domingo, 20 de mayo de 2018

VERDAD O RETO


Seguramente todos hemos participado alguna vez en el juego de Verdad o Reto (que en mi caso era denominado Verdad o Acción), incluso con alguna de sus variantes, ya sea añadiendo una tercera opción en forma de beso o incluyendo castigos en forma de pérdida de una prenda de vestir o un trago de cualquier mejunje alcohólico en caso de no superar un desafío. La típica chorrada de adolescente en plena ebullición de hormonas que solo tienen en sus mentes eso de sexo, alcohol y.… más sexo y alcohol.
Verdad o reto es la versión macabra del juego surgida por las mentes de Blumhouse, productora acostumbrada a conseguir éxitos de terror con muy poco presupuesto pero que últimamente parece algo falta de imaginación, limitándose a dar una vuelta retorcida a conceptos de sobras conocidos. La película Adivina quién viene esta noche fue el referente de Déjame salir y Atrapado en el tiempo el de Feliz día de tu muerte. Y ahora le toca al jueguecito de marras, aunque la gran inspiración cabe encontrarla en una película a priori de semejantes aspiraciones, pero a la postre muy superior: Destino final.
Aquí los protagonistas no son adolescentes en la edad del pavo, como sería lógico, sino jovenzuelos en edad de empezar a pensar en sentar la cabeza en lugar de estas tonterías, todos ellos y ellas muy guapos, eso sí, que en unas vacaciones en México se topan con un espíritu maligno con muchas ganas de cachondeo que los condena a una maldición que los obligará a jugar a la tontería esta con resultados muy macabros.
No es, en realidad, una película de terror, ya que, de miedo, na de na. Tampoco funciona como drama adolescente. De hecho, no funciona como nada, más allá de la curiosidad por saber cómo se desenvuelven los protagonistas moninos y quién va a lograr sobrevivir y cómo. Y por eso, la jugada final y el simpático detalle visual que deforma a los personajes en el momento cumbre de la posesión es de lo poco que salva una película que más que mala es completamente plana, simple y poco ambiciosa.
En el fondo, Verdad o Reto puede verse sin que ofenda demasiado, la cámara está siempre colocada en su lugar y los presuntos actores no dan mucho el cante, pero poco hay donde rascar que despierte algo de verdadero interés en el invento este. Y eso que el director, Jeff Wadlow, parecía haber entrado en la liga de los chicos grandes tras haberse encargado de dirigir la secuela de Kick-Ass.
No llega a aburrir, pero resulta totalmente intrascendente.

