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martes, 20 de diciembre de 2022

PORQUÉ WAKANDA FOREVER NO ES LA OBRA MAESTRA QUE ALGUNOS PRETENDEN QUE SEA (Y QUE PODRÍA HABER SIDO).

Creo que ha pasado ya suficiente tiempo desde el estreno de Wakanda Forever como para poder hablar de ella sin miedo a soltar spoilers a tutiplén (sí, ya sé que oficialmente a los cinco minutos del estreno ya se suelen hacer, pero yo siempre me he jactado de ser más respetuoso), por eso he querido volver a reflexionar sobre ella y analizarla más en profundidad, sobre todo para tratar de averiguar la respuesta a la gran pregunta que plantea: ¿es una obra maestra superior a la primera película (recordemos que es el único título de Marvel que ha llegado a estar nominado al Oscar a la mejor película) o un tostón insoportable?

De entrada, creo que es de las pocas veces que una película Marvel (sobre todo del MCU) provoca tanto debate, casi como si fuese un producto Warner del montón. No es que conozca a mucha gente que la odie abiertamente, eso no, pero sí que hay posturas muy enfrentadas entre los que la defienden como lo mejor de la subsidiaria de Disney en mucho tiempo y los que ni siguiera se han animado a ir a verla ante el tedio que les provoca.

Wakanda forever cuenta con el mismo director que la primera (y alabada) entrega, Ryan Coogler, quien también firma el guion junto a Joe Robert Cole, quien, por cierto, también estaba en Black Panther. Es evidente que tras el éxito de aquella desde Marvel le han dado manga ancha para hace lo que le venga en gana, hasta el punto que ha contado con uno de los mayores presupuestos del MCU. Así las cosas, era previsible que la película superase todas las expectativas, más cuando tenía además un potente drama real de fondo, como fue la muerte de su protagonista, Chadwick Boseman, lo cual daba al film un empaque de homenaje que, disfrazado de relato sobre el dolor y la perdida, unificaba algunos de los elementos que más gustan a la academia. Sin embargo, con todo a su favor, creo que Coogler ha tomado una serie de decisiones fallidas que han provocado que su película sea, cuanto menos, decepcionante. Y eso que yo no soy de los que defienden con capa y espada su primer Black Panther.

Hay muchos problemas de serie en el film, algunos obvios, como es su extensa duración. No es que sea una película aburrida, pero a su metraje de dos horas y cuarenta y siete minutos se le podría haber metido bastante tijera. Al final, hay mucha repetición, mucho hincapié en lo mismo, como si Coogler tuviese miedo de que no hemos alcanzado a entender el dolor que se siente ante la pérdida de un ser querido. Y, si lo analizamos en profundidad, tampoco es que con estas casi tres horas se llegue a comprender del todo. Shuri, hermana de T’Challa, es la que carga con todo el peso narrativo y quien focaliza principalmente ese dolor por la pérdida. Sin embargo, no comparto con ella ese odio que parece tener contra todo el mundo. Es una enfermedad lo que se lleva a su hermano, no un complot ni una amenaza extranjera, por lo que no me resulta creíble, por mucha empatía y conexión que sintiese con T’Challa, el odio y la inquina que siente, mucho más profunda que cuando Namor asesina a su madre y ya ni digamos cuando su padre muere en un atentado al principio de Civil War.

Por cierto, ya que hablamos de Shuri, ella es uno de los principales problemas del film. En Black Panther me encantó el papel que interpretaba Letitia Wright y que ayudaba a potenciar el lado más cómico y amable de la película. Pero la transformación que sufre en esta secuela es demasiado peso para una actriz que ha mostrado sus limitaciones y que no soporta la responsabilidad de ser la protagonista absoluta del film. Por eso, que ella sea la nueva Black Panther es otro error de bulto, una elección mucho menos afortunada que si la elegida hubiese sido Nakia (Lupita Nyong’o), mi preferida, M’Baku (Winston Duke) o incluso el propio Killmonger (Michael B. Jordan). A fin de cuentas, cualquier guionista algo curtido encontraría mil soluciones para traerlo de regreso de la muerte. Con Shuri, no solo tenemos un Black Panther muy poco carismático (hasta el punto de que no creo que haya mucha gente pidiendo una tercera entrega de la saga), sino que conociendo los problemas que la actriz ha causado durante el rodaje dudo que ni siquiera se lo estén planteando. Ha sido como pegarse un tiro en el pie, mancillando un hipotético futuro y convirtiendo a Black Panther, un héroe con aspiraciones a jugar con los mayores, en un personaje de tercera fila.

Pero volvamos al tema de la muerte, que de eso va la peli. A partir de aquí, es importante saber diferenciar, por aquello de no herir susceptibilidades, la ficción de la realidad. Lamenté mucho la pérdida de Boseman y pese a no ser un actor de gran trayectoria derrochaba carisma y simpatía co0mo para sentir mucho su pérdida, por lo que todo homenaje que se le quiera hacer es poco. Pero no es de él de quien quiero hablar, sino de T’Challa/Black Panther. Si nos quedamos con el personaje, que es quien aparece en la película, el homenaje me parece desmedido y escaso a la vez. Me explico: por un lado, tras lo sucedido en End Game, resulta injusto que un personaje tenga toda una película dedicada a su desaparición mientras que el epitafio de Iron Man fue como complemento de una película de Spiderman, el de Viuda Negra una precuela donde se repasaba un episodio de su vida, no de su muerte, y la desaparición del Capi ha sido maltratada en una de las series más aburridas de esta Fase Cuatro: Falcon y el Soldado de Invierno. Y aunque hay apuntes de la aparente muerte de Visión en la serie Visión y la Bruja Escarlata y se supone que se tratará el tema de Gamora en Guardianes de la Galaxia, Vol. 3, todo esto me parece pequeño al lado del hecho de hacer una película entera dedicada única y exclusivamente a la muerte de Black Panther. Y eso que, a la vez, se emborrona su memoria haciendo que nadie del MCU haga acto de presencia en su funeral. Cierto es que muchos de los héroes que lucharon a su lado ya no están, pero creo que debería haberse visto por ahí, como poco, a Soldado de Invierno, Nick Fury o, incluso, al Steve Rogers anciano. Y, desde luego, al propio Everett K. Ross que sí aparece en la película pero mucho después del entierro del monarca de Wakanda. Vale que cada uno estará liado con sus cosas, pero para el funeral de Tony no faltó nadie así que no es excusa. Es, en fin, una manera de ningunear al propio Black Panther y confirmar su rango de segundón (y alguien podría alegar que es un funeral de estado y que Wakanda siempre ha sido una civilización bastante cerrada, pero creo que los Vengadores están por encima de estas cosas).

Luego está el argumento en sí. Primer obstáculo: el título. La película se llama Black Panther: Wakanda forever, y con Black Panther en el título no puedes pasarte casi dos horas sin que Black Panther haga acto de presencia. Aunque sea un Black Panther de Hacendado. Este es otro de los elementos que ralentizan mucho al film y le dan esa aura de aburrido. Sí, hay acción y pasan cosas, pero nunca son con Black Panther de protagonista, así que interesan, pero menos. Y tampoco es que lo que sucede sea tremendamente interesante.

