domingo, 3 de enero de 2016

STEVE JOBS: Entre la ambición y la obsesión.

Resulta difícil entrar a valorar una película basada en la historia de un personaje real cuando el personaje le importa a uno más bien poco. Y más si tenemos en cuenta que hace apenas un par de años ya se estrenó una película basada en el mismo personaje y con un estilo relativamente similar (al menos en cuanto a lo de incluir datos de ficción para adornar la película y usar el truco de arrancar en la presentación de un producto de la compañía).
Es Steve Jobs una película, en apariencia, mucho más lujosa que aquella Jobspor la que el protagonista Ashton Kutcher ganó el Razzie como peor actor del año. No en vano tiene en sus filas a un director oscarizado como Danny Boyle, a dos protagonistas acostumbrados también a recibir premios y criticas elogiosas como son Michael Fassbender y Kate Winslet y a un guionista, Aaron Sorkin, considerado el número uno en su campo. Sin embargo, siendo Steve Jobs muy superior a  Jobs termina cayendo en el mismo error: la austeridad narrativa.
Encuentro muy loable huir del clásico biopic que detalla paso a paso las andanzas de un personaje y limitar los escenarios de la película a tres presentaciones en tres momentos muy diferentes de la vida del empresario, pero sin con Steve Jobs uno no terminaba de entender qué era lo que había hecho grande a este hombre, en Jobs se entiende aún menos. Casi parece como si en lugar de ser un distanciamiento al biopic que dirigió Joshua Michael Stern fuese una secuela, siendo necesario haber visto la primera película para saber un poco de que va el trabajo de Steve Jobs en esta segunda.
O puede que el problema radique en que pese a coincidir ambas en el difícil (casi despreciable) carácter del gran ideólogo de Apple, se quieran acercar a su figura con una sumisión que hace que la película solo sea disfrutable para aquellos seguidores acérrimos de la empresa de la manzanita, como si se diese por hecho que todo el mundo conoce ya al Steve Jobs empresario y solo se quisiera ahondar en el Steve Jobs persona.
Aceptando ese trago (y yo soy el primero que me importa un pimiento los logros de Apple, la calidad del Mac o todo lo que los fanáticos de la marca quieran alabar), lo cierto es que Steve Jobs permite al menos disfrutar de unas interpretaciones intensas, con un gran Fassbender dotado (como no podía ser menos con Sorkin por ahí) de brillantes diálogos, al que se termina humanizando en el último tercio de película y por el que (sin que dejen de presentarlo como un déspota engreído) podamos llegar a sentir cierta simpatía.
Sin tener ni idea de lo cerca que esta película esté o no de la realidad de Jobs, y no pretendiendo en ningún momento elaborar una tesis sobre Apple, la película de Boyle consigue mantener el interés del público durante todo el metraje, terminando por convertirse sobre todo en un estudio sobre las relaciones personales. Al final, lo que importa aquí no son los avances informáticos ni los éxitos empresariales, sino ver como se resuelven (o no) los conflictos entre Jobs y sus antiguos colaboradores, entre Jobs y su mano derecha y, sobre todo, entre Jobs y su hija.
La austeridad mencionada al principio, que obliga a que la gran mayoría de la película transcurra en interiores (dotándola de un sentimiento de claustrofobia hasta llegar a la escena final, lo cual me hizo pensar también en el Birdman de González Iñárritu) no es excusa, sin embargo, para una cierta apatía que he notado en el trabajo del director, que no logra imprimir en ningún momento ninguna impronta personal, como si se tratase más de un trabajo de encargo.
Con todo, si alguien tan alejado de las virtudes de Apple ha sentido interés por la historia humana que esconde la película, algo han debido de hacer bien. O eso creo.

Puntuación: 7 sobre 10.

INCIDENCIAS: Tira al morito del tren.

De la unión entre José Corbacho y Juan Cruz han salido ya varios trabajos, como las películas Tapas y Cobardes o la serie Pelotas. En esta ocasión se han basado en un guion de Jaume Bartolomé que ellos mismos han adaptado para dirigir juntos de nuevo una alocada comedia coral con toques bastante negros que transcurre durante la noche de fin de año, por lo que en algunos cines se llegó a adelantar un día la fecha de estreno para coincidir con el día exacto en que transcurre la acción.
Incidencias nos presenta a un puñado de viajeros que transitan en un tren de alta velocidad de Barcelona a Madrid cuando en algún lugar indeterminado de los Monegros hay una bajada de tensión y el vehículo se detiene, dejando a los pasajeros y los tres únicos empleados en medio de la nada. Allí las distintas peculiaridades de los protagonistas chocarán dando lugar a una serie de conflictos bastante divertidos que podría guardar alguna similitud con Los amantes pasajeros de Almodóvar pero con la que no admite comparaciones.
Aparte de la premisa argumental, Incidencias también comparte con el film del manchego a uno de los protagonistas, Carlos Areces, aparte de permitirse en cameo de una de las chicas Almodóvar por excelencia, Rossi de Palma. Aparte de eso, Incidencias es una película mucho más completa y redonda que la del avión, con varias subtramas muy bien cerradas y un humor más inteligente y menos soez.
No todo es perfecto en el guion y algunos de los personajes no están siempre a la altura de las circunstancias, además de quedar demasiadas puertas sin cerrar en argumentos menores, pero al menos Cruz y Corbacho (que se dejan ver en la película en un divertido gag inicial) han sido honestos con un estilo sencillo y directo y unas historias que no buscan realizar saltos mortales para encajar en un puzle imposible. Cada una sigue su camino y cada personaje tiene su función, sin más florituras de las necesarias y con unos flashforwards (bonito palabro que debemos básicamente a Perdidos) insertados durante la trama que ayudan a potenciar la personalidad de los protagonistas.
Absurda, cínica y con alguna pincelada social, Incidencias es un divertimento al que no hay que exigirle más de lo que ofrece, pasar un buen rato con alguna carcajada incluida. Una buena manera de empezar bien el año.

