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miércoles, 21 de septiembre de 2016

LOS HOMBRES LIBRES DE JONES: Resucitando al héroe americano.

Los hombres libres de Jones es la última película de Gary Ross, un tipo que empezó como guionista (suyo es el libreto de la clásica Big, por ejemplo) y que en cine debutó con la simpática Pleasantville, toco techo con Seabiscuit y saltó a la fama con Los Juegos del hambre.
Escrita también por él mismo, Los hombres libres de Jones tiene toda la apariencia de ser su apuesta más personal y arriesgada, algo totalmente diferente a lo que había hecho hasta ahora y que bucea entre el drama bélico y la denuncia social.
Resulta curioso, no obstante, que siendo Ross antes guionista que director, tenga graves errores de narrativa en una obra que encierra, en realidad, dos películas dentro y que, por separado, podrían llegar a ser grandes títulos los dos, pero que unidos terminan configurando una pieza excesiva, agotadora y de errático ritmo.
Por un lado, tenemos un retrato cruento de la Guerra de Secesión, en la que el soldado Newton Knight (personaje real aunque con una leyenda tan difícil de comprobar como la del propio Hugh Glass, al que daba vida Leonardo DiCaprio en El Renacido) deserta y forma un grupo de refugiados que se enfrentará a los confederados en su propio terreno. La segunda parte de la película, sin embargo, trata sobre cómo tras la guerra las cosas no son tan felices como se las imaginaban los antiguos esclavos negros y Knight centra sus esfuerzos en defenderlos y luchar por sus derechos. Como digo, dos historias interesantes por separado pero que vistas seguidas dejan al espectador con la sensación de haber visto el clímax de la película casi una hora antes del final.
Otro ejemplo de los errores de Ross está en el hecho de que pese a las dos horas y veinte minutos que dura la película hay momentos que se me antojan demasiado elípticos, como si hubiese demasiados huecos por rellenar.
Pero la mayor torpeza que comete el director, quizá por propia inseguridad en su declaración de intenciones, es el uso de flashforwars que trasladan al espectador casi un siglo después para mostrarnos un juicio a uno de los descendientes del protagonista solo con la utilidad de demostrar que, pese al paso del tiempo, las cosas no han cambiado demasiado para los negros. Si lo que pretendía era emocionar o intrigar, Ross consigue el efecto contrario, rompiendo constantemente la narrativa. En el tramo principal de la película, no obstante, los saltos al futuro desaparecen, lo cual se agradece a la vez que desconcierta. Con ello, lo que realmente se logra es que una historia tan desgarradora como se pretende mostrar termine en un vil culebrón donde lo que realmente importa es de cuál de las dos mujeres que tuvo Knight, una blanca y otra negra, es descendiente el acusado.
Los hombres libres de Jones se apoya en una soberbia interpretación de Matthew McConaughey en el papel protagonista, bien secundado por Gugu Mbatha-Raw (Belle) y Keri Russell (El amanecer del Planeta de los Simios) como caras más reconocibles pero con un efectivo puñado de secundarios y en una planificación visual muy efectiva y elegante, pero a la postre hay cierta falta de alma en la historia. Ross no transmite la pasión necesaria a sus protagonistas para que la película llegue a emocionar, y la suma de todos estos factores hacen que una apuesta grandiosa y épica quede desinflada. Parece como si Ross buscase la típica película candidata a diez Oscars y se haya quedado en el camino.
No quiere decir esto que la película no sea interesante, quizá incluso necesaria, pero es innegable que queda muy por debajo de sus posibilidades y que quizá habría agradecido la presencia de un director más ducho en el drama que el pizpireto Ross, que en la actualidad trabaja en el remake femenino de Ocean’s eleven.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 19 de julio de 2014

EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (8d10)

