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domingo, 10 de diciembre de 2017

EL GRAN DESMADRE: de todo menos desmadrada

El gran desmadre (Malas madres 2) es el creativo título que han puesto en España a A bad moms Christmas, continuación de aquella comedia justita sobre tres amigas que se rebelaban contra las convicciones de ser madre. Otra pretendida comedia gamberra que al final resulta ser muy blandita y edulcorada.
Esta secuela, no solo sigue el mismo camino, sino que lo empeora, mostrando una falta de ideas terrible y resultando tan previsible como facilona. Trasladando la acción a Navidad, ya desde el comienzo aspira a presentar sus credenciales con el recurso que tan bien funcionaba en Resacón en Las Vegas, es decir, mostrar una situación desastrosa y hacer marcha atrás para explicar cómo se ha llegado hasta allí. Claro que en esta ocasión, la situación desastrosa es algo tan liviano como un árbol de Navidad volcado y cuatro adornos esparcidos por el suelo.
Englobada dentro de la categoría de comedia navideña, de esas que sabes que al final va a terminar con toda la familia reunida alrededor de una mesa en paz y armonía, la película repite la excusa del conflicto con la otra apuesta de la temporada: Dos padres por desigual. Como en aquella, también ahora el problema asciende generacionalmente, limitándose a cambiar el sexo de los protagonistas. Si allí los copadres tenían que soportar la intromisión de los abuelos, aquí el grupito de mamás amigas se deben enfrentar a sus respectivas madres. Y, como en aquella, lo mejor cabe encontrarlo en la aportación de estas abuelas, nombres ilustres que aportan algo de calidad al invento, como es el caso de una Susan Sarandon ácida y divertida.
Poco más se puede rascar de esta comedia que a la que uno sigue buscando ese gran desmadre que promete el título y que nunca llega, donde los chistes son rutinarios y poco inspirados y, por más que logre arrancar alguna sonrisa, nunca llega a poder ser considerada una buena comedia.
Previsible, insustancial y rutinaria.

Valoración: Cuatro sobre diez.

miércoles, 3 de agosto de 2016

MALAS MADRES: una nueva muestra del gamberrismo más mojigato.

Malas Madres es la nueva película del dúo formado por Jon Lucas y Scott Moore, que debutaron con la insuficiente Noche de marcha pero que serán siempre recordador por haber escrito aquella gamberrada tan aplaudida que fue Resacón en Las Vegas, aunque en honor a la verdad no han vuelto a hacer nada memorable desde entonces.
Muy por debajo de la película que consagró a Bradley Cooper, Malas Madres sigue la estela de la clásica comedia americana llena de gamberradas y chistes de mal gusto pero que, en el fondo, esconde un mensaje edulcorado y bienintencionado. Esa falta de mensaje es lo que distinguía a Resacón en Las Vegas, que junto a una narrativa bastante original prometía diversión y solo diversión (sí, podía verse oculto un canto a la amistad pero…). En ese sentido, Malas Madres se encuentra en el lado opuesto, y por mucho que su punto de partida (tres madres que renuncian al compromiso de actuar con la impecable responsabilidad que se les supone) promueva la libertad y la felicidad que puede conseguirse con solo dar un portazo en las narices a los maridos y los hijos, la conclusión final es justo lo contrario, y junto al tufillo exageradamente feminista que desprende el film la conclusión final es que la maternidad es lo más bonito del mundo, que no hay nada como los hijos y que cualquier sacrificio es poco. Y que no existen, en realidad, las malas madres. Solo las malas expectativas.
Desconozco que le está pasando a la comedia actual que, pese a regar sus guiones con chistes obscenos y escatológicos, terminan resultando más moralistas que un telefilm de Disney (recuerden el reciente caso de Hermanísimas), como si la mala baba que se gastaban los Reitman, Landis y compañía y que solo lograron rozar en sus primeros films Judd Apatow o los hermanos Farrelly se hubiese agotado ya. O quizá es producto de una nueva corriente de puritanismo y conservadorismo en la sociedad americana. El caso es que lo que se promete como una gamberrada rompedora y desafiante termina siendo una comedia blandita y moralizadora, casi panfletaria. Y si no, atentos a las escenas que acompañan a los títulos de crédito finales.
Con todo, la peli cuenta con un reparto femenino bastante apañado, encabezado por una Mila Kunis que después de su descalabro con El destino de Júpiter ha demostrado sentirse más cómoda en la comedia que en cualquier otro campo. A su lado están nombres como Kathlyn Hahn, Kristen Bell, Christina Applegate o Annie Mumolo, todas unas expertas en estos inventos. La guerra de sexos habitual ha sido sustituida aquí por una guerra de lobas (también con final feliz, no vaya a ser que alguien se nos ofenda), y el desmadre viene de la mano de tres improbables amigas que amenazan con romper (por poco tiempo) con las reglas de la sociedad.
La película es divertida, no lo voy a negar, y los personajes logran que empatices con ellos, mostrando un variado repertorio de filias y fobias (algunos rozando el tópico más clasicista), pero ese regusto a mensaje buenrollero impide disfrutar del todo del show, casi como si a uno le obligaran a quedarse a barrer y limpiar después de la fiesta.
La vida se ha edulcorado, y aunque aquí encontremos malas madres, malos hijos, malas esposas, malos maridos y malos profesores, la irreductible unión fraternal entre las bunas amigas (¿qué importa que nos acabemos de conocer?, que diría Sabina) podrá con todo.
Comedia de carcajadas contadas y sonrisa estable, algo más simpática que la media habitual pero muy poca cosa para ser obra de quien es. Y es que la sombra del Resacón es alargada…