Puntuación: 7 sobre 10.

POINT BREAK: SIN LÍMITES: Más adrenalina que talento.

En esta época tan cargada de remakes, secuelas y reboots parecía inevitable que tarde o temprano le llegara el turno a una película que no me suena que fuese un tremendo éxito en su época pero que con el tiempo se ha convertido casi en película de culto.
Rodada en un tiempo en que Kathryn Bigelow aún estaba casada con James Cameron y sabía hacer películas entretenidas, Point Break, el título original que aquí se tradujo por Le llaman Bodhi, era una película de corte policiaco donde el protagonista, un primerizo y algo menos apergaminado que ahora Keanu Reeves se infiltraba en una banda que atracaba bancos para poder costearse su pasión por el surf en el que un Bodhi interpretado por un Patrick Swayze es la cúspide derrochaba carisma hasta el punto de hacer tambalearse las convicciones del tierno agente del FBI.
Poco ha quedado de eso en esta nueva Point Break, más allá del tema de la infiltración del agente del FBI. Ahora el protagonista no es ya un novato en todas las facetas de la vida sino que, aun siendo su primera misión en el cuerpo, tiene un pasado tan alucinante como los propios deportistas con los que tiene que lidiar, con lo que poco puede aprender de ellos más que un mensaje de hipismo modernillo. Hay, además, un trasfondo dramático (desvelado en la primera secuencia de la película) que recuerda tanto a mil películas ya vistas (quizá Máximo riesgo sea la primera que viene a la mente) que casi resulta hasta de vergüenza ajena.
Partiendo de la base de un mensaje naturalista casi místico inventado para la ocasión (los ocho de Ozaki es un ficticio desafío contra la naturaleza con el que alcanzar un grado de iluminación cercano al nirvana), la película es tremendamente plana, con unos personajes sin profundidad a los que dan vida unos actores que para nada tienen el carisma del reparto original. Solo Teresa palmer tiene algo de bagaje en el desconocido casting, aunque su personaje no tiene ni de lejos la relevancia que tenía el de Lori Petty en la cinta de 1991.
Además, la pasión por el surf de aquella banda de atracadores que utilizaba máscaras con los presidentes americanos en sus robos ha sido aquí sustituida por todo tipo de deporte de riesgo, sin importar la modalidad ni el género, consiguiendo que el mensaje ecologista que proponen (un respeto por la naturaleza casi sagrado) resulte tan hipócrita como simplista cuando no tienen reparos en utilizar motocicletas para correr por la montaña o todo tipo de aparato a motor que, por lo visto, no saben que contamina.
Así, la trama es tan estúpida como irrisoria y no hay nada ni novedoso ni atractivo en este juego del gato y el ratón entre el novato agente que resulta del todo insoportable y el presuntamente molón líder de la banda que es pura prepotencia.
¿Qué puede justificar el visionado de esta película e incluso su recomendación? Pues si quitamos todos los elementos que hacen que sea una película (el guion, los actores, la dirección artística…) lo que queda es una pura maravilla.
Me explico: ¿conocéis las típicas películas documentales confeccionadas expresamente para ser exhibidas en cines IMAX? Hay casi un subgénero de ellas (entre descubrimientos arqueológicos egipcios y paisajes submarinos) dedicado a mostrar las maravillas de la naturaleza o los deportes  extremos que en ella se realizan. Si tomamos como referencia esas obras, Point Break es un gran espectáculo. Las escenas de surf son impresionantes, los momentos de escalada provocan vértigo y con los saltos al vacío se dispara la adrenalina.
Point break no tiene muchas virtudes sobre el papel, pero puesta en imágenes proporciona casi dos horas de deleite visual que, pese a parecer patrocinada por alguna marca tipo Red Bull, consiguen transmitir toda la emoción y espectacularidad que se propone. Y solo por ello ya merece el precio de la entrada.
Lástima que luego nadie pensara en el guion…

Puntuación: 6 sobre 10.

PADRES POR DESIGUAL: La paternidad tiene un precio.

