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jueves, 13 de julio de 2017

LA GUERRA DEL PLANETA DE LOS SIMIOS, el cierre perfecto a la trilogía de César.

En una época en la que estamos hastiados de la falta de originalidad en los guiones de cine de Hollywood con superproducciones palomiteras carentes de sentido, es agradable saber que aún hay esperanza para aquellos que aplauden un buen guion y disfrutan de una película que, pese a pertenecer a una saga (técnicamente es la segunda secuela de una precuela), tiene una buena historia que contar, unos personajes interesantes y un director que presta más atención al fondo que a las formas, consiguiendo una epopeya espectacular pero en la que no todo son fuegos de artificios.
Probablemente, La guerra del Planeta de los Simios no sea perfecta, aunque, más allá de los gustos de cada cual, solo se me ocurre una pega lo suficientemente remarcable, por lo que voy a empezar por ahí y así me lo quito ya de encima. La guerra del Planeta de los Simios da prácticamente todo lo que promete excepto una cosa. Cierra lo que podríamos llamar “la trilogía de César”, y lo hace de manera magnífica (recordemos que el personaje de César no aparecía en la película original de 1968, aunque sí en alguna de sus secuelas), pero no es el enlace perfecto entre ambas sagas. No es que me esperase que el final de La guerra del Planeta de los Simios empalmara directamente con El Planeta de los Simios, tal y como Rogue One hace con Star Wars: una nueva esperanza, pero sí creo que quedan cosas por contar sobre el derrumbe de la civilización hasta llegar al punto ofrecido en el film de Franklin J. Schaffner, lo cual me hace sospechar si no es que Fox se habrá querido dejar una puerta entreabierta por si el éxito de taquilla es tan monstruoso que no pueden resistirse a hacer otra película intermedia más (en tal caso, yo sería más proclive a realizar directamente un remake del film protagonizado por Charlton Heston, puliendo algunos matices de la historia). Eso el tiempo lo dirá.
Si hay, eso no lo niego, innumerables referencias a ese futuro que está por llegar.
Dejando ese pequeño detalle de lado, las conclusiones hacia la película no pueden ser más positivas. Ya las dos películas anteriores mostraban un nivel de madurez y calidad impropias de un blockbuster del siglo XXI, y aquí Matt Reeves logra lo imposible superándose a sí mismo (y con El amanecer del Planeta de los Simios se había puesto el listón muy alto). Ya el simple planteamiento de la película parece peligroso: la guerra entre humanos y simios podría haber sido un pastiche de escenas confusas y explosiones por doquier que malograran todo lo conseguido en las dos películas anteriores, siendo muy tentadora la herencia dejada en películas de batallas apocalípticas como El hombre de acero, Batman v. Superman o cualquiera de los Transformers de turno (miedo me da la que está por llegar). Pero Reeves juega en otra liga (ya veremos que pasará cuando se enfrente a su The Batman), y ha dejado que las escenas realmente bélicas sean mínimas y muy bien controladas. Apenas son dos: la que corresponde al arranque del film y el esperado clímax final.