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 7 de mayo de 2018

DIVAGACIONES Y ESPECULACIONES PARA VENGADORES 4

Apenas estrenarse Vengadores: Infinity War, y una vez superado el shock por el desenlace, la red comenzaba a hervir con reacciones, spoilers y conjeturas sobre lo que podría depararnos la teórica segunda parte del film (cuyo nombre se sigue manteniendo en secreto).
Yo, por mi parte, tengo mi propia teoría, o al menos una parte de ella, y me apetece compartirla con vosotros. Posiblemente no se parezca en nada a lo que va a terminar sucediendo, pero por si acaso ya aviso que esto va cargado de spoilers. Avisados estáis.
Para empezar, tengo bastante claro que nadie ha muerto en esta película. Bueno, alguien sí, los asgardianos (Loki y Heimdall entre ellos), pero ya se ha insinuado por parte de los hermanos Russo (y además se deja entrever por las palabras de Thor) que algunos han podido escapar, apuesto que Valkiria entre ellos.
Del resto, nada de nada. El que es más obvio es Visión. Cuando se produce el ataque al laboratorio de Wakanda Shuri parece apresurarse en cerrar el programa con el que está trabajando con lo que no queda claro si ha conseguido terminar a tiempo su intento de separar al androide de su gema o no. La duda invita a pensar que efectivamente lo ha conseguido, así que solo queda reconstruir la estructura de Visión y que la muchacha le devuelva su mente, libre ya de la influencia de la gema. Eso sí, apuesto que la nueva Visión será diferente, quizá más fría y carente de empatía, como le sucedía en los cómics en determinadas etapas.
La clave para derrotar a Thanos está en el Doctor Strange, eso lo tenemos todos claro. Él ha visto todos los futuros posibles (aunque a los que nos gusta el tema de los viajes en el tiempo y las paradojas sabemos que simplemente por tener conocimiento de ellos ya puede estar alterándolos, pero no creo que vaya por aquí el tema) y sabe lo que debe hacer. Y eso es renunciar a la gema del Tiempo. 
Muchos se cuestionan porqué no utiliza esa gema para derrotar al dictador cósmico. Sería tan sencillo como dar marcha atrás en el tiempo, ¿no? Pero lo cierto es que no sabemos con exactitud como funciona la gema. En la película del mago utiliza su poder para retroceder en el tiempo escasos minutos, como en la lucha contra Kaecilius o el climax final contra Dormammu, y cuando la usa el propio Thanos para reconstruir la gema de la mente también retrocede una breve fracción de tiempo, así que no sería descabellado pensar que incluso la gema tiene sus limitaciones. Nunca se ha planteado, por ejemplo, retroceder en el tiempo hasta antes de su accidente, por ejemplo, así que quizá no sea posible hacerlo. 
El interés en entregarle la gema a Thanos, más allá de salvar la vida a Stark, sin duda se debe a que desea que el villano complete su guantelete, pese a que ello acarree su propia muerte. Muchos especulan con que Stark va a desempeñar un papel fundamental en la trama final, lo cual es bastante probable (no es casual que los supervivientes, junto a Rocket, Nébula y Máquina de Guerra, sean los miembros de Los Vengadores originales, los de la peli de Whedon), pero no descarto que el propio Strange tenga una última palabra que decir. Lástima que esté muerto. ¿O no?
Sabemos, por las imágenes del rodaje, que habrá viajes en el tiempo y realidades alternativas, y que algunos de los personajes fallecidos tienen que regresar forzosamente, como Spiderman o los Guardianes e la Galaxia (algunos de ellos, al menos), ya que tienen películas en desarrollo. ¿Cómo lo van a hacer?
Mi apuesta personal es mediante Gamora. Es otra de las que vemos morir, antes incluso del fatídico chasquido. Pero, ¿donde se encuentra realmente en el momento de su muerte? ¿Es, como creen, otro planeta, o se encuentran, en realidad, en el interior de la propia gema del alma? En este punto cabe recordar que tienen un encuentro físico con Cráneo Rojo, el cual fue absorbido por la propia gema en la película de Capitán América: El primer Vengador, así que cabe pensar que Vormir no sea un lugar físico, sino espiritual. Además, Cráneo Rojo ya les advierte de que la del alma es una gema especial, diferente a las demás, y el sacrificio que pide es, textualmente, “un alma a cambio de otra alma”. Ello significa que no tiene porqué ser un sacrificio físico, como interpreta Thanos. 
Así pues, mi teoría es que Gamora no muere, sino que su alma queda atrapada dentro de la gema. Y esto me lleva a pensar que, una vez completado el Guantelete y con todas las gemas interactuando entre ellas, quizá su conciencia sea suficiente como para influir en las demás. Cabe recordar también que cada vez que Thanos emplea el Guantelete se ve un reflejo del color de la gema que usa en cada momento, pero tras el chasquido de dedos hay un fundido en blanco. ¿Y si, sin él saberlo siquiera; lo que ha empleado para liquidar a la mitad del universo no es la gema del poder sino la del espacio, y los héroes en realidad han sido transportados a otro lugar o dimensión? Es más, si no fuese porque esto implicaría la necesidad de alargar la trama hacia una tercera película (y para ello cabría esperar a que los X-Men y los 4F regresaran a Marvel), esta podría ser una buena variante de Secret War, una saga que los Russo estarían encantados de adaptar, según sus propias declaraciones.
En el cómic es Nébula quien logra arrebatar a Thanos el Guantelete, convirtiéndose ella en la villana final, pero hay que advertir que en las viñetas hay muchas más entidades cósmicas que no tienen cabida, de momento, en el MCU, por lo que la traslación literal queda descartada. Otra cosa es que la hermana de Gamora juegue, de alguna manera, un papel determinante en la historia.
Sí hay, sin embargo, otro cómic en el que se podrían basar para concluir la Fase Tres de Marvel. Me refiero a la saga de Korvak, que aunque no tiene nada que ver con Thanos y las gemas trata también sobre un ser cósmico muy poderoso que mata a la mayoría de los Vengadores y los Guardianes de la Galaxia. En la historia, curiosamente, uno de los primeros personajes en caer es el Coleccionista, que también es derrotado en el film. Korvak tiene también el poder de un dios y su intención es manipular la historia de la Tierra para convertirla, bajo su criterio, en una utopía. Como veis, ideas megalómanas pero de buenas intenciones, tal y como hace Thanos en el film. Al final, su amor por Carina (hija del Coleccionista) y las dudas de esta hacia su misión, terminan por debilitarlo y causar su derrota. Algo similar a lo que podría suponer la influencia de Gamora sobre Thanos en mi teoría.
Eso sí, en Vengadores 4 sí va a morir gente de verdad. Y alguno de los grandes. Veo poco probable que lo haga Thor, ya que había planes para seguir sus aventuras en solitario o compartiendo pantalla con Hulk, pero Steve Rogers y Tony Stark tienen bastantes papeletas. Ambos tienen sustitutos posibles, además.
Finalmente, quién muera y quién viva se verá determinado por los contratos y las renovaciones de los actores participantes en la saga. La edad no perdona y algunos pueden mostrar síntomas de agotamiento. Sin embargo, ni siquiera aquí la muerte de algún héroe tiene porqué ser definitiva. Antes de que llegue Vengadores 4 vamos a disfrutar de Capitana Marvel, una película ambientada en los años noventa y con la presencia de los Skrull, una raza invasora alienígena metamorfa. No se sabe, a estas alturas, si la acción se situará toda en el espacio o también en la Tierra, pero en caso de que algún skrull lograse llegar a nuestro planeta, con sus habilidades para mutar su aspecto, bien podría hacerse pasar por humano y convertirse en una célula durmiente en espera del momento de actuar. ¿Podría ser que alguno de los héroes que conocemos actualmente sea en realidad un skrull disfrazado? En los cómics, esto permitió el regreso de algún personaje al que se le daba por muerto (ya que quien había muerto fue en realidad su versión skrull), así que no descarto para un futuro cercano la adaptación de la saga Invasión Secreta.
¿Y bien? ¿Vosotros qué pensáis? ¿Han muerto realmente todos los héroes que vimos desaparecer en Infinity War? ¿Volveremos a ver a Gamora por aquí? ¿Cuál es el as que Strange se está guardando en la manga? ¿Se cumplirá la profecía de Stark y todos los Vengadores originales morirán tal y como él lo vio en La era de Ultron? ¿Y cuál será el papel de la Capitana Marvel en todo esto?
Muchas preguntas que, elucubraciones aparte, deberemos esperar doce meses hasta poderlas responder...