No lo voy a negar. Me acerqué a ver esta película (la primera del año, además) con cierta desgana. Me esperaba la típica tontería sin gracia propia de todas las películas de Will Ferrer, uno de los actores de comedia más sobrevalorados que pueden haber.
Y al final, sin encontrarme tampoco con una gran película, debo reconocer que me hizo pasar un rato francamente divertido.
Padres por desigual es una tremenda tontería, de acuerdo, y arranca de forma tópica y torpe. Pero a medida que avanza el metraje y lo personajes van definiéndose la cosa empieza a tomar velocidad, consiguiendo un resultado final al menos agradable y que deja un buen sabor de boca.
Padres por desigual cuenta como Brad (Will Ferrer), un hombre que siempre ha deseado tener su propia familia, está casado con Sara y trata de ganarse el afecto de los dos niños que esta tiene de un matrimonio anterior. Y cuando parece que está a punto de conseguirlo aparece el padre perdido, Dusty (Mark Wahlberg), un tipo duro, rebelde y mucho más “molón” que él que pondrá su vidas patas arriba.
Más allá de las esperadas confrontaciones entre los dos padres, enemigos íntimos por naturaleza, la película consigue ser una reflexión sobre la responsabilidad y la paternidad sin edulcorar demasiado la trama, con chistes bastante bien conseguidos y sin caer en exceso en el ridículo, consiguiendo además que secundarios al principio molestos como el jefe de Brad (Thomas Haden Church) o un operario negro que se convierte de manera casi impuesta en miembro de la familia (Hannibal Buress) terminen encontrando también su camino y participar en la gran broma que supone este duelo desigual entre Ferrer y Wahlberg, donde el surrealismo que impregna de “molonidad” al protagonista de Transformers consigue las cotas más hilarantes que permiten que lo que podría caer en la comedia melodramática y edulcorada sea suficientemente gamberra y macarra para conseguir funcionar.
No espero que sea la comedia del año, pero al menos me ha resultado una agradable manera de comenzarlo.

Puntuación:  6 sobre 10.

DESPIDIENDO LA NAVIDAD CON LAS NOVEDADES DEL BLOG

Pese que aquí en España (y en bastantes países latinoamericanos) las fiestas de Navidad no finalizan hasta que pasa el día de Reyes, lo cierto es que con el cambio de año parece que el ambiente festivo comienza a disiparse y la normalidad regresa a los hogares y trabajos de todos nosotros.
El blog no es una excepción y es hora ya de centrarse en las opiniones de las películas que se van estrenando en nuestras carteleras, que de esto va la cosa.
Sin embargo, permitidme un último alto en el camino para comentar brevemente los pequeños cambios que sufrirá el blog de cara al ejercicio que estamos a punto de comenzar.
En primer lugar, desaparece una sección fija del 2015: la sugerencia del mes. El motivo principal es que en los últimos meses la lista de sugerencias propuestas por los lectores estaba menguando notablemente, así que he pensado que lo mejor es hacer un alto en el camino y a otra cosa, mariposa. Eso no significa, por supuesto, que no podáis seguir proponiendo películas. Conservaré vuestras sugerencias y quizá, en un futuro, retome la sección.
La otra sección habitual del blog también variará un poco. Debido a la falta de tiempo que provocaba que en ocasiones las opiniones de estrenos se retrasaran terriblemente, he decidido eliminar la periodicidad del comentario del mes. Si en algún momento lo considero oportuno, volveré a publicar comentarios de opinión, tal y como ya venía sucediendo habitualmente con las entregas de premios o festivales, pero sin el compromiso de la obligatoriedad mensual.
¿Y qué novedades habrá este año? Pues alguna hay, desde luego. Y es que aunque siempre he querido enfocar esto al mundo del cine en exclusiva, evitando la tentación de comentar películas antiguas (quitando el caso de las sugerencias) que haya recuperado en DVD, los tiempos cambian, y eso implica que algunos títulos interesantes no lleguen siquiera a las salas de cine. Esto puede suceder por capricho de las distribuidoras, que consideran que no tiene el tirón suficiente para estrenarlas a lo grande o porque retrasan tanto la fecha de estreno que cuando llega el momento ya las ha visto todo el mundo de manera poco convencional, o porque su producción ha sido destinada directamente a otros formatos, como el Video bajo demanda (VOD). Por ello, cuando me encuentre con alguna película que no haya pasado por salas de cine pero considere que merece (para bien o para mal) un comentario, aquí la tendréis, en una sección que titularé: Cine de salón (CDS).
Y sin dedicarle un comentario exclusivo, mi primera opinión (cerrando así el círculo navideño) será para A very Murray Christmas, uno de esos especiales televisivos que por estos lares suele monopolizar Raphael protagonizado por Bill Murray y dirigido por Sofia Coppola y que nos ha llegado a España de la mano de Netflix.
A very Murray Christmas cuenta, a ritmo de musical, como una terrible tormenta de nieve que azota Nueva York impide a los invitados a acompañar a Bill Murray en un especial televisivo en directo puedan llegar al hotel. Deprimido por su soledad, el cómico languidecerá en el bar del hotel a ritmo de baladas navideñas lacónicas y rodeado de personajes igual de solitarios y desamparados hasta que una ensoñación le permita disfrutar del festival que su figura merece.
Una historia sencilla con maravillosas actuaciones musicales y un tono demasiado melancólico en algunos momentos (quizá Coppola no era la idónea para un musical navideño) que permite hacernos reír y disfrutar de la voz de Murray acompañado de un puñado de amigos, entre los que destacan George Clooney, Miley Cyrus, Michael Cera, Chris Rock, Jason Schwartzman, Amy Poehler, Rashida Jones, etc.
Una simpática opción, algo más glamurosa que la de Raphael, para finiquitar estas fiestas.
Por cierto, otra novedad que voy a incorporar es la de acompañar el título de la película con una frase breve que la defina, dejando la puntuación para el final del comentario. Un comentario que, excepto en circunstancias excepcionales, trataré de que sea más breve y contenido que hasta ahora.
Y a partir de ahora, ya por fin, estrenos…

viernes, 1 de enero de 2016

ALGUNAS PINCELADAS SOBRE LO QUE LLEGARÁ EN EL 2016.

