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viernes, 30 de marzo de 2018

GRINGO: SE BUSCA VIVO O MUERTO

Nash Edgerton es un actor australiano que debutó tras las cámaras en 2008 con The Square, bajo la tutela de su hermano Joel (quien lo ayudó con el guion amén de hacer una participación como intérprete) y que vuelve a probar suerte, esta vez con un reparto de verdadero lujo, con Gringo (se busca vivo o muerto), con David Oyelowo (en un papel que nada tiene que ver con la seriedad que transmitía en El mayordomo y Selma o en sus periplos por la ciencia ficción en Interestellar y The Colverfield Paradox) como principal protagonista pero con papeles destacados para una sublime Charlize Theron, un eficaz Sharlto Copley y, de nuevo, Joel Edgerton, aunque también se dejan ver por ahí Amanda Seyfried o Thandie Newton entre otros.
Gringo es una descacharrante sátira llena de excesos que mezcla una trama de corrupción empresarial con otra criminal con narcotraficantes mexicanos por en medio. Una combinación que podría haber derivado en algo ridículo pero con las ajustadas dosis de comedia que Edgerton le imprime resulta refrescante y muy entretenida.
No es que estemos ante una gran obra digna de inmensos elogios, pero tomada como divertimento sin más, aceptando las posibles inspiraciones en el estilo de gente como Tarantino o Guy Richie, esta especie de vodevil que nunca termina de tomarse demasiado en serio a sí mismo y de giros totalmente inverosímiles, funciona francamente bien. Esto se debe, en gran medida, al humor gamberro y absurdo que pulula por casi todo el metraje, con chistes fáciles pero efectivos y un puñado de diálogos realmente brillantes. Por otro lado, el gran trabajo de los actores, que no por estar en una comedia se esfuerzan menos de lo habitual, termina por elevar el nivel de la obra, por más que hay algunos momentos demasiado caricaturescos por parte de Oyelowo pero que se compensan con el brillo de Theron, perfecta como pérfida femme fatalle.
Así, esta película que se ha presentado en la cartelera sin apenas hacer ruido, más llamativa por los nombres que adornan su póster que por las referencias que teníamos sobre ella, es un brillante ejercicio de comedia negra, cínica y desquiciante, donde las casualidades y los equívocos se aceptan sin rechistar y que, incluso con algún bajón en su ecuador, resulta un ejercicio de disfrute y evasión muy completo.

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 27 de octubre de 2016

HARDCORE HENRY, enfermizo delirio visual.

Habitualmente suelo defender la libertad que da poder ir a una sala de cine conociendo lo menos posible sobre la película, adentrarse en ella sin haber soportado un tráiler que destripe las mejores escenas y dejarse llevar por la propuesta de un director y un guionista sin ningún tipo de prejuicio de antemano. Evidentemente, todo eso no vale para Hardcore Henry, y si no que le pregunten a la gente mayor que huía de la sala a la media hora de haber empezado la sesión.
Coproducida entre Estados Unidos y Rusia y escrita y dirigida por un tal Ilya Naishuller, que en esto del cine no había hecho nada hasta ahora más que un cortometraje, la historia de la película plantea la utilización de cadáveres reanimados mediante tecnología robótica para crear una especia de ejército no se sabe bien con qué fin. Sin que quede demasiado claro quiénes son los buenos y quienes los malos, toda la película es una sucesión de escenas a cual más brutal, con amputaciones, cabezas reventadas y sangre a borbotones, de esas que provocan aplausos en festivales como el de Sitges, donde la coherencia argumental y la inverosimilitud de sus giros es lo de menos. Un espectáculo dantesco que, sin embargo, podría ser muy divertido si se acepta el salvajismo visual y el despropósito argumental.
Sin embargo, la verdadera clave de la película está en su realización. 
Como si de un videojuego tipo shooter se tratase, toda la película está filmada en primera persona. Es decir, desde el punto de vista del protagonista. Esto es algo bastante novedoso y original en el mundo del cine y hasta pude tener su gracia si se entiende como una especie de experimento. Entiendo la complicación de planificar algo así y llevarlo a cabo dando algo de sentido a las imágenes y debo aplaudir por ello la valentía de Ilya Naishuller en su aventura, pero lo cierto es que la cosa no funciona como es debido. 
Quizá el invento sería notable como muestra en un cortometraje, y no paro de imaginar las posibilidades infinitas que algo así puede tener en una demo para gafas VF de realidad ampliada, pero que en una película de hora y media resulta confuso y agotador. Definitivamente, a la media hora ya ha perdido la gracia y el mareo producido por las piruetas de la cámara se tornan casi insoportables.
Hardcore Henry puede tomarse como un experimento, y en ese sentido es curiosa de ver. Pero como película de acción termina resultando insufrible, al menos para el que escribe. Cierto es que es como estar inmersos en un videojuego del que no tenemos el control, así que es posible que este nuevo estilo narrativo sí tenga su público. Pero en tal caso se trataría de un público muy concreto y preciso, y por ello insisto en que en esta ocasión sí conviene saber qué es lo que uno va a ver.
Evidentemente, quién sea este Henry del título es lo de menos, ya que apenas veremos su rostro fugazmente en algún reflejo ocasional, pero para adornar un poquito el tema Ilya Naishuller ha conseguido engatusar a algún actor reconocido para el evento, como el omnipresente (y algo insoportable) Sharlto Copley, la parición fugaz de Tim Roth y la aspirante a secundaria de moda Haley Bennet, a la que podemos ver en las carteleras actuales por partida triple gracias a su participación en Los Siete Magníficos y La chica del tren.
En fin, el absurdo como base argumental, el exceso como elemento narrativo y el desvarío visual como concepción fílmica. Eso es lo que hay. Ahora, que cada uno acuda a verla (o no) bajo su propia responsabilidad.

