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domingo, 11 de septiembre de 2016

NO RESPIRES: Angustiante caustrofobia

Escribía hace unos días, a raíz del estreno de Nunca apagues la luz, de la evolución que está sufriendo el género del terror actual. En esta línea está No respires, una película enmarcada en el subgénero de las home invasión, un film que en el fondo es más de intriga y tensión que de terror puro pero con trasfondo dramático (tanto por parte de la protagonista como del villano) como telón de fondo.
El uruguayo Fede Álvarez sabe bien lo que hace. Ya fue muy prometedor su debut tras las cámaras con el remake de Posesión Infernal, que aun siendo muy inferior al film de Raimi si demostraba un buen manejo de la cámara y los tempos cinematográficos.
En No respires, otra vez apadrinado por Sam Raimi y con Rodo Sayagues de nuevo ayudándole con el guion, las cartas se ponen sobre la mesa desde el primer momento, con una historia tan sencilla como efectiva: tres chavales se dedican a meterse en casas para cometer pequeños atracos que les permitan salir de sus miserables vidas hasta que se cuelan en el lugar equivocado: la casa de un veterano de guerra ciego que no va a resultar una víctima fácil.
Álvarez no se complica la vida y opta por ir por el camino fácil. Huyendo de rocambolescos giros argumentales (aunque alguno hay bastante impactante), toda la fuerza de la película se basa en conseguir una agobiante sensación de claustrofobia que recuerda a los momentos más inspirados del primer REC de Balagueró, pero dotando de unas pinceladas de vida a sus protagonistas que ayudan a empatizar con todos ellos, al menos con los dos principales, el veterano Stephen Lang y la joven Jane Levy (a la que Álvarez ya torturó con saña en Posesión Infernal), que están estupendos. Es su brillante interpretación lo que termina por redondear una película que sabe aprovecharse de los clichés del género sin parecer una copia, siendo incómoda y angustiante, un cuento oscuro sobre fracasados sin nada que perder en la vida (aparentemente) y a la que puestos a buscar alguna pega le podría sobrar cierta escena (¿veo un homenaje al Cujo de Stephen King?) que quizá rompe un poco con la normas del juego.

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 7 de febrero de 2016

PESADILLAS: Divertimento familiar con aroma clásico.

Pesadillas (Goosebumps) fue una exitosa colección de libros de terror juveniles escritos por Robert Lawrence Stine que cobraron gran popularidad en la década de los noventa alrededor del mundo y que dio origen a una serie televisiva.
Ahora, cuando las nuevas generaciones posiblemente sientan muy lejanos los horrores propuestos por Stine en favor de una literatura más épica y utópica como las sagas de Los Juegos del hambre y compañía, el director Rob Letterman ha decidido devolvernos a ese universo tan escabroso y divertido que bien podría definirse (como en la misma película bromean sobre ello) como el de un Stephen King para adolescentes.
Pesadillas no se basa, sin embargo, en ninguna obra concreta de Stine, sino que más bien las aúna a todas a la vez, fantaseando con la idea de que el propio autor es capaz de convertir en realidad sus perversas creaciones y por ello debe vivir alejado de la sociedad, con su hija como única compañía, protegiendo los manuscritos originales donde están encerradas las criaturas.
Con el rostro de un comedido Jack Black (que ya coincidió con Letterman en Los viajes de Gulliver), Stine no es el gran protagonista del film sino que, como si en una película de los propios noventa se tratase, son unos jóvenes metomentodos los que marcarán el ritmo de la acción, en concreto el nuevo vecino, al que da vida Dylan Minnette (visto recientemente en Prisioneros e hijo de San Shepard en Perdidos), su recién conocido amigo, con el carismático rostro de Ryan Lee (que ya participó en otra película de estilo “retro” como Super8) y la propia hija, Odeya Rush.
Efectivamente, como sucediera en la mencionada Super8, Pesadillas recuerda poderosamente al cine de aventuras juveniles de la añorada década de los ochenta y los noventa, y recursos de E.T., Los Goonies, Karate Kid, Jumanji, Gremlins… Todo ello bien agitado en una coctelera que, como riéndose de los cacareados “universos compartidos” como el de monstruos que intenta crear la Universal, aúna en un solo film a un muñeco de ventrílocuo megalómano, un niño invisible, un hombre lobo, extraterrestres invasores, zombies, el Yeti, etc.
Con una brillante banda sonora de Danny Elfman y unos elaborados efectos especiales (una buena combinación entre CGI y animatronics tradicionales), la película no aspira a nada más que entretener y pasar un buen rato, y desde luego que lo consigue.
Simpática, divertida y nada aburrida, Pesadillas es una buena propuesta de terror familiar disfrutable sin demasiadas pretensiones.

Valoración: 6 sobre 10.

sábado, 8 de noviembre de 2014

ALEXANDER Y EL DÍA TERRIBLE, HORRIBLE, ESPANTOSO, HORROROSO (3d10)

Terrible, horrible, espantoso y casi hasta horroroso es soportar esta película cuyos escasos ochenta minutos de duración se hacen eternos y tediosos, no sólo para mi sino también para la mayoría de niños a los que oía murmurar en la sala.
Vale que se trata de una película Disney (lo que no nos dicen es que estaba pensada para el Canal Disney y que en el último momento la decidieron estrenar en cines para ver si colaba) y destinada a un público infantil, pero la presencia de sus dos actores protagonistas, Jennifer Garner y, sobre todo, Steve Carell (que no es un actor al que admire demasiado por sus aportaciones al mundo del cine pero sí que soy muy fan de su papel en The Office), invitaba a pensar que se trataría, al menos, de una comedieta que, si bien trivial y previsible, sería al menos entretenida y con algún chiste que mereciera la pena.
Pero no, todo es tan estúpidamente infantil, tan absurdamente televisivo que ni las situaciones hacen gracia ni la resolución es apropiada.
La trama parte de un niño coñazo que se piensa el ombligo del mundo y que cree que todo le sale mal cuando está rodeado por unos padres y dos hermanos triunfadores y que, en la estela de títulos como Big o Mentiroso Compulsivo, aprovecha el día de su cumpleaños para pedir un deseo y cambiar las cosas. Al día siguiente, él será el que triunfe y el resto de la familia los que se verán abocados al desastre, si en ningún momento se entienda si es causa del azar o si hay algún elemento fantasioso en todo esto, porque cuando se aburren de tanta tontería la tortilla cambia sin más y sanseacabó.
El problema no es tanto en el contenido como en la forma. No encuentro nada divertido ver a cuatro personas sufriendo todo tipo de accidentes desafortunados que se van a terminar arreglando con una facilidad pasmosa, de manera que ni el conflicto es divertido ni lleva a ningún camino, pues si se debe encontrar alguna moraleja para instruir a los más pequeños yo no la he sabido ver.
Tonta, simple y edulcorada en exceso, es un film totalmente prescindible y rápidamente olvidable. Independientemente de la edad.