Feliz año nuevo a todos.
Ya hemos sufrido el necesario cambio de dígito en nuestros calendarios y es momento de empezar a desgranar lo que podemos esperar del año que hoy mismo ha comenzado. Junto a los consabidos (y normalmente estériles) propósitos que todos nos hacemos empieza el cuarto año de existencia de este blog y, como no podía ser de otra manera, toca echar un vistazo a algunas cosillas que nos podemos encontrar en cines en los próximos doce meses.
Si comentaba hace exactamente un año que serían dos los títulos que se iban a dar de tortas por ser los máximos exponentes del 2015: Vengadores: la era de Ultron y Star Wars: el despertar de la fuerza (luego resultó que la segunda película venció con insultante superioridad mientras que Fast&Furious 7 y Jurasic World se colaron descaradamente en la fiesta), dos son, a priori, los platos fuertes de este año, uno de ellos (¿cómo no?) protagonizado también por la omnipresente Marvel: Capitán América: Civil War y Batman v Superman: el amanecer de la Justicia. Está claro que la cosa va de superhéroes dándose de leches entre ellos.
2016 no parece que vaya a venir tan cargado de blockbusters como el año que se nos ha ido, pero es evidente vista la presencia de personajes adaptados del comic, que los superhéroes volverán a ser los reyes del baile. Vamos a repasar ahora lo más importante que nos va a llegar:
Desde hoy mismo tenemos en cartelera Steve Jobs, una nueva biografía del fundador de Apple que no está funcionando demasiado bien en los USA pero que habrá que ver aunque solo sea por tener a Aaron Sorkin com guionista. Le acompaña en cartelera la primera apuesta española del año (estrena en algunos cines el día de nochevieja): Incidencias, con el retorno del binomio formado por Corbacho y Cruz. Completan el mes de enero cositas como Legend (peli de gánsters con Tom Hardy en un doble papel), 13 horas (o como Michael Bay se acuerda de que existe vida más allá de Transformers), Los 33 (impresionante reparto para este drama chileno) y el que dicen es un regreso por todo lo alto: Creed, con Stallone volviéndose a enfundar los guantes de Rocky.
Con la inminencia de los Oscars, enero y febrero son tradicionalmente unos meses de grandes estrenos en España, y El Renacido, de Alejandro González Iñárritu se lleva la atención de los focos, con un DiCaprio dicen que sobresaliente y de nuevo Tom Hardy por ahí. Cuando nos llegue se habrá estrenado ya Los odiosos ocho, de Tarantino, Joy (o la enésima colaboración entre el director David O. Russell y los actores Jennifer Lawrence, Robert De Niro y Bradley Cooper), La chica danesa (dicen que Eddie Redmayne está que se sale, aunque es un actor que yo sigo sin tragar mucho) y La gran apuesta, que sólo por su reparto (Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling y Brad Pitt) ya vale la pena.
Otras películas interesantes es la esperada Zoolander nº2, de nuevo con Ben Stiller a los mandos, ¡Ave, César!, lo nuevo de los hermanos Coen, El regalo, dirigida opro el actor Joel Edgerton que gustó mucho en Sitges, Orgullo, prejuicio y zombies (sobran comentarios) y la primera aportación comiquera del año, la gamberra y descarada Masacre. También volveremos a deleitarnos con la glamurosa interpretación de Cate Blanchett en Carol, el nuevo Disney llamado Zootrópolis y Anomalisa, otra de animación pero surgida de la mente de Charlie Kaufman.
A medida que nos alejamos en el tiempo las fechas de estreno son más difusas, pero no hay duda de que marzo será el mes de Batman v Superman: el amanecer de la justicia, a la que Victor Frankenstein intentará en vano hacer sombra. 
En terreno patrio, supone además el estreno de Julieta, donde habrá que ver si Almodóvar es capaz de quitarnos el mal recuerdo de su nefasta Los amantes pasajeros. Abril nos traerá a Capitán América: Civil War y mayo a X-men: Apocalipsis, una vez más con Brian Singer a los mandos.
Otros títulos que nos llegarán en estas fechas serán Frente al mar, donde Angelina Jolie se dirige a sí misma junto a su marido, El Cazador y la Reina del Hielo (secuela de Blancanieves y la leyenda del Cazador donde se han cargado a la protagonista Blancanieves), El libro de la Selva, de John Favreau, y Dioses de Egipto, cuyo tráiler e imágenes promocionales son horribles pero a la que habrá que dar una oportunidad por estar Alex Proyas tras la cámara.
En mayo tendremos también a Alicia a través del espejo, secuela del delirio colorista de Tim Burton pero sin el genial director tras las cámaras. Eso sí, de Johnny Deep no nos libramos.
Tras la desconcertante Warcraft de Duncan jones que llegará a primeros de junio tenemos una oleada de retornos y refritos: James Wan regresa a su zona de seguridad con The conjuring 2: the enfield poltergeist, Roland Emmerich trata de recuperar las mieles del éxito con Independence day: Resurgence, David Yates nos ofrecerá una nueva versión de Tarzán y Justin Lin concluirá la trilogía iniciada por J.J.Abrams con Star Trek: Más allá. Se supone que por esas fechas llegará también la secuela de Guerra Mundial Z, aunque no lo veo demasiado claro yo.
Otras propuestas interesantes para los meses de calor serán El Rey Arturo, de Guy Richie, el retorno de Matt Damon y Paul Greenglass a la saga Bourne (aún sin título) y Mi amigo el gigante, de Steven Spielberg.
Volviendo a los comics, el agosto de nuevo David Ayer se encargará de ofrecer su peculiar versión de Escuadrón Suicida y como en Marvel no podían quedarse atrás en octubre se juntarán Gambito, de Rupery Wyatt, y Doctor Extraño, de Scott Derrickson, con Benedict Bumberbach como cabeza de cartel. Con tamaños contrincantes deberá batirse en el duelo por la taquilla la nueva película de Juan Antonio Bayona: Un monstruo viene a verme, aunque también andará por ahí Inferno, de Ron Howard, recuperando las adaptaciones de Dan Brown, y la secuela de Jack Reacher, con Tom Cruise, por supuesto, como protagonista.
Y cerrando el año, y me parece que vamos a tener que acostumbrarnos a ello, una nueva pieza del puzle Star Wars, esta vez en su versión spin off: Star Wars Anthology: Rogue One, del cansino Gareth Edwars. Algunos de sus compañeros de cartel serán Animales fantásticos y dónde encontrarlos (exprimiendo el universo Harry Potter), Assassin’s Creed, con Michael Fassbender y Cinco segundos de silencio, de Robert Zemeckis con Brad Pitt (¿Cuántas películas estrena este chico en el 2016?) como protagonista.
Me he dejado en el tintero otras películas que o bien considero menores o quién sabe hasta dónde llegará su distribución. 
No espero ver en grandes salas, por ejemplo, a Maggie, el drama zombie con Schwarzenegger que ya comenté en mis especiales de Sitges del año pasado, ni me rasgo las vestiduras por ver cosas como La quinta ola (nuevo intento de iniciar una nueva franquicia utópica adolescente). Será un año también para títulos como Alvin y las ardillas: fiesta sobre ruedas, Embarazados (Paco León y Alexandra Jiménez no me parecen reclamo suficiente) o Pesadillas (el tráiler da miedo, pero por lo cutre que es)., Agente contrainteligente (el título ya lo dice todo), Kung Fu Panda 3 (me quedé a mitad de la primera), Vulcania (la vi también en Sitges y no me mató) o Insurgente: Leal (he puesto la segunda parte de esta saga entre lo peor del 2015, así que ¿qué puedo esperar de esta?).
También podremos deleitarnos (?) con El bosque de los suicidios (terror de pacotilla con Natalie Dormer pasándolo mal), Mi gran boda griega 2 (¿a estas alturas?), Kiki, el amor se hace (no tengo nada contra Paco León, lo juro, pero es que el tráiler no me llama nada), Tortugas Ninja 2: Fuera de las sombras, Buscando a Dory (o como estirar un chicle), Malditos vecinos 2 (¿de verdad hacía falta?), Angry birds (insisto, ¿de verdad hacía falta?), Cazafantasmas III (mejor no me repito, ¿no?), Bridget Jones’ baby, The Purge 3 (no sé si dará para tanto) o el remake de Jumanji.
Esto es algo de lo que nos espera en los próximos meses, aunque ya os aviso que a medida que avance el año algunas películas cambiarán de fecha y otras quizá hasta desaparezcan. Pero por lo menos, ya tenéis una ligera orientación.
Ya me diréis qué os apetece más. Yo seguiré aquí, al pie del cañón, para contároslo y espero que vosotros sigais al otro lado para leerlo. Mientras tanto... ¡Sed felices!

