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sábado, 23 de abril de 2022

EL PRIMER SANT JORDI DE NOAH

Si ya antes de ser escritor me ilusionaba la diada de Sant Jordi en Catalunya, con sus coloridos puestos de rosas, sus paradas llenas de libros y con las calles más céntricas abarrotadas de gente, una vez me metí en esto de escribir creo que sobran las palabras. Ya no se trataba solo de pasear por las Ramblas, cotilleando las novedades editoriales hasta decidir cuál iba a ser mi compra anual, sino de estar al oro lado de la mesa, frente a libros con mi nombre impreso en la portada, firmando ejemplares a aquellos que se animaran a comprar uno de ellos.

Sin embargo, el año pasado todo cambió. El año pasado, en el ecuador de la jornada festiva más bonita que conozco, en plena fiesta del libro y de la rosa, nació mi primogénito, el fruto del amor que Arelys y yo nos tenemos. Nació mi hijo Noah, al que, casi por obligación, pusimos como segundo nombre Jordi.

Ha pasado un año desde entonces. Un año que ha seguido marcado por la pandemia, a la que hay que añadirle volcanes, crisis energéticas que están derivando en crisis económicas, guerras y, en el apartado personal, la publicación de una nueva novela y un fugaz paso por quirófano del que ya estoy casi recuperado. Pero lo que de verdad me ha marcado ha sido el día a día con Noah, el verlo crecer en un suspiro, sus primeras palabras, sus veloces gateos, esa mirada pícara cuando lo sorprendemos haciendo una travesura… Siempre había querido tener un hijo, y lo imaginaba como una experiencia maravillosa, pero debo confesar que todas mis expectativas se quedaban cortas.

La vida al lado de Noah es maravillosa, y por eso quería celebrar su primer cumpleaños de manera especial.

Sigo unido a Célebre editorial, y con ellos estaré este Sant Jordi firmando ejemplares de El hombre de trapo mataba por amor, pero por un momento les he sido infiel y he vuelto a mis años de autoedición, de la mano de Amazon, para hacer un pequeño experimento que ha terminado siendo un regalo plagado de cariño y amor.

Como no podía ser de otra manera, he aparcado por un momento los monstruos y la oscuridad para confeccionar un humilde libro de cuentos (cuatro en total) a los que me he atrevido a ilustrar yo mismo, jugueteando por primera vez con desiguales resultados con las tabletas digitales.

El libro resultante, Cuentos de Crotana, es una simple muestra del amor que siento por mi niño, y no tiene más pretensión que la de agradar a mi pequeño, acompañándolo quizá en la hora de irse a dormir, pero si alguno tenéis alguna curiosidad, sin que vaya a hacer mucha promoción de ello (el objetivo nunca fueron las ventas, insisto), lo podéis encontrar en Amazon. No sé si es bueno o malo, si divierte o aburre. No ha pasado por correctores ni lo ha leído nadie más antes de su publicación. Es solo una vía de enlace entre Noah y yo. Y todos los que me leéis, familiares, amigos o desconocidos, formáis parte, de una manera o de otra, de mi familia, y por lo tanto estáis invitados a participar de ese enlace.

 

Feliz primer cumpleaños, Noah. Tu madre y yo te queremos con locura. No lo dudes nunca.

jueves, 29 de abril de 2021

Reflexiones: EL MEJOR SANT JORDI DE MI VIDA

Es evidente que para un escritor el 23 de abril es un día muy especial. Quizá el mejor del año. Al menos en Cataluña, aunque pienso que hoy en día se puede extender a toda España. Por aquí hay quien relaciona esa fecha con el día de los enamorados, ya que existe la bonita costumbre de que el hombre regale una rosa a su pareja (aunque suele hacerse lo mismo con madres, suegras, amigas…). Ese es una de las facetas del día de Sant Jordi. El otro es la celebración de una curiosa onomástica: la de la muerte de Miguel de Cervantes y William Shakespeare, los dos autores más importantes de la literatura española y británica respectivamente (amén de otros como Lope de Vega, Maurice Druon, Haldor K.Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla, Manuel Mejía Vallejo o William Wordsworth.

En Sant Jordi, día internacional del libro para el resto del mundo, las librerías ofrecen un descuento en la venta de libros y los autores suelen acudir a los puestos de venta (es muy bonito ver las paradas colmando las vías principales, como las Ramblas o el paseo de Sant Joan, alternando libros y rosas) a firmar sus ejemplares. Es el día del año en que más se vende y una oportunidad de oro para autores nóveles para darse a conocer.

Tras los consabidos problemas del año pasado, este no pintaba mucho mejor, con prohibiciones de firmas y restricciones varias. Sin embargo, el espíritu festivo del día triunfó por encima de todo y la jornada, acompañada de un generoso sol, fue mucho más que digna.

