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martes, 26 de abril de 2016

NUNCA ES TARDE (DANNY COLLINS): En busca de la redención.

Steve Tilston es un cantante de folk británico que pese a no haber conseguido un gran éxito internacional goza de cierta popularidad y prestigio dentro de su círculo. Con más de cuarenta años de carrera a sus espaldas en 2005 descubrió que apenas grabar su primer disco, tras una entrevista en la que confesaba su temor porque una hipotética vida de fama y dinero perjudicara a su música, el mismísimo John Lennon le había escrito una carta ofreciéndole consejo y ayuda; una carta que él nunca recibió hasta muchos años después y que podría haberle cambiado la vida.
Siguiendo esta curiosa anécdota real, el guionista Dan Fogelman, especialista en títulos de dibujos animados pero también autor de la estupenda Crazy, stupid, love y de la divertida Plan en Las Vegas, debuta en la dirección con Nunca es tarde (Danny Collins), donde cuenta la historia de un veterano rockero que, tras una vida de fama y excesos,  recibe la carta que Lennon le escribió hace décadas y decide replantearse toda su vida.
Condenado a giras en las que no hace más que repetir éxitos del pasado y a vivir de discos recopilatorios, Collins es el arquetípico artista conservado en alcohol y drogas, con varios divorcios en su haber y un hijo al que nunca ha conocido. Nunca es tarde es, pues, una comedia dramática de sabor agridulce pero siempre amable sobre las oportunidades perdidas y el duro camino hacia la redención, un camino en el que es difícil no tropezar con las mismas piedras de siempre.
Fogelman apuestas para su estreno como director por una película sencilla y humilde, no demasiado arriesgada, pero muy efectiva. Escrita por él mismo, tiene sus mejores cualidades literarias en los diálogos entre Collins y su manager (a la vez que mejor amigo) o en la relación del artista con la directora del hotel en el que se aloja durante su desesperado intento de renacimiento. Claro que para ello el director tiene varios ases bajo la manga. Tres, en concreto, en forma de grandes actores. Al Pacino, en ocasiones muy acomodado y en otras algo excesivo, está aquí perfecto en la piel de la estrella que se encuentra ya de vueltas de todo y solo quiere recuperar el tiempo perdido, Christopher Plummer interpreta a su amigo, esa versión sabia de Pepito Grillo que tan bien funciona en este tipo de películas, y Annette Bening es el objeto romántico del film, una mujer de carácter totalmente opuesta a las groupies a las que Collins está acostumbrado. Tres grandes veteranos que desbordan talento en un reparto que completan, con eficacia, Bobby Cannavale y Jennifer Garner como el hijo y la nuera por los que nunca había interesado el rockero hasta ahora.
Fogelman no persigue grandes alardes en su salto a la dirección, solo contar una historia sencilla de la manera más efectiva posible. Y lo consigue de sobras, logrando una empatía con todos los protagonistas más allá de lo excesivamente amable que en ocasiones pueda parecer con ellos.

Valoración: Siete sobre diez. 

domingo, 1 de febrero de 2015

WHIPLASH (6d10)

Estrenada bajo una aureola de obra maestra y llamada a ser una de las máximas favoritas en la inminente edición de los Oscars, Whiplash es una nueva vuelta de tuerca a la difícil relación entre un educador y un alumno, ahondando en la enfermiza obsesión de cada uno y siguiendo literalmente la máxima aquella que decía que la letra con sangre entra.
Con una dureza que podría en ridículo a aquellos recordados profesores de Fama y que lo acercan más al sargento Hartman de La chaqueta metálica, el profesor Fletcher es un veterano músico de jazz que, con la esperanza de encontrar un diamante en bruto al que poder pulir, dirige una banda en una de las más prestigiosas academias de música de California. Cuando se encuentra con Andrew, un joven con talento para la batería, se crea un vínculo de amor/odio entre ellos que los llevará a un enfrentamiento tanto físico como psicológico que a la vez que forzara a que uno aprenda del otro podría llegar a destruirles.
Invitando a la reflexión sobre cuáles son los limites en un mentor cuando tanto es lo que hay en juego (hablamos de la grandeza musical, la perfección y hasta la inmortalidad), la película se me hace en algún momento ligeramente cansina, más cuando pudiendo llegar a apreciar el jazz (aun sin ser ni de lejos un gran conocedor) no digiero con facilidad tanto exceso “bateristico” ni logro ningún tipo de empatía con el joven protagonista, mientras que el actor que lo interpreta, Miles Teller, pese a sus evidentes esfuerzos, no es para nada santo de mi devoción. No estamos, por lo tanto, ante una de mis favoritas para el Oscar, no llegando a compartir siquiera la idea de que merezca estar entre las nominadas, siendo un producto de entretenimiento más con un trasfondo visto mil veces en el cine y al que solo hay que sustituir la batería dichosa por cualquier otro instrumento de grandeza para un chaval que, visto lo visto, podrá tener las aptitudes, pero nunca las actitudes para merecer el triunfo.
Afortunadamente, J.K Simmons sí logra brillar hasta límites insospechados en su interpretación de esta especie de doctor Jekyll y Mr. Hyde que es el profesor Fletcher, en una actuación memorable y que logra poner los pelos de punta en numerosas ocasiones, haciendo que todos los aplausos que se dirijan a la película sean casi exclusivos para él. Simmons logra mantener la fuerza y el ritmo de la narración (logrando estar presente incluso en las escenas en las que no aparece) y crear una atmósfera tan acongojante que traspasa la pantalla y consigue incomodar al propio espectador.
Whiplash es J.K.Simmons. Sin él, solo tendríamos los lloriqueos de un niñato y mucha, demasiada, batería en una obsesión tan enfermiza que no todo el mundo logrará comprenderla.
Yo, desde luego, no lo logré.