domingo, 6 de mayo de 2018

#SEXPACT

Hace apenas una semana se estrenó una de esas comedias americanas descerebradas y sin sentido pero con mucha gracia, Noche de juegos, de la que alababa el humor blanco y poco soez que tenía. Pues bien, #Sexpact es junto lo contrario. Bajo una premisa argumental correcta aunque algo simplona todo parece una excusa para que Kay Cannon, productora y guionista de la saga Dando la nota, debute como directora del modo más banal posible.
Y es una pena, porque a priori hay elementos en la película que podrían resultar interesantes, como la química entre el trío protagonista, Leslie Mann, Ike Barinholtz y John Cena (posiblemente el más histriónico de los tres). El argumento es muy sencillo: tres amigas, en la noche de la graduación, deciden hacer un pacto y perder su virginidad con sus correspondientes chicos, pero en un descuido permiten que los temerosos padres descubran sus intenciones y hagan todo lo posible por evitarlo. Se agradece, eso sí, que ante la propuesta gamberra de turno al menos no haya un mensaje de pastelosa moralina como desenlace, empapado por el clásico conservadurismo que termina por traicionar a la propia película. Hay, además, un leve mensaje feminista, pese a que no es en boca de la protagonista, que reúne todo los estereotipos definitorios de la mujer ultrapotectora y dependiente americana.
Es esto un leve consuelo para un film cuyas mayores gracias, a la hora de la verdad, consisten en ver a Cena metiéndose cosas por el culo o atrapado unto a Barinholtz en incómodas situaciones de absurdo calado sexual. Claro que también son estas escenas las que más carcajadas provocaban en la sala, así que al final todo depende de puntos de vista y gustos artísticos.
#Sexpact es burda y vulgar, pero es precisamente lo que busca y hace, por ello, las delicias de cierto tipo de espectador, seguramente más identificado con la trama de los torpes padres que con la de las adolescentes, demasiado tópicas también y cuya obsesión por los selfies, el wasap y los filtros de Instagram sin duda harán que la película envejezca bastante mal.
Recomendada solo para amantes de los pedos y la sal gruesa.

Valoración: Cuatro sobre diez.

Análisis: INFINITY WAR HACE HISTORIA (repaso rápido por el MCU)

