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lunes, 8 de mayo de 2017

NUNCA DIGAS SU NOMBRE, típicos sustitos del montón

Nunca digas su nombre es el último intento del Hollywood más minimalista de conseguir una saga de terror a base de productos fotocopiados que cuesten cuatro duros o menos.
Dirigida por Stacy Title, directora que llevaba casi una década retirada del cine (y que así podría haber seguido), la película trata de crear un nuevo icono del terror, en este caso un ser llamado Bye bye man que regresa del más allá tras ser nombrado (que elocuente la traducción española de su título).
En realidad, la cosa arranca bien, con un prólogo ambientado en el pasado en el que mediante un plano secuencia vemos como un personaje tira desesperado del hilo de todos aquellos que conocen la existencia de Bye bye man y, como en una macabra versión del juego del teléfono, va matando a todos hasta llegar al último receptor. Por desgracia, a partir de ahí arranca la verdadera película y el resultado es tan previsible como decepcionante. La colección de sustos habitual, sin nada destacable que imprima un mínimo de carácter a la película, y con un reparto de chavales muy limitaditos. Ni siquiera la anecdótica presencia de Carrie-Anne Moss o Faye Dunavay sirve para animar el cotarro.
El bicho en cuestión, al que da vida Doug Jones (que parece rivalizar con Javier Bonet para ver quién es capaz de encarnar más representaciones diferentes del mal), no va a pasar a la historia del cine, como hicieran en los ochenta tipos como Freddy Kruger, Jason Voorhess, Michael Myers y compañía, pero tampoco va a conseguir ser un hito moderno como los terrores paranormales concebidos por la mente de James Wan. Se trata, más bien, de una peliculita del montón que se venderá engañosamente como un éxito (con lo poco que ha costado no es que sea algo muy difícil) pero que no difiere mucho a otras mediocridades como El otro lado de la puerta y está muy por debajo de cosillas como Nunca apagues la luz.
Puede valer para ir en esta fiesta del cine con la novia asustadiza y tener una excusa para achucharla, pero para poco más…

Valoración: cuatro sobre diez.

lunes, 8 de diciembre de 2014

OUIJA (4d10)

Recientemente, un amigo me preguntó cómo es que se hacen películas de terror tan malas, como si sus productores carecieran del más mínimo criterio o sentido común.
La respuesta es sencilla: dan dinero. Cuestan cuatro duros y, en apenas un par de días, recaudan ocho. Normalmente incluso llegan a número uno de taquilla en su primer fin de semana, aunque en la tercera hayan desaparecido totalmente del top ten. Y eso lo sabe perfectamente Michael Bay, que será mejor o peor director, pero como productor no tiene un pelo de tonto.
Ouija se engloba en esta categoría de pelis malas pero baratas a las que no conviene exigir demasiado. En realidad, era tan poco lo que yo le exigía que hasta me ha asombrado por los intencionados giros de guion que buscan sorprender y dotar a la historieta de fantasmas de turno de cierta coherencia argumental, que para los tiempos que corren para el cine de terror no es moco de pavo.
De todas formas, la cosa no da para mucho. Unos chavales jóvenes que se enfrentan al mal y bla, bla, bla… Una casa maldita que bla, bla, bla… Una persona internada en un psiquiátrico que tiene respuestas que bla, bla, bla… Nada nuevo bajo el sol. Actores del montón, sustos provocados por alteraciones musicales y tópicos a punta pala.
Si, como en mi caso, se tiene la suerte de ir a verla a un cine con la sala grande llena de adolescentes que parecen haber pisado un cine por primera vez en su vida y que saltan angustiados al primer susto, gritando histéricos y llamando por el móvil a sus padres al terminar la película para que los vengan a buscar porque no se atreven a ir andando solos hasta casa, pues al menos te permites echarte unas risas con la inocencia cinematográfica delas nuevas generaciones, que no tienen ni idea de lo que era ver sufrir de verdad a un grupito de adolescentes bajo la amenaza de las garras de Freddie, la motosierra de Letherface o el machete de Jason.
Al final, cine de entretenimiento de muy bajo nivel, inmerecedor de un aprobado pero no tan deleznable como cabría esperar (no es peor, por ejemplo, que la insulsa Annabel), que por un momento parece que podría funcionar mejor como película dramática (se plantea el tema del suicidio) que de miedo pero que pierde el control sobre si misma a medida que pretende acelerar el ritmo.
Con todo, alguna vuelta de tuerca funciona, aunque le sobra el consabido final tramposo que pretenda dejar mal cuerpo e invitar a una hipotética secuela.