Eso no significa, no obstante, que el resto de la película no esté cargado de acción y espectacularidad. Lo que sucede es que Reeves sigue haciendo evolucionar a César, el protagonista absoluto de la trilogía, y prefiere detenerse en aquellas cosas que forjan su personalidad más que en el decorado que lo rodea. Eso hace que la película asuma riesgos muy meritorios, siendo una película oscura, cargada de drama y desesperación, con apabullantes metáforas que recuerdan, de manera más o menos sutil, a episodios del Holocausto nazi, a los enfrentamientos de guerrillas de Vietnam, a la marcha de refugiados en busca de un hogar o, incluso, al muro fronterizo de Trump.
Con un Andy Serkis excelso, Woody Harrelson es el contrapunto perfecto al líder de los simios. Aunque sin llegar a hacer nunca sombra al auténtico protagonista de la saga, Harrelson compone un villano imponente que, aunque lo roza, no llega a caer nunca en la caricatura. Además, su particular versión del coronel Walter E. Kurtz, aun siendo irracional y cargada de odio, tiene un trasfondo capaz incluso de justificarlo. De nuevo, y aquí sus líderes ejemplarizan la situación, no se trata de buenos contra malos (ninguna guerra es tan sencilla de simplificar) y todos tienen sus claroscuros, incluyendo al propio César que, cegado por su propia historia de venganza, se deja llevar también por la irracionalidad.
De hecho, ese es uno de los elementos que más me gustó el film. Viendo algún tráiler previo (los mínimos posibles, eso sí; el tráiler final prácticamente te revienta la película entera), me temía que la cosa tuviera un tufillo a moralina barata al estilo “Homo homini lupus”, dejando a los monetes como pobres víctimas. Para nada. Nadie olvida que en la segunda entrega la paz habría sido posible de no ser por la intervención de Koba, un simio, y ahora es una lucha por la supervivencia, en una espiral de locura y autodestrucción difícil de frenar. Y muestra de ello es que, de una manera u otra, haya humanos en el bando de los simios y simios en el bando de los humanos.
Ya he recalcado que esta película es dura y sin demasiadas concesiones. Hay en ella traición, sangre y muerte, pero Reeves ha sido lo suficientemente hábil como para poner unas gotas de humor que liberan mucha tensión sin que llegue a molestar. De nuevo, roza los límites, pero no los cruza. Y es que ese nuevo personaje que es Bad Ape, que parece una mezcla entre la mona Chita y el Gollum de El Señor de los Anillos, es como el payaso triste de un circo. Hace reír, pero a la vez desborda lástima y desesperación.
Para terminar de redondearlo, Michael Giacchino y Michael Seresin componen, respectivamente, una banda sonora y una fotografía magistrales. La música, de nuevo a medio camino entre la épica y el humor, es perfecta y las imágenes tienen una belleza a la altura de lo que ya consiguió el propio Seresin en El amanecer del Planeta de los Simios.
Es esta una película realizada con sumo cuidado, no un simple ejercicio sin más pretensión que la de sacar dinero. Y eso se nota. No he hablado de los efectos digitales porque, a habidas cuentas de la perfección lograda en la anterior película lo haría casi redundante. Todo está hecho con el máximo esmero y cariño, y eso siempre termina por decantar el nivel de calidad de una película.
La guerra del Planeta de los Simios es un blockbuster veraniego, sí, un entretenimiento palomitero que hará disfrutar a los que busquen grandes dosis de acción y espectacularidad; pero también es un talentoso ejercicio que invita a la reflexión, con personajes bien desarrollados y tramas que siempre avanzan en alguna dirección, lejos de ser simples vehículos para el lucimiento de la acción.

