Es
evidente que en los últimos años el cine de superhéroes ha cogido una
importancia vital en el cine. Tanto, que los más agoreros llevan años hablando
de una gran burbuja que tarde o temprano va a estallar. Pues bien, no será Doctor Strange quien la haga estallar.

TrasGuardianes de la Galaxia y Ant-Man, Doctor Strange es el nuevo icono que va a arrasar en taquilla pese
a ser un personaje de los menos conocidos de Marvel, por más que haya pasado
más de treinta años desde su creación y que en la última década haya
pertenecido (en el comic) a Los Vengadores y a un grupo que ha revolucionado el
mundo Marvel: los Illuminati.
Como
en las películas anteriormente nombradas, Doctor
Strange supone un paso más hacia el intento de agrandar el universo (los
Universos) Marvel. Si en Guardianes de la Galaxia se expandía hacia el cosmos y en Ant-man se descubría el micro-verso, en Doctor Strange se habla
por primera vez del multiverso y de las dimensiones paralelas, abriendo un
enorme abanico de posibilidades a las futuras adaptaciones Marvel.

Doctor Strange es una película de superhéroes, desde luego, y por
ello contiene peleas a cascoporro y espectacularidad sin límites, pero el
trabajo de Scott Derrickson, director de películas oscuras como El exorcismo de Emily Rose, Sinister o Líbranos del mal, da una nueva orientación al personaje,
enfrascándolo en mundos imposibles de imaginar que, aun recordando en parte a
lo visto en Origen de Christopher Nolan sabe ir mucho más allá y no repetir el
truco más de lo necesario, confeccionando una galería de colores y psicodelia
deslumbrante.

Curiosamente,
la construcción del personaje se hace a ritmo lento y funciona de maravilla
(imagino que algo así es lo que pretendían hacer en la horrible Cuatro Fantásticos), con un guion inteligente
y unos personajes muy bien definidos y brillantemente interpretados (no creo
que nadie se vaya a quejar, después del trabajo de Tilda Swinton, de que el
Anciano sea ahora mujer). Es solo hacia el tramo final en el que se desborda la
acción y el enfrentamiento entre los buenos y los malos debe producirse de manera
inevitable, pero incluso entonces Doctor
Strange consigue salir airosa de esa evolución del género para ofrecer un
giro inesperado diferente a la destrucción gratuita y caótica que tanto se ha
repetido desde el irrepetible (perdonen la redundancia) clímax final de Los Vengadores (a ver si aprendes, Zack
Snyder) y ofrecer una alternativa final sorprendente e incluso rompedora.
Doctor
Strange es una nueva visión del universo Marvel, apenas conectado a él en una
frase aislada aunque de vital importancia, pero que formará indudablemente
parte de un gran futuro tal y como se anuncia ya en una de las escenas
postcréditos.
Marvel
sigue creciendo y lo sigue haciendo maravillosamente bien. De momento, la
fórmula no se agota. Y el mérito de hacer triunfar a los personajes “menores”
(¿quién no está deseando la llegada de Black
Panther?) no tiene precio.
Que siga la fiesta…
Valoración:
Ocho sobre diez.
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