¿Y qué pasó conmigo? Inicialmente pensaba estar firmando en varios puntos. Después la cosa se limitó a la librería Somnia y terminé por anunciar mi ausencia en ningún puesto de venta por los problemas de distribución de Sanguijuelas. Sí me comprometí a pasar por la parada de Célebre Editorial para acompañar a mis amigos y compañeros y saludar a los lectores potenciales.

Pero no. No hice acto de presencia. No visité a mis editores ni realicé mi propia búsqueda del tesoro en las paradas en busca de mis tradicionales compras. No participé absolutamente en nada relacionado con la fiesta. Mi única aportación al día del libro fue una serie de artículos que compartí en mi blog a ritmo diario, incluyendo la participación en un video literario propiciado por SEAT. Pero solo cosas preparadas con antelación. El día 23 desaparecí literalmente del mapa. ¿El motivo? Mucho de los que me seguís en mis redes sociales ya lo sabréis, pero tras casi una semana sin tocar siquiera mi ordenador (más que para subir alguna que otra fotografía vía Instagram), es hora de ponerse manos a la obra para compartir con todos vosotros mi particular día de Sant Jordi. Un Sant Jordi que, ya os lo puedo asegurar, ha sido el mejor de mi vida.

Y es que este 23 de abril estuve en la clínica Sant Jordi (curiosa casualidad) asistiendo al parto de mi primer hijo, un precioso varón de algo más de tres kilos de peso que me tiene completamente enamorado desde su primer segundo de vida y del que me cuesta separarme un segundo siquiera.

Así que ya lo sabéis. Este año no he estado firmando libros. Pero he visto culminada mi mejor obra. Mía y de mi amada Arelys. Se trata de Noah Jordi Medina Eugenio, y hoy tengo el inmenso placer de compartir mi felicidad con vosotros.

viernes, 23 de abril de 2021

La semana de Sant Jordi: GENERACIONES.


