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jueves, 4 de diciembre de 2014

THE ZERO THEOREM * (5d10)

Con más de dos años de retraso se estrena (y mal) en España la última paranoia de Terry Gilliam, el genial director de títulos como El rey Pescador, El secreto de los hermanos Grimm o El imaginario del Doctor Parnassus, que vuelve con este títulos a esos mundos claustrofóbicos y ciberpunk que ya recorriera en la mítica Brazil y la excelente Doce monos, hasta el punto que hay quien asegura que este The Zero Theorem supone (sin que el director lo haya confirmado) en cierre de una misma trilogía temática.
Amparada en un interesante reparto, marca habitual del director británico, The Zero Theorem narra la vida solitaria y angustiante de Qohen Leth, una especie de analista de datos que vive en una iglesia en ruinas y que recibe el encargo de tratar de descifrar el Teorema Zero, mediante el cual descubrir el sentido de la vida o, mejor aún, la ausencia del mismo.
Gilliam pretende crear una metáfora sobre la existencia del alma y el futuro al que cada ser está predestinado, en una búsqueda interna de lo que representa cada ser de manera individual. Pese a estar salpicado de gatas de buen humor (e incluso toques de romanticismo) es demasiado pretencioso para poderlo abarcar correctamente, y Gilliam (que no vive precisamente su mejor década) termina fracasando en el intento, consiguiendo, eso sí, un buen puñado de imágenes y escenas memorables y poco más.
Hay demasiada pretenciosidad en el proyecto, demasiada supuesta profundidad que termina conduciendo a callejones oscuros y sin salida, que la impresión final es de vacío y decepción, aunque hay que reconocer que el camino intermedio ha sido fascinante. Gilliam continua igual de hipnótico como siempre y The Zero Theorem no defrauda como desafío visual, desde ese Londres colorista y artificial hasta la iglesia donde vive Qohen, ejemplo de una época ya pasada y de una Fe perdida en el tiempo.
Christoph Waltz resulta convincente en su papel de Qohen, algo exagerado en algunos momentos, mientras que Mélanie Thierry logra aunar el punto exacto de inocencia y erotismo en un personaje tan desconcertante como entrañable. Completa el trío protagonista Lucas Hedges, un joven actor al que le va la marcha, pues es también habitual en el cine de Wes Anderson, mientras que se dejan ver también por ahí Matt Damon, Tilda Swinton (otra que tal), Peter Stormare  y David Thewlis, demostrando que el director sigue siendo un imán para algunos grandes nombres de Hollywood, independientemente del éxito de taquilla (y crítica) de sus últimos films.
The Zero Theorem atrapa casi desde el primer minuto, sumergiendo al espectador en un  mundo extraño y claustrofóbico, pero que se pierde en su intento de ser trascendental y finaliza con la sensación de que no se ha entendido nada.
Porque… sinceramente, aún no sé de qué va la peli…

miércoles, 27 de agosto de 2014

INFILTRADOS EN LA UNIVERSIDAD (7d10)