jueves, 31 de diciembre de 2015

LO PEOR DEL 2015 Y OTRAS DECEPCIONES

Siempre es complicado elaborar una lista con lo peor que se ha estrenado en cine  a lo largo del año ya que, generalmente, uno ya se huele los fiascos y trata de evitarlos. Aun así, ya sea por descuido o por evidente masoquismo, alguna suele caer. Si tuviese que hacer una selección de lo más defenestrable quizá lograría quedarme con cinco que no le recomendaría ni a mi peor enemigo.
Puede parecer ya un clásico, pero el cine de terror siempre es capaz de ofrecer películas peores que las anteriores. 
Dos casos sirven como muestra: Insidious, capítulo 3 y Paranormal activity: dimensión fantasma. Muy malas me parecieron también la última propuesta de Kevin Smith, Tusk (simplemente insultante), y la penúltima patochada de un Johnny Deep totalmente sin rumbo (que, por cierto, también aparecía en Tusk… ¿casualidad?): Mordecai. Pero, y por más que me duela ya que suelo ser un defensor a ultranza del cine español, el mayor insulto cinematográfico con que me he topado este año ha sido el Rey Gitano de Juanma Bajo Ulloa. 
No hay por dónde cogerla.
Más allá de estas cinco joyitas podría olvidar haberme topado con cosas como El séptimo hijo (un intento desesperado más de crear una nueva franquicia que no va a ningún lado), No confíes en nadie (que si no fuera por la presencia de Nicole Kidman, Colin Firth y Mark Strong no la habría tenido ni en consideración para este ranking) Insulgente (si la primera parte de esta mediocre saga ya no me gustó, esta ni lo pienso…), Hombres, mujeres y niños (con lo bien que empezó Jason Reitman) o El Francotirador (Eastwood ya no engaña a nadie). Y, como no, uno de los truños del año, Los cuatro fantásticos, una película tan mala que ni merece mencionar a Marvel o Stan Lee en sus créditos.
Y luego están aquellas películas que sin llegar a ser pésimas sí me han decepcionado mucho. Es el caso de Chappie, que empieza a demostrar que todo el boom que se desató con Neill Blomkamp era un bulo, Samba, muy por debajo de la estupenda Intocable, Focus, previsible hasta la médula, El niño 44, tan desaprovechada que duele, Everest, aburrida a más no poder, Pan, una tontería muy bonita visualmente, pero tontería al fin y al cabo, El viaje de Arlo (o la demostración de que Pixar no debe forzar y hacer dos pelis en un mismo año), Spectre (el agotamiento de una fórmula de la que se esperaba un gran final) y, sobre todo, 50 sombras de Grey, una película que no llega a ser tan mala como parece pero que recuerda demasiado a un anuncio de perfume que nunca va hacia ningún sitio con un actor sin carisma y una directora sin oficio.
Y estas son mis anti recomendaciones. ¿Habéis visto alguna de estas? ¿Quizá incluso peores? Pues ya sabéis, el debate está abierto.
Y el año que viene, más… 