Mucho se había especulado en los mentideros sobre este film: que si iba a salir Doctor Muerte, que si íbamos a conocer el destino del Barón Zemo, pero a la postre, salvo por la incursión casi con calzador de la Baronesa Valentina Allegra de Fontaine, la película está intencionadamente muy desligada el resto del MCU. Está Riri Williams como Iron Hearth (de nuevo un personaje metido con calzador), pero no es suficiente como para dar sensación de unión y coherencia, un poco como resumen de lo que esta Fase Cuatro de Marvel está siendo. Al final, hay un solo villano (al menos desde el punto de vista teórico, ya que para mí los verdaderos villanos de la película son el gobierno francés y el americano), y se trata de un Namor desdibujado que nada tiene que ver con el de los comics. Entiendo y acepto la necesidad de desvincularse de la versión de un atlante que ofreció la competencia con Aquaman, pero han disfrazado tanto al personaje interpretado (bastante insulsamente, por cierto), por Tenoch Huerta que poco queda del Namor original. Todo valido si con ello consiguen un personaje interesante, pero es que no lo logran. Con los cambios, convirtiendo al antaño rey de Atlantis en una especie de mutante descendiente de la mitología maya, lo que se pretende es reincidir en el mensaje político que ya estaba presente en la primera Black Panther, tratando artificiosamente de repetir el éxito que aquella tuvo entre la con unidad negra con, en este caso, la comunidad latina. Así, las motivaciones anticolonialistas de Namor se asemejan a las de Killmonger en la película anterior, restándole el componente shakesperiano de la familia traicionada. Con ello, el personaje carece del interés necesario y su presencia es casi una excusa para que, entre duelo y duelo, haya algo de acción. Ni me gustó el personaje ni me gustó la ambientación. Se dice que, al final, sí hubo mucha tijera y que la parte más interesante de Talokan, así como de mucho metraje de la relación entre Shuri y Riri, se quedó en la sala de montaje, pero eso solo supone un desmérito más para Cooger que no ha sabido manejar bien los tiempos de su película.

Cooger busca la lágrima en muchos momentos del film, y casi siempre lo consigue, pero en su empeño por hacer una película emotiva enuncia a hacerla también emocionante. Por ello, con tanto dolor y tanto funeral, la película termina resultando intrascendente, quedando el homenaje a Boseman empañado por el trato errado que se hace en el homenaje a Black Panther. A fin de cuentas, desde el punto de vista narrativo, esta sería la tercera muerte del personaje, tras verlo morir ya en su primera película (o, al menos, eso parecía) y darlo por muerto de nuevo tras el chasquido de Thanos en Infinity War. Por eso, si no se escudasen en la realidad, el film sería mucho menos duro de lo que es, dando más méritos a su carga dramática a la vida real que al trabajo de Cooger. Posiblemente no todo sea culpa suya, y de haber podido contar con Boseman como protagonista, pese a que Namor ya estaba como villano principal en el primer borrador del guion, la cosa habría sido muy diferente. No estoy diciendo que la solución tras el fallecimiento del actor hubiese sido cancelar la película pero sigo pensando que, de todas las alternativas existentes, han terminado eligiendo la peor.

Puede que en algunos sectores la película esté gustando mucho. Puede que incluso se lleve nominaciones importantes en los Oscar (la canción puede ser una buena baza, aunque aventuro que Rihanna se las tendrá que ver con Lady Gaga y su tema para Top Gun: Maverick). Pero no ha logrado ser, pese a lo que muchos auguraban, la gran película que iba a salvar (si es que necesitaba que la salvaran, que ese es otro tema) la Cuarta Fase del Universo Cinematográfico Marvel.

Lo más triste, es que tenían todos los elementos para construir una película que hiciese historia, pero no los han sabido aprovechar.

sábado, 13 de agosto de 2022

CARTA ABIERTA A ADA COLAU (Segunda parte)

Estimada alcaldesa Ada Colau.

De nuevo me pongo en contacto con usted en calidad de barcelonés de a pie, para hacerle llegar un par de reflexiones.

En primer lugar, me gustaría preguntarle si ha tenido un buen día. Espero que sí. El mío no lo ha sido tanto. Permita que se lo resuma. Viviendo, como quizá recuerde de mi misiva anterior, en Bon Pastor, junto al Centro Comercial de la Maquinista, tenía que desplazarme con mi hijo de quince meses al centro de Barcelona para ir, a continuación, a la oficina del Registro Civil, que como sabe está muy cerca de Drassanes. El caso es que decidí ir en tres, usando para ello la estación de Rodalies de Sant Andreu. Una vez allí me encontré con mi primera sorpresa: el ascensor no funcionaba. Por fortuna, en ese momento me acompañaba mi mujer, con lo que entre los dos nos las apañamos para bajar el cochecito de bebé por las escaleras. Más tarde me enteré de que el ascensor del andén opuesto tampoco está en funcionamiento, con lo que debería buscar una alternativa para regresar. Tras realizar los trámites correspondientes en el centro, ya mi bebé y yo solos, caminé hasta el Registro Civil dando un agradable paseo (algo que habría sido más satisfactorio si las calles estuviesen menos sucias, por cierto), pero, apremiado por el calor y algo de prisa, decidí regresar en metro. Mala idea, ya que el metro de Drassanes (y varias estaciones más de la línea tres) están cerradas, tal y como sucede con un tramo de la línea cinco. Por lo visto, los que estamos en Barcelona en agosto no tenemos derecho a usar el metro con normalidad (sí, hay líneas de autobuses alternativas, pero con lo cómodos que son algunos vehículos para ir con un cochecito de bebé (ya ni me quiero imaginar a alguien en silla de ruedas) y eso por no mencionar a los turistas, un sustento importante de la ciudad. La mejor alternativa era caminar hasta Liceu pero, por ahorrarme un transbordo, preferí caminar un poco más y legar hasta Catalunya. Allí me dirigí a la primera entrada con ascensor que vi, situada en el inicio (o el final, según se mire) de Les Rambles. Afortunadamente, antes de validar mi T-Casual me di cuenta de que no había ningún ascensor que comunicara con los andenes al otro lado de los tornos de entrada, así que volví a la calle en busca de otro acceso. Por fortuna, en plaza Catalunya, casi esquina con Ronda Universitat, hay otro ascensor, que además me conduciría directamente a los andenes de la línea uno, ahorrándome una caminata por el subsuelo de Barcelona. Mi ilusión se esfumó de golpe al comprobar que también este ascensor estaba averiado (y no es que sea ninguna sorpresa, su aspecto, aparte de sucio, es bastante vetusto.

Esperando que el dicho de que «a la tercera va la vencida» sea cierto me encaminé hacia el último ascensor que tenía a la vista, poco esperanzado. Me refiero al que está, más o menos, frente a la tienda Apple que, paradojas de la vida, parece casi un objeto de anticuario. Para mi sorpresa, este sí funcionaba, aunque con cierta mala gana, ya que las puertas se abrieron y cerraron varias veces antes de que la cabina se decidiera a descender.

Para completarel chiste, al dirigirme a validarmi billete en los accesos de entrada, descubro que no hay ninguno ancho, de esos adaptados para sillas de ruedas, carritos de bebés, etc. Un vigilante me informa que debo ir hasta la otra punta, ya que por lo visto, esa no era la entrada principal. Me pareció muy curioso saber que, en cuestión de accesos al metro, también existen las clases sociales, ya que hasta ahora yo pensaba que la diferencia entre una entrada y otra era simplemente el extremo del andén al que te conducía. Entiendo perfectamente que basta con un ascensor por parada (si funciona, claro), pero negar el acceso directamente… No quiero ni imaginar a alguien que baje del metro en esa parada, se suba todas las escaleras cargando un cochecito de bebé y luego descubra que no puede salir de la estación.

En fin, señora alcaldesa, esta es solo una pincelada de mi mañana, para que sepa como se puede sentir cualquier ciudadano en un día cualquiera. No pretendo que tome ninguna medida al respecto, pues ya me encargaré yo de tomarla. Le aseguro que no volveré a sufrir un día como este. La próxima vez, iré en coche.

Y esto me lleva a mi segunda reflexión, promovida a lo que me aconteció esta misma tarde.