Valoración: Cuatro sobre diez.

sábado, 31 de mayo de 2014

MALÉFICA (7d10)

Nos vendían Maléfica como una precuela oscura y perversa de La Bella Durmiente, con la acción centrada en el punto de vista de la malvada de la historia. Sin embargo, enseguida vemos que ni la protagonista es tan malvada ni la historia es tan oscura. De hecho, ni siquiera es realmente una precuela de La Bella Durmiente, ya que se relata el cuento tradicional de principio a fin, dedicando sólo unos minutos a describir la infancia de Maléfica.
La última propuesta de Disney es un cuento de hadas con todas las de la ley, ingenuo y excesivamente infantil. Y no voy a decir que eso sea malo, líbreme Dios, pero cierto es que con la corriente abrumadora que hay de películas basadas en cuentos, cabría esperar algo de innovación, pero nada distancia esta Maléfica de la Blancanieves y la leyenda del Cazador o Jack el cazagigantes. Más de lo mismo en un panorama que amenaza con no cambiar (pronto llegará la Cenicienta de Kenneth Branagh)y seguir atormentándonos con la escases de ideas de los guionistas de Hollywood que para colmo de males se complementan con directores de escasa personalidad y que una vez más (y ya van demasiadas) se inspiran demasiado en la visión de la Tierra Media de Peter Jackson y su forma de describir las batallas y los seres concebidos por Tolkien (solo tienen que fijarse en los árboles guerreros que protegen las Ciénagas o la armadura del rey Stefan en el tramo final de la película). Hasta el dragón parece un hermano pequeño del de El Hobbit: la desolación de Smaug.
Aceptando estas premisas y el hecho de que el elemento más fantástico y colorista proviene directamente de las influencias de Avatar y sus miles de imitadores, lo mejor es dejarse llevar por la historia y tratar de sentirse niño de nuevo, recordando la deliciosa película de Disney de 1959 y descubriendo ahora lo que no nos habían contado, la “otra verdad” oculta que no nos habían permitido conocer hasta ahora (¿hay, acaso, una metáfora sobre la política actual al ser el rey –y por extensión, el gobierno- sinónimo de corrupción y maldad?).
Puestos en estas, la historia funciona, fluyendo con la suavidad de un riachuelo, sin demasiados sobresaltos ni sorpresas de guion pero con una simpatía y ternura que se disfruta, por más que se eche en falta la prometida oscuridad que ni está ni se la espera (aunque después de la Alicia de Burton ya deberíamos estar escarmentados).
El mensaje naturalista sí está claro. Maléfica vive en las ciénagas junto a animares fantásticos y hadas menores y se dedica a curar ramas rotas y jugar con sapos/duendes hasta que un humano irrumpe en su paraíso y no sólo le muestra la corrupción que se acumula en su corazón sino que se la contagia a ella misma. La traición y el desengaño amoroso la transforman en un calco de aquello que odia y su reinado se convierte en un simple reflejo de lo que es el propio mundo de los humanos. Pero entonces aparece Aurora (sí, la Bella Durmiente, no me había olvidado de ella), con un corazón puro y sincero (quizá debido a haberse criado lejos de su padre), y parece que aun haya esperanza para todos.
