J.J.Abrams
ha demostrado ser, aparte de un brillante realizador, un magnífico productor.
Aparte de sus éxitos televisivos y de reanimar sagas tan agónicas en su momento
como Misión Imposible o Star Trek (y yo añadiría a Star Wars, pero no quiero entrar en
polémicas) supo crear de la nada proyectos pequeñitos que se convirtieron en
grandes éxitos gracias a sus prácticas publicitarias. El más claro ejemplo de
ellos es la magnífica campaña que convirtió la película Monstruoso en un éxito de taquilla provocando antes de su estreno
todo tiempo de especulaciones y rumorología viral sobre su argumento (incluso
se insinuaban conexiones con la misteriosa isla de Perdidos que al final
quedaron en nada).

Calle Cloverfield, 10, dirigida por el debutante Dan Trachtenberg, cuenta
la historia de Michelle, que tras sufrir un accidente con su coche despierta en
un inquietante búnquer, encadenada a una pared, y con su apresor, un paranoico
obsesionado con la supervivencia llamado Howard, que le asegura que le ha
salvado la vida, ya que la humanidad, fuera de ese refugio, ha sido eliminada.
Con
Emmett como único compañero de desventura, el trío protagonista deberá aprender
a confiar uno en otro en un espacio reducido en el que la realidad sobre lo que
ha sucedido en el exterior es una apuesta que puede marcar la supervivencia de
cada uno de ellos.

Quizá
la principal deficiencia de la película no sea precisamente culpa de ella, sino
de la casualidad. Y es que puede que se eche en falta un poco más de angustia
caustrofóbica, que el ahogo que puede suponer vivir encerrado en tan poco
espacio se contagie más al espectador. Y sin duda la coincidencia en pantalla
con la magnífica La habitación ayuda
a provocar tal sensación.
Con
todo, Calle Cloverfield, 10 es un
interesante thriller tan intrigante como divertido que, al igual que sucedía
con La habitación, sufre un cambio de
registro en su recta final que si bien tiende al exceso y desconcierta ante la
nueva película que se abre al espectador sin duda revoluciona el ritmo de la
película consiguiendo resultar una toda una sorpresa pese a la sucesión de
tópicos y clichés (totalmente intencionados) que ofrece.
Muchas
veces se ha comparado el cine de Abrams con las producciones ochenteras del
estilo de su admirado Spielberg a las que rinde total tributo en Super8, pero en este tramo final de su
última producción me viene a la mente ciertas películas propias de la década de
los cincuenta, sin llegar a valorar más mi comentario por poder rozar el
spoiler.
Buen
debut de Trachtenberg como director e interesante historia que podría (o no)
ampliar la historia vista en Monstruoso
y que volverá a las pantallas al menos en una tercera ocasión de la mano de Bad Robot.
Valoración:
siete sobre diez.
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