Pretendiendo tanto ahorrar como ayudar a preservar el planeta, hace un par de años me compré un coche de gas natural, la opción más viable, a mi entender, de reducir la contaminación, ya que las infraestructuras y los costes energéticos hacen que, ahora mismo, el coche eléctrico sea solo una quimera. El caso es que, como le digo, me compré dicho coche pese a que en Barcelona, corríjame si me equivoco, hay tan solo dos estaciones de servicio de gas natural. Afortunadamente, una de ellas está en mi propio barrio. El caso es que cuando me disponía hace un rato a llenar el depósito me encuentro con un cartel que indica que la gasinería está inoperativa hasta el quince de agosto, por lo que me he visto obligado a desplazarme hasta la que se encuentra  cerca de la Barceloneta ha hacer cola entre taxistas ya que no tenemos ninguna otra alternativa dentro de la ciudad. Entiendo que parte de esto no es responsabilidad suya sino de Gas Natural, pero es usted la que me insta a usar vehículos ecológicos que, al menos en mi caso, no tienen ningún tipo de ventaja a la hora de aparcar en zona verde o azul, no cuenta con respaldo institucional para ampliar la red de gasineras y no contamos con ningún beneficio más allá de una ligera reducción en el Impuesto de circulación que ya veremos lo que nos dura (y es que los híbridos somos como los apestados de los ecologistas). En fin, que tampoco debe sufrir por esto, no pretendo hacerle perder el sueño. La solución, de nuevo, la pondré yo. En cuanto pueda, me cambiaré el coche. Por uno de combustible, por supuesto. Si puede ser, diésel. Sí, ya sé lo que me va a decir, que me estoy cargando el planeta, que hay que mirar por el futuro y sandeces así, pero le aseguro que mi conciencia está muy tranquila. Yo estoy dispuesto a aportar mi granito de arena diario, pero mientras las instituciones como la que usted lidera no hagan lo mismo y se limiten a palabrería políticamente correcta y a la construcción de carriles bici que lo único que pretenden es convertir a la ciudad en una localidad inviable, yo voy a preocuparme de mi comodidad y de la de mi familia.

Egoísta, puede. Tonto, no.


Atentamente:

Un humilde barcelonés más.

miércoles, 27 de julio de 2022

Reflexiones: EL DÍA EN QUE KEVIN FEIGE NOS CALLÓ LA BOCA A TODOS.

Hace unos días, a raíz del estreno de Thor: Love and Thunder, reflexionaba sobre el extraño deambular de la Fase Cuatro del MCU, el Universo Cinematográfico Marvel y la sensación de que no había un plan establecido, pareciendo ser todo obra de la improvisación.

La proximidad de la Comic Con de San Diego invitaba a la esperanza, más cuando el propio Kevin Feige había asegurado que en breve lo veríamos todo claro, pero los rumores apuntaban a que Marvel se iba a reservar las sorpresas para su propia fiesta, la D23, es decir, la convención exclusiva de Disney que llegará en septiembre. Sin embargo, el mandamás de Marvel nos ha dado un buen zasca y ha mostrado todos los ases guardados bajo la manga, demostrando que sí saben lo que están haciendo (otra cosa es que lo hagan mejor o peor, que hay gustos para todo) y cuál es el futuro. De hecho, ya sabemos que las Fases Cuatro, Cinco y Seis estarán encadenadas y que juntas formarán la Saga del Multiverso.

Como rectificar es de sabios (y a la espera de que en la D23 se agregue alguna sorpresa más), es justo hacer un rápido repaso de todo lo que está por llegar y tratar de buscarle un sentido, aunque ya advierto que no todo estará conectado y que muchas escenas postcréditos siguen en el aire.

Antes de empezar, recordar lo que nos queda en esta Fase Cuatro, que ya sabemos que concluirá el once de noviembre con la película de Black Panther: Wakanda Forever, cuyo primer tráiler es sublime. Por el camino, nos encontraremos, el 10 de agosto, la serie animada de Yo soy Groot y, apenas una semana después, el debut de la prima de Hulk: She-Hulk: abogada Hulka. En Navidad, además, tendremos el especial de Guardianes de la Galaxia.

Entrando ya de lleno en la Fase Cinco, el pistoletazo de salida lo darán Ant-Man y La Avispa en su tercera película: Quantumanía, que el 17 de febrero de 2023 nos dará más datos sobre Kang, supuesto gran villano de la saga, del que empezamos a saber algo en la serie de Loki.

De ahí saltamos a Disney+ con Secret Invasion (primavera), en la que retomaremos el tema de los Skrulls y sabremos lo que ha estado haciendo todo este tiempo Nick Fury. ¿Se dejará ver por ahí Monica Rambou o nos la reservarán para The Marvels?

Volvemos a la pantalla grande con Guardianes de la Galaxia, vol. 3, que ya sabemos que será la despedida del grupo tal y como lo conocemos y que promete cambiar las carcajadas por alguna lagrimita. Será el cinco de mayo.

De nuevo en el streaming, en verano tendremos dos estrenos consecutivos. En el primero sabremos la historia de Echo tras lo acontecido en la serie de Ojo de Halcón, mientras que la trama de Kang y los problemas con el multiverso posiblemente avanzarán en la segunda temporada de Loki.

Más problemas cósmicos se sucederán en The Marvels, donde veremos juntas a la Capitana Marvel, Ms. Marvel y, probablemente, Photón. Habrá que esperar el 28 de julio para saber si la película sigue la trama de Secret Invasion, continua el hilo del Multiverso o va por su propio camino.

Mucho más terrenal y terrorífico parece ser lo que rodea a Blade, el cazavampiros al que veremos en cine el 3 de noviembre y donde se espera haga acto de presencia también El Caballero Negro tras su aparente presentación en Eternals.

Volvemos a las series, pues en otoño tenemos Ironheart, donde Riri Williams seguirá el legado de Iron Man, en invierno llegará Agatha: coven of chaos (¿quién sabe si para explicarnos si La Bruja Escarlata continua viva?) y empezaremos el 2024 con Daredevil: Born Again. Muchas especulaciones sobre esta última, donde Charlie Cox volverá a ponerse el traje, sin que tengamos por ahora muy claro hasta qué punto será fiel a lo planteado en las tres temporadas de la serie de Netflix pero con una cosa clara: con 18 episodios será la serie más larga de Marvel hasta la fecha.

Y la despedida de la Fase debe ser por todo lo grande con dos apuestas cinematográficas. En Captain America: New mundial orden veremos la primera aventura en solitario de Sam Wilson con el uniforme del Capi tras la serie que compartió con Soldado de Invierno (del que no hemos vuelto a saber nada) mientras que Thunderbols reunirá, tal y como aventuré, al grupo de antihéroes que empezó a reunir Valentina Allegra de Fontaine y de la no hemos vuelto a saber nada en algún tiempo.

En resumen, una temporadita cargada de títulos (seis películas y seis series) en las que vamos a seguir descubriendo personajes nuevos y ampliando el catálogo de héroes Marvel a la par que comprobamos que el camino hacia la destrucción se va construyendo. Parece que las incursiones de las que se hablaba en Dr. Strange en el multiverso de la locura son ya una realidad y todo va a derivar, tal y como fabulaban algunos, en una versión de las Secret Wars de Hickman.

Efectivamente, toca hablar de la Fase Seis, marchándonos ya hasta finales de 2024 (el 8 de noviembre, concretamente), con la esperanza de poder ver, ahora sí, una buena película de Los 4 Fantásticos, el grupo que dio origen, en el comic, a todo el Universo Marvel y que la industria del cine nunca ha sabido tratar como se merecían.

Y tras la llegada del equipo capitaneada por Reed Richards al MCU explota al fin la bomba: seis años después de End Game vuelven Los Vengadores, y lo harán por partida doble: con dos películas que se estrenarán con tan solo unos meses de diferencia (2 de mayo y 7 de noviembre). Será ya en 2025 y Feige nos ha dado incluso sus títulos: The Kang Dinasty y, efectivamente, Secret Wars.