LO MEJOR DEL 2015 Y ALGUNA AGRADABLE SORPRESA

Pues lo prometido es deuda y ahora que ya no hay tiempo para más cine voy a ofrecer una pequeña valoración personal de lo que ha sido este año desde el punto de vista cinematográfico.
Como es natural, no están todas las que son. Me han quedado por ver muchas películas potencialmente interesantes, como Macbeth, Una pastelería en Tokio, La novia… que espero poder saldar en los próximos días. Sin embargo, esto es, de lo que sí he visto, lo que más me ha gustado:
Desde el punto de vista estrictamente cinematográfico tres películas han destacado por encima de las demás: El puente de los espías, de Spielberg, Marte, de Ridley Scott y Nightcrawler, de Dan Gilroy. Estas son las que deberían estar en mi podio de honor, aunque seguidas muy de cerca por Del revés (inside out) la última maravilla de Pixar, y la española Truman.
Como Hollywood pone toda la carne en el asador hacia final de año (para entrar a tiempo en la carrera de los Oscars pero sin caer en el olvido) pero esas películas aquí nos suelen llevar en los meses de enero y febrero, quizá ya tengáis muy lejanas interesantes propuestas como eran Corazones de acero o Desmontando Enigma (Imitation game).
Sin embargo, ya he repetido hasta la saciedad que este era un año de blockbusters, así que entre mis películas favoritas hay irremediablemente propuestas muy palomiteras. Y es que por una vez, y sin que sirva de excepción, la calidad no tiene por qué estar reñido con lo comercial. Siguiendo un ligero orden cronológico, la primera gran película que nos llegó fue Kingsman: Servicio Secreto, de Matthew Vaughn, basada en el comic de Mark Millar, a la que siguieron Fast&Furious 7 y Tomorrowland. Sí, ya sé que soy de los pocos que la van a poner en el listado de películas buenas de este año, pero a mí la fantasía de George Clooney y Britt Robertson sí me convenció, demostrándome que Brad Bird es un director muy a seguir de cerca.
Antes de pasar a los platos fuertes del verano tuvimos la oportunidad de recuperar el aroma clásico del cine de Branagh con su maravillosa versión de La Cenicienta, tan colorista como la desquiciante y frenética Mad Max, fury road. El regreso de George Miller a la saga que lo encumbró no me emocionó tanto como a la mayoría de los aficionados, pero hay que reconocer que lo que le falta de guion lo suple con creces en su imaginería visual. Y tras ella, dos auténticos bombazos: Los Vengadores: la era de Ultron, que aun estando un pelín por debajo de la primera entrega seguía conservando la frescura del mejor Marvel, y Jurassic World, una especie de secuela/reboot/remake del Parque Jurásico de Spielberg.
Este ha sido, también, un año de agentes secretos, y después de que Kingsman abriese la veda nos llegaron, casi seguidos, Operación U.N.C.L.E., Misión Imposible: Protocolo fantasma y Anacleto, agente secreto, con un impagable Imanol Arias. Para quien no recuerde que en España también tenemos héroes del comic más que dignos.
Y el colofón final, la película que todo el mundo estaba esperando y que, pese a haber dividido a los fans más radicales, a mí me ha entusiasmado, llegó con Star Wars: el despertar de la fuerza, película que sin duda se mantendrá en lo más alto durante el mes de enero del 2016 y quién sabe si también en el de febrero.
Esto ha sido, a mi entender, lo más destacable de un año que, además, ha dejado alguna pequeña sorpresa que merece ser destacada. Películas de corte fantástico aunque mucho más humildes que las superproducciones antes mencionadas como la simpática La señal y la intrigante Ex Machina, divertidas apuestas animadas como La oveja Shaw, films de denuncia aunque simpáticos como Pride o el romance gótico propuesto por el amigo Del Toro en La Cumbre Escarlata.
Y no menos destacables son para mi otras películas que sin duda no entrarán en la lista de ningún blog de los muchos que somos y que definen un poco a este panda: Walking of sunshine, porque o bien me estoy volviendo muy ñoño o este musical me llegó a tocar la fibra, Dando la nota, aún más alto, porque no conocía la primera película y, sin esperar nada de ella, me sorprendió gratamente, Eliminado, porque a veces se puede hacer cine de terror con dos duros si se pone un poquito de imaginación, Ant Man, porque aquí, más que nunca, el tamaño no importa, El Séquito, porque me descubrió una serie de televisión que me ha llegado a enganchar hasta el punto de haberme devorado ya sus ocho temporadas, y Barcelona, nit d’hivern, porque lo del punto ñoño que he dicho antes debe ser cierto, pues esta también me logró emocionar.
Bueno, pues este ha sido mi resumen positivo del año. ¿Encontráis alguna a faltar? Ya sabéis que, como siempre, acepto sugerencias. Opinad sin miedo, insensatos, opinad…

