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jueves, 15 de septiembre de 2022

Visto en Netflix: COBRA KAI. T5

Siendo justos, a la hora de ponerme a hablar sobre la quinta temporada de Cobra Kai prácticamente podría hacer un copia y pega de lo que dije referente a la cuarta temporada. Y es que si entre la segunda y la tercera había cierta sensación de que quedaba poco que rascar y ya se estaba estirando demasiado el chicle de la nostalgia ochentera, lo cierto es que en esa temporada anterior, como en esta, las apuestas han subido, consiguiendo que la serie luzca tan bien, sino mejor, que en su arranque, cuando parecía una locura conceptual transformada en serie por caprichos de unos señores que, por aquel entonces, pensaban que iban a arrasar con su propuesta de un YouTube de pago.

Cobra kai sigue adolecido del mismo problema que arrastra desde el principio, la escasa personalidad de sus protagonistas, que cambian de bando con una facilidad pasmosa. Sin embargo, más que ser un error, sus responsables han conseguido convertirlo en virtud, casi hasta riéndose de ello, intercambiando peones y moviendo las piezas hasta que todos quedan repartidos sobre el tablero en alineaciones que parecían imposibles mirando atrás en el tiempo.

Cierto es que, pese a la violencia no explícita, la serie sigue siendo muy light y que las escenas de lucha continúan sin brillar como debería, pero al menos se ha compensado definitivamente ese desequilibrio que había entre los jóvenes y los veteranos, consiguiendo que las tramas de ambas generaciones resulten igual de interesantes.

El gran acierto de la temporada es su ritmo, sabiendo ir de menos a más (al arrancar parecía que la trama del padre de Miguel iba a amenazar con quedarse muchos capítulos con nosotros y luego ha sido liquidada de manera sorprendentemente rápida) y encontrando en la figura de Terry Silver el villano que la serie necesitaba para seguir creciendo.

Como comentaba al respecto de la segunda temporada de Solo asesinatos en el edifico, queda la duda de saber si pueden seguir manteniendo la función a este nivel mucho más tiempo, pero al menos hay que reconocerle que las tramas quedan muy bien cerradas y el único hilo que invita a estirar en siguientes temporadas no es tan rotundo como para que no podamos quedarnos más que satisfechos si la cosa acabara aquí.

Sería un final redondo. Ahora, toca esperar si les quedan cosas por contar y si Netflix quiere seguir apostando por ello. Aunque ya les digo yo que sí…

lunes, 4 de enero de 2021

Visto en Netflix: COBRA KAI T3

La primera buena noticia del 2021 ha sido el estreno en Netflix de la tercera temporada de Cobra Kai, adelantada un par de días respecto a la previsión inicial y que, en diez episodios que se disfrutan en un suspiro, sigue demostrando que es una de las series más frescas y entretenidas del panorama actual.

Los creadores siguen jugando con acierto las cartas de la nostalgia sin volverse empalagosos, a la par que referencian a las películas contantemente (incluyendo las secuelas, de lejos mucho menos exitosas que el film original) logrando, de nuevo, con unos pocos flashbacks que no molestan, que aquellos que no vieron las películas, o simplemente las tienen olvidadas, no se pierdan por el camino.

Hay en Cobra Kai T3 un intento por analizar los orígenes de los personajes, por hacer hincapié en el pasado ofreciendo esos recuerdos mediante tres recursos diferentes, lo cual es estimulante y meritorio. En el caso de John Kreese, mediante flashbacks que explican cómo se definió su personalidad, Daniel LaRusso reencontrándose con sus raíces regresando físicamente a Okinawa y Johnny Lawrence recuperando, vía Facebook, el contacto con Ali, la principal causa del enfrentamiento de los dos protagonistas en la película de John G. Avidsen.

Cierto es, y aquí habría que hablar del peaje a pagar por querer ampliar las temporadas de una serie, que el guion fuerza demasiado las cosas, de manera que, a nivel argumental, puede que no sea de lo más destacable (me vienen a la mente, por ejemplo, la resolución demasiado casual de una de las subtramas importantes referentes a la familia LaRusso, el cambio de bando algo forzado de algunos de los chavales o la conversión de Kreese en una especie de encarnación del mal absoluto), pero que compensan con los buenos momentos que ofrece la química entre el personaje de Johnny y Miguel, por ejemplo, o las escenas de lucha, que de nuevo tienen en el último capítulo un desenlace apoteósico.