Hago un paréntesis para explicar esto de las Secret Wars: En los cómics hubieron dos Secret Wars (la primera de ellas tuvo secuela, pero eso no viene al caso ahora). En 1984 el editor de Marvel por aquel entonces, Jim Shooter, se sacó de la manga una exitosa miniserie que enfrentaba a los principales héroes y villanos de la casa en un evento rompedor que, en realidad, formaba parte de un acuerdo con Mattel para renovar personajes y vender más figuritas. El invento fue un éxito y la saga se volvió mítica. Tanto, que sirvió como referencia, en 2015, para unas nuevas Secret Wars de la mano del guionista Jonathan Hickman con la que culminaría una larga etapa escribiendo a Los Vengadores y Los 4 Fantásticos. En ella, se plantea todo el tema de las incursiones y el colapso de los universos que ya se anunció en la película de Sam Raimi, por lo que todo indica que serán estas segundas guerras secretas las que se adaptarán (más o menos) en la pantalla grande.

Y con esto llegamos al fin de novedades anunciadas en la ComicCon, y aunque se han dado muchos títulos y se han aclarado muchas cosas, siguen quedando muchas preguntas en el aire que ya formarán parte de las especulaciones hasta que hayan nuevas revelaciones en la D23 o, ¿quién sabe?, en la ComicCon del año próximo.

Que no se haya sabido nada de Spider-man es lógico, ya que a día de hoy los derechos continúan en manos de Sony y serán ellos quienes revelen si hay planes (que ya os digo yo que sí) para un Spider-man 4 con Tom Holland (y mucho está tardando ya en aparecer por aquí Miles Morales). Pero entre os títulos que quedan por revelar de la Fase Seis deberíamos tener, al menos, otro film de Dr. Strange para desarrollar esa escena postcréditos en la que se nos presentaba a Clea. También sorprende que no se haya hablado nada de Los Jóvenes Vengadores, por lo que apuesto a que tendrán su oportunidad en esa misma fase, lo mismo que la esperada llegada de los mutantes. Más inciertos son los futuros de los Eternos y Shang-Chi, aunque no veo complicado unir las tramas pendientes (la marcha de los Eternos en busca de sus compañeros, la aparición de Eros y los peligros de los Diez Anillos de Poder) con la crisis del multiverso: al fin y al cabo, son subtramas relacionadas con la parte cósmica de Marvel. Más dudas me dejan la posible recuperación del resto de los Defensores de Netflix, teóricamente canon, o si se piensa hacer algo con los personajes de la serie de SHIELD. ¿Y qué pasa con el anunciado regreso de Thor? Eso solo por mencionar lo más gordo que tiene Feige en su bandeja de pendientes.

Como veis, siguen quedando muchas preguntas en el aire, así que el aluvión de novedades presentadas el sábado pasado no implica que no queden sorpresas con las que recrearnos en el futuro. Y todo eso de las Secret Wars, a falta de confirmaciones oficiales, va a ayudar a que aumenten las especulaciones sobre hipotéticos retornos gloriosos como los de Chris Evans o Robert Downey Jr., aunque sea en versiones de otro universo.

Lo único que sabemos seguro es que ya podemos empezar a cuadrar agendas. Nos espera unos añitos de aúpa, y en noviembre de 2025 nos volverá a estallar la cabeza a todos, eso seguro.

viernes, 15 de julio de 2022

Reflexiones: EL ERRÁTICO CAMINO DEL MCU

Llevamos ya un año y medio desde que dio comienzo oficialmente (tras los retrasos impuestos por la pandemia) la Fase Cuatro del MCU tras la brillante conclusión de la llamada Saga del Infinito y lo cierto es que aún no sabemos cuál es el tema central de esta nueva colección de películas.

Cierto es que no todos los títulos de las Fases Uno, Dos y Tres estaban vinculadas a Thanos y su obsesión por las gemas, o al menos no lo sabíamos por aquel entonces (como en el caso, por ejemplo, de Thor: El mundo Oscuro), pero sí se iban viendo pequeñas miguitas que invitaban a pensar en un tapiz que terminaría por ofrecernos una espectacular panorámica.

Algo que, por cierto, se fue incrementando en las últimas películas, cuando ya el Universo Cinematográfico Marvel estaba asentado y Kevi Feige y sus chicos decidieron pisar el acelerador hacia la épica conclusión.

No hay ni rastro de esa sensación en las nuevas películas tras el epílogo que supuso Spider-man: No way home. Muchas escenas postcréditos, muchos caminos abiertos, muchos personajes nuevos pero nada que nos indique que hay un plan definido tras todo ello. Sí, ya sé que a priori un año y medio puede parecer poco tiempo, pero si tenemos en cuenta que en ese año y medio se han estrenado  ya seis películas y otras tantas series (dejando de lado What if?), la cosa cambia. El otro día aluciné con el dato aportado por Espinof revelando que lo que llevamos de Fase Cuatro se puede traducir en 49,5 horas (aquí sí está incluida la serie de animación), que equivalen casi a las cincuenta que suman las tres fases anteriores en total.

El caso es que las escenas postcréditos nos habían acostumbrado a que servían (chistes tontacos aparte), para ponernos los dientes largos de cara al futuro, pero en esta fase son tantas las puertas que se están abriendo que me resulta imposible adivinar por donde van a ir los tiros. O eso parece, ya que según Feige se han dado las suficientes pistas para conocer el plan de ruta trazado, aunque en breve sabremos más cosas al respecto (en la inminente ComicCon de San Diego o, más probablemente, en la D23). Yo no soy capaz de vislumbrar ese teórico camino (más allá de los rumores –o deseo de los fans, que no es lo mismo- sobre unas Secret Wars que, si se parecen en algo a las de Hickman, poco me interesan), pero por si vosotros sois más espabilados, voy a hacer un ligero repaso a lo que sabemos hasta ahora.

Si empezamos en como terminó todo, hay que recordar que en las escenas postcréditos de Spider-man: Far from home se revelaba que los Nick Fury y Maria Hill que estaban en la Tierra no eran los reales y que el verdadero Fury estaba liderando una base espacial, sin duda una puerta de entrada a la Invasión Secreta que adaptará la saga en la que los Skrulls (villanos en los comics) han suplantado a varios héroes desde hace años. Esto podría enlazar con las pistas que nos daban al final de Bruja Escarlata y Visión, donde Monica Rambou era requerida por los Skrull para reunirse con… ¿Fury? ¿Capitana Marvel? Sea cual sea de los dos, esto podría resolverse tanto en The Marvels (película) como en Invasión Secreta (serie), aunque tocará esperar hasta final de año. Al menos, esta línea argumental tiene otra pista, la que se nos presenta en la última escena de Ms. Marvel.

Otra línea argumental es la que se dice podría derivan en los Thunderbolts, una de las mejores series de comics de los noventa cuya adaptación no tendría nada de fiel y debería conformarse con copiar el concepto en la que derivó (villanos redimidos haciendo de héroes). Este rumor proviene del papel de nexo común (tal y como en la Fase Uno hacía Fury) que parece desempeñar la Baronesa Allegra de Fontaine. Ya la hemos visto reclutar al U.S.Agente en Falcon y el Soldado de Invierno y a Yelena Belova, en Viuda Negra, a la que ya encamina a un enfrentamiento con Ojo de Halcón visto en su propia serie.

Por último, la tercera gran línea argumental parece estar ligada al Multiverso, aunque las tres claras manifestaciones del mismo (en Spider-man: No way home, Dr. Stranger y el Multiverso de la locura y Loki) no han aclarado la conexión entre los mismos. Vayamos por partes: en la película del arácnido, la obertura de portales dimensionales no parece tener más consecuencias que el intercambio de personajes con el fin de enriquecer el Universo Cinematográfico propio de Sony, amén de dejar un resto del simbionte de Venom en el MCU. En la serie de Loki sí se presenta al que podría ser el gran villano de esta etapa, Kang. Aunque al que hemos conocido hasta ahora no es más que una versión bastante más amistosa que el apodado «El conquistador», su muerte parecía desencadenar un punto de ruptura en todo el multiverso que, sin duda, debería tener graves consecuencias. Sin embargo, en la secuela de Strange dirigida por Raimi, los saltos entre Universos son propiciados por el personaje de América Chávez, y aunque no se menciona para nada a Kang, sí se menciona el tema de las incursiones, asegurando Gea en el último suspiro del film que hay una gran amenaza que Strange debe ayudar a evitar. Imagino que de alguna manera se podrá unir ambos conceptos, pero no se ha revelado aún cómo.