Ha pasado ya una semana desde el estreno de Vengadores: Infinity War y el resultado ha sido abrumador. El primer fin de semana alcanzó en taquilla a la recaudación total de La liga de la Justicia, ha batido casi todos los récords posibles y eso que aún falta por ver cómo le va en su estreno en China. Y las críticas, por una vez, parecen unánimes. No es que a todo el mundo le haya entusiasmado, claro, pero no veo esa confrontación entre defensores y detractores que tenían, por ejemplo, las dos últimas películas de la saga Star Wars o la mencionada Liga de la Justicia.
Tras haber realizado un primer análisis sin spoilers, llega el momento de hablar de ella más a fondo, analizándola con detalle y sin temor a destripar ninguna de sus sorpresas. Así que ya sabéis, a partir de ahora, spoilers a cascoporro.
Dije en su momento que esto no era realmente una película, sino parte de un todo mucho más complejo. Eso fue apenas salir del primer pase. Ahora, habiéndola dejado reposar, tras tres visionados e impresionado por el revuelo que está causando en el mundo entero, debo confirmar que no, no es una simple película. Es parte de la historia.
Porque sí, puede que a alguien le parezca exagerado, pero Infinity War es una película histórica, de esas que marcan un antes y un después y que va a poner patas arriba la industria y la manera de hacer cine. Y no porque sea una buena película, que lo es, sino por la concepción propia de la misma.
Hace ya diez años que Marvel empezó esta loca aventura con Iron Man. Aunque ya en esa primera escena postcréditos se aventuraba lo que esperaban conseguir, la unión de los mayores héroes de la Tierra tras presentarlos en sus respectivas películas individuales, bien es cierto que de no haber funcionado en taquilla el film de Jon Favreau quizá todo habría quedado en agua de borrajas. Pero funcionó. Y el resultado algo más discreto de El increíble Hulk, de Louis Leterrier, no fue suficiente como para detener una maquinaria que ya se vislumbraba que podía arrasar. Luego llegó la secuela de Iron Man, la precuela ambientada en la II Guerra Mundial con la presentación del Capitán América y, para rematar la jugada, la compra de Disney (que en contra de lo que los agoreros pensaron, no supuso una bajada de calidad sino un refuerzo presupuestario), tras lo que llegó el primer gran evento del llamado MCU (Marvel Cinematic Univers), Los Vengadores. Y el triunfo fue total.
Ya por aquel entonces se hablaba de la burbuja de los superhéroes, y directores de prestigio (como Spielberg, el mismo que ha firmado para hacer una película de DC), viéndole las orejas al lobo, se dedicaron a tirar piedras contra estas películas, sin comprender que el cine de superhéroes había llegado a un punto en el que merecía ser considerado un género en sí mismo. Los que preveían que todo se iba a ir al traste más pronto que tarde y se quejaban del exceso de películas de superhéroes no tenían en cuenta de que, pese a dominar las taquillas, cada año se entrenan menos películas de estas que, por ejemplo, westerns. Quizá incluso menos que películas históricas o religiosas. Y eso porque me parece ridículo comparar el número de títulos de superhéroes que hay cada año al lado de las comedias románticas, los thrillers o los dramas.
El caso es que al final llegó algún batacazo, como el de Los 4 Fantásticos, películas simplemente correctas (ahí estaban X-Men: Días del futuro pasado o X-Men: Apocalipsis) y taquillazos que no terminaban de convencer a muchos, como las producciones de Warner/DC (Batman v. Superman, Escuadrón Suicida). Pero Marvel iba a lo suyo. En la escena postcréditos de la película de Joss Whedon se presentaba a un villano de futuro, Thanos, con la cual se cerraba la denominada Fase Uno del MCU. Llegó la Fase Dos, se empezó a hablar de las gemas del Infinito (ya se habían presentado en la Fase Uno, pero bajo otros nombres), se logró recaudar mucho dinero con personajes menores (Ant Man, Guardianes de la Galaxia) y el misterio de Thanos se seguía manteniendo en espera de que llegase la Fase Tres y tras realizar el primer gran relevo generacional. Y no fue, como se esperaba, un relevo en cuanto a los actores se refiere, sino que mientras hasta ahora Favreau y Whedon eran las cabezas pensantes (en el punto de vista cinematográfico, ya que detrás de todo había nombres muy comiqueros como Bendis, Brubaker, etc.) en la Fase Dos entraron en la ecuación James Gunn y, sobre todo, los hermanos Russo.
Y entonces todo fue aún mejor que hasta la fecha.
Capitán América: Soldado de Invierno había convencido a todos por su gran calidad y profundidad argumental, y la Fase Tres se inauguró precisamente con la tercera entrega de las aventuras del Capi, segunda película de los Russo, titulada Capitán América: Civil War pero que bien podría haber sido Los Vengadores 2.5. Con el Capitán América e Iron man como centro de la narrativa, casi todos los héroes ya presentados en el MCU (solo faltaron Hulk y Thor) se dejaron ver por el film, teniendo tiempo incluso de presentar a dos nuevas incorporaciones que en poco tiempo tendrían titulo propio. Se trataba, por un lado, del regreso de Spider-man a Marvel tras un acuerdo con Sony que años antes parecía impensable y el debut de otro héroe “menor”, Black Panther, cuya película en solitario se intuía como el hipotético primer fracaso de Marvel. Y eso que veníamos de la “decepción “ (guiño, guiño) de que Los Vengadores: la guerra de Ultron “solo” había logrado recaudar mil cuatrocientos millones de dólares. Civil War fue un nuevo puñetazo en la mesa de Marvel y algunos empezaban ya a sospechar que no había límites para la productora.
