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domingo, 9 de abril de 2017

POWER RANGERS: agradable sorpresa


Lo confieso. Cuando me enteré de que iban a hacer una nueva película de los Power Rangers mi reacción fue gritar a los cuatro vientos: ¿¿Por qué??
No tengo ni idea de cómo funciona el Universo PR, que según creo se basa en una multitud de series interconectadas, con mundos paralelos y locuras varias, pero lo poco que he visto de la serie original siempre me ha dado un poco de repelús, y desde luego que un producto tan infantiloide y noventero (aunque la serie que arrancó en 1993 sigue adelante en la actualidad) me parecía una pérdida de tiempo irreparable…
Craso error. Lo creáis o no, Power Rangers es una de las películas más estimulantes que hay actualmente en cartelera, en lo que a cine palomitero se refiere, muy por encima de la pretenciosidad desinflada de Ghost in the Shell o dejando a la altura del betún la construcción de personajes de títulos como La gran muralla o Kong: la Isla Calavera.
No me malinterpretéis, Power Rangers no es una obra de arte, pero tampoco pretende serlo. Es un simple divertimento, una actualización de unos personajes infantiles llevados al límite y confiriéndoles un tono algo más adulto. Pero el caso es que lo han hecho con mucho arte y oficio, dedicando casi dos tercios de la película (ya se habla de una saga de al menos seis títulos) a darnos a conocer a los protagonistas, a presentarnos a los chicos antes que a los héroes.
Se podría decir que los nuevos Power Rangers son una versión millenial de los superhéroes de Marvel, y de hecho en la propia película se nombra a alguno, además de que el uso de la banda sonora recuerda en parte a lo que hiciera Peter Gunn con Guardianes de la Galaxia. Pero es que además se han preocupado de que esa presentación de personajes tenga sentido, consiguiendo que los cinco protagonistas tengan una personalidad propia y diferente entre ellos cuando no llevan armadura. Para ello, se limitan a mirar un poco la realidad de la sociedad, tocando temas como el bullying o la discriminación sin hacer sangre de ello. Incluso la incorporación de un personaje homosexual se hace con total normalidad, como debe ser.
Ninguno de los cinco actores protagonista son estrellas consagradas, y posiblemente no tengan tablas para llegar a serlo nunca, pero saben lidiar con sus personajes con eficacia, dejando el lucimiento en manos de la villana Elizabeth Banks o en el buen hacer de Bryan Cranston poniendo voz a Zordon.
Con unos efectos visuales de primera, el director Dean Israelite , en su segundo trabajo tras Project Almanac, se basa en el humor para conseguir que la revisión de esta especie de superhéroes funcionen en la época actual, haciendo que en su arranque casi estemos ante una comedia gamberra con continuas referencias a clásicos como El club de los cinco. Es en la relación entre ellos que mejor funciona la película, haciendo creíble la reacción ante lo que les sucede cuando reciben sus poderes y permitiendo empatizar con todos ellos, preocuparnos por sus destinos.
Power Rangers no es una película emotiva, que pretenda tocar la fibra, pero sí un divertimento estupendo, con un ritmo calculado y bien medido y al que se le puede augurar un interesante futuro por delante. Consigue (y eso era harto difícil) no traicionar el espíritu original sin caer en el ridículo y su guion funciona mucho mejor de lo que se puede apreciar en producciones supuestamente semejantes como la saga Transformers. Además, los kiaju están de moda y Powers Rangers sabe explotarlo en un final donde se pone toda la carne en el asador y se alcanza la espectacularidad esperada sin llegar a agotar ni perder el sentido del humor.
Si os soy franco, me he quedado gratamente sorprendido. Y, por una vez, eso es algo positivo.

Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 10 de octubre de 2016

Sitges 2016: SAFE NEIGHBORHOOD

Segunda película de Chris Peckover como director, Safe Neighborhood es una película que arranca rindiendo homenaje al cine familiar de los ochenta, con Solo en casa como principal fuente de inspiración (y por extensión, cualquier comedia de Chris Columbus
o John Hughes), aunque también con sutiles toques de Carpenter por ahí sembrados.
Luke es un chavalín que, con ayuda de su mejor amigo, orquesta una treta para tratar de seducir a su joven canguro una noche en la que los padres salen a cenar fuera de casa. Premisa sencilla y simpática en la que Levi Miller (el Peter de la innecesaria Pan) lleva la voz cantante junto a Olivia DeJonge y Ed Oxenbould, quienes ya trabajaran juntos haciendo de hermanos en La Visita, aquella interesante propuesta de M. Night Shyamalan) y a los que hay que añadir, como no podía ser menos, dos veteranas caras reconocibles como Virginia Madsen y Patrick Warburton. Hasta aquí todo bien, pero entonces uno recuerda que estamos en el festival de Sitges y que las cosas no son lo que parecen, y rápidamente los torpes flirteos infantiles son interrumpidos por un intruso que acecha la casa, girando las cosas hacia el “serial killer” de turno.
Pero ni siquiera este es el giro final, encontrándonos de repente en una película de “home invasion” en toda regla pero con mucho sentido del humor, muy gamberra y con continuas sorpresas.
Algo tiene que recuerda ligeramente al Know know de Eli Roth, sustituyendo la trama sexual por la ingenuidad infantil, pero Peckover, pese a su falta de experiencia, parece dominar mucho mejor los diálogos y las situaciones límites que su colega Roth, consiguiendo una pieza bastante redonda, que aun sin ser original en casi nada logra sorprender con lo bien colocados que están los giros argumentales, consiguiendo estremecer y divertir a la vez y con un trio protagonista que, pese a lo joven que es, cumplen a gran nivel.

Valoración: Siete sobre diez.