Un conato de nostalgia embargó a Diego al sentarse al volante de su viejo SEAT Ibiza SXi del 89. El
Highway to Hell de AC/DC sonaba a todo volumen en el castigado radio-cassette, transportándolo a aquella época ya lejana donde el futuro no existía y la única meta era llegar lo más rápido posible al otro lado del horizonte, aunque para ello hubiese que tomar un atajo por el infierno. Nada importaba más que la próxima canción, la última chica o la siguiente cerveza, como elementos decorativos de un mundo que no comprendía y del que sólo se sentía a salvo mientras conducía, a toda velocidad, ese fiel Ibiza del 89.
Era otro domingo más, uno de tantos en los que Diego acudía con su familia a la casa de campo familiar donde tantas veces se habían juntado todos los hermanos alrededor de sus padres para darse atracones de calçots con salsa casera y parrillada con alioli, siempre protegidos por baberos ridículos camuflados en ceniza.
Había pasado mucho tiempo ya desde aquellos festines, en los que Don Jacinto Peronte, el patriarca de bigote imposible, levantaba su vaso de vino para brindar por su familia y la felicidad que le producía verlos a todos allí reunidos. Y había pasado mucho más aún de aquellos días en los que Diego iba ataviado con camisetas de Eddie, la mascota de Iron Maiden, y chupas de cuero con parches de Harley-Davidson, cuando el viento que entraba por la ventanilla revolvía su melena negra y lo impregna todo con aroma a gasolina y neumático quemado. Cuando el «vive rápido, muere joven y haz un bonito cadáver» que se suponía había dicho alguna vez James Dean era su propia máxima.
-Menos mal que ahí estabas tú para frenarme un poco, ¿eh, papá?  -le dijo al asiento vacío del copiloto.
No se consideraba a sí mismo una persona nostálgica, pero esas visitas semanales al viejo cacharro de su infancia eran casi un dogma para él. «Living easy, living free», le gritaba a través de unos altavoces algo distorsionados Bon Scott, tal y como hiciera en los mágicos años noventa, mientras el pobre de Don Jacinto se desgañitaba tratando de hacerse oír por encima de ese ruido ensordecedor.
«Baja la dichosa música.»
«No corras tanto.»
«Vuelve a casa temprano.»
«Haz caso a tu madre.»
«Si no quieres estudiar buscate un trabajo.»
Consejos y más consejos de los que Diego escapaba a golpe de gas, quemando el neumático contra el asfalto.
-Por aquel entonces era bastante cretino, ¿verdad? -preguntó de nuevo al silencio.
Y fue el pasar del tiempo quien le contestó, escupiendo desde el espejo la imagen de un Diego ya arrugado, de cráneo rasurado y dibujos canosos en su barba.
Recordó la sucesión de acontecimientos. Las horas muertas junto a su viejo haciendo cambios de aceite o puestas a punto al motor. El primer beso a Marta en el asiento de atrás, uno de los últimos servicios del fiel Ibiza, que ya había sido sustituido por un León familiar el día del entierro de Don Jacinto, con Marta ya embarazada. La bestia ya había sido domada y su último acto de rebeldía había sido el de conservar el viejo coche en esa especie de mausoleo en que se había convertido el garaje. La velocidad deportiva dio paso a una circulación suave para no despertar al bebé y antes de darse cuenta el rock había sido sustituido por los Cantajuegos (sea lo que sea que eso signifique) y a medida que su cabello menguaba y su barriga se expandida el ser que habitaba en el asiento de atrás y al que a la madre le había dado por bautizar como Saulo, se convertía en un perfecto desconocido.
Siempre oculto bajo unos auriculares enormes aunque no lo suficiente como para amortiguar el sonido de la música, ajeno a conversaciones familiares y encerrado en su propio capullo, el niño se hacía hombre mientras se dedicaba, por el camino, a sacar de quicio al pobre padre. 
«Baja la dichosa música.»
«No corras tanto.»
«Vuelve a casa temprano.»
«Haz caso a tu madre.»
«Si no quieres estudiar buscate un trabajo.»
Y un día Diego, que había aceptado el hecho de que el Rock había muerto pero se negaba a proclamar aquello de «larga vida al trap», se dio cuenta de que Saulo se había convertido en la versión joven de él mismo y él era ahora Don Diego. 
-Ya madurará, ¿verdad? -de nuevo interrogó a su propia soledad. -Yo lo hice. 
Claro que él no era como su hijo. Esa era una generación perdida, que preferían hacer un botellón en la acera que salir de copas a un bareto musical, jugaban a matar yonkis y putas on-line en lugar de bajar a pelotear al parque y mantener relaciones con desconocidos mediante apps virtuales antes que currárselo con las niñas monas del barrio en la puerta de la disco. Una generación que no se parecía nada a la suya, incapaz de conectar con sus mayores, y que a la vez era casi idéntica a ella.
Diego había albergado la esperanza de que su retoño hubiera sentado la cabeza ahora que tenía novia, aunque nunca se la había presentado como tal (parece que ya no se hacen esas cosas). Que se centrara y empezara a buscar un trabajo serio y a preocuparse por el futuro, ese futuro del que él mismo renegaba hasta que tuvo conciencia, y la preocupación por el cambio climático lo impulsara a cambiar el León por un Tarraco e-HYBRID en pos de la ecología. Pero pocas ilusiones se hacía cuando la tal Camila (presunta aspirante a nuera) ni siquiera se había presentado a la comida familiar, pese a que siempre la habían recibido con los brazos abiertos. Estaba indispuesta, había dicho, o alguna excusa parecida.
Y mientras en la cinta de cassette que algún amigo ya olvidado le grabó con lo mejor del rock de la época empezó a sonar una versión en directo del Satisfaction de los Rolling, Diego se aferró más que nunca a los recuerdos de esa época que no habría de volver ya más.
-Nunca hace caso, papá -le dijo al abuelo que nunca llegó a ser-. No escucha mis consejos, no quiere ni oír hablar de mis viejas historias. Y sé que si me dejara tendría tantas cosas por enseñarle...  Pero pasa de la familia, no se separa del móvil, ni deja de escuchar esa odiosa música que no entiendo. Es casi…
Y entonces, de algún lugar muy cercano, le llegó la respuesta en forma de iluminación.
-Es casi como era yo, pendiente sólo de mi coche y mi rock'n'roll.
En cierto modo, podía sentir la sonrisa de su padre, recordar cuántas veces le había oído consolar a su madre con la clásica frase de «aún es joven, ya cambiará». Y vaya si cambió. De hecho, hubo un momento es que llegó a reconocer que quizá fuese la insistencia algo cansina de su padre lo que le había evitado terminar en la cuneta haciendo un cadáver que seguramente no habría tenido nada de bonito.
-¿Es así, papá? ¿Debo mantener la esperanza? ¿Tú qué opinas?
-¡El fuego!
La voz lo sobresaltó, desorientándolo momentáneamente. Movió el espejo retrovisor interior y reconoció la silueta desgarbada de su chaval bajo el umbral de la puerta del garaje. Estaba gritando para hacerse oír por encima de la voz de Mick Jagger hasta que Diego apagó el radio-cassette.
-Que dice mamá que espabiles con el fuego o los calçots serán ya para merendar -repitió con desgana.
Diego se encogió de hombros y salió al fin de esa especie de máquina del tiempo en que se había convertido su Ibiza. Lo rodeó por delante y abrió la puerta del copiloto.
-Adiós, papá. Nos vemos el domingo que viene.
Saulo lo miró con resignación, acostumbrado ya a las rarezas de su padre. Se disponía a regresar al exterior cuando echó un último vistazo al viejo coche.
-Deberías librarte de este cacharro de una vez. Quizá aún podrías sacarle algo de pasta por Wallapop.
-Forma parte de la familia, pero no creo que puedas entender lo especial que es.
Saulo se limitó a encogerse de hombros y señalar hacia un neumático.
-Y encima tienes una rueda pinchada.
Diego se puso en cuclillas para revisarla. No vio ninguna marca que revelara el pinchazo, así que descartó lo peor.
-Sólo ha perdido aire. Luego la volveré a inflar.
Estuvo a punto de preguntar a su hijo si lo quería ayudar, pero sabía que era una pérdida de tiempo. Ni siquiera lo habría escuchado, ensimismado como estaba ya el joven leyendo un mensaje en su smartphone.
Lo que en esos momentos no podía ni imaginar Diego era el contenido de ese mensaje y lo que les iba a cambiar las vidas.
«Ya es definitivo. Estoy embarazada» se leía. Y tras una sucesión de emoticonos sonrientes proseguía: «¿Estás preparado para ser papá?»
Saulo respondió con una carita asombrada y una sucesión exagerada de emojis lanzando besos y otros símbolos de alegría, flamenca bailando incluida. 
Carmela se despidió con: «Da un beso a tus padres de mi parte. Yo voy a descansar un rato; llámame tras el postre» Y nuevo intercambio de carantoñas virtuales.
Tras tomarse unos segundos para digerir la noticia Saulo, con una sonrisa boba iluminando el rostro, ayudó a su padre a ponerse en pie y le pasó un brazo por encima del hombro.
-Estaba pensando que tendría que empezar a aprender cómo preparar una buena barbacoa, ¿no crees? Y mientras se va haciendo el fuego quizá podrías contarme alguna de tus aventuras con el Ibiza este, ¿te parece? O te podría echar una mano con esa rueda, no sé...
Diego no entendía nada, pero tampoco le importaba. Había aprendido que ante las cosas buenas era mejor dedicarse a disfrutar el momento sin hacerse muchas preguntas, no fuese a ser un espejismo. Justo antes de salir los dos juntos del garage el padre se giró una última vez hacia su coche. 
En el espejo interior vio reflejado el rostro de Don Jacinto que, sonriente, le guiñaba un ojo.
Una vez en el exterior, el chico se sobresaltó al escuchar el sonido de la puerta del copiloto cerrándose sola, aunque Diego ni se inmutó. Algún día le explicaría a su hijo por qué seguía encerrándose en ese viejo coche cada domingo. Algún día. 
Pero de momento, ese seguiría siendo su secreto. Suyo y de su padre, el bueno de Don Jacinto.