martes, 17 de septiembre de 2013

PERCY JACKSON Y EL MAR DE LOS MONSTRUOS (5d10)

Tres años después de que el veterano Chris Columbus dirigiera Percy Jackson y el ladrón del rayo se estrena la secuela de la que pretende ser la sucesora de Harry Potter y que desde ya podemos asegurar que no lo va a con seguir. Copiando descaradamente algunos esquemas (empezando por el trío protagonista: las similitudes entre Percy, Annabeth y Grover –alternándose con Tyson repiten, con menos gracia, eso sí, los roles de Harry, Hermione y Ron) la saga de Percy Jackson pretende recuperar combinación entre magia, épica y adolescencia que dejó huérfana la serie de J.K.Rowling, pero apenas logra quedarse a las puertas, aunque en su defensa hay que decir que en el caso de los magos de Hogwarts también las dos primeras películas eran las más flojas.
Alcanzar poco más de doscientos millones de recaudación sobre un presupuesto de noventa y cinco no auguraba nada bueno a esa primera aventura que, como corresponde a una iniciación, se veía lastrada por la necesaria presentación de personajes. Sin embargo, pese a parecer predestinada a morir a las primeras de cambio, como sucediera con La Brújula Dorada o Eragon (y quizá espoleados por el notable éxito de Los juegos del Hambre), en la FOX decidieron darle una segunda oportunidad al personaje creado por Rick Riordan (en una colección compuesta por cinco libros, aunque con una secuela en marcha), aunque reduciendo su presupuesto, cosa que se nota visualmente.
La película parte con una premisa interesante: alojado en el campamento Mestizo con otros semidioses el que fuera salvador del Olimpo no parece destacar sobre sus compañeros, lo que le lleva a una crisis existencial sobre si es en verdad un héroe o todo lo acontecido en la primera película es fruto de la suerte y la casualidad. Curioso punto de partida que se diluye apenas transcurridos cinco minutos de película para convertirse en una aventura demasiado infantil y totalmente convencional, donde la aparición de un personaje nuevo (Tyson, aparentemente hermano de Percy) no hace sino entorpecer más aún la acción, edulcorando la trama con una moralina familiar que no viene mucho a cuento.
Pese a que el exceso de digitalización no molesta demasiado (los efectos visuales son correctos, con nuevas criaturas que cumplen sin abochornar), las secuencias de acción son torpes y carentes de emoción, llegando a cansar, demostrando que el cambio en la silla de director ha sido para peor (aparte de Diario de Greg lo más destacado hasta la fecha de Thor Freudenthal es Hotel para perros), mientras que en el aspecto interpretativo hay también un ligero bajón. El trío protagonista repite, desde luego, pero en el plantel de secundarios solo destacan Stanley Tucci y un brevísimo cameo de Nathan Fillion, mientras que Anthony Head (el mentor de Buffy Cazavampiros) sustituye a Pierce Brosnan como Chiron y no hay ni rastro de las figuras que se dejaban ver por la primera entrega (recordemos que por ahí andaban Sean Bean, Rosario Dawson, Uma Thurman…)

No voy a sentenciar tampoco que sea una película pésima, ni mucho menos, pero si decepciona que no sepan aprovechar el espíritu aventurero de las novelas para hacer una gran espectáculo visual (la mitología griega siempre ha tenido mucho tirón tanto en cine como en videojuegos), conformándose en quedarse reducido a un pasatiempo demasiado infantil, muy lejos de las aspiraciones con las que soñaba y sin demasiadas esperanzas de llegar a un tercer episodio. Cosa, por otra parte, que tampoco creo que nadie lamente demasiado.