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 21 de julio de 2013

NOCHE DE MARCHA (4d10)

Aunque no sea culpa dela película original, sino de su traducción al español, el título del film que voy a analizar hoy es una muestra del nivel de originalidad que vamos a poder vislumbrar en pantalla. Nos encontramos ante una nueva comedia disparatada de adolescentes, donde una noche de juerga termina con resultados imprevistos, adornada con vomitadas a cámara lenta, culos, chistes escatológicos, alguna teta y más culos (¿es una nueva moda que en este tipo de pelis los chicos acaben siempre en pelotas? ¿de verdad eso es tan divertido?). Sin embargo, esta vez, en lugar de copiar los esquemas clásicos de American Pie y similares, con el arte de la fornicación post-acné como telón de fondo nos encontramos con un calco, abusivamente descarado, de Resacón en Las Vegas, con la única licencia de rebajar ligeramente la media de edad de los protagonistas. Y es que no en vano los directores (que debutan con esta obra en tan nobles tareas) y guionistas son los mismos que escribieron a cuatro manos los tres capítulos de la mencionada saga: Jon Lucas y Scott Moore.
Como en aquella, la película comienza con las consecuencias para Casey (Skylar Astin, un actor que lleva pululando por ahí desde el 2008 y que de lo mejor que puede presumir en su currículo es de tener un cierto aire a Mario Casas) y Miller (Miles Teller, que ya deambulaba en aquella otra obra maestra del cine para adolescentes con problemas mentales llamada Proyecto X) de una noche loca. Lo único que sabemos de ellos es que caminan desnudos por el campus de una universidad, con unas letras gravadas a fuego en una de sus nalgas enrojecidas y con sendos calcetines ocultando la parte más ¿noble? de su anatomía. Damos un salto en el tiempo hasta la víspera anterior y empieza entonces el relato de lo sucedido esa noche hasta terminar en tan grotesca situación. Como veréis, el mismo esquema de Resacón, pero con la mitad de gracia.
La noche en cuestión Casey (un chico formalito y con responsabilidad, la versión imberbe de Bradley Cooper) y Miller (irresponsable, inmaduro, inconsciente, vamos, como Zach Galifianakis pero sin barba ni barriga) van  a casa de Jeff Chang (Justin Chon, salido de la saga Crepúsculo), la tercera pata de la silla, el amigo al que no veían en mucho tiempo, para celebrar con él –incluso a su pesar- su veintiún cumpleaños, prometiéndole que lo devolverían a casa sano y salvo y a una hora adecuada, ya que al día siguiente el joven cumpleañero tiene una importante entrevista de trabajo. Naturalmente, no son capaces de cumplir su promesa ya que Jeff termina completamente borracho y ninguno de sus dos amigos tiene ni la más mínima idea de dónde está su casa. Comenzará entonces una carrera contrarreloj para descubrir la dirección maldita que los llevará a enfrentarse a toda una hermandad de latinas, ser perseguidos por un búfalo, enemistarse con un chulito universitario, Randy (Jonathan Keltz, en cuya filmografía figuran títulos como Fin de Curso o American Pie: Fraternidad Beta, ya veis por dónde van los tiros, ¿no?), participar en un tiroteo, robar un coche, superar una serie de pruebas en otra hermandad universitaria… Toda una serie de dificultades que insistentemente siguen recordando a Resacón mientras al inconsciente Jeff le hacen mil y una perrerías (como al Stu que interpreta Ed Helms, aunque cuando recupera la consciencia se desmelena recordando también al personaje de Ken Jeong).
Todo este batiburrillo de plagios podría perdonarse si por lo menos la película fuese más divertida, pero los momentos de humor (humor de verdad, del casposo hay a montones) son tan escasos que no merece llegar ni siquiera al aprobado rascado, por más que en algunos momentos pretenda ponerse seria con la historia de amor entre Casey y Nicole (Sarah Wright, no me voy a molestar en comentar su filmografía, aunque en televisión al menos se ha dejado ver por CSI: Miami, Malcolm, Mad men o Cómo conocí a vuestra madre). Ni siquiera tenemos aquí algún “regalo” en forma de cameo estrella, al no ser que nos conformemos con la presencia de François Chau, actor camboyano con bastante recorrido pero al que recordaremos eternamente por ser quien daba la cara en los vídeos explicativos de la Iniciativa Dharma en Perdidos). Eso sí, quien encuentre divertido un plano de más de sesenta segundos de Jeff vomitando al aire a cámara lenta o masticando un tampón que no lo dude, esta es su película.

Por lo demás escenas del trío divirtiéndose a cámara lenta con música de fondo, avanzando por la calle en plan épico (que de moda se ha puesto este término últimamente) con más música de fondo y profundas reflexiones sobre la amistad y la necesidad de madurar (¿os suena de algo?) que pretende camuflar un ligero mensaje moralista en medio de una gamberrada políticamente incorrecta y que busca tan desesperadamente el exceso que termina por resultar indiferente. Al final, ni divierte lo que tiene que divertir ni asquea lo que tiene que asquear. Todo es demasiado flojo, como los diálogos, que aspiran a algo a lo que no llegan y demuestran que por bueno (o malo) que pueda ser un guion la mano del director y los actores siempre será relevante. Y estos tipejos apellidados Lucas y Moore no son Todd Phillips ni de lejos.