Mostrando entradas con la etiqueta antonio garrido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta antonio garrido. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de octubre de 2015

LA PLAYA DE LOS AHOGADOS (6d10)

Una buena definición de esta película sería decir que es una obra artesanal. Con ello me refiero a que la historia de esta investigación policial que Domingo Villar guioniza a partir de su propia novela está narrada con una extensa corrección, Gerardo Herrero, director prolífico pero carente de grandes obras en su haber, filma con mano firme y Carmelo Gómez está muy convincente como inspector encargado del caso. No hay ningún reproche que destacar, nada malo que estropee la ficción, pero tampoco nada que la resalte demasiado. 
Ni la historia es arrebatadora, ni la dirección impresionante ni las interpretaciones emocionan. No es, por poner una comparación odiosa, una Isla Mínima del 2015. 
La playa de los ahogados narra como en un pueblecito pesquero del litoral gallego aparece un cadáver con todo el aspecto de corresponder a un suicida. El forense de la Policía, sin embargo, apuntará más bien a un asesinato torpemente camuflado y el inspector Leo Caldas tendrá que escarbar en las sombras del pasado hasta descubrir una turbia verdad.
Un argumento, como pueden ver, muy cinematográfico, al abrigo de las novelas negras (y sus correspondientes adaptaciones) tan de moda últimamente que provienen de los países escandinavos, y con el que el tono gris, frío y sobrio de la región gallega va que ni pintado.
No hay grandes figuras de la interpretación más allá del mencionado Carmelo Gómez y un caracterizado Antonio Garrido, lo cual por un lado da un punto de rareza al film, con voces a la que uno no está acostumbrado, de marcado acento (o directamente hablando en gallego), pero que, curiosamente, ayuda también a hacer más verosímil la cosa, otorgando un toque de credibilidad y realismo muy acertado.
En definitiva, interesante propuesta, agradable de ver y con un suspense calmado pero efectivo, que no va a aportar nada nuevo al género ni probablemente lo pretenda pero que tampoco molesta en ningún momento.

lunes, 17 de febrero de 2014

SÓLO PARA DOS (3d10)

Sólo para dos nace con la intención de ser una comedia romántica con la sana intención, sin embargo, de reírse del amor, entiéndase en el sentido más plástico del mismo, el más empalagoso, con referencias al amor de culebrones, a la música de Camilo Sexto y, sobre todo, a la artificiosidad de los resorts caribeños destino clásico para recién casados que en esta ocasión, para rizar más el rizo, se trata de un hotel exclusivo para parejas.
Sin embargo, aquí termina todo. Tras unos años con buenas películas españolas, cada vez más afianzada en el género del terror pero con comedias muy destacables y con pequeñas joyas esporádicas como Grupo 7, Vivir es fácil con los ojos cerrados, Celda 211, etc. está película dirigida (es un decir) por Roberto Santiago es un claro paso atrás en romper las barreras y los tópicos que nos incitan a clasificar el cine patrio como “más de lo mismo”.
Y es que Sólo para dos no solo plasma un estilo pesadamente televisivo sino que pretende conseguir el humor mediante clichés casposos mil veces vistos y totalmente faltos de originalidad.
Con un reparto hispanoargentino encabezado por un Santi Millán que lleva años repitiendo el mismo papel de siempre, la cinta pretende emular con gracia la eterna guerra de sexos mediante una historia de enredos, parejas que se rompen y se entrecruzan y cuernos donde el único mensaje que se puede sacar es el de que los hombres son todos unos cabrones que piensan con lo de abajo (ustedes ya me entienden) y las mujeres unas histéricas que no tienen ni idea de lo que quieren.
Simplemente simpática por momentos, la trapa avanza demasiado a trompicones, como si durante demasiado tiempo del metraje los guionistas no supiesen en qué dirección moverse, contando con el único reclamo de los paisajes caribeños que (y espero no ofender a nadie) dejan bastante que deseas, pues el caribe venezolano (la acción transcurre en isla margarita) no tiene punto de comparación con las playas de las Antillas Mayores. O quizá sea todo culpa de Roberto Santiago, que pese a conseguir un par de planos acertados (qué menos le vamos a pedir) no logra plasmar la belleza de la isla, de las playas de arena fina o de los paisajes forestales, hasta el punto de que uno debe quedarse hasta los títulos de crédito para comprobar que efectivamente han rodado en Venezuela en lugar de limitarse a construir cuatro decorados con palmeras de importación. Puede que lo único que Santiago pretenda destacar sean las curvas de María Nela Sinisterra. Él sabrá.
He obviado conscientemente el argumento, pues dentro de lo manido y chusco que es, les permitiré que al menos se sorprendan si pueden con los pocos giros de guion que contiene esta historia sobre un matrimonio en crisis que regenta un cutre hotel a pie de playa.
Alguna sonrisa provoca, pero no las suficientes… Así que aquellos que odiaron Tres bodas de más mejor que huyan sin pensárselo dos veces de este Sólo para dos.

Advertidos quedan…