Para mi padre.
Para mi hijo.







La semana de Sant Jordi: UN RELATO A OCHO MANOS

Como avisaba ayer, en SEAT acostumbran a hacer algo especial para celebrar la fiesta de Sant Jordi. Esto es principalmente mérito de Rocío Soria, a la que nunca estaré lo suficientemente agradecido por lo mucho que me ha ayudado y el cariño con que ha tratado siempre mis obras, en especial Mundo Muerto.

Su ocurrencia para este año ha sido juntar a cuatro empleados de la fábrica, entre los cuales estoy incluido, para que escribamos un relato entre todos y, de la mano del gran Javier Carreras, hacer un vídeo para presentar este mismo 23 de abril.

No ha sido un trabajo sencillo, ya que lo hemos coordinado desde la distancia, vía wasap, pero creo que ha salido algo muy simpático y respetando el estilo de cada uno de nosotros.

Laura Rodríguez, Carolina Gabás e Isaac Guerrero han hecho un brillante trabajo, y para los que no tengáis acceso al portal de comunicación de SEAT, aquí tenéis una copia del vídeo.



Además, después de haber estado trabajando en esta historia y con el dolor de haber tenido que dejar cosas fuera por culpa de la limitación de tiempo, se me ha ocurrido escribir una versión más completa, con una sola voz, pero respetando las aportaciones de mis tres compañeros y recuperando una idea que quedó descartada por espacio y que me parecía muy bonita.

En un rato, después de que hayas tenido tiempo de disfrutar del vídeo, lo cuelgo.

Consideradlo mi regalo del día del libro.

 

¡¡Feliz Sant Jordi!!

jueves, 22 de abril de 2021

La semana de Sant Jordi: RECORDANDO EL AYER

Siempre lo he dicho. Soy una persona que tiende al exceso. Y los que hayas comprado Mundo Muerto sabréis a lo que me refiero. Por eso siempre he sido más de novela que de relato corto.

Pero, de vez en cuando, me gustan los desafíos. Y en SEAT, empresa donde trabajo, el departamento de comunicación acostumbra a proponer alguno coincidiendo con la buscada de Sant Jordi.

Aún es pronto para revelar la sorpresa de este año, pero me parece un buen momento para recordar el concurso de microrrelato de hace algunos años. Contar una historia utilizando mil palabras o menos era todo un reto para mí, por eso el haber ganado el primer premio me fue tan especial.

