Mostrando entradas con la etiqueta gabrielle rose. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gabrielle rose. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de octubre de 2017

TU MEJOR AMIGO: el sentido de la vida... perruna

Hubo un tiempo en el que el nombre de Lasse Hallström era sinónimo de calidad. Títulos como ¿A quién ama Gilbert Grape?, Chocolat o Las normas de la casa de la sidra han pasado ya a la historia del cine. Pero de eso hace ya mucho tiempo.
Tras esa época dorada, Hallström solo ha logrado alternar mediocridades sensibleras como Querido John o Un lugar donde refugiarse con películillas con un mínimo de destreza, como la simpática Un viaje de diez metros. Ni siquiera el regreso a su Suecia natal como hizo al rodar El hipnotista le sirvió demasiado.
Es Siempre a tu lado (Hachiko), posiblemente, su último título destacable, y posiblemente que esa fuese una historia lacrimógena con perrete de por medio es lo que lo ha llevado a tratar de repetir la jugada con esta cosa llamada Tu mejor amigo.
Dicen que en tiempos difíciles es fácil recurrir a la fe, y no es casual que en los últimos tiempos haya habido cierta proliferación de películas de temática religiosa, como El cielo existe, Los milagros del cielo o La cabaña (cuya calidad parece tan ínfima que apenas ha durado una semana en cartel en la mayoría de los cines), dejando de lado cosas más “disfuncionales” como La llamada o Madre! Dentro de esa corriente religiosa no es extraño encontrarse con panfletos más concretos, como las películas sobre cienciología o las budistas, y de esto último trata Tu mejor amigo.
Hago este inciso porque, más allá de las creencias religiosas que pueda tener cada uno, esa insistencia en hablar soterradamente de la rencarnación fue una de las cosas que más me sobraron de una película que busca descaradamente la empatía del espectador con el chucho de turno y provocar la lágrima fácil (en un ejercicio de pornografía sentimental exagerado) con cada momentito dramático que sacude un film que, por lo demás, tienen una comicidad propia del cine más infantil.
No por ello voy a decir que Hallström se haya olvidado del filmar, y visualmente la película está muy bien conseguida, con unos actores que no molestan (Britt Robertson, Dennis Quaid y John Ortiz son de las pocas caras conocidas en un reparto muy coral) y algún momento simpático que ayuda a digerir la función, pero tener que soportar al/los protagonista/s con esa omnipresente voz en off reflexionando sobre el sentido de la existencia (como si Mira quien habla también se pusiera en plan filosófico) y esa insistencia por mantener la identidad a través de las sucesivas vidas se hace por momentos muy cuesta arriba.
Pero claro, los perricos son muy monos, hacen monerías para que se te caiga la baba y ver a Dennis Quaid reencontrarse con el amor de su vida tiene su puntito. No suficiente para un aprobado, pero casi.

Valoración: Cuatro sobre diez.

martes, 11 de julio de 2017

MAUDIE, dando color a la triste realidad

Maud Lewis fue una pintora canadiense que, pese a padecer artrosis reumatoide desde niña logró desarrollar una brillante carrera artística y convertirse en una artista de renombre, pese a no abandonar nunca su pequeño pueblecito pesquero ni codearse con la alta sociedad. La casa que Maudie compartía con su huraño marido se convirtió en una especie de tienda-museo y la gente hacía verdaderas peregrinaciones para ir a comprar sus cuadros, que llegaron a entusiasmar al mismísimo Nixon.
Esta es la historia de Maudie, el biopic que ha firmado Aisling Walsh con Sally Hawkins y Ethan Hawke como estrellas absolutas. En Maudie, Walsh explica como la joven enferma comenzó a pintar y logró ser conocida desde el más absoluto anonimato, pero no es esa la cualidad que más identifica a la artista, y así lo refleja la película. Maudie era, ante todo, una mujer alegre y, pese a sus limitaciones, tremendamente feliz. Maltratada por la vida (y en ocasiones incluso por su propio marido), Maudie nunca perdía su sonrisa, y esa mirada optimista de la vida se refleja en sus pinturas, paisajes coloridos y hermosos extraídos de su propia imaginación donde no existían siquiera las sombras.
La historia de Maudie es lo opuesto a un cuento de hadas, pero sus cuadros eran un reflejo de su espíritu, un espíritu que, pese a todo, terminó por contagiar a los que la rodeaban. Walsh consigue mostrar todo esto en la película, dotándola de una hermosa textura con planos que, en ocasiones, parecen lienzos mismos, consiguiendo componer arte que habla sobre arte.
Más allá de la simple biografía reveladora, Maudie es una historia de sobre dos personas rotas, dos pájaros heridos que, contra todo pronóstico, consiguen complementarse el uno con él otro y fruto de su compañía y comprensión logran que surja de ellos algo hermoso. Tan hermoso como esos cuadros con los que Maudie conseguía dar color a un mundo marrón y sucio.
Maudie es una gran historia de amor y comprensión, pero es, ante todo, una historia sobre la vida, sobre el sentido de la misma y sobre el color que pueda llegar a tener. Un color que no siempre se debe buscar a nuestro alrededor, sino que puede brotar del propio interior.
Un color como el que nacía en el interior de esta artista que fue Maud Lewis y que tan hermosamente ha logrado ilustrar Aisling Walsh.

Valoración: Siete sobre diez.