Así pues, tenemos a los Skrulls, a los Thunderbolts y a Kang y las fisuras del multiverso. Tres líneas argumentales que podrían untarse o no y que sin duda forman parte de ese plan de Feige de cara al futuro inmediato del MCU.

Pero la cosa es que hay más, pistas y revelaciones aparentemente ajenas a todo esto que podrían ser simples semillas para posibles secuelas o presentación de personajes para unirlos al circo que se está formando. En cuanto a lo menos relevante, está la importancia que pueda tener en el MCU el hecho de que Xu Xialing esté reflotando a Los Diez Anillos, que Sharon Carter siga por ahí en equilibrio entre el bien y el mal, que se haya revelado una tercera personalidad de Caballero Luna, que Kingpin y Daredevil se hayan dejado ver por aquí, oficializando dentro del canon a las series de Netflix, que Dr. Strange meta en el canon también la existencia de los Inhumanos (aunque, de momento, en otro universo) o que Kamala Khan sea, en realidad, una mutante.

Pero, en términos más importantes, tenemos también a Hércules con la misión de matara todos los superhéroes que pueda, a los Eternos viajando en el Domo en busca de sus compañeros y recibiendo la visita de Eros, hermano de Thanos, a Carol Danvers, Wong y Bruce Banner avisando de las implicaciones que tiene la existencia de los Diez anillos del poder, a Dane Whitman a punto de abrazar su destino junto a la Espada de Ébano pese a las advertencias del cazavampiros Blade,…

Y todo esto, sin que se hayan aclarado algunas dudas como la confirmación de las muertes de Misterio en Far from Home o de Wanda en Dr. Strange en el multiverso de la locura, el destino del Capi anciano, lo que pueda pasar con la Visión blanca, lo que suceda con la Gamora del pasado, la posibilidad de un Jóvenes Vengadores (recordad la presencia de una nueva Ojo de Halcón)…

Como veis muchas preguntas que no son fáciles de encajar en una línea temporal más o menos cronológica. Algunas de estas cosas puede que queden en nada, como el resto del simbionte, la nueva organización de Los Diez Anillos, etc. pero muchas otras (con actores de prestigio ya contratados), deberán resolverse tarde o temprano. Y eso por no pensar en que en breve llegará Wakanda forever en la que se nos presentará a un nuevo Black Panther y donde conoceremos a más personajes nuevos como Riri Williams (que tendrá su propia serie en Ironheard) y, parece ser, que a Namor y Doctor Muerte, aparte que la película de Los Cuatro Fantásticos está más que confirmada.

Lo dicho, un caos de ramificaciones, personajes nuevos y posibles historias que parece muy difícil unificar en un gran evento final (incluso en dos  o tres eventos) y que hacen que estemos ansiosos por ver las aclaraciones que Kevin Feige dice que va a dar. Y espero que sean muy convincentes porque me temo que si no, viendo sobretodo el nivel medio de las series de Disney+, el MCU puede empezar a cansar.

miércoles, 25 de mayo de 2022

LA ABUELITA ETERNA

La recuerdo caminando con una leve inclinación, pequeñita toda ella, con su cabello plateado recogido en una permanente confeccionada a base de rulos en la peluquería del barrio y sus ropajes siempre oscuros, muestra de un riguroso luto que se impuso, hace ya décadas, tras el fallecimiento del abuelo.

A él, al abuelo Santos, no llegué a conocerlo, pero esa mujer de nombre digno de un tebeo de Escobar, Teófila, fue casi una segunda madre para mí. La «abuelita pequeñita», como la llamábamos sus nietos para distinguirla de la abuela paterna, vivía con mis padres el día en que yo nací y así lo hizo hasta su muerte, mucho antes del cambio de siglo y de que los euros fuesen la moneda del país. Doña Teófila, se hacía llamar por los desconocidos, indignada por aquellos que usaban el Don aleatoriamente pera referirse a cualquier berzotas del tres al cuarto. «No cualquiera puede ser Don», afirmaba, orgullosa de su título universitario (algo no muy habitual para una mujer de postguerra).

Toledana de nacimiento (de Quintanar de la Orden, más concretamente), olostenca de acogida y barcelonesa de corazón (allí nacieron dos de los tres hijos que la sobrevivieron), son incontables los recuerdos que tengo de ella, pese a que se fue en una época en la que, atontado como mi edad me obligaba, estaba yo más pendiente de la moto que me iban a regalar y de las juergas con los amigos que de otra cosa. Podría hablaros de su imagen sentada en una silla plegable hundida en las pedregosas arenas de la playa de Lloret de Mar, de cómo se quejaba cuando a mí se me antojaba levantarla en brazos («un día me vas a desmontar», me regañaba, entre sonrisas), de cómo me llevaba a pasear por el arroyo artificial que había en Les Glories a la espera de que mi madre regresara del trabajo o de las tardes en que jugábamos a que yo era el profesor y ella la alumna para conseguir que, de alguna manera, se me grabasen en la cabeza las lecciones dadas en el cole el día  en cuestión (spoiler, casi nunca lo hicieron). Pero también conservo recuerdos más irrelevantes aunque encantadores a su manera, como el asco que le tenía a las canicas, cómo llamaba «juguetes» a los dibujos animados que por aquel entonces emitían en Televisión Española por sorpresa, faltos como estaban de publicidad con la que rellenar los huecos entre programas, o lo que las manzanas le hacían estornudar.

Pero lo que quiero avocar hoy es un recuerdo mucho más sencillo, el de mi abuela caminando por las calles del Eixample (el Ensanche en aquella época), desde casa hasta la Sagrada Familia, para ir a la misa de la mañana, ataviada con una falda azul oscura y una blusa casi del mismo color aunque con la ligereza de unas diminutas margaritas estampadas en ella.

Un día, la abuelita se nos fue. Doña Teófila partió a dar clases a los angelitos del cielo y nos dejó un poco desamparados, con sus libretas de recetas de inconfundible caligrafía y abstractas expresiones («poner una pizca de harina», «hornear hasta que la masa folle») como principal legado (y esos rosquillos, ¡madre!, qué buenos esos rosquillos…) para poderla recordar. O, al menos, eso pensábamos en aquel momento.

No soy mucho de creer en fantasmas (aunque como dicen de las meigas, haberlos, haylos), pero al poco tiempo, de la manera más repentina, se nos apareció.

No fue acompañada de gemidos siniestros en pleno desvelo, como en las películas, ni mediante extrañas luminiscencias. Lo suyo era más discreto, casi sin querer molestar, tal y como habría hecho en vida. Estábamos mi madre y yo organizando el garaje que hay en la casa de Mas Altaba, nuestra segunda residencia (o la primera, si lo que cuenta es el corazón y no el censo), cuando decidimos colgar en una pared, como si por algún caprichoso motivo hiciera juego con las herramientas medio oxidadas o el arado de gasolina que cohabitaban allí, un puzle de la Sagrada Familia. En aquella época, todavía no se había puesto de moda lo de enmarcar puzles y tratarlos como a cuadros, y cuando uno lo quería conservar a lo más que llegaba es a pasarle por encima, una vez montado, la cola que venía en la propia caja y, en el mejor de los casos, engancharlo a un tablón de madera que no podía, ni con la mejor de las voluntades, garantizar mucho su correcta conservación. Se trataba de un puzle Educa de mil piezas, con el Templo Expiatorio en su máximo esplendor (esa silueta de cuatro torres que para muchos barceloneses será la imagen icónica para siempre, no en vano se había perdido la esperanza de verla algún día terminada). A sus pies, se intuía el comienzo del parque Gaudí, con la calle Marina como frontera de asfalto. Completaba el paisaje algún coche aparcado que delataba la época en la que se hizo la fotografía y en una esquina, como queriendo escapar de la estampa por no ofender al fotógrafo, ella, Doña Teófila, con su falda azul oscuro y su blusa de margaritas. Es una imagen diminuta, incluso algo borrosa, pero ni mis padres ni yo (ni nadie que la conocieran y viesen a posterioridad el puzle) tuvimos ninguna duda. Era ella. La abuelita pequeñita. La madre de mi madre que había sido congelada en el tiempo en uno de sus paseos por el barrio, posiblemente regresando de misa, con sus andares encorvados y su expresión apacible en el rostro.