Y en esa Fase Tres, aparte de un par de secuelas (Guardianes de la Galaxia Vol. 2 y Thor Ragnarok), Spiderman Homecoming triunfó y convenció, Doctor Stranger no lo hizo nada mal y Black Panther se convirtió en la sensación del año. Si unos meses antes Warner/DC disfrutaba de su primer éxito sin discusión con Wonder Woman, que gracias a una hábil aunque algo tramposa campaña publicitaria llevo a muchas mujeres al cine con el fin de identificarse con la (dicen) primera superheroína que protagonizaba un título en solitario, Black Panther hacía lo propio como representante de la raza afroamericana. Al final, la película que se intuía fuese la más floja de Marvel lleva recaudados (siguiendo aún en cartel) la friolera de mil trescientos millones, siendo a día de hoy la novena película más taquillera de la historia.
Hace unos meses, coincidiendo con el estreno de La liga de la Justicia (batacazo histórico de Warner/DC en su primera película coral), Marvel batió un nuevo récord: el de visionados en youtube de uno de sus tráilers. Fue, precisamente, con el primer avance de Infinity War. Así que esta vez no había espacio para las sorpresas y todo el mundo se esperaba que la tercera película de los Russo en el MCU fuese un gran éxito. Pero... ¿tanto?
Viendo la trayectoria de Marvel (que con su décimo aniversario recién celebrado se puede considerar una productora que apenas está empezando en esto del cine), cabe preguntarse, más allá de lo buenas que puedan ser las películas y del interés que despiertan los personajes, cuál es el secreto de su éxito.
No pretendo ser gurú de nada, pero llevo décadas siendo un gran fan de Marvel en su faceta de editorial de cómics y tengo claro cual ha sido siempre su gran apuesta, una que han mantenido fiel en su traspaso al mundo del cine: su cohesión interna. Pese a todos los puntos en común de personajes y argumentos entre Marvel y DC (en muchos de los cuales, por antigüedad, tiene ventaja la Distinguida Competencia), una de las primeras cosas que introdujo Stan Lee en su faceta de creador y guionista fue el concepto de Universo Compartido. Desde el primer momento el lector sentía que Spiderman vivía en las misma Nueva York que Los Cuatro Fantásticos y que era fácil que Iron Man pasara volando sobre el Sanctum Sanctorum del Dr. Extraño en Greenwich Village. Y eso por no hablar de los eventos que uniría a todos los héroes bajo una misma amenaza.
Conscientes de que ese era la gran baza de Marvel, en cine han sabido apostar por la misma idea y, sin prisa pero sin pausa, han construido un universo semejante al del papel desde los cimientos. Cierto es que no podían hacer mucho más con los pocos personajes que tenían en propiedad al lanzarse Marvel Studios a producir por su cuenta, pero tampoco quisieron volverse locos pese a ver como el Batman de Nolan, los X-Men de Singer y, sobretodo, el Spider-man de Raimi demostraban que era una buena época para los personajes de cómic, lejanos ya el Superman de Donner o el Batman de Burton. Películas independientes argumentalmente pero con las interconexiones justas entre ellas para que, al llegar a Los Vengadores, el espectador sintiese ya que estaba ante una serie de películas con identidades propias pero que respiraban el mismo aire.
Y dos personas son las principales responsables de ello: Kevin Feige, productor amante de los cómics que ha sabido entender lo que era Marvel mejor que nadie y que pese a haber llegado a ser Presidente de la división cinematográfica de la compañía sigue involucrándose personalmente en cada nuevo proyecto, y Sarah Finn, directora de casting de todas las películas del MCU excepto El increíble Hulk y que ha logrado que actores desconocidos como Chris Hemsworth, Tom Hiddleston o Chris Pratt sean ya insustituibles o que personajes Marvel tenga ya para siempre el rostro de tipos como Robert Downey Jr., Scarlett Johansson, Benedict Cumberbatch o Chris Evans, logrando además mantenerlos a lo largo de estos diez años (con las únicas excepciones, muy al principio del periplo, de Edward Norton y Terrence Howard).
La segunda clave del éxito posiblemente sea al buen rollo que han conseguido mantener en Marvel durante todos estos años. Es difícil en una empresa de tal envergadura, y con semejantes actores, que no haya conflictos salariales o de ego pero, si los ha habido, han sabido ocultarlos muy bien. En cada película compartida los actores han tenido un reparto muy medido de su tiempo en pantalla y no parece que haya habido el más mínimo roce entre ellos. Más aún, cada nuevo evento parece una fiesta, quizá porque muchos han comprendido que trabajar en estas películas y ganar un buen pastón es la mejor manera de poder trabajar en cine más independiente y arriesgado (como el propio Mark Ruffalo ha confesado alguna vez). Incuso las pocas discrepancias reconocidas parece que han sido menos de lo cacareado y la sangre nunca ha llegado al río. Me refiero, por ejemplo, a las salidas de Kenneth Brannagh como director tras la primera película de Thor (se habló de mal rollo pero su siguiente trabajo fue La Cenicienta para Disney, la empresa madre, así que no sería para tanto), o Joss Whedon, que después de Vengadores: la era de Ultron se insinuó que se había ido por la puerta de atrás y sin embargo él, incluso ahora que trabaja para Warner/DC, no deja de soltar piropos hacia Marvel. Más evidente si cabe es el caso de Jon Favreau, director y actor en Iron Man e Iron Man 2. Su no participación como realizador en Iron Man 3 provocó nuevas especulaciones sobre malestares internos, pero después de ello ha seguido participando como actor en la propia Iron Man 3 y en Spiderman Homecoming, aparte de figurar como asesor y productor en La era de Ultron e Infinity War (partes uno y dos), haber dirigido, también en Disney, El libro de la Selva y estar involucrado en la futura serie televisiva de Star Wars. Y quien no entienda a qué me refiero con lo del buen rollo, que eche un vistazo a cualquier making off de Thor Ragnarok. Otro ejemplo de lo que son las cosas bien hechas: los guionistas Christopher Marcus y Stephen McFeely, responsables del libreto de Infinity War, son los mismos que llevan narrando la historia del Capitán América a través de su trilogía (aparte de haber metido mano en Thor, el mundo oscuro). 
