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sábado, 14 de diciembre de 2019

LEGADO EN LOS HUESOS

Como ya anticipaba en mi comentario sobre El guardián invisible, la adaptación cinematográfica de la Trilogía del Batzán, de Dolores Redondo, precisaba de ser vista en su conjunto para poder valorar cada una de las entregas por separado.
Olvidada ya la polémica absurda que envolvió a El guardián invisible, queda claro que muchas de las cosas que no funcionaban en aquella son mejoradas y potenciadas en su secuela, Legado en los huesos. Aun sin que la presencia física del supuesto Basajaun, su presencia es igual de importante, a la que se incorporan nuevos elementos del folklore vasco como es la figura del Tarttalo, elegido como el mal personificado. Gracias a eso, la historia no es un simple caso policiaco más y se juega abiertamente con el elemento sobrenatural, justificando los continuos flashes sobre el pasado de la protagonista que amenazaban con lastrar la primera película.
También es cierto que con más horas de metraje se permite un mayor desarrollo de los protagonistas, consiguiendo al fin una buena empatía con la inspectora Amaia Salazar y su ayudante Jonan, permitiendo incluso que los secundarios salgan mejor parados que en el primer capítulo de la saga. Puede que la confirmación de que iba a haber un cierre a la historia (de hecho, Legado en los huesos se filmó a la vez que la tercera parte de la saga, Ofrenda a la tormenta) les haya dado también más libertadas para abrazar sin complejos ese mundo sobrenatural y acercarse más al terror psicológico que al simple thriller que tanto flojea en las últimas aportaciones españolas al género (léase El asesino de los caprichos o El silencio de la ciudad blanca).
Todo mejora en esta continuación, manteniéndose las virtudes de la primera película y potenciando las posibilidades de los entornos naturales, glorificados en un clímax final angustiante y muy meritorio, donde Fernando González Molina parece dar lo mejor de sí mismo.
No todo es maravilloso, desde luego. Hay giros de guion difíciles de justificar y personajes no suficientemente bien trabajados, pero el empaque general demuestra que se dirigen hacia el buen camino y augura un brillante final para la saga. El peaje a pagar es el de más preguntas sin responder y más misterios sobrenaturales que merecerán ser abiertamente revelados en el ansiado desenlace.
Por otro lado, queda claro que esta película, sin ser ni mucho menos un film de terror, no va a satisfacer a los que busquen un realismo total y desprecien el uso de ese elemento sobrenatural que ya no es ninguna conjetura.
En resumen, un buen peldaño hacia arriba que, esperemos, mejorará incluso más (como ya sucediera con la anterior película) cuando se complete la trilogía (de hecho, una revisión de El guardián invisible me ha permitido verla con mejores ojos que en el momento de su estreno) y veamos esta historia como parte de un todo.


Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 13 de marzo de 2017

EL GUARDIÁN INVISIBLE, magnífica ambientación que no basta para seducir.

Me parecen tan ridículas las polémicas que están surgiendo recientemente en defensa de la bandera boicoteando cualquier producción cinematográfica que tenga un mínimo aroma antipatriótico que casi prefiero tomármelo a broma y anunciar esta película como: “de los haters que hundieron a La reina de España y los ignorantes que odiaron 1898, los últimos de Filipinas. Llega ahora El guardián invisible, spoiler ya disponible en todas sus redes sociales”.
Lo cierto es que dejando de banda los fundamentos en los que se basa el boicot (yo solo quiero ver cine), es posible que esta vez, por tratarse de una película de intriga y haberse difundido de forma grosera e irresponsable la identidad del asesino por doquier, esta vez sí hayan dañado a la taquilla de la película atacada, por más que basándose en una novela superventas es posible que muchos de sus espectadores ya conocieran de antemano el desenlace.
Dejando estas polémicas de lado, el caso es que El guardián invisible, tal y como sucediese con la anterior película de Fernando González Molina, Palmeras en la nieve, es un  film de una impecable factura técnica. Sin duda su ambientación es lo mejor de un thriller de carácter rural, incómodo y agobiante, con bosques densos y lluvias constantes que hereda el espíritu insano de cintas como El silencio de los corderos o Seven pero traídas a nuestro terreno. Lamentablemente, esto no es suficiente y algo falla en la película, no sé si debido al guion de Luiso Berdejo o a la propia novela de Dolores Redondo, que hace que uno se sienta a medio camino de lo que nos quiere contar.
El guardián invisible pretende ser una película clásica sobre un asesino en serie y la investigadora que lo persigue, pero se pierde cuando aspira a desarrollar en exceso la identidad de unos personajes que terminan por lastrar el ritmo narrativo. Los continuos flasbacks de la protagonista para conocer sus traumas de la infancia y por qué le resulta tan conflictivo regresar a investigar al pueblo en que nació no terminan de convencer, y al final uno se pregunta si González Molina pretende dar más importancia al misterio de los asesinatos o a las malas relaciones entre el personaje de Marta Etura y su hermana. Prueba de ello es que pese a contar con un buen reparto, solo Elvira Míguez logra destacar en su rol, habiendo nombres como Manolo Solo o la propia Etura que parecen estar muy por debajo de sus posibilidades.
Hay además, un elemento sobrenatural que parece ser una especie de denominador común en las novelas de Redondo que componen la llamada Trilogía del Baztán que tampoco termina de funcionar en pantalla, quizá debido a que demasiadas cosas, muchas subtramas, quedan en suspenso a la espera de unas necesarias (aunque no confirmadas) continuaciones.
Es por tanto El guardián invisible una película interesante pero decepcionante a la vez, que apunta maneras pero se queda a las puertas de ser ese thriller macabro al que aspira ser, no llegando a aburrir pero coqueteando con ello en demasiadas ocasiones. Puede que, de conseguirse hacer la trilogía, el resultado en conjunto haga mejorar este primer título, empresa algo arriesgada en nuestro cine, pero de momento, viendo El guardián invisible  de forma aislada, queda lejos de la magnificencia.
Puede que, después de todo, el pretendido boicot debiera ser estéril ya que, como sucediera en ese gran título que es La isla mínima, el descubrir la identidad del asesino no termine por ser lo más relevante del film. Pero González Molina no es Alberto Rodríguez y El guardián invisible precisa de un final menos precipitado y más intenso para funcionar mejor.
Tanta lluvia termina aguando el espectáculo, aunque sí merece que, al menos, demos una oportunidad a su presumible secuela. Veremos que se puede esperar de ella…

Valoración: Seis sobre diez.