Casi se podría decir que esa fue su manera de volverse eterna, pero casi no lo consigue. En este punto me falla la memoria y no puedo concretar si cuando realizamos el hallazgo el puzle estaba en perfecto estado o si ya había sufrido los estragos de la humedad y el tiempo, pero el caso es que en tiempos recientes, pese a que con la muerte de mi madre mi padre decidiera rescatar ese tesoro familiar del maltrato que el garaje le confería y darle un lugar más digno en la terraza principal de la casa, las esquinas estaban en bastante mal estado e incluso alguna ficha había desaparecido. Verlo me partía el alma, pero lamentablemente no había posibilidad de reparar los daños.

Pero volvió a pasar el tiempo y, lo que la vida no te da, te lo ofrece Internet. Navegando por diversas páginas de compraventa, tal y como había hecho muchas mil veces en el pesado, por fin hallé la solución. Estaba ahí, en Todocolección.com, casi como una reliquia del pasado a precio de ganga. Puzle de la Sagrada Familia de los años ochenta, rezaba el título, Y sí, era ese, el mismo que décadas atrás me regalara mi madre (o los Reyes Magos, todo es posible) y en el que, por sorpresa, aparecía Teófila en su salida de misa, tal y como si fuese una figurante de la película de Eduardo Jimeno Correas.

Y, ahora sí, con los merecidos cuidados y una correcta conservación, por fin la abuelita pequeñita, Doña Teófila Rodríguez Nieto, será eterna.

sábado, 23 de abril de 2022

EL PRIMER SANT JORDI DE NOAH

Si ya antes de ser escritor me ilusionaba la diada de Sant Jordi en Catalunya, con sus coloridos puestos de rosas, sus paradas llenas de libros y con las calles más céntricas abarrotadas de gente, una vez me metí en esto de escribir creo que sobran las palabras. Ya no se trataba solo de pasear por las Ramblas, cotilleando las novedades editoriales hasta decidir cuál iba a ser mi compra anual, sino de estar al oro lado de la mesa, frente a libros con mi nombre impreso en la portada, firmando ejemplares a aquellos que se animaran a comprar uno de ellos.

Sin embargo, el año pasado todo cambió. El año pasado, en el ecuador de la jornada festiva más bonita que conozco, en plena fiesta del libro y de la rosa, nació mi primogénito, el fruto del amor que Arelys y yo nos tenemos. Nació mi hijo Noah, al que, casi por obligación, pusimos como segundo nombre Jordi.

Ha pasado un año desde entonces. Un año que ha seguido marcado por la pandemia, a la que hay que añadirle volcanes, crisis energéticas que están derivando en crisis económicas, guerras y, en el apartado personal, la publicación de una nueva novela y un fugaz paso por quirófano del que ya estoy casi recuperado. Pero lo que de verdad me ha marcado ha sido el día a día con Noah, el verlo crecer en un suspiro, sus primeras palabras, sus veloces gateos, esa mirada pícara cuando lo sorprendemos haciendo una travesura… Siempre había querido tener un hijo, y lo imaginaba como una experiencia maravillosa, pero debo confesar que todas mis expectativas se quedaban cortas.

La vida al lado de Noah es maravillosa, y por eso quería celebrar su primer cumpleaños de manera especial.

Sigo unido a Célebre editorial, y con ellos estaré este Sant Jordi firmando ejemplares de El hombre de trapo mataba por amor, pero por un momento les he sido infiel y he vuelto a mis años de autoedición, de la mano de Amazon, para hacer un pequeño experimento que ha terminado siendo un regalo plagado de cariño y amor.

Como no podía ser de otra manera, he aparcado por un momento los monstruos y la oscuridad para confeccionar un humilde libro de cuentos (cuatro en total) a los que me he atrevido a ilustrar yo mismo, jugueteando por primera vez con desiguales resultados con las tabletas digitales.

El libro resultante, Cuentos de Crotana, es una simple muestra del amor que siento por mi niño, y no tiene más pretensión que la de agradar a mi pequeño, acompañándolo quizá en la hora de irse a dormir, pero si alguno tenéis alguna curiosidad, sin que vaya a hacer mucha promoción de ello (el objetivo nunca fueron las ventas, insisto), lo podéis encontrar en Amazon. No sé si es bueno o malo, si divierte o aburre. No ha pasado por correctores ni lo ha leído nadie más antes de su publicación. Es solo una vía de enlace entre Noah y yo. Y todos los que me leéis, familiares, amigos o desconocidos, formáis parte, de una manera o de otra, de mi familia, y por lo tanto estáis invitados a participar de ese enlace.

 

Feliz primer cumpleaños, Noah. Tu madre y yo te queremos con locura. No lo dudes nunca.

viernes, 22 de abril de 2022

Reflexiones: DESCIFRANDO EL SONY-VERSO

Todavía sigo con pesadillas y algo trastornado desde que soporté vi en cines Morbius, la última pieza hasta ahora de ese complicado (o eso consiguen ellos que sea) universo compartido que se está gestando desde Sony. Como dicen que es bueno enfrentarse a tus terrores, he decidido hacer un ligero repaso a lo que algunos llaman el Sony-verso, que no deja de ser más que una manera menos confusa de llamar a lo que en realidad es el Spider-verso sin Spider-Man.

Para los no iniciados, empezaré por el principio. Hace muchos años ya (décadas incluso, lo cual me recuerda lo mayor que soy), Marvel pasaba por una profunda crisis económica, que solo logró capear a costa de vender los derechos de sus principales activos a diversas compañías cinematográficas. Era mucho antes de que tuviesen su propia división de cine, cuando Marvel Studios existía solo para hacer productos de animación o figurar como coproductoras en las películas que en realidad hacían otros. Era la época que propició bodrios como The Punisher: El Vengador (1989), Capitán América (1990), The Punisher (2004), Elektra y Man Thing  (ambas de 2005) o El Motorista Fantasma (2007) de cuya secuela he decidido olvidarme; productos de medio pelo como Blade (1998), Daredevil (2003) o Los Cuatro Fantásticos (2005) y su secuela (2007) –Los Cuatro Fantásticos de Corman y la conocida como Los Cuatro Tranktásticos merecen un artículo aparte- o, al fin, películas de bastante más nivel como la saga de X-Men iniciada en el 2000, la del Spider-Man de Sam Raimi que nació en el 2002, el Hulk de Ang Lee (2003) y The Amazing Spider-Man, que vio la luz en 2012, ya con el MCU batiendo récords y mostrando el camino a seguir.

De todo ello, repartido en ciento y la madre de productoras, en Sony se quedaron con los derechos de Spider-Man tras un complicado laberinto que incluye la bancarrota de la Cannon y la adaptación jamás realizada por James Cameron.

