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lunes, 15 de enero de 2018

EL INSTANTE MÁS OSCURO

Joe Wright es un director de gran personalidad y potente pericia visual, y a excepción de la fallida Pan todas sus películas han aportado un cierto punto de interés por su puesta en escena, siendo el caso de Anna Karenina, posiblemente, el más radical.
En El instante más oscuro Wright parece moderarse un poco a la hora de acometer la figura del primer ministro británico Winston Churchill, en una obra que podría ser la cara B de la Churchill de Jonathan Teplitzky estrenada hace un par de meses y que yo tuve la ocasión de ver esta misma semana, pero que también se relaciona con otras películas recientes como el Dunkerque de Christopher Nolan o Su mejor historia de Lone Scherfig, sin duda la más redonda de las cuatro.
El instante más oscuro tiene un punto de partida muy similar al de Churchill, presentándonos la figura del político y orador a través de una nueva secretaria y de su esposa, aunque hay una diferencia en cuanto a la época a describir que rápidamente diferencia ambas películas y ofrece dos miradas casi en las antípodas del personaje. Mientras en aquella se veía a un Churchill asustado por las posibles bajas humanas del desembarco de Normandía aquí es el principal defensor de la guerra, convencido de que firmar la paz significaría rendirse ante el régimen nazi y perder con ello toda la identidad del Imperio.
Gary Oldman, bien escudado en el látex, hace una brillante interpretación del político, imitando sus gestos y tono de voz a la perfección, y Wright juega con la cámara como tanto le gusta, con inspirados planos secuencia y mostrando la guerra apenas con cuentagotas pero suficiente como para transmitir las sensaciones oportunas, siendo su representación del rescate civil a Dunkerque mucho más creíble y épico que el de Nolan. Claro que eso no es nuevo para él, ya que en Expiación un soberbio plano secuencia resumía lo que posiblemente fueron las playas de la costa francesa mucho mejor que Nolan en una película entera. Sin embargo, y pese a estos momentos de delicia visual, la película no va mucho más allá, resultando algo reiterativa en su discurso y terminando por ser una repetición de gente hablando entre la oscuridad de las salas del parlamento británico repitiendo lo mismo. Las intrigas palaciegas para poner a Churchill en el poder, primero, y tratar de quitárselo de encima, después, no ahondan lo suficiente como para conocer de verdad los entresijos de la política británica en tiempos de guerra y tampoco la propia figura de Churchill, limada de cualquier atisbo de claroscuros que pudiera tener, resulta demasiado bien definida.
Al final, estamos ante una película de cuidada técnica y potente interpretación, pero que como retrato de una época histórica sigue resultando demasiado pobre, como si Wright dudase entre desnudar al hombre de sus miserias o, simplemente, rendirle pleitesía.
No muy superior a la reciente Churchill, es solo un complemento para poder apenas imaginar algo sobre el primer ministro, aunque la historia del cine todavía le debe una buena película al un político que será más recordado por sus discursos que por sus decisiones.

Valoración: Seis sobre diez.

jueves, 16 de abril de 2015

EL NUEVO EXÓTICO HOTEL MARIGOLD (6d10)

En 2011 el director John Madden, que en el 98 había alcanzado la fama por Shakespeare in love pero que desde entonces no había sabido dar con la tecla acertada, junto al guionista Ol Parker, dieron la campanada con la película El exótico Hotel Marigold, una simpática película que combinaba las peripecias de un grupo de personajes bien adentrados en la tercera edad con una especia de canto de amor hacia la India y su cultura.
Tal fue el (a mis ojos desmedido) éxito de la película que era inevitable que tuviese una secuela, y director y guionista han vuelto a reunirse para dar forma a este El nuevo exótico Hotel Marigold que supone una continuación lógica y coherente a la anterior película.
Posiblemente lo más destacado del film sea el logro de volver a juntar  a las mismas estrellas del film original (solo ha faltado Tom Wilkinson por razones obvias) a los que se les suma, además, Tamsin Greig y un estelar Richard Gere, además de un breve cameo de David Strathairn. Así, concebida más como una reunión de viejos amigos (esto no deja de ser, en el fondo, un extravagante hogar del jubilado), volvemos a ver deambulando por el hotelito de marras a Maggie Smith, Judi Dench, Bill Nighy, Celia Imrie, Ronald Pickup, Diana Hardcastle o Lillete Dubey. Ni siquiera Penelope Wilton ha querido perderse su participación en la fiesta, de nuevo comandada (esta vez en exceso) por Dev Patel y Tina Desai.
Como si de la secuela de un film de acción se tratase, Madden y Parker se han limitado a repetir la receta de la primera y exitosa película pero multiplicando sus ingredientes por dos. Si en aquella funcionaban las relaciones entre los abueletes aquí hay más romances octogenarios, si gustó el aroma a curry ahora la cultura hindú está mucho más presente gracias a la excusa de la boda entre Sonny y Susaina, y si la idea del hotel para jubilados era original, ahora es el momento de abrir (o no, no adelantemos acontecimientos) un segundo hotel.
Esta es una película que, sin duda, gustará a los que disfrutaron de la primera. Sin arriesgar lo más mínimo, las relaciones entre los personajes evolucionan lo mínimo para no provocar demasiadas sorpresas, dejando a Nighy y Dench (sin duda los mejores artistas del amplio reparto) como estrellas de la función. Sin la carga de tener que presentarnos a los personajes, la acción arranca con mejor efectividad en esta secuela pero, por el contrario, acusa de

masiado el exceso de protagonismo del personaje que interpreta Dev Patel, que resulta cansino y, por momentos, insoportable.
Concebida al más puro estilo de sitcom en versión cinematográfica, la película, más que un argumento propio (la mencionada boda podría ser el hilo argumental, ya que incluso se diferencian los tres arcos narrativos mediante las tres partes que conforman la ceremonia tradicional) se divide en diversas subtramas, cada una de ellas protagonizada por sus propios personajes, que apenas se molestan entre ellas, lo cual hace que se pierda un poco el sentimiento de coralidad pero que, por el contrario, permite que se pueda disfrutar del resultado final pese a que alguna de esas subtramas puedan no conectar con algún espectador.
Por ello, la película termina siendo una comedia amable, cumplidora con lo que promete, destinada a un público muy concreto que sin duda la disfrutará sin demasiadas pegas y que funcionará correctamente en taquilla (lo suficientemente correcta, imagino, para poder pensar en una tercera entrega), aunque faltará ver si la eliminación del factor sorpresa que impacto en la película original le pasa factura.
Para el resto del público solo es recomendable si se quiere pasar un rato entretenido sin demasiadas exigencias. Al menos, nadie podrá quejarse de haber sido engañado. Hay lo que se ve, ni más ni menos.