Valoración: Nueve sobre diez.

sábado, 19 de julio de 2014

EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS (8d10)

Miedo le tenía a esta película debido al enorme hype que estaba produciendo. Tantas noticias y críticas diciendo que se trata de la película del año, casi una obra maestra, no hacían más que provocar mi desconfianza ante un nuevo producto sobredimensionado que no podía más que decepcionar.
Pues nada más lejos de la realidad. La secuela de El origen del Planeta de los Simios (que a su vez, como esta, era precuela del clásico El Planeta de los simios) es esplendida, maravillosa, grandiosa y genial.
Protagonizada por un monstruoso Andy Serkis que se merece el Oscar ya (y si no es posible dárselo porque no se le ve el rostro que inventen una categoría especial urgentemente), la película continúa tal y como quedó su antecesora, con los simios viviendo en libertad y un virus mortal para los humanos propagándose por todo el planeta. Diez años después, los simios han construido una comunidad que los muestra a medio camino entre su naturaleza salvaje y los rasgos de humanidad que el aumento de inteligencia ha formado en ellos. Así, se nos presentan como una especie de tribu ancestral, cazadora en grupo y portadores de armas de hierro y constituida en una sociedad liderada por Cesar, que se ha convertido, además, en cabeza de familia.
Por su parte, un escaso grupo de humanos ha logrado sobrevivir a la epidemia al ser inmunes al virus, pero para garantizar su supervivencia dependen de poner en funcionamiento una central energética ubicada en una presa que está, precisamente, en territorio simio. Mientras en el campamento establecido en San Francisco el líder humano Dreyfuss se encargará de armar y preparar a sus hombres para un posible combate Malcolm y un escaso puñado de humanos más tratarán de negociar un acuerdo con los simios.
Sin embargo, no todos los humanos van a aceptar de primeras la amistad de los simios, ni todos los simios se van a prestar a colaborar con los humanos.
Lo que podría parecer una película de aventuras con tintes naturistas pronto se convierte en una película bélica, sin contemplaciones. Cruel y sanguinaria, El amanecer del Planeta de los Simios se entiende como una metáfora de la imposibilidad de entendimiento entre dos razas diferentes, y cómo el odio más irracional puede conducir a la hecatombe sin que la lógica ni los sentimientos puedan evitarlo. Jugando constantemente en apuntar a unos y a otros como los “malos” de la peli, la película no ofrece un villano general (aunque sí uno particular), pues el quid de la cuestión es que los humanos se han vuelto demasiado animales y los animales demasiado humanos, con lo que el conflicto será, finalmente, inevitable.
La película está dirigida con maestría por Matt Reeves, amiguete de correrías de J.J. Abrams quien le dio la oportunidad de debutar en cine con la interesante Monstruoso a la que siguió la estupenda adaptación americana de la película nórdica Déjame entrar. Juntos además habían colaborado ya en la serie Felicity, lo que se puede comprobar en la participación en la película de Keri Russell, protagonista de la serie y no demasiado prodigada en cine. Otro viejo conocido de la familia es Kirk Acevedo, famoso por su doble papel de Charlie Francis en Fringe y que aquí tiene un breve pero determinante papel.
Reeves completa ahora su mejor película hasta la fecha, luciéndose en las escenas de acción y sabiendo mantener el ritmo sin caer en la sensiblería ni el maniqueísmo y regalándonos alguna escena especialmente inspirada, como la del tanque en pleno campo de batalla.
Como protagonistas del film (aparte, insisto, del fenomenal Andy Serkis) encontramos a Jason Clarke (actor sosete que se dio a conocer en La noche más oscura y será el nuevo John Connors) y a Gary Oldman, los cuales hacen unas interpretaciones sufridas pero sin demasiado espacio para el lucimiento. Y es que si hay que ponerle algún pero a la peli (alguno se lo pone, yo no) es lo superficialmente dibujados que están los personajes, de los cuales apenas sabemos nada aparte de que perdieron a seres queridos debido a la epidemia de la que muchos responsabilizan a los simios. 
Sin embargo, en mi opinión, no necesitamos conocer mucha más de ellos, pues los verdaderos protagonistas del film, los que mueven el motor de la acción, son los simios, y en ese bando, aparte de conocer de antemano el pasado de Cesar y de su segundo a bordo Koba quedan suficientemente bien definidos en la película para comprender sus sentimientos y motivaciones aún sin haber visto la anterior.
Como colofón final a una película que supera con creces (y eso sólo es ya todo un mérito) a la obra de Rupert Wyatt y se sitúa a la par (aunque los ritmos narrativos y las secuencias de acción son totalmente diferente, como corresponden a las épocas de rodaje) al clásico que protagonizó Charlton Heston allá por 1968 tenemos a Michael Giacchino como autor de la banda sonora, otro más que salió de la factoría Abrams pero que ya brilla con luz propia y que aquí consigue una impagable obra musical que engrandece aún más la película.
Simpática y tierna en algunos momentos, dura y trágica en otros y decididamente trepidante y emocionante pero sin renunciar a la reflexión en ningún momento, El Amanecer del Planeta de los Simios es, probablemente, la mejor película estrenada este año, por lo menos en lo que a cine comercial se refiere, y es que sus guionistas han logrado escribir el libreto de una película cargada de efectos especiales y personajes digitales sin permitir que estos se coman a la historia.
Magnífica. No hay más que decir.