Para recordar el momento, aquí os dejo el texto, por si lo desconocíais o no lo recordabais ya…

 

Nunca quiso ese trabajo, pero organizador de entierros era todo a lo

que pudo aspirar. Vivía en una zona de montaña y viajaba de pueblo

en pueblo, preparándolo todo, consolando a familiares y despidiéndose

de desconocidos. Tenía cara de palo, con ojos plomizos de lágrimas

postizas y traje gris. Daba pésames y regalaba tristeza.

Al terminar, se subía en su León de insultante amarillo chillón, oculto

de la vista de los familiares por respeto al luto, encendía la radio a

todo volumen, aflojaba el nudo de su corbata y se permitía soñar con

ser feliz hasta llegar al próximo pueblo.

 

Mañana más...

miércoles, 21 de abril de 2021

La semana de Sant Jordi: SE ACERCAN LAS GUERRAS DE SANGRE

(Antes…)

Las ramas secas crujían al partirse bajo sus pies, maltratadas por un

otoño especialmente cruel. Entre los recovecos del camino apenas

visible por la maleza, pequeños charcos de humedad seguían

congelados a tan temprana hora, estallando en cientos de motas de

cristal cuando las botas de cualquiera de los seis jóvenes profanaban

su superficie.

 

Así comienza Sanguijuelas, cual macabro presagio de lo que está por llegar. Seis jóvenes, seis ilusos que pretenden jugar con cosas que desconocen y que harán que sus vidas cambien para siempre. Especialmente para Antonio quien, casi sin saberlo, hará un pacto que sentenciará su propio destino.

Tiempo después, Antonio continúa buscándose a sí mismo cuando Tomás, un empresario ávido de poder, se cruza en su camino.

Pero el pasado siempre regresa, y Anne, la vampiresa cruel e insaciable con la que empezó todo, tiene sus propios planes para ellos.

La historia de Sanguijuelas se remonta muy atrás en el tiempo, casi veinticinco años, cuando mi buen amigo Carlos Abreu, traductor y escritor ocasional, confeccionó una pequeña pieza (en su momento iba a ser guion) de unas pocas páginas que planteaba las semillas de lo que sería la relación enfermiza entre Tomás y Antonio.

Como le sucediera a Stephen King con el poema llamado «Childe Roland a la Torre Oscura llegó» y que dio por a su monumental saga de La Torre Oscura, ese pequeño relato me cautivó hasta tal punto que también yo lo convertí en la piedra angular de mi propia saga de novelas: Guerras de Sangre. No que decir tiene, contacté con Abreu para contarle mi proyecto de crear una historia larga en base a su relato y con gran generosidad me la regaló, siendo más un concepto grabado en mi memoria que un cuento en sí, ya que no se conservaba ningún material escrito del original.

En honor a la verdad, no iba a ser esta mi primera aproximación al mundo de los vampiros. Llevaba ya un tiempo trabajando en una historia ambientada a caballo entre California y Nevada con historia de amor de por medio (y que nadie me mencione a Crepúsculo que me pongo de los nervios). Pero aún estaba desarrollando el primer borrador cuando el recuerdo de lo que acabaría siendo Sanguijuelas se metió en mi cerebro y me empezaron a asaltar las dudas sobre si era conveniente trabajar en día novelas diferentes de vampiros o era repetirme demasiado. Y es entonces cuando caí en la cuenta de que pese a ser dos argumentos muy diferentes, ambos compartían una misma base: los vampiros, después de años absorbiendo en las sombras, habían decidido dar un paso al frente y, dado que en esta época la noche tiene casi la misma vida que el día, conquistar a la humanidad.

Así, se podría decir que ambas historias eran dos patas de una misma mesa. Sólo me faltaba la manera de unirlas y descubrir hasta dónde me llevaban. Y ese hasta donde fue hasta una guerra entre vampiros y humanidad que se desarrollaría, al menos, a lo largo de cinco novelas.

Las bases de mis Guerras de Sangre ya estaban plantadas. Sólo me faltaba determinar la conexión entre las respectivas obras. Y en un ejercicio de honestidad y responsabilidad hacia el lector (y hacia mí mismo, debo reconocerlo), tomé la decisión de hacer que ambas obras (Sanguijuelas y su continuación, que tiene el título provisional de Mithos) fuesen autoconclusivas. Necesitaba que el lector pudiera enfrentarse a la novela sin tener que cargar de antemano con el peso de una saga que quién sabe cuándo se llegará a escribir. Es por eso que en la portada de la edición de Célebre Editorial no se nombra nada referente a la saga.

Al igual que Mundo Muerto, Sanguijuelas tuvo una primera edición autoeditada en Amazon, pero su carrera comercial fue muy breve, ya que no tuvo el apoyo mediático de mis crónicas zombies y además fue retirada de su venta al poco de publicarse, ya que coincidió en el tiempo con mi entrada en Célebre Editorial y no quería coincidir al lector, pues mi deseo era que fuese la editorial capitaneada por Ricard Pérez quien hiciera la reducción definitiva.