Viendo como en casa del vecino la cosa funcionaba más o menos bien, con el descomunal éxito del Superman de Donner del 78 y la batmanía que desencadenó el Batman de Tim Burton en 1989 (aunque parece que en Warner se querían especializar en iniciar estupendas sagas que terminarían en el ridículo más espantoso), y que Blade y X-Men (que estaba en preproducción cuando se empezó a hablar de Spider-Man) y que en los despachos amenazaban con poner de moda a los tipos en pijama (es un decir, por aquella época se tenía bastante miedo a representar a los superhéroes con los coloridos looks de los comics), en Sony dieron luz verde al proyecto de Sam Raimi pesado para convertirse en trilogía.

Spider-Man, Spider-Man 2 (considerada una de las mejores películas de superhéroes por muchos aficionados) y Spider-Man 3 funcionaron de maravilla, sobre todo la tercera, que demostró que debía haber arácnido para rato aunque la crítica no fue muy compasiva con ella. Ciertamente, hubo muchos problemas en ese rodaje, principalmente debido a las discrepancias entre el director y la productora, que quiso influir demasiado en el argumento, lo que propició que el proyecto de Spider-Man 4 cayera en saco roto. Por un lado, porque Raimi no conseguía la libertad creativa que ansiaba. Por otro, porque mientras se trabajaba en el proyecto ya se estaban en negociaciones con otro actor y otro director para hacer un reboot de la saga.

Así pues, sin Raimi en el carro, Tobey Maguire dijo adiós al personaje de manera definitiva (o eso se creía en aquel momento) para dar paso a una versión más juvenil y refrescante. Andrew Garfield sería el encargado de ponerse el traje azulgrana mientras que la contratación de Mark Webb, un director que había triunfado gracias a una comedia romántica, dejaba muy claras las intenciones de Sony en cuanto al tono del film.

Como era de prever, la cosa funcionó muy bien en el aspecto personal, consiguiéndose una muy buena química entre Maguire y Emma Stone, pero cuando el primero se ponía el uniforme de faena (horrible, por cierto), la cosa se venía abajo. No fue un gran éxito, pero sí lo suficiente para que su secuela viera la luz. Y aunque esta vez el uniforme y el tono del protagonista rozaban la perfección, un mal villano y demasiada paja destinada a encaminar  a convertir esto (maldita manía) en trilogía, maltrató el resultado final, consiguiendo que fuese una de las películas menos valoradas del trepamuros y condenándolo a la cancelación con muchas tramas por resolver, entre ellas la de la hipotética creación del grupo de villanos llamados Los Seis Siniestros con la idea de que tuviesen película propia.

Es buen momento para abrir un pequeño paréntesis para anotar que junto a los derechos del personaje el contrato incluía también a sus secundarios, provocando un montón de dolores de cabeza y abogados mirando con lupa para decidir a qué héroe iba ligado cada secundario. Para poner un ejemplo, Peter Parker (Spider-Man) trabajaba en el Daily Bugle junto a Ben Urich, periodista muy ligado en los comics a la historia del duende Verde. Sin embargo, en el celuloide Urich fue considerado secundario de Daredevil, apareciendo en la película protagonizada por Ben Affleck (de New Regency en asociación con la Fox) así como en la serie de Netflix. Sin embargo, en la primera trabaja para el New York Post y en la segunda para el New York Bullet, ya que el Daily Bugle sí había quedado en manos de Sony. Algo similar al conflicto surgido entre Wanda/Bruja Escarlata y Pietro/Mercurio (ambos mutantes y Vengadores) entre Fox y Marvel que, en este caso, se solucionó con un acuerdo que satisfizo a ambas productoras.

Sigamos. El caso es que en Sony sabían que tenían a la gallina de los huevos de oro en su poder, pero no tenían ni idea de cómo utilizarlo. Veían ojipláticos como en Marvel, con personajes en aquel momento considerados de segunda fila como Iron man, Capitán América o Thor, estaban creando un gran imperio.

La gran diferencia entre ambos tenía un nombre: Kevin Feige. El gran gurú de Marvel Studios había estado metido en casi todas las producciones basadas en comics Marvel de otras productoras, pero no fue hasta que naciera el MCU que le dieran plena libertad para hacer lo que quisiera, demostrando que incluso en Hollywood conviene a veces confiar en el que más sabe, y no solo en los que mejor analizan los datos y las calculadoras. Amy Pascal, su igual en Sony, quería su perspicacia y en Marvel querían a Spider-Man, así que lo imposible se hizo realidad y llegaron al acuerdo de compartir al personaje. Y así fue como un nuevo Spider-Man, interpretado por Tom Holland, llegó a desembarcar en el MCU para hacer una breve pero aplaudida intervención en El Capitán América: Civil War antes de tener su propia película en solitario, Spider-Man: Homecoming (2017), de Jon Watts, que sería producida por Sony pero con el desarrollo artístico en manos de Marvel.

Al fin en Sony veían la luz con su niño mimado, aunque no les gustaba eso de compartir beneficios (y mucho menos méritos), por lo que empezaron a buscar alternativas. Como ya he explicado, la adquisición de los derechos de Spider-Man incluía a sus secundarios, de manera que decidieron de desarrollar un universo propio a imagen y semejanza del MCU o del DCEU de Warner, pero con dichos secundarios, que para eso les seguían perteneciendo. Y así fue como llegó a los cines Venom (2018), un anti-héroe que comenzó como villano de Spider-Man en los tebeos y con una historia inevitablemente vinculada al mismo. Es su película, sin embargo, no había mención alguna al alter ego de Peter Parker, por lo que la gran pregunta era si ese nuevo universo y el del MCU eran el mismo. Había indicios de que no, como el que en Venom los neoyorquinos se sorprendieran al descubrir que hay seres alienígenas, como si la batalla de Nueva York de Los Vengadores de Joss Whedon (2012) nunca hubiese existido.

Venom no gustó nada a los aficionados a los comics, pero por lo visto sí al resto del mundo, pues fue un gran éxito de taquilla. Eso propició que en Sony se envalentonasen y hubo una agria disputa en los despachos para decidir qué iba a pasar con el futuro de Spider-Man tras el estreno de su secuela: Lejos de casa (2019). Durante mucho tiempo las negociaciones estuvieron rotas y el Spidey de Tom Holland quedó oficialmente desligado del MCU, teniendo que mediar el propio actor para buscar una manera de conseguir un entendimiento entre Amy Pascal y Kevin Feige. Al final, tras provocar no pocos infartos entre los Marvel-zombies, el acuerdo fructificó y Marvel, con Feige a la cabeza, volvió a colaborar en una tercera película que cerrase la trilogía en solitario del héroe, amén de sus apariciones en Vengadores: Infinity War (2018) y Vengadores: End Game (2019).

Mientras las aguas volvían a su cauce, Sony se superó a sí misma con la secuela de Venom, titulada Habrá matanza (2021). De nuevo una película espantosa (peor incluso que la primera) y de nuevo éxito en taquilla. En Sony lo tenían claro: tenían su propio filón de oro. Pero seguía sin estar claro si estaba unido al MCU o no. La escena postcréditos parecía dejar una pista cuando el Venom de Tom Hardy desaparece del lugar en el que se encuentra para aparecer en un hotel de aspecto caribeño y ver en un informativo una referencia directa al final de Spider-man: Lejos de casa.

Y llegó el evento del año. ¡Qué digo del año…! ¡Del siglo! Tras una pandemia que había dinamitado los cimientos del cine, tras dos años de salas vacías y películas rogando a Netflix que se hiciera con sus derechos, tras tres películas haciendo presagiar que el MCU empezaba a mostrar signo de debilidad… Llegó Spider-Man: No way home (2021), la película que lo cambió todo.

