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domingo, 14 de febrero de 2016

MEJOR... SOLTERAS: una tontería mayúscula

Mejor… solteras, la nueva película de Christian Ditter, director que dio el salto al cine “de mayores” con la desapercibida Los imprevistos del amor después de triunfar en el terreno infantil con Los Cocodrilos o Vicky el vikingo y el martillo de Thor, género en el que se podría haber quedado.
La película es una pretensiosa comedia romántica que se supone va a ilustrarnos sobre cómo son las mujeres de hoy en día, lo que piensan, lo que quieren y lo que sienten, y cuyo único mérito es saber distanciarse en última instancia del esquema predefinido del género, al menos en lo que a la protagonista se refiere, sin que por ello logre dignificar lo suficiente la película.
Concebida como un homenaje a la promiscuidad, el alcohol y la irresponsabilidad, Mejor… solteras cuenta la historia de cuatro chicas de Nueva York en busca del amor definitivo. Con Dakota Johnson como motor principal de la acción (y la chica cae bien, pero no ha demostrado todavía, en su breve carrera, gran variedad de registros) acompañada por su hermana en ficción, Leslie Mann, su mejor (y reciente) amiga a la que pone rostro y curvas Rebel Wilson y una cuarta protagonista totalmente desligada de este grupito y que conforma una historia un poco discordante al no tener más conexión que el ser clienta habitual del mismo bar (y compartir amante con alguna otra protagonista, ¿he mencionado ya que esto es una oda a la promiscuidad?).
No se puede poner ningún pero a la elección de las actrices, ya que todas ellas están perfectas en su papel. Y eso se debe, sobre todo, a que se limitan a hacer lo mismo de siempre. Alison Brie, la cuarta protagonista, podría haber empalmado este rodaje con el de cualquier episodio de Community mientras que Rebel Wilson repite el papel de salida despreocupada de La boda de mi mejor amiga o Dando la nota, teniendo ella, no obstante, los mejores chistes de la función.
Mejor… solteras en una comedia romántica con muy poco de comedia y que tampoco logra ser del todo romántica, tan empeñada en ir a contracorriente que llega incluso a burlarse en una escena de films como El diario de Bridget Jones o Sexo en Nueva York para acabar pareciéndose demasiado a lo peor de ese tipo de películas (escena navideña incluida). Y que en un argumento tan pretendidamente femenino y feminista lo más interesante sea el personaje del camarero que encarna Anders Braun ya avisa de por dónde van los tiros.
En resumen, película fallida donde lo peor es la sensación de que el director se cree más listo que el espectador y pretende ilustrarlo con una memez bastante sosa y en la que cuesta llegar a empatizar (o que simplemente te caiga bien) cualquiera de los personajes “perdidos” que pululan por ahí.
Claro que tampoco es que haya sido una sorpresa, si les soy sincero.

Valoración: 4 sobre 10.

martes, 4 de noviembre de 2014

VAMOS DE POLIS (7d10)

Hay películas para todos los gustos y todos los momentos.
En ocasiones resulta complicado analizar una película y ser consecuente con sus autores, por lo que hace tiempo tomé la determinación de juzgarlas en función de sus valores y según el cumplimiento de sus objetivos.
Así, Vamos de polis habría que definirla como una estupidez de película, tan previsible como tópica, con un par de actores cumplidores pero poco más. Sin embargo, consigue con creces su objetivo, que no es otro que el de divertir. Y es por eso por lo que merece una muy buena nota, en una época donde las comedias (las buenas comedias) son tan escasas.
Vamos de polis podría querer parecerse en su forma a aquellas comedias de Ben Stiller y Owen Wilson (el tercero en discordia, Vince Vaughn bien podría ejercer de villano, aquí interpretado por el gran Andy García), con algún toque (esto es inevitable en películas que tratan, más o menos, de una pareja de policías en clave de humor) de Dos policías Rebeldes o incluso Arma letal. De hecho, no me habría extrañado para nada haber visto a esos mismos actores en estos papeles si no fuesen ya algo mayores para ello, pues uno de los temas “serio” que se pretenden reflejar es la crisis de los treinta, cuando se cruza la frontera entre la juventud y la madurez y se debe concretar el camino que definirá nuestros destinos.
Ryan y Justin son dos amigos que comparten piso en Los Angeles y que tienen un denominador común: son unos fracasados. Uno era una prometedora estrella deportiva hasta que se lesionó, mientras que el otro ha creado un interesante videojuego pero no tiene el valor suficiente para hacerse escuchar en la empresa en la que trabaja. Pero un día, cuando acudan por error a una fiesta disfrazados de policías y la gente de la calle se piensen que son representantes de la ley de verdad, descubrirán lo que es sentirse importantes. Y se meterán en un papel del que ya no sabrán escapar.
Comedia típica de enredos, malos muy malos y chicas muy buenas, equívocos y casualidades imposibles, el conjunto de la misma es en momentos tronchante. No aspira a nada más que a eso, por muy serio que haya podido quedarme todo el rollo de la crisis de los treinta.
Vamos de polis es lo que es, una chorrada enorme sobre unos tipos bastante idiotas que consigue ser divertida sin apenas recurrir a la escatología, no tomándose en serio a sí misma en ningún momento y consiguiendo ser un muy buen pasatiempo sin más pretensiones que hacernos olvidar por un rato de la vida real.
No da mucho, pero tampoco lo pide.