Secuela de la entretenida Infiltrados en clase, la nueva aventura de Jenko y Schmidt (compañeros  e imposibles hermanos interpretados por Channing Tatum y Jonah Hill) que vuelven a dirigir Phil Lord Y Christopher Miller, los mismos que realizaron las interesantes Lluvia de albóndigas y La Legopelícula (aunque esta última no me maravilló ni la mitad que al resto del mundo mundial).
Debo reconocer que no tenía grandes expectativas cuando me aventuré a ver este film cuya primera parte me había pasado totalmente desapercibida y a la que solo me he aproximado a raíz del estreno de esta secuela. Sin embargo, si ya me pareció de una calidad más que correcta me ha sorprendido cómo han sabido reinventarse y superar el nivel en esta continuación en la que el humor es mucho más mordaz e inteligente y que roza en algunos momentos la irreverencia hacia el propio mundo del cine.
Ya desde el primer film me dio la sensación de que esta buddy movie trataba de verse reflejada en los Dos policías rebeldes de Michael Bay, también con una secuela, pero en esta ocasión las referencias son casi infinitas, como si Lord y Miller hubieran tenido manga ancha para reflejar en pantalla toda su admiración hacia Bay y su forma de entender el cine. 
Hay, en el arranque del film, multitud de explosiones, coches saltando por los aires, cámaras lentas, movimientos circulares alrededor de los personajes con espectaculares puestas de sol de fondo… 
Incluso se permiten copiar un chiste que casi constituía lo más ingenioso de Transformers: La era de la extinción (allí, en un cine abandonado, el propietario despotrica de lo malo que es el cine actual, malviviendo de secuelas de éxitos pasados, con clara auto parodia hacia la propia Transformers 4; aquí, ante la posibilidad de que Jenko y Schmidt participen en un caso muy similar al de la primera película se insiste en lo malas que son siempre las segundas partes). 
Infiltrados en la universidad no rehúyen nunca de sus orígenes, hasta el punto de que parece amenazar con repetir textualmente el esquema argumental de Infiltrados en clase hasta que un giro de los acontecimientos nos demuestra que lo que hacen es, precisamente, burlarse de ello. 
Y es que unto a las espectaculares escenas de acción, persecuciones y tiroteos, lo verdaderamente acertado de la película es su sentido del humor, sus bromas (muchas de ellas privadas) y referencias (desternillante cuando el personaje de Channing Tatum insiste en que su deseo es dedicarse a la seguridad del Presidente en la Casa Blanca). 
Solo lamento que el guion no haya dado pie a que uno de los protagonistas de la primera película, interpretado por Dave Franco (que tiene una breve aparición), aparezca en el clímax final, precisamente una fiesta de Spring Breakers, mucho más “suavecita” que la que se refleja en la película del mismo título que protagonizó su hermano James. Podría haber sido muy cachondo.
Lo único que lamento es que la distribuidora no haya sabido potenciar este sentido de auto parodia que podría haber atraído a un público muy diferente al esperado y que habría sabido valorar la película mucho mejor que toda esa gente que, por ejemplo, se levantaban al final del film sin disfrutar los carteles de la hipotética secuela que aparecen durante los títulos de crédito, sencillamente desternillantes y con un imprescindible cameo de Seth Rogers. En lugar de eso se han dedicado a potenciar la película con trtailers centrados en los escasos gags escatológicos o soeces que sin duda pueden alejar a muchos espectadores hartos de que les ofrezcan más de lo mismo.
Tatum no es ni mucho menos tan brillante como Hill, pero poco a poco va haciéndose un hueco en Hollywood con una serie de personajes que potencian su simbiosis con el público. No quiero que nadie piense que estamos ante una obra maestra no que los directores son una especie de reencarnación de Billy Wilder, ni mucho menos, pero si de lo que se trata es de pasarlo bien sin más pretensiones, esta es la película ideal.
Si me permiten la vulgaridad: Infiltrados en la Universidad es… para partirse la caja. ¿Se debe pedir más?


viernes, 4 de julio de 2014

TOKAREV * (4d10)

Antes de enfrentarse a esta película uno ya puede formularse dos cuestiones: ¿por qué los jóvenes talentos del cine español deben emigrar a los Estados Unidos en busca de oportunidades? y ¿qué está pasando con la carrera de Nicolas Cage?
Una vez visto el film se obtienen dos respuestas o reflexiones: por un lado, si esto es lo mejor que puede ofrecer como director Paco Cabezas quizá no hayamos perdido demasiado con su marcha; por otro, la carrera de Nicolas Cage simplemente no existe. No se sabe si por necesidad de dinero o sencillamente por falta de ofertas, el ganador de un Oscar y miembro del clan Coppola parece aceptar todo papel que cae en sus manos, sin ningún tipo de criterio, y eso que últimamente cada producción suya sea más olvidable que la anterior.
Tokarev es una mamarrachada sin pies ni cabeza que hereda las clásicas historias de venganza que antaño popularizara el bueno de Charles Bronson y cuyo espíritu en la actualidad  se ha quedado para sí Liam Neelson. Un padre felizmente casado y con un misterioso pasado sufre el secuestro y posterior asesinato de su hija adolescente e inicia una cruzada en busca de unas respuestas que parecen vinculadas con sus ya olvidados tejemanejes con la mafia rusa. Siguiendo todos los esquemas típicos en este tipo de películas (códigos de honor, traiciones, interrogatorios que se transforman en torturas, clanes mafiosos...), el guion es un completo sinsentido, completamente inverosímil y repletos de giros argumentales totalmente absurdos, perdonándole tan solo la jugada final que proporciona por lo menos un toque de originalidad y que logra pillar por sorpresa al espectador.
Hay por medio un puñado de interpretaciones espantosas, empezando por el propio Cage, que no logran salvar ni la presencia de actores reconocidos como Danny Glover, Peter Stormare o Rachel Nichols, por culpa, sobretodo, de lo planos que son sus papeles.

Efímeramente entretenida, previsible e innecesaria, Tokarev no logra aportar nada nuevo al mundo del cine. Y el peluquín de Cage, tampoco.