Ahora, arrastrando aún está extraña época de pandemias, Sanguijuelas vuelve a salir a la luz, esta vez con toda la ambición del mundo y el deseo de llegar al máximo número de lectores.

Es una época complicada, con un Sant Jordi mermado al que hay que añadir los problemas logísticos que van a retrasar una semana la publicación, pero saldremos adelante. Anne no se rendiría y yo tampoco pienso hacerlo.

Así que recordad: Sanguijuelas, ya en preventa en Célebre Editorial  y muy pronto en vuestra librería preferida.

Mañana, más...

martes, 20 de abril de 2021

La semana de Sant Jordi: DE CHARLA CON VERÓNICA BAEZ.

¿Conocéis a Verónica Baez? Es una joven apasionada por la lectura que lleva ya algún tiempo promocionando escritores desde su canal de Instagram.

Además, es poetisa, y lo podéis comprobar comprando su primer libreto: Simetrías por trazar.

El otro día tuvimos la oportunidad de conocernos mejor gracias a una agradable entrevista (yo casi la llamaría mejor charla) en la que dice tiempo de repasar los orígenes como escritor (mención obligada a Carlos Abreu y Walter Arias), dar un par de pinceladas a Mundo Muerto y Sanguijuelas e incluso tantear el futuro.

Os recomiendo seguir a Verónica de cerca. Y a los que seáis de Barcelona, os adelanto que este Sant Jordi estará firmando por aquí… ¡¡Buscadla!!

Y por si os perdisteis nuestra charla, a continuación os dejo el vídeo. Disfrutadlo y comentad:



Mañana, más...

lunes, 19 de abril de 2021

La semana de Sant Jordi: OTRO AÑO SIN FIRMAS

Ya hace años que Sabina cantaba aquello de: «¿Quién me ha tocado el mes de abril?».

Empieza hoy la semana de Sant Jordi. Empieza hoy otra semana sin firmas...

Ya lo he ido anticipando por redes sociales, pero ha llegado el momento de confirmado en mi blog oficial: Un año más, Sant Jordi será algo descafeinado.

Resulta curioso que desde que se publicó por primera vez Mundo Muerto, allá por 2017 y mediante la fórmula de la autopublicación, no he fallado ni un solo 23 de abril, ya sea firmando en las desaparecidas Libr-up o Mon Mitic, en una parada de la biblioteca de Can Fabra de Barcelona o en la plaza mayor de Maçanet de la Selva. Ironías del destino, ha sido precisamente tras fichar por una editorial de verdad que la racha se ha truncado. Y no precisamente por culpa de ellos.

En Célebre Editorial se han portado estupendamente, desde una espectacular presentación en la mítica librería Gigamesh hasta presencias confirmadas en ferias del libro tan importantes como la de Madrid, Alcobendas o Valencia. Pero todo se truncó por culpa de cierto bichito microscópico al que han dado por llamar Covid-19 y que apareció justo después de la presentación de Gigamesh (fue por los pelos) y que imposibilitó toda presencia en ferias literarias debido a las restricciones y, sobretodo, al confinamiento por el estado de alarma del año pasado. Y, por supuesto, fulminó cualquier esperanza de poder firmar libros en Sant Jordi. Dicen que quien no se consuela es porque no quiere, y se pidió maquillar un poco la cosa con un maratoniano programa en directo desde el Facebook de la editorial y presentaciones on-line, amén de disparar un simulacro de Sant Jordi en el mes de junio. Pero claro, no es lo mismo. Primero, porque un día del Libro (y de la Rosa) alejado del mes de abril pierde su romanticismo. Seguro, porque pese a las halagüeñas (e irrisorias) previsiones, la pandemia no había cedido demasiado (y lo que estaba por llegar), y el miedo y las nuevas restricciones impidieron que la cosa tuviese un mínimo de lustro. En aquellos momentos, las mentes de todos los perjudicados (autores, libreros, editores, distribuidores y floristas) estaban con la misma idea: darlo todo en el Sant Jordi del 2021. Y hete aquí que después de pensar que 2020 había sido un año especialmente nefasto, descubrimos que con el cambio de dígito la cosa no iba a variar mucho.

Habían grandes eléctricas para la jornada de este próximo viernes, con firmas previstas en las calles de Barcelona y Badalona, a las que se les sumaba mi presencia en la librería Somnia (de los mismos propietarios que Célebre Editorial) y con la opción de Maçanet e la recámara.

Y de nuevo el destino cruel se cruza en nuestro camino. De nuevo aumentan las restricciones y, aparte de del confinamiento perimetral en Cataluña que impide la entrada y salida comarcal, se prohíben las firmas en la calle. Ni siquiera se permite a los autores estar en los stands de las editoriales.

