Mostrando entradas con la etiqueta gregory plotkin. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gregory plotkin. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de octubre de 2018

HELL FEST

Ya he comentado en una entrada anterior que cuando se anuncia La Fiesta del Cine se suele estrenar un montón de películas en espera de encontrar su huequecito en las carteleras, pero aún así hay estrenos que escapan de mi comprensión. Siendo un habitual del Festival de Sitges estoy acostumbrado a descubrir allí muchos títulos interesantes (entre mucha purria, todo hay que decirlo) que luego pasan desapercibidos en su estreno en cines debido a que suelen estar en muy pocas salas y sin apenas publicidad. Es el caso de títulos tan disfrutables del año pasado como Feliz día de tu muerte, Mamá y Papá, Revenge o Brawl in cell 99 (esta última estrenada directamente en plataforma de streaming). Por eso, que algo como Hell Fest se haya estrenado de forma masiva me resulta desconcertante, algo que quizá tendría alguna justificación en caso de haber coincidido con la fiesta de Halloween, pero es que ni eso...
El caso es que Hell Fest es un título muy apropiado para Festivales de Cine, donde los criterios de satisfacción son mucho más bajos y los plausos que una muerte gratuita producen en la grada suelen ser contagiosos, pero ni allí creo que se hubiese podido sostener algo tan flojo e insustancial como es esta película de Gregory Plotkin que ha sido editor de un montón de buenas películas pero solo había dirigido hasta ahora una de las de Paranormal Activity.
La cosa va de un grupo de adolescentes que va a un festival de terror con la intención de pasar una noche de miedo y risas. No es un festival de cine, sino un evento de laberintos y casas encantadas muy similar a lo que se va a inaugurar cerca de la población catalana de Berga, Horrorland, un parque temático de terror con atracciones donde los actores están autorizados a tocar a los visitantes y que exigen que firmes un consentimiento antes de entrar. 
En este percal se encuentran los protagonistas, típicos adolescentes de hormonas alteradas que se empeñan en separarse uno de los otros aunque ya nos advirtió Wes Craven en Scream que era lo último que había que hacer en un lugar extraño, ignorantes de que un perturbado se ha colado en el evento para cometer asesinatos reales.
Sobre el papel suena muy tópico, pero la puesta en escena es más tópica todavía, cometiendo además el mayor error que una película de estas características puede cometer: aburrir.
La clave está en pretender hacer un producto muy heredero del terror de los ochenta, con referencias a Carpenter muy evidentes, sin querer herir sensibilidades. Así, el exceso de hemoglobina está muy medido y carece del salvajismo que provoca carcajadas en sitios como Sitges y que permite que, ante la falta de calidad de la propuesta, uno al menos disfrute de la cutrería gore de la misma.
Esto, en fin, no tiene ni chicha ni limoná, quedando un pastiche a medio camino de nada que apenas cumple con unos mínimos para interesar al respetable. Eso sí, por lo menos la ambientación está muy bien lograda y hay detalles visuales francamente interesantes, aunque no tanto para llegar a salvar la película. Además, como no puede ser de otra manera, desde la primera escena se puede intuir quien va a sobrevivir y quién no, y como va a terminar más o menos la cosa, así que si alguien quiere pasarlo mal de verdad, que se deje de tonterías como estas y se vaya al Horrorland real.
Igual tiene suerte y se encuentra con un asesino en serie y todo...

Valoración: Cuatro sobre diez.

domingo, 1 de noviembre de 2015

PARANORMAL ACTIVITY: DIMENSIÓN FANTASMA (2d10)

Vale, con esta iremos rápido. Quizá lo más intrigante del tema sea ¿qué narices hacía yo viendo esta película?
No me voy a llevar las manos a la cabeza ni diré que me sorprendió que la película sea una completa basura. No hay nada con un mínimo de lógica en una tomadura de pelo tan grande como esta y por la que la gente sigue pagando, por más que al termino de la misma (tal y como sucedió con la otra Paranormal Activity que tuve el privilegio de ver, esa que era un spin off, sea lo que sea lo que los productores entiendan que es eso) el público se queda frío y decepcionado, como si se hubiesen esperado otra cosa. El mismo público, por cierto, que pagará de nuevo por ver la siguiente de la saga, por supuesto (aunque los productores han asegurado que esta quinta entrega es la última y definitiva; y voy yo y me lo creo).
No perderé mucho el tiempo con el argumento: una pareja con una niña están en su casa nueva, ven cosas raras a través de una cámara de video, encuentran unas cintas antiguas de VHS con grabaciones inquietantes, hay una presencia sobrenatural que quiere llevarse a la niña, bla, bla, bla… La misma tontura de siempre contada igual de mal que siempre.
Aquí, además, el uso y abuso de la cámara en mano es ridículamente estúpido (más de lo habitual) y hace que uno valore mejor todavía el valor de películas como REC o La Visita, un soplo de aire fresco en el odioso found footage. Lo más triste de todo es que hay un breve momento, apenas un suspiro, que el argumento plantea algo interesante (unas cintas de video grabadas hace veinte años en la que los filmados interactúan con los protagonistas del presente), pero como es de esperar la idea no se aprovecha para nada interesante y se va todo al traste.
Con una dirección totalmente incompetente (es el debut de un tipo dedicado a la edición), unos actores a los que mejor no analizar (lo más destacado del currículo del protagonista es haber sido digitalizado para algún videojuego) y tan rácana que por no gastar no tiene ni banda sonora durante los títulos de crédito, esta Paranormal Activity es una auténtica pérdida de tiempo.
Sé que algunos pensáis que soy demasiado duro con estas patrachas de sustos predecibles a golpe de ruido y lanzamiento de cosas a cámara y que solo buscan el dinero fácil, así que para que no me critiquéis mucho he decidido dale una puntuación inmerecidamente alta. Y es que, si me perdonáis el comentario machista, las dos chicas protagonistas son bastante monas. Y eso ya les merece un punto por cabeza.
¡Sig! Hasta que extremos hemos llegado. ¡Qué penica, por Dios…!