Si hablamos de Universos propios, en la tercera aventura del Spider-Man de Holland se liaron la manta a la cabeza y, con la torpe ayuda del Doctor Strange, lo pusieron todo patas arriba. Un truco de ilusionismo (por arte de birlibirloque, vamos) abrió portales entre varios universos, trayendo al MCU elementos extraños, tales como villanos (y posteriormente a los propios héroes) de las sagas de Raimi y Webb. Ver juntos a Holland, Maguire y Garfield era mucho más que un sueño hecho realidad y la película cumplió con las expectativas y mucho más. Si el guion arreglaba muchos de los defectos de las películas anteriores y se convertía en una gran fiesta de celebración de veinte años del Hombre Araña cinematográfico, la taquilla se volvió loca, elevando la película hasta el sexto puesto de la película más taquillera de la historia, algo imposible de imaginar hace apenas unos años por cualquier directivo de la Sony, Pascal incluida. Todo era alegría y felicidad, con una unión de villanos portentosa y muy efectiva pero… ¡un momento! A todo esto, ¿dónde está Venom? Pues había que esperar hasta la escena postcréditos para descubrir que el bueno de Tom Hardy se había pasado toda la película medio borracho en el bar del hotel al que fue a parar al final de Venom: Habrá matanza escuchando de boca del camarero la invasión de Thanos y los fatídicos efectos del chasquido cuando, de repente, es transportado de nuevo a su propio universo, dejando, eso sí, un pequeño resto de simbionte sobre la barra. Más allá de la gracia del chiste o de la decepción de algunos fans, esto significaba claramente dos cosas:

1.- Que Venom no pertenece al mismo universo que el MCU y que, por lo tanto, no va a verse nunca las caras con el Spider-Man de Holland a no ser que vuelvan a recurrir al truco de los saltos entre Universos. Y…

2.- Que Holland se queda definitivamente en el MCU, desligándose del supuesto Sony-verso y con las semillas plantadas por si algún día quieren hacerle su propio Venom.

Y, para bien o para mal, todo parecía más o menos claro. Pero resulta que la maquinaria de Sony no paraba y ya tenían a punto de caramelo su siguiente película con un secundario del lanzarredes. En este caso, era el turno de Morbius (2022) y su tráiler avanzaba cosas interesantes y a la vez confusas, como que pertenece al mismo universo que algún Spider-Man, que también comparte el espacio-tiempo con Venom y que iba a interactuar con el Buitre que Michael Keaton interpretó en Spider-Man: Homecoming. ¿Confundidos? El resto del mundillo friki también.

Vayamos por partes, como diría Jack, el Destripador. Por un lado, la película. De nuevo un bodrio. Un despropósito cuya taquilla ha sido razonablemente más coherente que con Venom. De entrada, unos números increíbles que hacían presagiar un nuevo triunfo para Sony, pero la caída de la recaudación en el segundo fin de semana fue de órdago. El boca a oreja la ha puesto a caer de un burro y los datos finales no van a ser nada halagüeños. Y eso con Kraven, el Cazador ya en la línea de salida y proyectos bastante avanzados como Madame Web. Veremos en que termina esto. Por otro lado, las explicaciones. Nadie ha dicho nada demasiado concreto, pero por lo poco que se le ha podido sacar al director y las diferencias entre el tráiler y el metraje final podemos sacar unas cuantas conclusiones.

De entrada, que la esperanza de muchos fans de que el universo de Venom y Morbius fuese el mismo que el de algunos de los Spider-Men anteriores de momento no es más que eso, la esperanza de los fans. Se había hablado de que Andrew Garfield iba a aparecer en Morbius, aunque solo fuese un cameo, rumor acrecentado por los reshoots de última hora del film, pero al final nada de nada. Y la escena del tráiler en la que se veía un grafiti de un Spider-Man que recordaba mucho al de Maguire, eliminada de la versión de cines. Dice el director que él en realidad no la llegó a filmar, y que fue un injerto gestado desde la propia dirección de Fox, lo que nos da pistas de lo que ha pasado: Hasta la llegada de No way home, el Sony-verso sí aspiraba a ser el mismo del MCU. De ahí la vinculación con Spider-Man y la aparición del Buitre de Keaton. Tras la realización de la tercera película del Spidey de Marvel, las cosas han cambiado, cada uno va por su rumbo y borrón y cuenta nueva. Esto  no significa que aún nos puedan contar que ya hay un Spider-man en el universo de Venom y Morbius (el de Maguire, el de Garfield o uno nuevo), pero de ser así tendremos que esperar a alguna película futura que nos lo confirme.

¿Qué sucede, entonces, con el Buitre? Eso queda explicado en las escenas postcréditos de Morbius, unas escenas absurdas y torpemente representadas pero que cumplen su cometido de poner los puntos sobre las íes (hasta que a alguien de Sony se le ocurra un nuevo cambio de rumbo). Adrian Toomes, el Buitre, en los tráileres estaba en prisión y tenía una conversación con Morbius animándole a aceptar su don, dejando patente que comparten espacio. En la versión que ha llegado en cines, todo esto se ha eliminado para mostrarnos a Toomes en la cárcel del MCU (es decir, donde fue a parar tras los hechos acontecidos en Homecoming) para ser transportado (la razón ni se dice ni merece que la esperemos) por uno de los portales multiversales que abre Dr. Strange en Far from home para ir a parar al universo de Venom y Morbius, propiciando un encuentro con este último (tampoco es que nos den ninguna explicación de cómo tiene el traje volador del Buitre en este universo, ¿para qué la coherencia?) que da pie a conjeturar que el proyecto de una película de Los Seis Siniestros sigue en pie.

Hasta aquí, los hechos. Ahora solo quedan las conjeturas. Insisto una vez más en que el Spider-Man de Holland sigue perteneciendo a Sony, pero ya no se podrá cruzar en el camino de Venom o Morbius (o cualquiera otra de las peliculillas que estén por llegar) a no ser que nos repitan la jugada del multiverso (que en Sony son capaces de todo). Ahora parece que lo primordial es crear al grupo de Los Seis Siniestros, que no tienen por qué coincidir con los miembros presentados en los comics. Así, podríamos tener al Buitre, Mobius y Venom haciendo equipo (la coherencia de esto también está fuera de toda lógica, pero bueno), pero siguen faltando tres miembros más (supongo que uno de ellos sería Kraven, el Cazador), aparte de necesitar a alguien contra quien enfrentarse. Como descarto el regreso de Willem Dafoe y Alfred Molina, cuyos arcos como Duende Verde y Dr. Octopus quedaron muy bien cerrados en Far from home, y el público ha enloquecido viendo a Garfield retomando el traje del arácnido, la solución más fácil sería la de hacer realidad un Amazing Spider-Man 3 e incorporar aquella saga al Sony-verso. Así, tendríamos ya al Spider-Man de Sony y tanto el Lagarto como Electro podrían unirse al grupo de villanos, algo que, de hecho, ya pretendía hacer el Duende Verde interpretado por Dane DeHaan en la malograda saga de Webb.

En fin, que no sé si este resumen ha servido para aclarar un poco el panorama superheróico de Sony o para complicarlo aún más, pero por lo menos yo me he quedado a gusto. Lo que es innegable es que aquellos que se empeñan en despreciar lo conseguido por Marvel con el MCU y se niegan a ver sus méritos, que se den una vuelta por el DCEU y su jaleo de líneas temporales, el despropósito que termino siendo el Universo X de Fox o lo que le está sucediendo a Sony. Eso pasa cuando no hay un plan a seguir ni alguien con la cabeza bien amueblada encargado de poner la casa en orden (y no miro a Lucasfilm por no irme por las ramas). Personalmente, creo que la única esperanza de arreglar el desaguisado de Sony es que realmente se traigan a Garfield de vuelta (también se ha especulado con un Spider-Man 4 que Raimi estaría encantado de hacer, pero veo a Maguire un poco lejos del personaje) y que el Sony-Verso sea, como siempre debió ser, el Spider-verso. Y mientras, el Spidey de Holland a hacer sus cositas con sus colegas vengadores. Podría ser algo confuso tener a dos Spider-Men diferentes a la vez, pero si nos hemos comido a dos Batman y tres Jokers (sin contar con los productos televisivos), tampoco es que nos vayamos a rasgar las vestiduras porque entre Marvel y Sony jueguen a lo mismo, ¿no?