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martes, 30 de octubre de 2018

EL FOTÓGRAFO DE MAUTHAUSEN

Aunque parezca mentira, todavía tengo bastantes amigos que desprecian el cine español aludiendo a que “siempre va de lo mismo”. No creo que sea necesario entrar en una defensa de nuestro cine que, con los evidentes altibajos de cualquier filmografía, goza de una estimable salud, pero por si acaso, me voy a limitar a recordar algunos de los estrenos más recientes que demuestran la gran variedad de temas que se tratan con gran acierto en títulos e gran calidad: YucatánLasombra de la ley o El reino son solo algunos ejemplos de temáticas que difieren con lo que se suele esperar de un cine encasillado por muchos en la comedia rural, el drama almovariano, la Guerra Civil y, en ocasiones, el cine de género.
El fotógrafo de Mauthausen es otro de esos ejemplos de que no hay que poner límites creativos al cine hecho en casa y que es posible abordad cualquier temática, por arriesgada que parezca. Mar Tarragona, en su nuevo trabajo tras la irregular Secuestro, aborda la historia de los españoles expatriados que terminaron en el campo de concentración nazi de Mauthausen, centrando la mirada en Francesc Boix, un fotógrafo que arriesgó su vida por conseguir pruebas gráficas de las atrocidades que se cometían en los Campos y que pasó a la historia por ser el único español que participó como testigo en los tristemente célebres Juicios de Núremberg.
Mario casas, cada vez más alejado de su imagen de ídolo de quinceañeras, sufre un efectivo cambio físico para meterse en la piel de este prisionero que se empeña en arriesgar su propia vida, arrastrando a sus compañeros en el intento, para conseguir justicia, siendo una de las figuras destacadas de una película con un reparto internacional muy bien medido y que funciona a la perfección.
Con un estilo narrativo muy clásico, Mar Tarragona compone una película que quizá no arriesga demasiado en lo estético, pero que consigue con ello una gran efectividad, siguiendo casi a rajatabla los cánones del género carcelario. Con referencias a La fuga de AlcatrazEvasión o Victoria o incluso La vida es bella, Tarragona logra una puesta en escena muy por encima de lo esperado a raíz del ajustado presupuesto con el que contaba, si bien puede echársele en cara la falta de profundidad de algunos personajes, amparándose en exceso en el arquetipo y jugando con la complicidad del espectador acostumbrado ya a identificar con facilidad personajes de esta calaña.
Al final, el mayor mérito del film es conseguir transmitir el dolor y el sufrimiento de los prisioneros con una estética gélida y sobrecogedora, sin renunciar a ligeros toques de humor en la personalidad de Boix que ayudan a empatizar más aún a su personaje. Además, las fotografías reales que se muestran al término del film reivindican la gran precisión y detallismo con que Tarragona ha planificado su rodaje y otorgan a El fotógrafo de Mauthausen un valor por encima de lo puramente cinematográfico.

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 27 de octubre de 2016

LA PROPERA PELL: oscura identidad.

Isaki Lacuesta es un guionista catalán que, hasta filmar Murieron por encima de sus posibilidades, se había limitado a dirigir en el terreno del documental. Ahora, haciendo equipo con Isa Campo, con quien ya había trabajado como guionista, han digerido a cuatro manos La propera pell, película de intriga filmada en catalán, castellano y francés sobre un niño desaparecido en los pirineos con nueve años que se reencuentra con su madre ocho años después.
Tal y como sucediera en la película Sommersby con Richard Gere y Jodie Foster, o en el título que esta adaptaba, Le retour de Martin Guerre, la película de Lacuesta y Campo juega con la incógnita de si el reaparecido (en aquellas se trataba del marido al que se daba por muerto en la guerra) es quien dice ser o si tan solo es un huérfano en busca de una familia, aunque no sea la que le corresponde. En ese sentido, los directores juegan muy bien las bazas del sentimiento, con un muchacho con problemas de memoria que recupera su pasado a fogonazos y una madre tan dolida que está dispuesta a creer lo que haga falta para recuperar a un hijo. En este sentido, las interpretaciones de Àlex Monner y Emma Suárez son muy convincentes, así como la de Sergi López, que da vida al cuñado de la madre en un personaje con la oscuridad habitual en él y que es quien contagia al espectador con sus desconfianzas hacia el muchacho.
Por este lado, la película funciona bien, proponiendo una montaña rusa de sensaciones al público según los indicios invitan a pensar que sí es realmente el hijo perdido o cambiando de golpe al bando contrario hasta una resolución final bastante aclaratoria pero para algunos no lo suficiente.
El problema de la película está, principalmente, en su austeridad visual. Quizá debido a las limitaciones presupuestarias (ya sabemos lo que pasa en este país cuando se intenta hacer cine sin una gran productora televisiva detrás) o por decisión propia de los directores (es lo que tiene venir del documental), pero el ritmo visual se me antoja extremadamente lento, casi anodino, con ausencia de música en momentos necesarios y un tono demasiado apagado que hace que incluso los maravillosos paisajes pirenaicos luzcan desaprovechados. Posiblemente sea algo intencionado, para que el estilismo no se imponga sobre la historia, pero con eso se consigue que una trama interesante se torne aburrida en demasiados momentos de la película. Y que la ambigüedad del chaval protagonista no invite a que te caiga demasiado bien no ayuda tampoco para nada.
En fin, título interesante pero con demasiadas carencias para mi gusto, que desaprovecha sus armas y no termina de dibujar completamente la personalidad trastornada del protagonista.
Buena propuesta, pero no lo suficiente.

Valoración: Seis sobre diez.