Miedo le tenía a esta película debido al enorme hype que estaba produciendo. Tantas noticias y críticas diciendo que se trata de la película del año, casi una obra maestra, no hacían más que provocar mi desconfianza ante un nuevo producto sobredimensionado que no podía más que decepcionar.
Pues nada más lejos de la realidad. La secuela de El origen del Planeta de los Simios (que a su vez, como esta, era precuela del clásico El Planeta de los simios) es esplendida, maravillosa, grandiosa y genial.
Protagonizada por un monstruoso Andy Serkis que se merece el Oscar ya (y si no es posible dárselo porque no se le ve el rostro que inventen una categoría especial urgentemente), la película continúa tal y como quedó su antecesora, con los simios viviendo en libertad y un virus mortal para los humanos propagándose por todo el planeta. Diez años después, los simios han construido una comunidad que los muestra a medio camino entre su naturaleza salvaje y los rasgos de humanidad que el aumento de inteligencia ha formado en ellos. Así, se nos presentan como una especie de tribu ancestral, cazadora en grupo y portadores de armas de hierro y constituida en una sociedad liderada por Cesar, que se ha convertido, además, en cabeza de familia.
Por su parte, un escaso grupo de humanos ha logrado sobrevivir a la epidemia al ser inmunes al virus, pero para garantizar su supervivencia dependen de poner en funcionamiento una central energética ubicada en una presa que está, precisamente, en territorio simio. Mientras en el campamento establecido en San Francisco el líder humano Dreyfuss se encargará de armar y preparar a sus hombres para un posible combate Malcolm y un escaso puñado de humanos más tratarán de negociar un acuerdo con los simios.
Sin embargo, no todos los humanos van a aceptar de primeras la amistad de los simios, ni todos los simios se van a prestar a colaborar con los humanos.
Lo que podría parecer una película de aventuras con tintes naturistas pronto se convierte en una película bélica, sin contemplaciones. Cruel y sanguinaria, El amanecer del Planeta de los Simios se entiende como una metáfora de la imposibilidad de entendimiento entre dos razas diferentes, y cómo el odio más irracional puede conducir a la hecatombe sin que la lógica ni los sentimientos puedan evitarlo. Jugando constantemente en apuntar a unos y a otros como los “malos” de la peli, la película no ofrece un villano general (aunque sí uno particular), pues el quid de la cuestión es que los humanos se han vuelto demasiado animales y los animales demasiado humanos, con lo que el conflicto será, finalmente, inevitable.
La película está dirigida con maestría por Matt Reeves, amiguete de correrías de J.J. Abrams quien le dio la oportunidad de debutar en cine con la interesante Monstruoso a la que siguió la estupenda adaptación americana de la película nórdica Déjame entrar. Juntos además habían colaborado ya en la serie Felicity, lo que se puede comprobar en la participación en la película de Keri Russell, protagonista de la serie y no demasiado prodigada en cine. Otro viejo conocido de la familia es Kirk Acevedo, famoso por su doble papel de Charlie Francis en Fringe y que aquí tiene un breve pero determinante papel.
Reeves completa ahora su mejor película hasta la fecha, luciéndose en las escenas de acción y sabiendo mantener el ritmo sin caer en la sensiblería ni el maniqueísmo y regalándonos alguna escena especialmente inspirada, como la del tanque en pleno campo de batalla.
Como protagonistas del film (aparte, insisto, del fenomenal Andy Serkis) encontramos a Jason Clarke (actor sosete que se dio a conocer en La noche más oscura y será el nuevo John Connors) y a Gary Oldman, los cuales hacen unas interpretaciones sufridas pero sin demasiado espacio para el lucimiento. Y es que si hay que ponerle algún pero a la peli (alguno se lo pone, yo no) es lo superficialmente dibujados que están los personajes, de los cuales apenas sabemos nada aparte de que perdieron a seres queridos debido a la epidemia de la que muchos responsabilizan a los simios. 
Sin embargo, en mi opinión, no necesitamos conocer mucha más de ellos, pues los verdaderos protagonistas del film, los que mueven el motor de la acción, son los simios, y en ese bando, aparte de conocer de antemano el pasado de Cesar y de su segundo a bordo Koba quedan suficientemente bien definidos en la película para comprender sus sentimientos y motivaciones aún sin haber visto la anterior.
Como colofón final a una película que supera con creces (y eso sólo es ya todo un mérito) a la obra de Rupert Wyatt y se sitúa a la par (aunque los ritmos narrativos y las secuencias de acción son totalmente diferente, como corresponden a las épocas de rodaje) al clásico que protagonizó Charlton Heston allá por 1968 tenemos a Michael Giacchino como autor de la banda sonora, otro más que salió de la factoría Abrams pero que ya brilla con luz propia y que aquí consigue una impagable obra musical que engrandece aún más la película.
Simpática y tierna en algunos momentos, dura y trágica en otros y decididamente trepidante y emocionante pero sin renunciar a la reflexión en ningún momento, El Amanecer del Planeta de los Simios es, probablemente, la mejor película estrenada este año, por lo menos en lo que a cine comercial se refiere, y es que sus guionistas han logrado escribir el libreto de una película cargada de efectos especiales y personajes digitales sin permitir que estos se coman a la historia.
Magnífica. No hay más que decir.