BALANCE DEL 2015: UN AÑO EN CIFRAS

Pues hasta aquí puedo leer, como decían en aquel mítico concurso. Hoy termina el año y ya no hay tiempo para ver más cine, así que es el momento idóneo para empezar a hacer un poco de balance de lo que nos hemos encontrado por aquí.
En total han sido 165 las películas aquí analizadas, a las que hay que sumar las doce recomendaciones de los lectores y los doce comentarios de opinión de cada mes. Ha habido, además, quince comentarios periódicos, la mayoría centrados, como cada año, en los meses de marzo y octubre. Y es que ya sabéis, entre premios y festivales. Y este año el Festival de Sitges ha vuelto a ser protagonista del blog, como no podía ser de otra manera.
En total, entre unas cosas y otras, han sido 204 entradas, nueve menos que el año pasado. Podría significar que este año ha habido menos cine interesante que el anterior, pero eso no tiene porqué ser necesariamente cierto. Ha sido un año claramente marcado por los blockbusters y en mi caso particular ha habido películas que he podido ver varias veces pero que, por supuesto, sólo han provocado un comentario en el blog. Los casos más claros corresponden a Vengadores: la era de Ultrón y Star Wars: El despertar de la fuerza, las dos películas más esperadas del año y que me han hecho pasar por taquilla tres veces cada una.
A cambio, ha habido mucho menos “cine de salón”, doce películas contra las cuarenta y tres del año pasado.
A nivel de lectores la cosa es más complicada de calcular, ya que la presencia en Facebook y twitter ha aumentado las visitas pero ha dificultado el cálculo. Sí puedo deciros que el comentario de agosto en el que recomendaba podcast sobre cine que escucho habitualmente ha sido de largo el más leído. Curiosamente, la entrada sobre una película que ha recibido más visitas ha sido la correspondiente a Como sobrevivir a una despedida. Nunca lo habría dicho.
La presencia en las redes sociales ha permitido expandirse al blog de manera que diversas entradas  han sido retwitteadas o destacadas por algunas figuras del panorama cinematográfico nacional, siendo mi mayor orgullo la mención de Álex de la Iglesia. Por cierto, veintisiete han sido las películas comentadas con participación española, siendo los meses de septiembre y octubre los más prolíficos. Y marzo, como suele suceder, ha vuelto a ser el mes con menos estrenos de interés, aunque, por el contrario, ha sido el mes con más visitas en la historia del blog, superando las mil cien. El talón de Aquiles del Panda siguen siendo los comentarios. Continúan detectándose pequeños problemas técnicos en el blog que dificultan las publicaciones de estos mientras que se evidencia cierta timidez en el foto de debate que me gustaría que fuese Facebook, donde, por cierto, ya somos 167 miembros. ¡A ver si en el 2016 llegamos a los 200!
Pero basta de hablar del blog. En lo que respecta al cine, y a falta de análisis más detallados, este 2015 ha sido, tal y como se esperaba, un año muy taquillero. Empezó muy bien la cosa (económicamente hablando, la calidad ya es otro cantar) con 50 sombras de Grey, el primer gran éxito del año que parecía que iba a establecer un record en espera de los estrenos veraniegos, pero la balanza kármica y la pérdida de Paul Walken elevaron a límites insospechados a Fast&Furious 7, convirtiéndose en el estreno más bestial del año (al menos si comparamos su recaudación con las previsiones iniciales).
Con la excepción de Tomorrowland, injusto pero estrepitoso fracaso, el resto de las películas han cumplido más o menos con las expectativas. Cuatro han sido los títulos gordos del año: Los Vengadores: La era de Ultron, Jurassic World, Misión imposible: Nación secreta y Los Juegos del Hambre: Sinsajo, parte 2. Han funcionado muy bien Ant Man, La Cenicienta, Terminator: Génesis, Kingsman: agente secreto, Marte, Operación U.N.C.L.E.  y Mad Max: Fury road (esta con mucha mejor valoración por parte del público de lo que su taquilla terminó demostrando) y dejó un sabor agridulce la última de 007, Spectre, así como tres títulos con sello de autor: El ascenso de Júpiter de los Wachowski, Chappie de Neill Blomkamp y La Cumbre Escarlata de Guillermo del Toro. Y los fracasos más sonados (aunque ya anunciados) lo componen el trío formado por la mencionada Tomorrowland junto a la fallida Pan y la horrible Los 4 Fantásticos.
En el campo de la animación Del Revés se ha llevado todos los aplausos, pero ha tenido que compartir taquilla con los imparables Minions, mientras que el cine español ha estado de enhorabuena con el retorno de Amenábar, el buen sabor de boca de películas tan dispares como Anacleto y Truman y, sobre todo, con la excelente acogida a la esperada Ocho apellidos catalanes.
Y como gran fin de fiesta, como no, Star Wars: El despertar de la Fuerza, que pese a haberse estrenado a mediados de diciembre y tener que repartir sus cifras con el año 2016 ha tenido un arranque tan alucinantemente bestial que ha batido records y se ha encumbrado en lo más alto. A nivel histórico no parece que vaya a alcanzar las cifras de Avatar, pero nadie se atrevería a apostar en su contra. Por si acaso…
Este es, en cuestión de cifras, el resumen del año que hoy termina. A continuación, el resumen desde un punto de vita algo más subjetivo. Lo mejor y lo peor según la humilde opinión de este panda.
Feliz año y… ¡a por el 2016!


