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sábado, 10 de enero de 2015

CORAZONES DE ACERO (8d10)

Dirigida por David Ayer, un muy buen director y guionista más centrado hasta ahora en el género policíaco (y que en el 2014 nos regaló la estupenda pero enormemente infravalorada Sabotage), Fury (no me gusta nada su título en español, demasiado épico y que pretende recordar a la también interesante Corazones de hierro de Brian De Palma y con la que solo comparte el escenario bélico, aunque ni siguiera se trata de la misma guerra) es la historia de un tanque y de los cinco tripulantes del mismo en las acaballas de la II Guerra Mundial.
Corazones de acero es una película dura, cruel y despiadada que (excepto en su tramo final, que posiblemente desluce un pelín el espíritu del film) rehúye drásticamente la figura de los héroes de guerra y nos presenta el campo de batalla como lo que posiblemente fue, un lugar sucio y sanguinario donde solo valía el matar o morir.
Aunque supuestamente protagonizada por un excelente Brad Pitt (bueno, hay que reconocer que los cinco intérpretes están muy bien), es Logan Lerman quien lleva el peso de la historia, en realidad una metáfora sobre el despertar de un adolescente que en las apenas veinticuatro horas en las que transcurre la película pasa de niño a hombre, iniciándose en todas las facetas cruciales de la vida y con el personaje de Pitt como mentor máximo.
Ahora que parece que la guerra de Vietnam ha caído ya en el olvido y que la II Guerra Mundial vuelve a ser el foco de atención de Hollywood (ahí tenemos las recientes Monument Men o Invencible), algo en esta película destila cierto aire clásico, quizá por la rudeza de sus protagonistas, la suciedad realista de una guerra despiadada donde no hay héroes ni villanos y donde los propios protagonistas pueden ser tan mezquinos y despreciables como el enemigo más cruel. La muerte se ha convertido en un amigo de camaradería, y eso termina marcando el carácter de un hombre hasta hacerle confundirse sobre sus propios valores.
Brad Pitt, Michael Peña, Jon Bernthal y un sorprendente y entregado Shia LaBeouf forman el grupito de amigos y compañeros a bordo del Fury, a los que se les une a última hora para cubrir la baja del artificiero el joven interpretado por Lerman (dicen que él que podría ser el nuevo Peter Parker/Spiderman), apenas un niño con aptitudes de oficinista llevado al campo de batalla por error.
Pese a no partir de ninguna historia real (aunque sí cuenta con diversas anécdotas reales que Ayer recopiló a través de diversas entrevistas con veteranos de guerra), el realismo de la campaña es notable, quizá ayudado por el hecho de no haber una némesis clara enfrentada al grupo (pongo por ejemplo el sargento japonés de Invencible), sino un ejército casi abstracto e invisible que me recuerda por momentos a la estupenda miniserie de Spielberg Hermanos de Sangre. El enemigo es el ejército nazi, así, en general (pese a que nos encontramos en una fecha en la que la guerra podría incluso haber terminado ya sin que los combatientes lo supieran), aunque también lo son ellos mismos, soldados transformados por las experiencias sufridas en las campañas de África, Francia y, ahora, Alemania. Por eso, por encima de las magníficas escenas de acción (impresionante duelo entre tres tanques americanos y uno alemán), los intensos momentos dramáticos y la desesperación palpable en esa dramática batalla final que la dirección de Ayer y la música de Steven Price confieren un toque épico del que carece la realidad, son los momentos más sosegados (en el pueblo rendido o en el interior del propio tanque –“el hogar”, tal y como ,o define el personaje de Pitt-) los que realmente definen la película y nos muestra el lado más salvaje de la guerra (da igual cual sea) por encima de las obviedades de las batallas o las torturas de los campos de prisioneros. Y de ahì la oportuna y creíble transformación de Lerman, en su intenso rito de iniciación vital.
Pitt produce una película que parece más real y despiadada que la contrapartida que se estrenó hace un par de semanas dirigida por su esposa, Angelina Jolie, que vistas juntas pueden componer las dos caras de una misma moneda: la lucha en el campo de batalla y la lucha por la supervivencia en los campos de prisioneros, el enemigo alemán y el enemigo japonés (desde el punto de vista americano la II Guerra Mundial tuvo una especie de bipolaridad que no se notó tanto en Europa, donde la amenaza nipona parecía mucho más relativa que la nazi),  el sacrificio y la supervivencia.
Excelente película y excelente reflexión la que propone Ayer. Y con un quinteto protagonista (por más que a priori Peña y, sobretodo, Bernthal, no fuesen santos de mi devoción), de auténtico lujo.