Con un abuso extraordinario de efectos digitales que en ocasiones impiden disfrutar de las interpretaciones y una sencillez narrativa algo descarada (el único cambio de rumbo se da muy pronto y de adivina antes aún), otro elemento que se copia de otras películas es el uso de una gran dama del cine para personificar a la maldad. Si en las películas clásicas de Disney se presentaba a la heroína como muy cándida y hermosa, las tendencias actuales hacen que se vean con mejores ojos a las pérfidas brujas de antaño, hermosas en su frialdad e incluso accidentalmente eróticas. De ahí que se haya puesto de moda que actrices Oscarizadas representen la cara oscura de los cuentos con una elegancia y glamor destinado solo a unas pocas: Julia Roberts, Charlize Theron, Cate Blanchett (en breve) y, ahora, Angelina Jolie.
Y lo cierto es que la Jolie, retirada desde hace un par de años de la interpretación, regresa por la puerta grande, como la gran dama de la escena que eclipsa todo lo que hay a su alrededor, ya sea real o digital. Situaciones que podrían resultar ridículas o, al menos, poco inspiradas, las salva ella con una simple mirada o una mueca de su boca.
Acostumbrados a contemplar a la señora de Brad Pitt en intensos dramas como su papelazo en El intercambio, impresiona que se tome tan en serio una película en la que debió actuar más sola que la una y rodeada de pantallas verdes o azules, una de las cosas que más desconcierta a un artista. Por eso su interpretación me parece doblemente meritoria. Por eso y porque, aun sin ser santo de mi devoción, en esta ocasión está especialmente hermosa, con una mirada que seduce e hiela la sangre por igual y de la que se abusa en exceso, quizá sabedor el director (un debutante, Robert Stromberg) de que esas dos perlas azules (que aquí por la magia del maquillaje y las microlentillas pintadas a mano lucen irreales y mágicas) son su mejor baza inunda el metraje de planos en los que esos ojos son los protagonistas, descuidando otras opciones como la de tratar de sorprender con la primera aparición de Maléfica con alas o incluso la transformación de su sirviente en dragón, poco lucida y espectacular.
Y es que, al final, Disney no parece haber querido hacer una película sobre la Bella Durmiente. Ni siquiera sobre Maléfica. Esto es, en realidad, un tributo a Angelina Jolie, y la mejor demostración la tenemos en los planos casi idénticos que abren y cierran su participación en el film, alzándose sobre el cielo con aspecto de deidad.
Y eso motiva también que una película que merecería ser valorada con un seis escale hasta el siete.
Maléfica es, al final, Angelina Jolie y un montón de cosas creadas por ordenador a su alrededor. Y eso no está nada mal. Entretiene y se disfruta. Emociona y hace reír. Y lucha por no contradecir (demasiado) a la versión animada. Pero yo quería más. Yo esperaba más.

Pero quizá la culpa sea mía por no ser ya un niño…


viernes, 30 de agosto de 2013

ELYSIUM (8d10)