Quizá la única nota discordante en todo esto sea la salida con el proyecto de Ant-man ya comenzado, del director Edgar Wright, pero poca cosa me parece a mi comparado con los bailes en la dirección de La liga de la Justicia o las continuas noticias (contradictorias muchas veces) sobre la relación entre Ben Affleck y Warner.
Y termino este análisis al MCU en busca de las claves de su éxito con lo que yo entiendo que es la gran mentira sobre el cine de Marvel. Una mentira que, a base de repetirla, muchos han terminando creyéndosela y que, curiosamente, ha terminando afectando más a sus competidores que a ellos mismos. Me refiero a la constantemente referida (generalmente en tono despectivo) Fórmula Marvel.
¿Existe la fórmula Marvel? Pues en cierto modo sí, tal y como existe la fórmula de la Coca-Cola. Pero no se trata de ningún componente secreto ni milenarias conspiraciones judeomasónicas. Se trata, simplemente, del intento de hacer las cosas bien hechas, como he mencionado anteriormente. Pero muchos críticos se refieren a la Fórmula Marvel como si todas sus películas estuviesen copiadas por un mismo patrón, historietas ligeras con un humor desbordante y poco más.
Aun aceptando que el tono del cine Marvel es mucho más alegre y colorido que el de Warner/DC, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva, más próximo al concepto de héroe de cómic que la oscuridad e intensidad heredada en la acera de enfrente por el estigmatizado estilo Nolan, no es cierto que todas las películas Marvel sean iguales. De hecho, aún aceptando lo que he dicho antes de que el cine de superhéroes debe ser considerado ya como un género en sí mismo, una de las claves de estas películas está en conseguir estilos muy diferentes entre sí. Iron Man es aventura pura, El increíble Hulk oculta un drama bipolar heredero de Jeckyn y Hyde, Thor se atreve a aunar mitología nórdica con Shakespeare, y El Capitán América: el primer Vengador es una película bélica clásica con mucha fantasía.
Más: El Soldado de Invierno apuesta por un tono más serio con referencias a un thriller político bastante setentero, Guardianes de la Galaxia es una space-opera con tonos de puro pop, Ant-man juguetea con las películas de atracos, Doctor Strange se introduce en el mundo de la magia con un aspecto visual muy psicodélico y Thor Ragnarok es comedia pura y desmadrada. Pero los que solo quieren ver risas y tontadas en Marvel que se revisen las películas de los Russo. El Soldado de Invierno apenas tiene humor y Civil War utiliza el alivio cómico de la confrontación en el aeropuerto para aliviar las tensiones del drama que supone el distanciamiento radical entre dos héroes y presuntos amigos, como ya analicé en su momento. Y en Infinity War se puede apreciar constantemente lo bien que funciona esa conjunción de estilos, con cada personaje siendo fiel a su estilo propio pero sin que rechine para nada al entremezclarlo con los demás.
Pero los detractores siguen hablando de la Fórmula Marvel a la ligera, y cuando sus productos han empezado a flojear han querido copiarla sin saber entenderla. No fue mal la cosa con Wonder Woman (de la que ya se dijo en su momento que era la película “más Marvel” de DC) pese a ser casi una copia de El primer Vengador en clave femenina, pero posiblemente fue lo que arruinó a La liga de la Justicia. Meter humor a saco, incluso traicionando la personalidad de los personajes, no es la Fórmula Marvel. Pero algunos así lo pensaron. Y todos sabemos las consecuencias.
Un resumen de todo esto que estoy señalando en este texto se demuestra con el desarrollo de dos personajes claves para entender el MCU: Iron Man y el Capitán América. Ambos son los verdaderos pilares sobre lo que se sustenta todo y por ello Civil War fue el máximo punto de inflexión de la saga.
Al principio, Tony Stark era un empresario mujeriego y alocado, un irresponsable que en Iron Man debe pagar por sus actos y aceptar el manto del heroismo para redimirse por su pasado. Pero no siempre es fácil aceptar la grandeza y llega a tocar fondo en Iron Man 2, en esa versión algo light de la saga del cómic El diablo en la botella tras la que empieza a demostrar un ligero cambio de actitud y responsabilidad. Con Los Vengadores se enfrenta a su mayor sacrificio, y aunque sale victorioso se ve abrumado por lo insignificante que se siente en comparación la existencia de otras dimensiones con ejércitos extraterrestres y seres casi divinos. Ello provoca la ansiedad de la que hace gala en Iron Man 3 que provoca en él incluso cierta paranoia que trata de superar con la creación de armaduras de manera casi impulsiva, y de que solo empezará a superar después de verse despojado de casi todo. Por ello es lógico que su siguiente paso sea obsesionarse con la creación de algo superior a sí mismo, un ser casi divino que rivalice con las amenazas que hay a lo largo del Universo. 
Y eso deriva en la creación de Ultron en la secuela de los Vengadores. Su mayor creación es su mayor amenaza y al fin decide tirar la toalla y aceptar que no está en su mano decidir el destino de la humanidad. Se siente superado por todo lo que ha vivido y acepta que sean otros (el gobierno y la ONU) quien tome las decisiones y tenga el control de las fuerzas inmensas que suponen los seres de gran poder, lo que lo lleva en Civil War al enfrentamiento con parte de la comunidad superheróica liderada por Steve Rogers. Su cura de humildad definitiva será cuando cambie el compartir chanzas con dioses por ser el mentor de un héroe adolescente en Spiderman Homecoming, donde tiene una frase definitoria de lo que ha sido su trayectoria hasta ahora: “No quiero que seas como yo, quiero que seas mejor que yo”. Por eso, ver morir a Peter Parker entre sus brazos en Infinity War es un momento especialmente duro y cruel, y será interesante cómo le afectara ese suceso en su futuro más inmediato.