A todo ello, a nivel personal, se suma una serie de problemas logísticos (que es la manera educada de decir que por culpa de la pandemia todo funciona mucho peor) que va a impedir que Sanguijuelas llegue físicamente a las librerías a tiempo. Ello ha motivado que finalmente haya decidido no estar presente tampoco en Somnia (el último reducto que nos quedaba). Es absurdo quitarle el espacio a otro autor que pueda presentar alguna novedad cuando mi oferta consiste en una novela del año pasado que aspiraba a engordar al público más casual, aquel que se detiene a chafardear en las paradas y que si entra en una librería es buscando algo concreto.

Al menos, me dicen que los vendedores de rosas sí esperan que sea un buen año.

Pero no escribo esto para compartir mi pataleta. No es momento de llorar, sólo quería explicaros una situación concreta y sus motivos. Al fin y al cabo, no es verdad que nos hayan robado el mes de abril. Ya lo dice la propia canción: «lo guardaba en el cajón, donde guardo el corazón». Y ahí seguirá hasta el año que viene en el que, esta vez sí, vamos a darlo todo.

Pero tampoco estoy dispuesto a esperar tanto, y a poco que mejoren las cosas espero poder anunciar en breve la presentación de la nueva edición de Sanguijuelas para mayo o junio, más presentaciones en septiembre y octubre y, quizá, hacer acto de presencia en el próximo Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges.

Pero ya hablaré de eso cuando llegue el momento. Por ahora, prefiero centrarme en esta semana de Sant Jordi en la que voy a publicar un comentario diario con alguna que otra sorpresita.

Y es que, como se podría escribir en alguna pancarta revolucionaria: «Nos podrán quitar las firmas, nos podrán quitar las ventas. Pero no nos podrán quitar la ilusión».

Mañana más...

jueves, 23 de julio de 2020

Reflexiones: SANT JORDI CON MASCARILLAS

Dicen las malas lenguas (o las buenas, que en cuestiones de lenguas cada cual tiene sus gustos y preferencias) que hoy se ha celebrado el día de Sant Jordi. 
Sant Jordi, esa fecha tan bonita que conmemora la cultura universal, con Cervantes y Shakespeare a la cabeza, y que en algunos lugares como Catalunya es casi un equivalente al día de los enamorados. Sant Jordi, donde la tradición dicta que los hombres regalen una rosa a sus enamoradas y estas lo correspondan con un libro. Sant Jordi, el día grande para los escritores, que salen a las calles a firmar ejemplares, con la esperanza de darse a conocer a nuevos lectores, a palpar las sensaciones con sus aficionados, de hermandad a libreros y editoriales. Sant Jordi, cuando las ramblas se visten de colores, aquí con las cuatro barras sangrantes sobre amarillo, donde los floristas hacen sus mejores ventas y todos caminamos con una rosa en la mano. Sant Jordi, ese día tan especial que cae invariablemente en 23 de abril.
Excepto este año.
2020 será recordado como uno de los años más raros de la historia. En un mundo globalizado como el de hoy en día la suspensión de grandes celebraciones como las Fallas de Valencia, la Semana Santa de Sevilla, los San Fermines de Pamplona o incluso el 4 de julio americano, es más impactante que la espantosa cifra de muertos que va en aumento día a día a lo largo del planeta. Cierto es que la paralización de rodajes de Hollywood, el cierre de discotecas o las medidas de seguridad en las playas son «pecata minuta» al lado de lo verdaderamente grave, que es la pérdida de vidas humanas, pero es precisamente esa globalización la que nos ha hecho perder un punto de sensibilidad. Acostumbrados a escuchar cifras que parecen inverosímiles de fallecidos en conflictos bélicos, sunamis o terremotos, esto no parece más que la nueva tragedia que nos ha tocado vivir, aunque esta vez hayamos tenido a la parca dentro de nuestra propia casa. Son, sin embargo, esas pequeñas limitaciones las que nos han hecho ver la realidad, y las normativas sobre el uso de mascarillas han terminado por generar más debates que la saturación de hospitales y las posibles deficiencias de los sistemas sanitarios. Así somos…
En estas circunstancias, que el 23 de abril se suspendieran todos los actos relacionados con Sant Jordi no era más que un punto de lógica en medio de todo este caos que llevamos meses viviendo y que no sabemos aún cuando llegará a su fin definitivo. Sí hubo pequeños actos virtuales, pero con librerías y floristerías cerradas eran más pequeños arrebatos de rebeldía que otra cosa.
El caso es que, en lugar de aceptar la cancelación como ha sucedido con muchas otras festividades o eventos, el gremio ha luchado por posponerlo hasta encontrar una fecha mejor. Muy bien no lo han hecho, la verdad, y colocar este nuevo Sant Jordi, en mitad de esos dos conceptos tan horribles como son «la nueva normalidad» y el «distanciamiento social» me parece una metedura de pata asombrosa. Primero, porque si las cosas hubiesen ido bien estaríamos hablando de una fecha de mucho calor, con la gente pensando en las vacaciones y restos del temor a las aglomeraciones. Yendo, como han ido, bastante mal, nos ha pillado a las puertas de una nueva amenaza de confinamiento, con Ayuntamientos negándose a autorizar las paradas de firmas de libros y con nuevos brotes con especial incidencia en tierras catalanas.
Así que si quieren decir que hoy es Sant Jordi, bueno, pues allá ellos. Si les hace feliz… Yo, personalmente, conozco a pocas personas que se hayan enterado siquiera del hecho. No he podido estar firmando en ningún sitio (ha habido negociaciones con varios ayuntamientos hasta última hora y ni me he molestado en acudir a librerías a nivel particular) y temo que los periódicos de mañana hablarán de un Sant Jordi deslucido y bajo mínimos. Y no será, supongo, tema de portada.
De manera que puede que hoy haya sido Sant Jordi pero para mí, como autor y como lector, no ha dejado de ser un día más. Quizá una fecha más tardía (yo habría propuesto el once de septiembre) habría ayudado a que esta especie de simulacro del día del libro hubiese funcionado mejor. O puede que lo lógico habría sido resignarse y empezar a preparar ya el del año que viene. Al final, si la gente deja las librerías vacías, será un fracaso. Si la gente acude en masa, será una irresponsabilidad.
Yo, sintiéndolo mucho, me he mantenido al margen. Escribiendo, eso sí, desde la soledad de mi casa, y pensando ya en un futuro que, espero, sea algo más halagüeño de lo que las noticias invitan a pensar.
El año que viene veremos como están las cosas. Espero poder firmar libros, quizá con alguna novedad bajo el brazo, y espero regalar rosas. Muchas rosas.
Y espero poder hacerlo sin mascarilla, faltaría más…