A nivel argumental, el recuerdo de la batalla campal en el instituto con la que despedimos la segunda temporada pesa mucho en el ambiente, llegando el análisis de sus consecuencias a dominar demasiado la trama de los primeros episodios (la amenaza de ser comparable a la temporada final de Por trece razones estaba en el aire), pero la escasa duración de los episodios, el cliffhanger con el que concluyen todos ellos y el cariño que uno siente ya por los personajes, desde los protagonistas hasta los chavales más secundarios, hace que la serie no se resienta en ningún momento. Además, saben cómo evolucionar (de momento) esa rivalidad entre los dos protagonistas de manera que, aunque se coquetee en varios comentos con el desastre, no sigan cometiendo continuamente los mismos errores, pese a que se vea venir, desde casi el primer momento, que la cosa va a derivar hacia el cliché de los enemigos que se unen para enfrentarse a un mal mayor.

Sea como sea, el resumen es que he disfrutado mucho de estos diez nuevos episodios cuyo final anticipa la existencia de una cuarta temporada que debería comenzar a rodarse en breve y que estoy deseando ya que llegue.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Visto en Netflix: COBRA KAI

En 1984 se estrenó Karate Kid, una de esas películas que, sin ser gran cosa (como La historia interminable y otras tantas), se convirtió en una película de culto, merecedora de dos secuelas, una especie de reboot, un remake y hasta una serie de animación. Conceptos como el «dar cera, pulir cera» forman ya parte del imaginario popular y convirtió en estrella a Ralph Macchio y Pat Morita, cuyas carreras tampoco fueron mucho más allá de la franquicia (sólo Elizabeth Sue logró triunfar y mantenerse en el candelero).

No era una gran película, insisto. La clásica historia de superación deportiva con drama adolescente donde los buenos eran muy buenos y los malos muy malos, heredando conceptos de Rocky que serían aprovechados, un año más tarde, por la más inspirada y divertida Teen Wolf.

Es por eso que, a priori, una secuela en forma de serie a estas alturas no parecía una gran idea, más si encima era el buque insignia de la nueva plataforma de pago de YouTube. Pero lo que son las cosas, la misma serie ha sobrevivido al invento de YouTube y, tras dos exitosas temporadas, estuvo a punto de caer en desgracia tres el grabado de la plataforma hasta que Netflix llegó para recoger las migajas, sumarla a su catálogo y aprobar una tercera (por lo menos) temporada.

¿Y de qué va Cobra Kai? Pues como se pueden imaginar, recoge los pasos de Daniel LaRusso (Macchio) y Johnny Lawrence (William Zabka) y lo que la vida les ha deparado. Como parece obvio, Daniel es un triunfador, con una mujer preciosa y dos hijos, mientras que Johnny es un muerto de hambre, divorciado y con un hijo al que apenas ve. Sin embargo, este es el único tópico que la serie se permite, pues si la película presentaba a dos antagonistas arquetipos, sin apenas matices, Cobra Kai les da varias vueltas para conseguir que el bueno se comporte como un cretino y que el malo aprenda lo que es el honor de una forma muy natural, eliminando ese concepto del bien y del mal y dotando a ambos enemigos de una escala de grises cuya evolución es lo más interesante del serial. Tampoco es cuestión de dar la vuelta al concepto, ni mucho menos, pues los matices lo son todo. Y en Cobra Kai hay mucho de eso.

Cobra Kai tampoco renuncia a jugar las cartas de «la nueva generación», dando tramas igualmente atractivas a los descendientes y componiendo un plantel de secundarios adolescentes que tienen suficiente fuerza y carisma como para que no la subtrama más secundaria resulte aburrida.

Como es de suponer, Cobra Kai vive del recuerdo de Karate Kid, pero puede ser disfrutada incluso por aquellos que sean ajenos a las películas, pues todo aquello de vital importancia es recordado en forma de unos flashbacks que, por otro lado, tienen el mérito de no ser excesivos ni molestos. Con una mirada discreta al pasado, la serie acierta también con un uso de la moda de la nostalgia ochentera rehuyendo de la amenaza de acartonamiento propio de otros intentos recientes.

Se trata, en resumen, de una magnífica serie sobre una lucha de egos con el arte del karate como telón de fondo (y las diversas maneras de entenderlo), con la mezcla justa de intriga y culebrón que impiden que sea en ningún momento aburrida, resultando tan divertida como dramática y enternecedora.

Y es que otro gran acierto de la serie es su formato. Con una medida duración (apenas alcanza la media hora por episodio) y tandas de diez capítulos por temporada, es la dosis perfecta para dejar al espectador con ganas de más sin necesidad de meter paja para rellenar.

Una serie muy recomendable que no nueva a un target específico, pues es adecuada para toda la familia, muy superior a cualquiera de las películas precedentes y que, gracias a unos buenos guiones, demuestran que Macchio y Zabka son mucho mejores actores de lo que todos nos creíamos.