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jueves, 23 de mayo de 2019

DE LA INDIA A PARÍS EN UN ARMARIO DE IKEA

De la India a París en un armario de Ikea es la curiosa traducción que se ha dado en España a la película The Extraordinary Journey of the Fakir, acercándose más así al título original de la novela, El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea del autor francés Romain Puértolas, también responsable del libreto del film.
Dirigida por el canadiense Ken Scott, la película es de esas feel-good movie cargada de simpatía y buenas intenciones que apuesta más por el mensaje que por el contenido. Suele ocurrir en este tipo de historias: todo es tan almibarado y repleto de buenas intenciones que al final suele resultar artificial y hasta mecánico.
La película, amalgama de estilos e influencias, narra las aventuras de Ajatashatru Lavash Patel, ajá para los amigos, en el periplo que lo lleva desde su India natal hasta París, haciendo escala en Londres, Barcelona, Roma y hasta Siria, como si de un Phileas Fogg cualquiera se tratase. Se podría decir que va en busca del amor, en busca de una nueva vida o, incluso, en busca de libertad, pero la realidad pura y dura es que lo que de verdad mueve a Ajá es el dinero. Y ese es el punto con el que más me cuesta conectar con el film. Nos venden que el prota (cuya historia está contada por el mismo en primera persona) era de niño un simpático pícaro que debía buscarse la vida para ahorrar y llevar a su madre enferma a parís, pero lo que vemos en realidad es a un ladrón sin escrúpulos que lo mismo desvalija a turistas como estafa a sus propios socios. Si debo empatizar con alguien que roba las carteras y los teléfonos móviles a inocentes turistas, empezamos mal. Y que, insisto, se pasa media película diciendo que lo único que le interesa es el dinero.
Cierto es que el magnetismo del actor Dhanush, toda una celebridad en la India, ayuda a empatizar con el personaje. Él sí que, por encima de lo que diga el guion, se esfuerza por hacernos creer que es un granujilla sin malas intenciones, haciendo más creíble el previsible cambio de valores (aunque me hace mucha gracia la indignación cuando el robado es él) que propicia el gran mensaje de la película: el karma lo es todo. La vida aquí es tan sencilla que, si haces el bien, serás recompensado, como si no contara que, cuando hacer el bien con la mera intención de que el karma te va a compensar, ya no estás haciendo un gesto altruista, con lo que el concepto del bien y del mal queda levemente difuso.
Con todo y eso, y dejando de lado los esfuerzos que hay que hacer para poderse creer cualquier cosa de lo que sucede en pantalla (tampoco alcanza a los niveles de fantasía propios del Jean-Pierre Jeunet al que Scott parece querer imitar), el reparto internacional que decora  el film (se pasan por ahí Bérénice Bejo, Barkhad Abdi o Ben Miller, por nombrar algunos de los rostros más conocidos)  y el mensaje de positivismo y buenos deseos invitan a salir del cine con una sonrisa y que, pese a ser conscientes de que nos han querido vender una moto durante una hora y media (el ultimísimo giro final de los acontecimientos me parece ya de traca), seamos capaces de perdonarlo a cambio de la sonrisa que nos propicia.
Al menos, por una vez, el cine francés a sido capaz de mirar más allá de su propio ombligo, lo cual también constituye toda una novedad.


Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 17 de mayo de 2014

EL PASADO * (4d10)

Siempre es motivo de celebración disfrutar en pantalla grande de Bérénice Bejo, quien nos enamorara con su brillante interpretación en la genial The Artist, y por más que ella no sea la protagonista absoluta de este film qué duda cabe que su magnetismo natural termina por eclipsar al resto del reparto.
El pasado describe el regreso a Francia de Samir (Tahar Rahim) para terminar de arreglar los papeles de su divorcio con Marie Brisson (Bejo), aunque no consigue disimular los sentimientos que continúa manteniendo hacia ella. Una vez en el lugar que tiempo atrás considerase su hogar, Samir debe enfrentarse a dos situaciones incómodas: la presencia en casa de Ahmad, el nuevo novio de Marie, y su hijo y la difícil etapa por la que está pasando Lucie, la adolescente hija de su exmujer fruto de un matrimonio anterior. Con la mejor de las intenciones y, en un alarde de prepotencia, sintiéndose el más coherente de la disfuncional familia, Samir tratará de solventar la situación descubriendo no solo que los dos problemas parten del mismo conflicto sino mostrando también sus propias debilidades y secretos.
Dirigida por el iraní afincado en Francia Asghar Farhadi, la película es fiel a la trayectoria del realizador y desnuda los problemas de una familia tan atípica como realista con sus respectivos choques culturales y heridas en el alma, huyendo del más mínimo sentido del humor y retratando con sencillez e incluso simpatía a unos personajes torturados en busca desesperadamente del amor. Sin embargo Farhadi abusa demasiado de la reiteración de situaciones, de diálogos intrascendentes que no ayudan a avanzar a la trama y de momentos que donde otros han querido ver poesía intimista yo he sentido una monotonía que han provocado que el resultado final me haya resultado aburrido. Y el final enigmático que se supone que invita a que cada espectador haga su propia valoración no ayuda a mejorar mi opinión ante una obra inconclusa y lenta.
Brillante la interpretación de la actriz de origen argentino Bérénice Bejo en un papel de menos lucimiento que su Peppy Miller de The Artist pero mucho más esforzado y repleto de matices mientras que el resto del reparto cumple sin más.

Interesante de base, demasiada falta de pasión en su desarrollo para cumplir las expectativas.