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viernes, 25 de diciembre de 2020

Visto en Disney+: THE MANDALORIAN T2

Una vez finalizada la segunda temporada de The Mandalorian (los que me conocéis ya sabéis que he esperado para poderla ver más o menos deltirón), llega el momento de hacer balance de las aventuras de Mando y ese muñecote encantador que se llama Grocu pero que para la gran mayoría será siempre Baby Yoda.

Tras la acogida irregular de la nueva trilogía de Star Wars, Disney+ ha aprendido la lección y ha dado a los fans lo que los fans querían. Eso no siempre es sinónimo de éxito (y las últimas películas de las franquicias de Alien y Terminator) son una nueva prueba de ello, pero John Favreau, con la inestimable ayuda de Dave Filoni, ha hecho los deberes y ha partido una segunda temporada para El Mandaloriano casi perfecta. Casi perfecta para los fans, claro.

Y es que si algo se le puede reprochar a esta serie, potenciado en la presente temporada, es su total falta de interés por alcanzar a espectadores ajenos a esa cosa de la Fuerza y sus derivados.

Después de acusar a JJ de realizar una película, El despertar de la Fuerza, que es más un remake que una continuación (espero que algún día se le reconozca el mérito de saber acercarse a una generación nueva consiguiendo, además, firmar la mejor película de la saga), Favreau y Filoni han hecho lo propio con su serie, pero haciéndolo con mucha más inteligencia. No hay, pues, nada nuevo bajo el sol de esta especie de western crepuscular que regala más fans service que las tres películas modernas juntas, pero no pasa nada, pues cuenta con el beneplácito de esa legión radical de fans que la devoran como si de una orgía galáctica se tratase, importándoles bien poco que, de nuevo, estemos regresando a tierra conocida y, además, en un formato ya caduco. Y es que esa aventura semanal en la que Mando va desfaciendo entuertos mientras esperamos a que la trama general avance un poco es muy heredera de las series que veía en los noventa, tipo El Equipo A o El Coche Fantástico, aunque con un presupuesto mucho más generoso.

Me hace gracia como el desprecio que hace apenas unos meses se sentía ante la necesidad de depender del apellido Skywalker se haya tornado en aplausos tras la emisión del último episodio de la temporada, aunque supongo que para entenderlo debería ser un real fan, que llaman, y ni soy de los que se enamoró en su momento con el personaje de Boba Fett (cosa que a día de hoy ni el propio Lucas entiende) ni tengo ni idea (ni me importa) quiénes son gente como Ahkoda Tano u otros derivados de las series de animación.

En el lado positivo, el buen hacer de sus creadores, que consiguen una buena dosis de emoción y épica, aunque a nivel dramático está muy por debajo de la primera temporada. El dinero está bien gastado y la serie es espectacular, con buenas dosis de acción, aunque los personajes son más planos que nunca y el riesgo acometido es cero. Si hay que agradecer el gran mérito de haber sabido mantener alguna sorpresa oculta, cosa casi milagrosa en los tiempos que corren, pero me intriga saber cómo van a proseguir en la tercera temporada si, como indica el final, el mandaloriano y el niño separan sus caminos, algo por otra parte necesario ya que el muñequito articulado estaba robando todo el interés a la historia.

En resumen, una temporada entretenida y con buenos momentos, pero que sufre de unos guiones fácilones y unos personajes demasiado planos, anticipando, además, el camino a varias series derivadas que van a sobresaturar, de nuevo, a la saga galáctica.

Claro que si la alternativa es una película en manos de la que perpetró ese espanto que es Wonder Woman 84, mejor apaga y vámonos...

miércoles, 6 de mayo de 2020

Visto en Disney+: THE MANDALORIAN

No sé si le tengo mucha fe al nuevo canal de streaming que se ha sumado a la guerra por destronar a Netflix y que, según los expertos, lo va a conseguir. Disney + tiene un catálogo maravilloso para niños y bastante interesante para frikis que estén dispuestos a devorar productos Marvel o Star Wars una y otra vez, pero con dos grandes lacras: la ausencia de novedades (y más después de cómo afecte a los estrenos la crisis del coronavirus) y su propuesta extremadamente infantilizada, que impiden que el catálogo incluya películas adultas de la recién adquirida Fox (echo mucho de menos la presencia de Alien o Depredador) y que cometan ridículos actos de censura como el perpetrado contra la inocente Un, dos, tres… Splash!
Una de esas pocas novedades que va a ofrecer Disney +, y la que por ahora es la principal excusa para darse de alta, es la serie de The Mandalorian, recién estrenada en nuestro país aunque misteriosamente se haya podido ver de manera polo lícita hace ya unos meses a una calidad perfecta y totalmente doblada al español (¿estrategia de la propia Disney?).
The Mandalorian pertenece, obviamente, al universo de Star Wars, localizándose más o menos entre la trilogía clásica y la moderna, es decir, entre los episodios VI y VII. Sin embargo, para no complicar más las cosas, la historia se aleja de la familia Skywalker para seguir los pasos a un cazarrecompensas mandaloriano que debe localizar y entregar a una peculiar criatura y a quien decide terminar por proteger, creándose muchos enemigos.
La serie cuenta con ocho episodios en los que han ido alternándose diferentes directores pero con dos mentes pensantes dando forma a todo: Dave Filoni, verdadero gurú de Star Wars y responsable máximo de las series de animación The clon wars y Star Wars: Rebels, y Jon Favreau, nuevo niño mimado en Disney tras haber iniciado el UCM con Iron Man y haber llenado las arcas de la compañía con El libro de la Selva y El Rey León.
Tras un buen arranque, la trama amenaza con aflojar en el ecuador de la misma, amenazando con caer en el procedimental y tocando fondo con el episodio cuatro, titulado «El Santuario», casi un remiendo de Los ocho magníficos (aunque a mi me vino a la mente más bien la versión más carca de El Equipo A). Afortunadamente, solo es un bache necesario para provocar el viaje espiritual y moral del personaje hacia unos nuevos derroteros para poder brillas en los dos episodios finales, donde se aprecia el más puro sabor a Star Wars y se demuestra que es posible expandir el Universo sin recurrir a los Skywalker, a los Jedi o ni siquiera a la Fuerza.
Para la historia quedará ya el personaje de El Niño, que para todos será siempre Baby Yoda, y las ganas de que llegue ya la segunda temporada (ya está confirmada la tercera) son enormes. Es de este tipo de series, junto con las anunciadas de Marvel, de lo que se va a nutrir Disney+, aunque el espacio entre estrenos se me antoja un handycap bastante insalvable.