martes, 21 de abril de 2020

SANT JORDI EN SOLEDAD

Estamos a un tiro de piedra de la fiesta más importante para los escritores. Y también, desde mi humilde punto de vista, la celebración más hermosa de Cataluña. Es un día para pasear por el centro de la ciudad, reunirse con amigos en la plaza del pueblo o atreverse a zambullirse en la marea de gente que inundan las librerías de los centros comerciales. Para comer pan con sabor a queso y sobrasada, formando con su color la bandera catalana. Para regalar una rosa a tu pareja, a tu madre o, simplemente, a alguien a quien aprecias. Y, sobre todo, para comprar un libro.

No es el acto de comprar. Es mucho más. Es descubrir las novedades en las paradas de Paseo de Gracia, es conseguir la firma de aquel importante escritor al que admiras o tener la oportunidad de charlar un rato con algún autor novel. Es un día de banderas, de flores y de cultura. Es un día para disfrutar del sol primaveral, de llevar a los niños a que les reciten cuentos y de coleccionar puntos de libro.
Pero este año será diferente. Y no porque el cielo amenace a lluvia y las paradas sufran por la resistencia de sus toldos. No. Este año será diferente porque seguimos confinados. Solitarios. Encerrados en nuestras casas sin más permiso para salir que para hacer una efímera compra semanal o, los desafortunados héroes, acudir al trabajo. No es tiempo para la diversión, las multitudes ni las flores. Este año las ramblas de las ciudades estarán vacías, nadie paseará por las plazas de los pueblos y los colegios no tratarán de sufragar parte de sus viajes de fin de curso con cubos de rosas. Este año, todo será un poquito más triste.
Y aun así, nos resistimos a rendirnos. El día 23 de abril, como cada año, nos levantaremos con buen ánimo y enviaremos rosas virtuales desde el WhatsApp, nos felicitaremos el día mediante videollamadas y quizá también compremos alguna novedad literaria on-line.
¿Y los autores? ¿Qué pasa con los autores? Nosotros tampoco nos rendiremos. Célebre Editorial ha organizado un gran evento que se podrá seguir a través de Facebook. De once de la mañana hasta las dos del medio día y de tres de la tarde hasta las nueve de la noche (más el previsible tiempo de próloga), Ricard Pérez y Jesús Vera (que son las caras visibles de Célebre Editorial, pero no los únicos que estos días se lo están currando de lo lindo) harán una retransmisión en vivo en un maratón maravilloso por donde pasarán la gran mayoría de sus autores.
Yo, personalmente, seré madrugador, y podréis escucharme en la franja horaria que va de las once a las doce de la mañana. Y por la tarde, desde mi página de Facebook (David Medina B.: Mundo Muerto) en directo, y posteriormente en mi canal de youtube, haré una charla presentación para todos aquellos a los que no les haya dado suficiente la matraca con mi novela Mundo Muerto y aprovecharé para adelantar proyectos futuros y, si se tercia, responder vuestras consultas.

Sí, este año será un Sant Jordi diferente. Pero entre todos haremos que sea único. Lo que no será, desde luego, es un Sant Jordi en soledad.