial realmente sorprendente, desde grandes producciones en manos de Spielberg, Zemeckis, Gibson o Nolan hasta productos europeos que sirven para limpiar conciencias y recordar las manos manchadas de sangre del pasado.
Operación Anthropoid está más próxima al segundo grupo, siendo una coproducción entre Francia, Reino unido y la República Checa, por más que contenga en su reparto protagonista a rostros conocidos del cine americano como Cillian Murphy (visto recientemente en En el corazón del mar), Jamie Dornan (demostrando que hay vida tras el insulso Christian Grey) y Toby Jones (que ya sabe cómo se las gastan los nazis tras su presencia en El Capitán América y su secuela).
Dirigida por el británico Sean Ellis, la película describe el atentado que un grupo de paracaidistas acomete contra Reinhard Heydrich, una de las figuras más aterradoras del régimen nazi y principal impulsor de la Solución final. La película se divide en tres partes bien marcadas, las reuniones clandestinas para planificarlo todo, el atentado en sí y las repercusiones que provocaron, y aunque tiene un ritmo irregular al menos puede decirse que va claramente de menos a más, consiguiendo que una historia, que no por conocida deja de ser interesante, termine convenciendo pese a los bostezos de su arranque.
Y es que sin duda lo peor del film es el trabajo de su director que, empleando una película de trazo grueso y sucio, buscando quizá algo de autenticidad, se dedica a mover la cámara nerviosamente y a presentar unos personajes que no terminan nunca de definirse lo suficiente como para seducir al espectador, impidiendo el lucimiento de sus protagonistas.
Así, la primera media hora del film es pesada y reiterativa, demasiado cercana al lenguaje televisivo, animándose algo durante el atentado, aunque no lo suficiente, pero remontando el vuelo y resultando trepidante y frenética en su tramo final. Así, pese a ser una película mediocre cuyo principal valor es el histórico consigue dejar un buen sabor de boca gracias a su clímax, donde Ellis parece renunciar a su estilo narrativo anterior y decide ponerse las pilas para conseguir filmar de forma convincente la acción y el drama, aunque quizá peque en centrarse demasiado en sus protagonistas y pasando demasiado de puntillas detalles tan importantes y atroces como la destrucción de Lícide.
Una vez más, la realidad supera a la ficción y el horror nazi sirve como base para un film histórico que pese a la torpeza de su director termina por convencer.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 13 de diciembre de 2015

EN EL CORAZÓN DEL MAR (7d10)

Pocas cosas podrían causarme más interés que ver al director Ron Howard y al actor Chris Hemsworth trabajar juntos de nuevo tras la magnífica Rush, y más si es una historia de aventura y épica con ballenas gigantes de por medio. Sin embargo, sin ser una mala película, algo parece haber fallado en la concepción de esta obra que no logra desprender el aroma de leyenda que pretendía.
Dividida en dos partes muy diferenciadas (sin contar los interludios en los que el único superviviente de la historia cuenta su versión de los hechos en modo flasback), la película narra la historia real del Essex, un ballenero que naufragó en 1920 en el Pacífico sur debido al ataque de una enorme ballena albina. La historia de ese naufragio fue la semilla que inspiró la obra Moby Dick, de Herman Melville.
Como digo, la película tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera, nos encontramos ante una aventura marina muy en la línea de Rebelión a bordo o La tormenta perfecta  donde parece que los puntos de vista contrapuestos entre el capitán George Pollard Jr. (Benjamin Walker) y el primer oficial Owen Chase (Hemsworth) van a ser el punto de interés principal. Es aquí conde la película se torna más espectacular con las escenas de caza de ballenas y el desafío de las terribles tormentas oceánicas. En la segunda parte, la película se convierte en un relato de supervivencia, con dejes de Viven o La vida de Pi donde se describe el periplo de los náufragos por sobrevivir. Algo parecido a lo que pasaba en la interesante Invencible de Angelina Jolie, pero al revés.
El problema radica en que Howard cuenta con un reparto muy coral con el que jugar, pero al que no es capaz de sacar todo su jugo. La lucha de egos entre Pollard y Chase prácticamente desaparece junto a los restos del ballenero y el resto de los tripulantes no tienen suficiente personalidad como para que nos llegue a emocionar sus destinos más allá (por eso de ser caras reconocibles) de los interpretados por Tom Holland y Cilliam Murphy.
Más allá de eso, que impide que esta sea la gran epopeya que Howard pretende, la película es un buen entretenimiento, una aventura con aroma clásico y que, en los momentos en los que interviene el cachalote, recuerdan a un film de terror. Se desaprovecha, quizás, el gran potencial que la monstruosa criatura podría llegar a tener (y más si contamos con que se ha estrenado en 3D), pero no tenemos más remedio que conformarnos con lo que Howard ha podido o sabido hacer.
Completan el reparto Brendan Gleeson y un omnipresente Ben Whishaw (con el estreno este mismo viernes de Sufragistas y la permanencia de Spectre tendrá tres títulos en cartelera), a los que hay que añadir una brevísima aparición de nuestro Jordi Mollá.
El resultado final puede saber a poco, sí, y no voy a sacar razones de donde no las hay para defenderla, pero tampoco es de recibo apedrearla como lo está haciendo en muchos altavoces cinéfilos. Está muy lejos de ser la gran película que se prometía, pero es una buena oportunidad para conocer una aterradora historia real que fue fuente de inspiración a una de las obras cumbres del siglo XX. Conformémonos con eso.