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domingo, 11 de septiembre de 2016

BLOOD FATHER: grandioso Mel Gibson

Lo mejor que se puede decir de esta película es que es brutalmente sincera y autoconsciente de lo que es y de lo que aspira a ser.
Muy cercana al llamado cine de serie B de los años setenta y ochenta, Blood father es una historia sencilla, muy sencilla sobre un hombre que huye de su oscuro pasado y su reencuentro con su hija perdida. Una historia de venganza, violencia y redención que no se anda por las ramas y va directa al grano, como un western crepuscular pero sucio metáfora quizá de la situación del propio actor protagonista.
Y es que analizando la película se podría comentar el buen trabajo del director del remake de Asalto al Distrito 13, Jean-François Richet, la buena química entre Erin Moriarty (vista en Jessica Jones) con su padre, las interesantes aunque breves aportaciones de Michael Parks y William H. Macy o la escasa aportación de Diego Luna, lo más flojo del film, pero la verdadera alma del film, el motor que mueve la película y que da verdadero sentido a todo el invento es Mel Gibson.
El magnífico actor y director de Braveheart ha pasado una época oscura tras sus coqueteos con el alcohol y el veto que Hollywood le impuso a raíz de sus polémicas declaraciones, pero hace ya unos años mostró síntomas de recuperación con el interesante Vacaciones en el Infierno y este puede ser su año de redención total, pues se le espera de nuevo trabajando tras las cámaras.
Pese a los años perdidos, Gibson demuestra aquí que no ha perdido un ápice de su calidad interpretativa ni su carisma, mejorando si cabe con un trabajo de contención donde la locura y desesperación que tan bien sabía reflejar con sus aspavientos y arranques de rabia se condensan ahora en una simple mirada.
Blood father es, para bien y para mal, Mel Gibson. Un Gibson es estado puro, un Gibson recuperado, inconmensurable y que a la postre es quien sostiene toda la historia a sus espaldas. 
Una historia de violencia pero, también, una historia de segundas oportunidades, de reencuentros familiares y de la importancia de saber elegir las opciones correctas en la vida.
Valoración: Siete sobre diez.


domingo, 28 de febrero de 2016

LA HABITACIÓN: magnífica y caustrofóbica.

A riesgo de repetirme con los argumentos de mis últimos comentarios, estamos de nuevo ante una película donde una de las cosas que más destacan es el poderío interpretativo de la actriz protagonista. Brie Larson, principal favorita para llevarse el Oscar esta noche, es el alma de La habitación, aunque no hay que olvidar a Jacob Tremblay, que sería el corazón de la misma.
La habitación cuenta la historia de una joven que siendo niña fue secuestrada y encerrada en una caseta de jardín. Allí ha sobrevivido los últimos siete años, siendo violada rutinariamente por su captor y sin más vía de escape que el de criar al niño que ha tenido fruto de esas relaciones.
La película, un drama desgarrador que, por más que su argumento invite a pensarlo, nada tiene que ver con un melodrama televisivo del montón, está marcado por dos partes bien diferenciadas. La primera, claustrofóbica y angustiante, recuerda ligeramente al film de Benigni La vida es bella, ya que Joy, la madre a la que da vida Brie Larson, construye un mundo imaginario para su hijo en el que no parece existir nada más que el interior de ese habitáculo de apenas diez metros cuadrados.
En la segunda, recuperando la alegoría de la caverna de Platón, Joy y, sobretodo, el pequeño Jack deben enfrentarse al mundo real, a un mundo que para el chavalín de cinco años es totalmente desconocido y sorprendente.
Sin querer buscar el drama fácil o truculento, el director Lenny Abrahamson construye una fábula aterradora donde consigue aunar dos lenguajes cinematográficos completamente antagónicos según el momento de la película en el que se encuentre, dotando a la historia de una serie de sutilezas en las que no necesita insistir para que dejen huella (la negativa del abuelo de mirar a su nieto a la cara, por ejemplo, ya que no puede evitar pensar en que su padre es el violador y secuestrador).
Con una interpretación contenida y perfecta, Brie Larson consigue hacer creíble su personaje de madre coraje, de mujer que debe crear una realidad nueva para su hijo y sobrevivir a la locura de su encarcelamiento, mientras que Jacob Tremblay, pese a su corta edad, está impresionante, realizando en todo momento una composición creíble y racional.
Tras la salida de la habitación podría pensarse que la historia va a decaer, perdiendo una de las cargas dramáticas de la trama, pero Abrahamson consigue, con su cambio de estilo, mantener la emoción a flor de piel, jugando con las sensaciones de los dos personajes, madre e hijo, y su adaptación, o no, al nuevo entorno, con momentos que pueden evocar ligeramente a la magnífica Perdida de Fincher, y que demuestran que el trabajo de un director puede resultar magnífico sin necesidad de caer en artificios extravagantes o artificiales como sus colegas Iñárritu o Miller.
Esta noche, El Renacido y Mad Max se van a dar de tortas por ganar el Oscar, pero La habitación puede que sea, por encima de esas dos tonterías muy bien maquilladas, la mejor película del año.

Valoración: nueve sobre diez.