domingo, 6 de abril de 2014

NOÉ (6d10)

Me decía el otro día un amigo: “Noé tiene pinta de ser un peliculón, ¿no?”. “Con ese director, creo que puede ser un poco rara”, le contesté.
No me equivoqué. Sin llegar a los extremos de los primeros títulos de Darren Aronofsky como Pi o Réquiem por un sueño, el guion que el realizador neoyorquino ha firmado a medias con Ari Handel contiene algunas rarezas sorprendentes que amenazan con sacar al espectador de la película, sobretodo en su primera mitad.
Se trata, naturalmente, de una adaptación de un texto bíblico, con las complicaciones que ello conlleva, pero aun teniendo en cuenta que la Biblia es un conjunto de cuentos y metáforas que no deben tomarse literalmente, Aronofsky ha añadido suficiente elementos de su propia cosecha como para confundir al más pintado, como la presencia de los Vigilantes (ángeles caídos) que ayudan a Noé en la construcción del arca, que parecen una combinación de los Comepiedras de La Historia Interminable y los Erts de El Señor de los Anillos y que muy sabiamente los productores han ignorado en los tráileres pues podrían haber asustado a muchos posibles espectadores, sobre todo del lado más conservador. Tampoco el diseño de vestuario es muy acertado, aparte de que pululan por doquier extraños elementos mitológicos como seres cuadrúpedos de pelaje alado o el uso de piedras brillantes que producen fuego.
Así pues, no son los Milagros lo más increíble de esta historia.
Por otro lado, aparte de los momentos más oníricos correspondientes a los sueños de Noé, hay cierto clasicismo épico en la narración que convierten a Noé, paranoias aparte, en la apuesta más comercial del director de Cisne Negro.
Con un Russell Crowe soberbio en su interpretación de Noé, la historia arranca con un breve prólogo donde vemos el asesinato de su padre Lamech en manos de Tubal-cain, el villano de la historia y representante del mal que simbolizan los hombres que han provocado el desprecio de Dios (aunque luego se colocan en su boca interesantes diálogos que invitan a la reflexión). Rápidamente se pasa a un Noé ya adulto y con familia que recibe en sueños un mensaje de Dios que no es capaz de interpretar del todo y acude en busca de consejo a su abuelo Matusalén (Anthony Hopkins), encontrándose por el camino a una niña malherida a la que recoge. Inmediatamente comienza a construir el arca junto a su familia y los Vigilantes y, tras un leve enfrentamiento con el pueblo cercano reinados por Tubal-cain y la aparición de miles de animales que se acomodan tranquilamente en el interior del arca, llega el diluvio y comienza el espectáculo.
Todo esto sucede sorprendentemente rápido e invita a preguntar qué diablos va a suceder en el resto de las dos horas y media que dura la película, pero un breve vistazo al reloj revela que ya se ha consumido la mitad del metraje, con lo que se puede decir que la principal virtud del film es que es sumamente entretenido y el espectáculo visual se impone sobre los defectos del film, que también los hay. Y al final ha pasado volando.
Veinticuatro horas he tardado en empezar a escribir este comentario. Una especie de jornada de reflexión que me he autoimpuesto antes de decidir cómo valorar la película, si lo que me había entretenido compensaba con las “fumadas” (si me permiten la expresión) del señor Aronofsky. Y he llegado a la conclusión de que sí, me ha gustado. No es una maravilla. No la conservaré en mi memoria como una obra maestra, pero  la película es francamente entretenida, con grandes actuaciones (Jennifer Connery y Emma Watsonestán también muy bien, los chicos ya son harina de otro costal).
Aronofsky ha querido conjugar el cine más comercial con escenas espectaculares con momentos de gran espiritualidad y reflexión interna. Tanto es así que el diluvio como tal termina resultando algo secundario ante lo que de verdad es el quid de la cuestión, el dilema interno de Noé entre seguir los dictados del Creador o actuar según su propio corazón. Es en este punto en el que la película deriva hacia el drama con una versión muy particular del abandono de Cam (Aronofsky ha aprovechado lo escueta que es la Biblia en ciertos puntos para inventar situaciones y subtramas a su antojo) y donde son los actores lo que realmente sostienen la película, que –si me permiten el chiste fácil- amenaza con andar a la deriva en ciertos momentos, rozando incluso el ridículo con la explicación metida con calzador de la creación del mundo en mitad del film (como si de un arrebato de genialidad a lo Terence Malik se tratara), compensado con otras situaciones brillantes como el uso de la canción que se canta en uno de los momentos cumbres de la historia.
Noé no es completamente fiel a la Biblia y eso enfadará a muchos cristianos. Tampoco es ajena al discurso de la existencia de Dios y a la fina línea que separa la Fe del fanatismo, lo cual puede provocar las burlas de los ateos. Y reinventa demasiado como para no ofender a los historiadores. Pero pese a todo, no merece la catalogación de polémica, sino más bien, como comencé diciendo, de rara.
No es la mejor película de Aronofsky, desde luego (adoro Cisne Negro). Tampoco la peor. Como experimento, puede que sea algo fallida, pero como mero entretenimiento funciona a la perfección y hay momentos de gran espectacularidad.
No sé si es lo que se esperaba de ella, pero se disfruta con agrado e invita en ciertos momentos a la reflexión. Y casi hasta se hace corta. No creo que se deba pedir mucho más teniendo en cuenta que ha habido varios montajes y cortes por exigencias de la productora y quizá nunca sepamos hasta donde habría llegado Aronofsky si le hubieran dejado a su antojo.

