Mostrando entradas con la etiqueta pierre niney. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pierre niney. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de agosto de 2016

EL HOMBRE PERFECTO: un fraude con complejo de escritor.

Los días de vacaciones son ideales para recuperar alguna de esas películas que se escaparon en el momento del estreno y que gracias a algunos cines que no se conforman con ofrecer simple entretenimiento prefabricado apuestan por alternativas más arriesgadas.
En este sentido, no es que El hombre perfecto se pueda llegar a englobar bajo el estigma de “cine de autor”, pero el simple hecho de ser una producción francesa y que no sea una comedia ya la distingue de cualquier blockbuster veraniego prominente del otro lado del charco.
Dirigida por Yann Gozlan, casi un debutante en esto del cine, y con Pierre Niney como máximo foco de atención (este si es un rostro conocido de la filmografía francesa, siendo la producción española Altamira su último trabajo), la película narra la historia e Mathieu Vasseur, un empleado de una empresas de mudanzas que sueña con ser escritor de novelas, aunque debe resignarse a ver como su único trabajo es rechazado por las editoriales sin mucha compasión. Pero su suerte cambia cuando en un trabajo de limpieza del piso de un anciano fallecido sin familia descubre un diario de guerra y decide convertirlo en novela, transcribiendo sus páginas de manera literal. La obra se convierte en un repentino éxito de crítica y público y Mathieu se convierte en una celebridad, conquistando a la (adinerada)chica de sus sueños y aspirando a conseguir por fin todo aquello con lo que había soñado. Pero el secreto sobre el que se sostiene su éxito no tardará en atormentarlo embarcándolo en una espiral de mentiras y pesadillas que lo empujarán irremediablemente al abismo.
Gozlan, firmante también del guion, pretende realizar una parábola sobre las dificultades del creador, los obstáculos que se presentan en su camino y el pánico, no ya al fracaso, sino al propio éxito. El terrible miedo al folio en blanco se ve perfectamente reflejado en el atormentado Mathieu y el desafío que supone enfrentarse a una segunda obra tras un éxito sin precedentes puede ser una presión tan demoledora como para encaminar al protagonista por el reverso más oscuro de su psique. Sin embargo, todo lo interesante que la situación pueda llegar a ser se vuelve en contra de la propia película por culpa de la construcción de un personaje cuya estupidez es tal que no es posible empatizar en ningún momento con él. Puede que en comedia sea simpático enfrentarse a un antihéroe capaz de tomar siempre la decisión más errónea, pero esto es un drama muy negro, y aquí no tienen cabida ciertas cosas.
El hombre perfecto es la historia de un fraude, pero no es la novela de la que hablan (Arenas negras) el fraude en cuestión, sino el propio Mathieu, un tipo mentiroso, cobarde y sin nada de autoestima que puede llegar incluso a ofender por lo bien que le llegan a ir las cosas. Viéndome yo mismo reflejado en el origen del personajes y sabiendo lo que es ser rechazado por editoriales sin ninguna explicación al respecto, no me cabe en la cabeza que alguien con ansias creativas como se le suponen al protagonista no tenga la necesidad e cambiar una sola coma o palabra del diario que plagia, así como se me antoja imposible que aparte de esa novela rechazada no tenga e un cajón cientos de ideas, proyectos o borradores que le sirvan cuanto menos de punto de partida para su segundo trabajo.
Así, al final resulta que el propio guion de la película resulta ser un fraude también, tanto por el desarrollo de ciertos acontecimientos que no debería relatar aquí como por el detalle de que la propia historia creada por Gozlan no deja de ser una burda copia del libreto de Brian Klugman de la película El ladrón de palabras que Bradley Cooper protagonizó en 2011. 
Aun así, aceptando que no estamos más que ante una representación de lo mismo que se pretende criticar, El hombre perfecto contiene, el menos, brillantes interpretaciones y una dirección firme y directa que la convierten en un eficaz entretenimiento con grandes dosis de intriga que ayudan a que uno olvide las obviedades de un manido guion o la incierta falta de moralidad en la descripción de un descenso a los infiernos que al final no resulta ser para tanto.
Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 8 de marzo de 2014

20 AÑOS NO IMPORTAN * (5d10)

20 años no importan es una de esas comedias francesas que si bien no aportan nada especial a la historia del cine tienen una simpatía que las hace agradables de ver. 
Escrita y protagonizada por Virginie Efira, la película es una clonación de diversas ideas ya vistan anteriormente que se unen para mayor lucimiento de la Efira, diva principal de la función, en el papel de una editora de una importante revista de moda que descubre que todo el mundo (en especial su jefe) la valora más cuando creen que tiene un lado oculto, más desinhibido y formal (que es una cabra loca, vamos), por lo que finge una relación con un desconocido veinte años más joven que él. Fingir algo que no se es ya se utilizó en el cine francés con más acierto en Salir del armario, con un Gerard Depardie en estado de gracia (en este caso su puesto de trabajo queda asegurado cuando todos creen que el protagonista es homosexual), mientras que al otro lado del charco Sandra Bullock y Ryan Reynols vivían un falso romance similar a este en La Proposición.
Naturalmente, la farsa terminará destapándose y el falso amor acabará volviéndose real, no creo que nadie espere un final sorprendente ni rompedor, pero son los chistes que riegan los malentendidos y las situaciones disparatadas que hay por el camino lo que conseguirá dibujar una sonrisa en el rostro del espectador.
Pierre Niney es el protagonista masculino de esta comedia dirigida por David Moreau (curioso realizador cuya anterior película fue esa producción americana protagonizada por Jessica Alba que a su vez era un remake de la cinta hongkonesa The Eye), que si bien no pretende ser más que lo que se ve, una historia romántica de humor blanco muy elemental, se permite alguna pincelada crítica hacia la frivolidad del mundo de la moda junto a la obligada reflexión de que el amor no tiene edad.
El hecho de que Virginie Efira (algo más joven que su personaje) esté de buen ver y se pase la película luciendo modelitos que así lo demuestre no cuenta, ¿verdad?

En fin, entretenimiento ligero y poco más. Al menos no engaña ofreciendo otra cosa.