Steve Rogers, por su parte, empezó siendo una marioneta, un simple símbolo colorista para vender bonos de guerra en El primer Vengador que, en Los Vengadores se debía enfrentar a vivir en un mundo que no se parece en nada al suyo y en el que debe aprender a adaptarse. El que para los más ajenos al cómic es un símbolo de patriotismo rancio descubrió hasta donde puede llegar la corrupción en el poder en El Soldado de Invierno, lo cual lo llevó a un desencanto hacia su propio país (él siempre ha dicho que representaba a América, pero no a su gobierno) que originó el enfrentamiento con Tony en Civil War y su posterior renuncia al uniforme, por lo que en Infinity War viste un uniforme diferente, sin colores patrióticos ni su icónico escudo, más cercano a la identidad comiquera de Nómada que al Capi de toda la vida.
Esto es un ejemplo de cómo saber hacer evolucionar unos personajes, darles personalidad y hacerlos creíbles, por más que las aventuras en que se enfrasquen sean del todo increíbles. Esta es la Fórmula Marvel en verdad, y no el jajaja de baratillo.
Y en estas que se llega a Vengadores: Infinity War. Con todas las virtudes y alabanzas que estoy dedicando a Marvel, con el público aplaudiéndolos y la taquilla a su favor, ¿cómo se podría llegar a superar en su última producción? Lo cierto es que ver en pantalla a todos los héroes conocidos hasta ahora era un sueño imposible de imaginar hace apenas unos años, pero el riesgo de saturación y caos implicaba que fuese más fácil pensar en un desastre que en una gran película.
Pero los Russo lo han vuelto a hacer.
Infinity War (que, no hay que olvidarlo, es solo la primera parte del gran evento, el principio del fin) marca un antes y un después no solo en la historia del MCU sino en la historia de la propia industria del cine. Nunca se había hecho una película tan grande ni con tantas pretensiones, y nunca el público había reaccionado de forma tan favorable (en lo que estoy tardando en escribir este texto se ha batido también el récord de la película que más rápido a alcanzado los mil millones de recaudación mundial). Infinity War combina a la perfección una historia muy trascendental y dramática con ligeros toques de humor y la épica justa, con batallas que nunca llegan a saturar y un reparto de roles entre los protagonistas (inteligentemente distribuidos en distintos escenarios) que funcionan a la perfección. No todo es redondo, por supuesto. Se echan en falta algunos personajes, como Ant-Man u Ojo de Halcón, se desconoce el destino de otros como Valkiria, apetecería más presencia de Hulk y no hay ni rastro de las naves voladoras que protegían Wakanda en Black Panther. Y, por supuesto, se anhela un plano con todos los héroes en un mismo escenario. Pero es algo que toca reservarlo para la siguiente película, que aspira a lograr el más difícil todavía.
Lo que más claro queda con Infinity War es que los Russo no han hecho un simple trabajo empresarial. La película es mucho más que una máquina de hacer dinero. Es un proyecto con alma, donde se destila amor por el cómic y por unos personajes a los que se trata son mimo, pese a su cruel desenlace. Es la mejor traslación de las viñetas al celuloide, respetando los códigos propios del papel y ejemplarizando lo que es una buena adaptación. Más allá de las transcripciones casi literales que hicieran Warren Beatty con Dick Tracy, Zack Snyder con Watchmen o Robert Rodriguez con Sin City. Infinity War demuestra que se puede hacer buen cine sin traicionar a los orígenes, y que una película puede ser un homenaje a los fans de toda la vida sin despreciar por ello a los que no han leído un cómic en toda su vida.
Y lo hace destrozando los convencionalismos propios del séptimo arte, con una película carente de un primer acto de presentación (porque los personajes ya han sido sobradamente presentados en las películas antecesoras) y con un desenlace amargo, con un final desolador que provoca que uno salga del cine (pese al ligero toque de esperanza que esa llamada a la Capitana Marvel de la escena postcrédito pueda representar) hundido, consciente de que ha presenciado el final de algo grande, triste por una serie de muertes que, aún con el convencimiento de que vana volver en breve, dejan un vacío en nuestro interior.
Y con unas ganas infinitas de que llegue ya la siguiente película.
Definitivamente, Marvel ha hecho historia. Y el cine cambiará igual que cambió tras el estreno de películas tan icónicas como La Guerra de las Galaxias, Matrix o Avatar. Infinity War es ya un clásico generacional, la película de la que se hablará durante décadas por su valentía. Y que supone dolorosamente el principio del fin.
Quedan tres películas para concluir esta exitosa Fase Tres. En una nueva demostración de inteligencia y habilidad, la siguiente en llegar será Ant-Man y la Avispa, una comedia romántica de tono ligero que rebajará las tensiones (y es que cualquier otra película más ambiciosa posiblemente terminaría por decepcionar tras el subidón de Infinity War). Luego viajaremos a los años noventa para conocer quién es esta Capitana Marvel a la que recurre Nick Furia para salvar a la humanidad y, en un año justo, descubriremos como termina todo (aunque ya me huelo yo por donde podrían ir los tiros).
A partir de aquí, el futuro es incierto. Habitualmente Marvel acostumbra a anunciar a bombo y platillo sus futuras producciones, pero en el calendario previsto (hay proyectos hasta 2022 por lo menos) solo se conocen oficialmente las fechas de estrenos reservadas. Se ha anunciado que Marvel ni siquiera acudirá a la ComicCon de San Diego por no querer desvelar nada del futuro antes de conocer quien sobrevivirá y quien no a Thanos (aunque extraoficialmente se da por confirmada una secuela de Spider-man, el tercer volumen de Guardianes de la Galaxia, ya veremos con qué miembros, y una película en solitario de la Viuda Negra), aparte de que se sigue avanzando en el tema de la compra de Fox y la recuperación de los derechos de los mutantes y los 4F.
Tocará esperar. Tocará sufrir. Pero, sobretodo, tocará disfrutar. Porque algún día, en algún momento, cuando se recuerde el estreno de Infinity War, podremos decir aquello de: yo estuve allí.
Marvel ha hecho historia. Y nosotros con ella.

