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domingo, 10 de abril de 2016

OBJETIVO: LONDRES: Pasó el tiempo de los chicos buenos...

Hace un par de entradas he comentado el estreno de Las Crónicas de Blancanieves: El Cazador y la Reina del Hielo, que era una secuela de una película de hace unos años que coincidió en su fecha de estreno con otra de igual argumento. 
Exactamente lo mismo sucede en el caso del otro estreno “blockbuster” de esta semana, Objetivo:Londres, secuela de Objetivo: la Casa Blanca que en 2013 compitió en taquilla contra Asalto al poder, ese film de Roland Emmerich de inferior calidad pero más espectacularidad. Con Babak Najafi sustituyendo a los mandos a Antoine Fuqua, Objetivo: Londres parece querer emular a esa Asalto al poder aumentando la dosis de espectacularidad de su predecesora pero bajando algo el listón artístico.
Con Gerard Butler de nuevo como el tipo duro que salva la situación y Aaron Eckhart en el papel de Presidente de los Estados Unidos la acción se traslada esta vez a la capital británica, donde el inesperado fallecimiento del Primer Ministro convoca a los principales mandatarios del mundo para un funeral que es un verdadero quebradero de cabeza para los respectivos cuerpos de seguridad.
De nuevo cualquier trasfondo reflexivo se deja de lado (hay alguna insinuación sobre la posibilidad de que los propios gobiernos sean los culpables de sus males, pero se deshecha de inmediato), incluyendo el aspecto sentimental (en eso Emmerich solía ser más cuidadoso), obviando al momento las muertes más dolorosas en pos a que todo conduzca a un final feliz. Es esta una película de explosiones, con la destrucción de los principales monumentos nacionales y que si bien no aporta nada novedoso (visualmente hablando) a las destrucciones ya perpetradas por el mencionado Emmerich o Michael Bay (el otro maestro de la destrucción) sí añade un elemento de angustia y terror (que no han sabido potencial, por cierto) al ver que la tragedia no viene de la mano de monstruos mutantes o alienígenas, sino algo tan real y tangible como el terrorismo. Aun así, pese a que los acontecimientos del 11-S cambiaron nuestra manera de ver las amenazas terroristas, tiene todo en esta película un velo de inverosimilitud demasiado evidente, sin que en  ningún momento se esfuercen en pretender que nos creamos la historia merced de un plan de ejecución por parte de los malos tan complejo como imposible. Por ello, el camino más fácil de evitar el ridículo sea pasar totalmente de cualquier tipo de explicación y que nunca nos entremos de cómo consiguen la mayoría de los objetivos.
Recuerdo cuando se estrenó la primera película que sus defensores (yo entre ellos) la definieron como La Jungla de Cristal 5 (y es que la verdadera Jungla de Cristal 5, esa cosa llamada Un buen día para morir, nunca existió para sus fans), y Mike Banning (el personaje encarnado por Butler) recogía el testigo de John McClaine. Sin embargo, son tiempos difíciles, y el McClaine de Bruces Willis parecería una hermanita de la caridad al lado de Banning. Ya estamos acostumbrados a los héroes oscuros y vengativos, con los personajes de Liam Neeson a la cabeza y en una generación en la que Superman y Batman matan, pero Banning está un poco pasado de rosca. 
Más allá de la posible implicación por su sentido del deber y su amistad personal con el Presidente, esta no es una historia de venganza, sino de supervivencia, pero la manera de actuar de Banning parecen un acto de venganza hacia todo el mundo islámico, por más que por motivos de corrección política se disfrace a los terroristas de traficantes de armas sin claros trasfondos políticos o religiosos más allá del dinero (aunque por el otro bando, la película rezuma patriotismo americano hasta límites insospechados). 
En un momento de la trama Banning retiene a un enemigo y lo tortura con sadismo para que el hermano de este oiga sus gritos de agonía. Entonces, el Presidente le pregunta: “¿Es realmente necesario?” y Banning, imperturbable, responde: “No”. Y todo el cine se parte de risa. Este es un resumen perfecto del tipo de película que tenemos entre manos, en la que los tipos buenos ya no lo son tantos y el ojo por ojo está a la orden del día. Todo vale si es para defender nuestra bandera y el honor y los valores son ya cosa de otro tiempo.
Y no sé qué es peor, que la película presuma de esa violencia gratuita sin complejos, o que el público disfrutemos de ello, riéndonos del dolor ajeno y de la crueldad de un protagonista que en ningún momento tiene los matices ni motivaciones que podría tener el Mel Gibson de Rescate o el mencionado Neeson en la saga Venganza.
Tenemos, pues, un producto de puro disfrute, con acción a borbotones, violento y espectacular, algo plano en su dirección pero con una escena en concreto bastante llamativa, un largo asalto a un edificio que demuestra que hoy en día eso de hacer interminables planos secuencia (con trampa, pero bueno) no es ya demasiado meritorio (¿te enteras, Iñárritu?) y que tiene un simpático aroma a videojuego totalmente intencionado.
No está a la altura de la primera ni será considerada como La Jungla de Cristal 6, pero tampoco me importaría, con lo de moda que están ahora los crossovers o Universos Compartidos, que algún día este Banning se cruzase en su camino con el bueno de McClaine.

Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 13 de mayo de 2013

OBJETIVO: LA CASA BLANCA (7d10)

Resulta curioso como en Hollywood, en ocasiones, coinciden en el tiempo dos proyectos de características similares, aparentemente de forma casual. Hace unos años tuvimos, por ejemplo, dos películas sobre meteoritos que caían a la Tierra, dos adaptaciones de Robin Hood, dos versiones del duelo en OK Corral y, este pasado año,  sin ir más lejos, tres Linconls (aunque la del cazador de vampiros bastante menos ortodoxa) y dos Blancanieves (sin contar la de Pablo Berges, que también es harina de otro costal). Pues buen, de nuevo nos encontramos con dos obras de idéntica temática que se estrenarán con apenas un par de meses de diferencia: Asalto al poder, de Ronald Emmerich, y la que nos ocupa, dos puntos de vista sobre un supuesto ataque terrorista en el edificio más protegido y emblemático del mundo.

Dicen sus responsables que para escribir el guion realizaron exhaustivas investigaciones que confirman que todo lo que se ve en pantalla podría producirse en la realidad y tan seguros están de ello que la escena del asalto está filmada en tiempo real. No sé hasta qué punto será eso cierto, pero quien acuda a ver esta película con esperanza de ver algo con tintes documentales o algún elemento de crítica al poder gubernamental,  que se vaya olvidando. Objetivo: la Casa Blanca es una película de palomitas, con mucha acción,  mecha espectacularidad y cero reflexión. No hay tiempo para las metáforas sociales,  ni falta que le hace. Objetivo: la Casa Blanca es una peli de tiros, violencia y explosiones,  y como tal no puede ser más sincera.
La película está dirigida por Antonie Fuqua, responsable entre otras de Training day, El rey Arturo o Los amos del Brooklyn, y cuenta la historia de Mike Banning (Gerard Butler), jefe de seguridad del Presidente (Aaron Eacklear) a  la par que amigo, hombre de confianza de su mujer y todo un ejemplo a seguir por el hijo adolescente de estos. Pero todo cambia cuando durante un accidente de coche no puede evitar la muerte de la primera dama. Reubicado desde entonces en un despacho será testigo en primera persona del asalto de los terroristas y no dudará en volver a la acción, mientras el presidente del parlamento (Morgan Freeman) se hace cargo de tomar el mando del país en tan crítica situación.
Dirigida con corrección y un buen control del ritmo, lo que más se puede echar en falta en la película es un protagonista con más carisma. Butlet nos tiene acostumbrados a alternar comedias románticas con papeles de duro (300, Un ciudadano ejemplar,...) y hay que reconocer que se esfuerza por hacer creíble su personaje, pero algo falla a la hora de conectar con el público. No puedo evitar imaginarme la misma película interpretada por Bruce Willis, por ejemplo, llevando a su John McClaine a salvar al Presidente en la que podría haber sido una secuela de Jungla de Cristal mucho más apetecible que esa chorrada de Un buen día para morir. Tanto es así que Freeman, sin apenas levantarse de un sillón en todo el metraje, hace suya la peli.
Pese a ello, entretenida cinta de evasión que atrapa durante sus 120 minutos de duración sin aburrir en ningún momento y que supone  una buena descarga de adrenalina al más puro estilo americano.