Una vez más me veo obligado a comenzar una opinión recordando a mis queridos enemigos íntimos del CSI, a los cuales llevaba ya un tiempo sin mencionar por aquí y que si bien no han dejado esta película a bajar de un burro sí se han empeñado en proclamar a los cuatro vientos lo interior que es a Distrito 9 (Distrito 9, no District 9, que es como se tituló en España, por más que el incompetente que escribió la frase publicitaria en el cartel de la nueva película de Neill Blomkamp se empecine en lo contrario). 
Así que seamos rápidos y directos y pasemos a la primera pregunta: ¿Es Elysium peor película que Distrito 9? Pues la respuesta es que no. Elysium es una magnífica película, con un guion interesante a la vez que inteligente, unos actores de sobrada calidad y un director competente que, si bien abusa en ciertos momentos de la cámara en mano, sabe filmar con destreza y mantener la tensión en todo momento. El único argumento de los Críticos Sesudos Intelectuales es, y no seré yo quien los contradiga, que el factor moralista es en esta ocasión más débil que en su antecesora, aunque no inexistente. En Distrito 9 Blomkamp utilizaba la excusa de una incursión extraterrestre pacífica para condenar la política antinmigración de algunos países y proclamar la igualdad entre razas y culturas, llevando su metáfora hasta las últimas consecuencias en forma de transformación física y mental del personaje interpretado por Sharlto Copley en extraterrestre. En esta ocasión la denuncia social está puesta en la diferencia de clases entre ricos y pobres, entre norte y sur, pareciendo flojear esta reflexión hacia mitad del film para centrarse más en la acción pura y dura. Sin embargo, creo que si bien a priori la crítica parece más floja y apenas apuntada, si escarbamos un poco en los personajes descubriremos que las cosas no son lo que parecen. La diferencia estriba en que esta vez  Blomkamp ha querido ser más sutil, más retorcido, de manera que la metáfora no sea tan clara y contundente, ya que incluso el papel de Jodie Foster, la gran villana del film tiene su oportunidad de reflexionar sobre sus motivaciones, mientras lo que mueve a Matt Damon no es ni de lejos la lucha obrera o contra la opresión, sino el puro egoísmo ante su inminente muerte.
No obstante, si estuviésemos actuando de jurado en un concurso de cine social quizá sí deberíamos inclinar la cabeza en favor a Distrito 9, pero no es de eso de lo que se trata, sino de valorar una película por sí misma, por su calidad y oficio, y si en esas estamos no hay duda de que el mayor presupuesto conseguido por Elysium está plenamente justificado, su director ha sabido madurar y sus protagonistas son infinitamente superiores al por entonces novato y desconocido Copley.
Elysium nos presenta un futuro en el que los recursos del planeta Tierra están casi agotados y donde los humanos han buscado una alternativa donde vivir, al estilo de las recientes Oblivion y After Earth, aunque esta tierra prometida, el satélite que da nombre al film, sólo tiene cabida para aquellos que se lo puedan permitir. En la Tierra, por tanto, permanecen millones de personas en lamentables condiciones que trabajan con la esperanza de ganarse algún día su pedacito de cielo. En  semejante situación de halla Max (Matt Damon), un empleado en una fábrica que ha aceptado su destino con resignación hasta que un accidente laboral lo deja con escasos días de vida. Es entonces cuando se une a una fuerza revolucionaria que pretende asaltar Elysium con el fin de acabar con la lucha de clases y conseguir que todo el mundo tenga acceso a la misma, incluyendo sus milagrosas máquinas de curación. Para ello deberán enfrentarse al poder personificado en la figura de Delacourt (Jodie Foster) y a la fuerza militar que comanda Kruger (Sharlto Copley). Blomkamp sabe jugar con maestría sus cartas, consiguiendo una historia emocionante y épica, a la vez que manipula nuestros sentimientos con elementos adicionales, como el personaje de John Caryle (excelente William Fichtner) como representación de la corrupción política o las víctimas colaterales que suponen –o pueden suponer- Julio y Frey (Diego Luna y Alice Braga). Así, sin tiempo para la reflexión, todos tenemos claro quién es el bueno de la función y quién el villano, pero hay que prestar atención a las palabras de Celacourt cuando sus superiores cuestionan sus métodos. Los habitantes de Elysium, aunque millonarios, se presuponen que son honrados y han pagado el precio necesario para vivir en ese paraíso, así que si un inmigrante ilegal (que una vez más de eso se trata) aparece corriendo por sus jardines, amenazando la seguridad de sus hijos, ¿qué deben hacer? ¿Qué haría usted, amigo lector? Y tras la conclusión de la película, con un final totalmente cerrado y sin hueco a segundas lecturas, Blomkamp no nos obsequia con el típico epílogo que nos muestra el destino de la humanidad varios meses –o años- después. Eso queda para la imaginación del espectador, para que una vez haya abandonado la oscuridad de las salas del cine, confortado por saber que de nuevos ha ganado el bien, reflexione sobre lo que puede acontecer a esa sociedad liberada y se lo plantee de nuevo. ¿Han ganado los buenos? ¿Realmente ha ganado alguien? ¿Y a qué precio?

Señores y señoras, el debate queda abierto…