EL MARIDO DE MI HERMANA (4d10)

Resulta no ya difícil sino doloroso juzgar una película como esta, un producto destinado al entretenimiento más pasajero y trivial que, aun contando con un trío de actores carismáticos (y algún secundario de relumbrón) carece de las más mínimas pretensiones artísticas que permitan rascar siquiera un mísero aprobado al invento.
Cierto es que en el terreno de las comedias románticas todo está ya  muy trillado y es tentador contentarse con muy poco, pero lo cierto es que a priori había elementos que invitaban a pensar que esta comedieta podría hacerse un hueco en la medianía general, aspirando incluso a sobresalir ligeramente merced a algún diálogo inteligente (y la excusa de que tanto el protagonista como su padre sean profesores universitarios especializados en el terreno de los románticos le iba que ni pintado) y alguna vuelta de tuerca que destacara entre lo trillado del argumento.
Pero a la postre, viendo el despropósito fílmico que ha parido un director, Tom Vaughan, que va de mal en peor, con un guion tan errático que uno no tiene ni idea de lo que pretendía contar su autor, ni siquiera el trío de guapos (mucho mejor actores de lo que demuestran en esta película) salva la función.
Vale que el argumento sea previsible (un profesor se enamora de su alumna y se casa precipitadamente con ella debido a su embarazo, pero con el tiempo descubren que no están enamorados y que es la hermana de ella quien realmente le hace temblar el corazón a él), pero si por lo menos estuviese bien desarrollado uno podría contentarse con esas migajas de carisma que derrochan sus desaprovechados protagonistas. Pero un ritmo errático, un  montaje confuso y unas relaciones mal dibujadas hacen que este film, que pasó desapercibido en su momento y que he recuperado en los albores del año gracias a la segunda oportunidad (a todas luces inmerecida) que algunos cines le han otorgado, hacen que su visionado sea una triste pérdida de tiempo.
Es todo tan superfluo, tan nimio, que ni siquiera tiene los arrestos suficientes para llegar a ser una mala película. Es, simplemente, una sosería fílmica que solo se puede recomendar a un público muy conformista en una tarde de domingo sin futbol. No da para más.

martes, 29 de diciembre de 2015

EL DESAFÍO (6d10)

Aunque no puedo considerarme un fan declarado de Robert Zemeckis reconozco que admiraba profundamente al realizador en su primera etapa, la más divertida y palomitera (con la trilogía de Regreso al futuro como punto álgido, aunque nunca me cansaré de reivindicar La muerte os sienta tan bien). 
Luego le llegó una faceta más seria y adulta con la que ya no conecté tanto (no soy nada fan de Forest Gump y Náufrago me aburrió soberanamente) y finalmente se perdió en los delirios digitales de Polar Express, Beowulf y Cuento de Navidad hasta que se pegó el batacazo y regresó al cine de imagen real con El Vuelo.
Él mismo, sin embargo, ha reconocido que está más interesado en la técnica que en la historia (quizá por eso lo mejor de El Vuelo fuese la escena del avión volando del revés y su posterior aterrizaje forzoso). Por ello, El desafío es una película técnicamente impecable, con un glorioso y muy bien aprovechado 3D (esta es una de las pocas ocasiones donde la técnica tridimensional es realmente aconsejable) y un hermoso tributo a las tristemente desaparecidas Torres Gemelas de Nueva York.
La historia es otra cosa…
El desafío narra la epopeya de Philippe Petit, un artista callejero parisino que, buscando siempre nuevos desafíos, se empeña en cruzar el espacio que separa ambas torres haciendo funambulismo. Una proeza para la que debe reunir a un variopinto grupo de cómplices, casi a modo de los chicos de Clooney en Ocean’s Eleven.
Así, la primera mitad del film sigue el clásico planteamiento de una película de robos (hay que decir que para el desafío al que quiere enfrentarse Petit no hay permisos posibles, así que todo se hará en contra de la ley), resultando algo monótona y aburrida. En la segunda, todo el protagonismo recae en la “actuación” final, en el ejercicio de equilibrismo que decora el cartel y que, por estar basado en una historia real y por ser el propio Petit quien nos narra la historia desde la primera escena, ya sabemos que terminará bien.
Por eso, por la falta de emoción práctica al conocer (o imaginar) el desenlace, y por lo mal que puede llegar a caer el propio Petit, un personaje egoísta, engreído y sobrado, uno no llega a conectar demasiado con una historia demasiado poco trabajada y en la que demasiadas cosas se dejan en manos del caprichoso azar.
Y esto, que resume muy bien el cine de Zemeckis de los últimos años, es lo que más define a la película desde el punto de vista artístico. Pero, como digo, al propio director todo esto le importa bien poco. Lo verdaderamente importante, la excusa de esta historia que no por real resulta poco cautivadora, es el clímax final, la media hora larga en la que Petit recorre el cable, los planos desde lo alto de la torre capaces de provocar vértigo en el propio espectador, la magnificencia de esas torres tan perfectamente recreadas que parecen reales…
Esta es la magia de la película y la única excusa para ir a verla, más allá de lo que el señor Petit y su caprichosa vanidad nos puede llegar a interesar. De cada uno dependerá valorar si esta media hora final de pausada adrenalina compensa el visionado completo.