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jueves, 17 de enero de 2019

EL GRAN BAÑO

Apenas acabamos de empezar el año y ya nos ha llegado el primer gran éxito del cine francés, la película que está arrasando en el país vecino. Vamos, una de esos cientos de récords que al parecer se baten como si nada cada año.
El gran baño supone la dirección en solitario del actor Gilles Lellouche después de codirigir Narcos con Tristan Aurouet, y su argumento es una especie de mezcla entre títulos como Full Monty, con una serie de marginados sociales buscando demostrar que tienen un lugar en el mundo (tanto para los demás como para sí mismos), y Campeones, dando una nueva vuelta de tuerca a la historia de un equipo deportivo sin posibilidades para ganar que gracias a la aptitud de un entrenador con sus propios fantasmas consigue lo imposible.
Con un reparto bastante bien nutrido de caras reconocibles de la cinematografía del país vecino, la película cuenta con dos problemas esenciales. Por un lado, que, pese a pretender ser una comedia, tiene un arranque cantante poco acertado, teniendo poco tino Lellouche a la hora de presentar a los personajes de su historia coral (de hecho, alguno de los protagonistas ni siquiera tiene historia), con lo que se acerca más al drama simplista que al humor, mientras que por el otro termina resultando inverosímil, previsible y, lo que es peor, aburrida.
Aunque soy conocedor de que el humor francés tiene unos rasgos distintivos que no lo hacen accesible para todo tipo de público, no estando yo entre los más entregados a la causa, la realidad es que poco lucimiento hay en una historia vista mil veces, torpemente contada y que resulta más simpática (no como sus protagonistas) que divertida, con un montaje final, además, demasiado alargado para un film de estas características.
Es, en resumen, una muestra más de que en Francia muchas películas parecen hechas con una fotocopiadora y al público parece darle igual. A veces, la fórmula es la correcta. En este caso, no.


Valoración: Cuatro sobre diez.

martes, 28 de octubre de 2014

EL AMOR ES UN CRIMEN PERFECTO (5d10)

Marc es un profesor de literatura (o lo que es lo mismo, un escritor fracasado) a la par que un mujeriego con un poder de seducción para sus jóvenes (y curiosamente atractivas) alumnas extremo. Pero su tranquila y apacible rutina se verá interrumpida con la desaparición de una chica (su última conquista secreta) y la aparición de su madre en escena, demasiado joven y hermosa como para que Marc pueda resistirse a sus encantos.
Disfrazada de thriller policial con la investigación de la desaparición como telón de fondo y con los impresionantes paisajes nevados de los Alpes franceses como protagonista indirecto, la película es en realidad un drama sobre las debilidades de un hombre y su falta de empatía con la sociedad en contraste con sus habilidades tanto como seductor como en su faceta de profesor.
Con demasiadas subtramas siempre alrededor de Marc, como la extraña y enfermiza relación con su propia hermana, que intentan ayudar a construir un personaje pero amenazan también con desviar demasiado la atención sobre la historia principal, El amor es un crimen perfecto muestra demasiado pronto sus cartas insinuando sin rubor el probable destino de la muchacha y destinando la intriga sólo en conocer la psique de Marc así como su resolución. Por ello, la falta de un giro argumental que nunca se produce (al menos en referencia a su argumento principal, giros sí hay pero en su mayoría tramposos e incluso muy forzados) la compenso sólo con el descubrimiento de que el gran seductor que parece Marc (personaje que de entrada podía ser la envidia de cualquier hombre) termina revelándose como una víctima constantemente dominado y manipulado por sus aparentes conquistas, convirtiendo al gran cazador en presa fácil para las depredadores que lo rodean.
Curiosamente, en el apartado interpretativo, Mathieu Amalric convence en el papel del arrebatado profesor pese a no tener un físico idóneo para creérnoslo mientras que en el caso femenino está claro que se ha priorizado el atractivo de las damas que sus dotes interpretativas, en especial Maïwenn que acusa de su mirada de melancolía perdida hasta resultar desesperante.
En conclusión, la película es interesante y entretenida, pero con demasiadas lagunas que invitan a pensar que los directores Jean-Marie y Arnaud Larrieu no terminan de tener claro hacia dónde quiere encaminar su nave.
Y eso termina pisando demasiado.