sábado, 5 de mayo de 2018

NOCHE DE JUEGOS

Después del arrollador debut que David Fincher tuvo en 1995 con Seven, pocos imaginaban que su siguiente película The Game, conseguiría estar, como poco a la altura. En ella, el personaje interpretado por Sean Penn contrataba a una empresa para que pusiera la vida de su hermano (Michael Douglas) patas arriba y así darle una lección vital. Pues Noche de juegos, de John Francis Daley y Jonathan Goldstein no es ni más ni menos que una vuelta de tuerca en tono cómico a la propuesta de Fincher, al que también homenajean con constantes referencias a su tercera película, El club de la lucha.
Está sobradamente demostrada la vis cómica de Jason Bateman y Rachel McAdams, pero aquí demuestran tener una química especial y consiguen sostener, aunque bien secundados por Kyle Chandler, Sharon Horgan, Billy Magnussen, Lamorne Morris, Kylie Bunbury y Jesse Plemons, una trama tan absurda como bien orquestada llega de giros sorprendentes y vueltas de tuerca tan retorcidas o más como la de la propia The Game.
Noche de juegos es, en el fondo, una tontería, una comedia descerebrada y absurda, pero con un ritmo loco y momentos desternillantes, que busca conquistar al espectador con el gag continuo y rehuyendo de la escatología y el humor zafio, lo cual siempre es de agradecer.
Unos amigos se juntan de periódicamente para competir de forma casi obsesiva mediante tradicionales juegos de mesa, pero cuando el hermano de uno de ellos contrata una empresa para que recree un secuestro que deberán resolver y la realidad y la ficción se empiece a entremezclar las cosas se saldrán completamente de madre.
Cierto es que hay un cierto regusto a estereotipo en los roles de los protagonista (ella es la dama en apuros, gritona, cuya meta en la vida es ser madre mientras que él se aferra a su complejo de Peter Pan), pero que se le puede perdonar a cambio del divertimento que supone el invento y de lo bien que uno se lo puede llegar a pasar con esta hora y cuarenta minutos de locura y descontrol.
Y, además, con la aparición de notables secundarios como Danny Huston o Michael C. Hall.
No es una obra maestra ni lo pretende. Posiblemente ni siquiera llegue a ser recordada como una de las grandes comedias de la historia, pero al menos resulta refrescante y muy agradable de ver, lo que no es poco.

Valoración: Siete sobre diez.

7 DÍAS EN ENTEBBE

Dirigida por José Padilha, 7 días en Entebbe es una recreación del secuestro de un avión de pasajeros francés procedente de Tel Aviv por parte de un grupo revolucionario palestino y las negociaciones entre estos y las Fuerzas de Defensa de Israel durante la semana que los 248 pasajeros permanecieron como rehenes en el aeropuerto de Entebbe, en Uganda.
Padilha, que se dio a conocer con Tropa de élite y su secuela, ya dejaba intuir en esos primeros trabajos que bajo el aparente interés por hacer un cine con cierto tono social, lo que más le interesaba era realizar películas de acción, algo que se confirmó con la decepcionante revisión de RoboCop, donde apenas dejó entrever nada del cinismo y la mala baba que tenía el original de Verhoeven. En 7 días en Entebbe le pasa un poco lo mismo, que se deja llevar por la historia del secuestro, siendo funcional y rítmico en lo que respecta a la intriga del secuestro (al menos no hay el relleno aburrido y totalmente carente de interés que tenía 15:17, tren a París, de Clint Eastwood) pero que se queda muy corta a la hora de retratar la situación política y social que envolvían al asunto.
No profundiza, por ejemplo, en las motivaciones que llevan a dos alemanes (eficientes Daniel Brühl y Rosamund Pike) a participar en el secuestro (apenas se intuye), mientras que las relaciones entre Shimon Peres y Yitzhak Rabin merecían muchos más minutos de metraje.
7 días en Entebbe se puede apreciar, por tanto, como una historieta de acción más, de la que no sacar ninguna reflexión e ignorando su realidad histórica, pero que para poder ser mínimamente comprendida requiere de unos conocimientos previos del espectador. Esto se demuestra también con la atención que Padilha pone sobre uno de los soldados participantes en la operación de rescate y su relación con su novia bailarina, que no viene a cuento y ralentiza la historia, aunque sirve como excusa para que Padilha intercale en los momentos del clímax final escenas de danza que, si bien tienen una potente musicalidad que ayuda a aumentar la tensión, parecen esconder algún tipo de metáfora que no se termina de comprender.
7 días en Entebbe es, en fin, una película que se deja ver, entretenida y, para los que no sepan nada de los hechos reales, algo instructiva, pero que no llega a ser el documento histórico que pretende y cuyo mayor logro es invitar a espectador a investigar por su cuenta sobre el conflicto palestino-israelí.

Valoración: Cinco sobre diez.