Mostrando entradas con la etiqueta jonathan pryce. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta jonathan pryce. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de febrero de 2019

LA BUENA ESPOSA

Con la ceremonia de los Oscar a la vuelta de la esquina, es buen momento para tratar de recuperar alguna de las películas que se escaparon de la cartelera en su momento con opciones a llevarse algún premio, y gracias a las segundas oportunidades que algunos cines dan a las películas más minoritarias he podido acceder a la que, casi con toda seguridad, se va a llevar el premio a la mejor actriz principal para Glenn Close.
Sin ser una mala película, lo cierto es que La buena esposa es Glenn Close y poco más. Sí, la historia es interesante y funciona muy bien y Jonathan Pryce está a la altura como supuesto protagonista, pero la puesta en escena es tan floja que impregna cierto aire de telefilm al resultado final de la misma.
Uno de los posibles problemas de la película (y no sé si es culpa de la productora, de la distribuidora o de la prensa) que desde el primer momento se sabía de qué iba la cosa: de un escritor al que conceden el Nobel cuyos libros, en realidad, son obra de su mujer, mientras que la película pretende mantener el misterio hasta bien avanzada la película. Así, en plena época del ·#meetoo, la denuncia se puede acercar a la de casos reales como Big eyes, de Tim Burton (allí eran cuadros) o la más reciente Colette, aunque en ambos casos se trataba de películas más ambiciosas y de mayor presupuesto.
La buena esposa transcurre en apenas unos días, alrededor de la ceremonia de entrega del premio, y recurre a flashbacks algo innecesarios para rememorar el pasado de los protagonistas. Intenta, eso sí, tocar otros palos, como el sacrificio del hijo de estar a la sombra de un genio, o la duda sobre si para un escritor lo importante es el simple hecho de escribir o el de ser reconocido.
Con todo, sin ser una gran película ni tener una dirección demasiado virtuosa, cumple con su cometido de reflejar las tensiones entre un matrimonio enfrentado por sus respectivos talentos y los diversos roles que deben cumplir de cara a la sociedad y que tiene en el sobrio trabajo de Close su mejor baza, con una interpretación de esas de grandes miradas y largos silencios en los que no necesita decir nada para que se entienda todo.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 26 de febrero de 2017

LO QUE DE VERDAD IMPORTA, la película que todo el mundo debe ir a ver.

Por una vez, lo más importante de esta entrada no es mi opinión sobre la película, sino la historia de la propia película.
Paco Arango, nacido en Méjico, pero de origen español, ha sido cantante, guionista, productor y director de cine. Durante el rodaje de la serie Ala Dina, protagonizada por Paz Padilla, creada por su productora, decidió involucrarse en causas benéficas y nació la Fundación Aladina, centrada en ayudar a niños enfermos de cáncer y a sus familiares. Su primer gran paso fue el rodaje de la película Maktub, destinando parte de su recaudación a dicha fundación.
En la actualidad, Arango es miembro de la junta directiva de la Serious Fun Children´s Network, asociación de ayuda infantil fundada por Paul Newman, y con su apoyo llegó esta segunda película, Lo que de verdad importa. Se prevé que parte de su recaudación internacional se destine a dicha asociación, aunque lo realmente novedoso es que en España será la recaudación integral la que irá a parar, Aladina mediante, a Serious Fun Children´s Network. Es la primera vez en la historia que la recaudación completa de una película va a parar a causas benéficas, y solo por ello el visionado de la película es casi obligatorio.
Ahora sí, ¿qué es Lo que de verdad importa? Pues desde el punto de vista estrictamente cinematográfico es como cuando alguien define a un amigo o amiga como simpático, ya que guapo, lo que se dice guapo, no es. 
La película, que Arango escribe y dirige, es un bonito cuento sobre un hombre que recibe el don de curar las enfermedades. Con un toque quizá demasiado religioso para según que espectadores (no llega a los extremos de Los milagros del cielo, pero por ahí van los tiros), la película peca de sensiblera y busca en todo momento conmover mediante la lágrima fácil y un optimismo poco verosímil que llega a empalagar.
Estamos ante un cuento de hadas correctamente filmado e interpretado, bien acompañado por los bellos paisajes de Nueva Escocia y con un mensaje de positivismo que deja buen sabor de boca. Pero anda más. Todo es demasiado plano, demasiado justito y con un humor tan forzado que se acepta por lo que se acepta, pero que no tiene nada de brillantez ni logra maravillar en ningún momento.
Pero al final la película es lo de menos. Con que no sea un bodrio (y no lo es) ya es suficiente. Hay que verla, algunos reirán con ella, otros llorarán, y habrá quien se pueda aburrir en algún momento, pero todos ayudarán con solo pagar la entrada. Y eso es lo que verdaderamente cuenta.
Una película bonita para una causa bonita.