En breve llegará el Exodus de Ridley Scott sobre la huida de Moisés de Egipto. Las comparaciones serán inevitables.

martes, 17 de septiembre de 2013

PERCY JACKSON Y EL MAR DE LOS MONSTRUOS (5d10)

Tres años después de que el veterano Chris Columbus dirigiera Percy Jackson y el ladrón del rayo se estrena la secuela de la que pretende ser la sucesora de Harry Potter y que desde ya podemos asegurar que no lo va a con seguir. Copiando descaradamente algunos esquemas (empezando por el trío protagonista: las similitudes entre Percy, Annabeth y Grover –alternándose con Tyson repiten, con menos gracia, eso sí, los roles de Harry, Hermione y Ron) la saga de Percy Jackson pretende recuperar combinación entre magia, épica y adolescencia que dejó huérfana la serie de J.K.Rowling, pero apenas logra quedarse a las puertas, aunque en su defensa hay que decir que en el caso de los magos de Hogwarts también las dos primeras películas eran las más flojas.
Alcanzar poco más de doscientos millones de recaudación sobre un presupuesto de noventa y cinco no auguraba nada bueno a esa primera aventura que, como corresponde a una iniciación, se veía lastrada por la necesaria presentación de personajes. Sin embargo, pese a parecer predestinada a morir a las primeras de cambio, como sucediera con La Brújula Dorada o Eragon (y quizá espoleados por el notable éxito de Los juegos del Hambre), en la FOX decidieron darle una segunda oportunidad al personaje creado por Rick Riordan (en una colección compuesta por cinco libros, aunque con una secuela en marcha), aunque reduciendo su presupuesto, cosa que se nota visualmente.
La película parte con una premisa interesante: alojado en el campamento Mestizo con otros semidioses el que fuera salvador del Olimpo no parece destacar sobre sus compañeros, lo que le lleva a una crisis existencial sobre si es en verdad un héroe o todo lo acontecido en la primera película es fruto de la suerte y la casualidad. Curioso punto de partida que se diluye apenas transcurridos cinco minutos de película para convertirse en una aventura demasiado infantil y totalmente convencional, donde la aparición de un personaje nuevo (Tyson, aparentemente hermano de Percy) no hace sino entorpecer más aún la acción, edulcorando la trama con una moralina familiar que no viene mucho a cuento.
Pese a que el exceso de digitalización no molesta demasiado (los efectos visuales son correctos, con nuevas criaturas que cumplen sin abochornar), las secuencias de acción son torpes y carentes de emoción, llegando a cansar, demostrando que el cambio en la silla de director ha sido para peor (aparte de Diario de Greg lo más destacado hasta la fecha de Thor Freudenthal es Hotel para perros), mientras que en el aspecto interpretativo hay también un ligero bajón. El trío protagonista repite, desde luego, pero en el plantel de secundarios solo destacan Stanley Tucci y un brevísimo cameo de Nathan Fillion, mientras que Anthony Head (el mentor de Buffy Cazavampiros) sustituye a Pierce Brosnan como Chiron y no hay ni rastro de las figuras que se dejaban ver por la primera entrega (recordemos que por ahí andaban Sean Bean, Rosario Dawson, Uma Thurman…)

No voy a sentenciar tampoco que sea una película pésima, ni mucho menos, pero si decepciona que no sepan aprovechar el espíritu aventurero de las novelas para hacer una gran espectáculo visual (la mitología griega siempre ha tenido mucho tirón tanto en cine como en videojuegos), conformándose en quedarse reducido a un pasatiempo demasiado infantil, muy lejos de las aspiraciones con las que soñaba y sin demasiadas esperanzas de llegar a un tercer episodio. Cosa, por otra parte, que tampoco creo que nadie lamente demasiado.