Valoración cinematográfica: Cinco sobre diez.
Valoración moral: Diez sobre diez.

sábado, 30 de marzo de 2013

G.I.JOE, LA VENGANZA (5d10)


¿No os ha pasado alguna vez que veis un tostón de película y cuando anuncian la secuela pensáis: “peor no puede ser"? Luego la estrenan y os dais cuenta no solo de que sí podía ser peor sino que la primera no era tan mala. Eso me pasó con Furia de Titanes y me ha vuelto a suceder ahora con los soldaditos de la juguetera Hasbro. Tras revisionar en video la película de Stephen Sommers he descubierto que era mucho más entretenida de lo que pensé tras verla en cines en 2009 y que las escenas de acción tenían un ritmo mucho más trepidante y divertido que las de su secuela. Y eso que una de las cosas que más se ha publicitado de esta continuación son sus guionistas, Rhett Reese y Paul Wernick, ese dúo dinámico elevado a los altares por el libreto de Bienvenidos a Zombieland pero que aquí no hacen gala de la chispa y el ingenio que contenía aquel divertido apocalipsis zombie.
Tampoco Jon M. Chu (un tipo especializado hasta ahora en mamarrachadas tipo Step Up, Street dance y cosas así) le llega a la suela de los zapatos a Sommers, director caído en desgracia pero con las dos primeras películas de La Momia y Van Helsing (que pese a todos sus excesos a mí me sigue pareciendo una buena película) en su haber.
Quizá en lo único que gana la película es en su apartado interpretativo. Pese a echarse en falta la ausencia del gran Dennis Quaid y que la tal Adrianne Palicki no esté a la altura, no posee ni su belleza ni su carisma, de Sienna Miller, la sustitución como protagonista del papanatas Channing Tatum en favor del limitado pero siempre efectivo Dwayne Johnson y, sobretodo, la siempre celebrada presencia de Bruce Willis, con un papel más importante de lo que se podía intuir, auguran una fiesta de acción y despiporre que, si bien no, nos entretenga un buen par de horas.

Sin embargo el guion es demasiado plano incluso para tratarse de un film palomitero de acción, la prematura muerte de Duke descoloca un poco, y las secuencias de acción son muy confusas y precipitadas. Quizá demasiado lastrados por un argumento heredado de la primera película (los G.I.Joe son eliminados y los pocos supervivientes deben actuar furtivamente para desenmascarar al farsante que ha usurpado la casa blanca), se echa en falta algunos de esos gadges molones de la primera peli, como los trajes potenciadores y las motos, los nanorobots capaces de "comerse" a la torre Eiffel o el homenaje a Star Wars en plan acuático del final. Incluso el elemento dramático estaba mejor retratado. En lugar de eso nos debemos conformar con la calidad interpretativa de Jonathan Pryce (viéndolo, uno se pregunta cómo lo han engañado para hacer esta peli) y las escenas de Willis, al cual le han dado manga ancha para hacer de las suyas y emular a un McClaine mucho más McClaine que el propio McClaine de La Jungla: un buen día para morir.