Llevamos
ya tiempo sufriendo la falta de originalidad de Hollywood, que últimamente
abusa más que nunca de los remakes, secuelas y adaptaciones, pero desde que
J.J.Abrams se inventara eso de la secuela/reboot en la magnífica Star Trek (y que Singer intentó repetir
con algo menos de gracia en X-men: Días del futuro pasado) las grandes sagas parecen empeñadas en fotocopiar sus
días de mayor gloria. Ahora es el turno de Piratas del Caribe: la venganza de Salazar.

Los
últimos en pasar por el aro han sido Joachim Rønning y Espen Sandberg (pareja
de directores cuyo trabajo más destacado hasta la fecha es Bandidas, aquella cosa con Penélope Cruz y Salma Hayek), que tras
el desastre (de crítica, que no de taquilla) de la cuarta entrega de Piratas del Caribe: En mareas misteriosas,
han tenido que repetir jugada y tratar de reiniciar la saga fingiendo que
estamos ante un capítulo más de la misma. Esto es: avanzamos en la historia,
pero presentando nuevos y jóvenes protagonistas que den el relevo definitivo a
los antiguos (y me refiero a Will Turner y Elizabeth Swann, de Jack Sparrow no
será fácil librarse) pero con una trama y una estructura que prácticamente
repite los esquemas de La maldición de la
Perla Negra.


Con
estos elementos, Rønning y Sandberg hacen una película entretenida, algo
alargada (pese a ser la más corta de la saga le sigue sobrando metraje) y que
recupera el espíritu heredado de aquellos films tan entrañables de Errol Flynn
o Burt Lancaster, aunque pasado por el visor de lo fantasmagórico. Con sus
defectos, que los tiene y muchos, la película funciona bastante bien y da
esperanzas de cara al futuro, con el retorno de Davy Jones a la vuelta de la
esquina. Tenemos a un Sparrow algo más comedido y digerible, aunque, por el
contrario (y quizá esto sea lo peor de la película) el villano inventado para
la ocasión, ese fantasmagórico Salazar, flirtea demasiado con el ridículo,
demostrando que Javier Bardem se está encasillado en eso de los malos
esperpénticos como el Anton Chigurh de No
es país para viejos (ese al menos metía miedo) o el Silva de Skyfall.
Es
esta una película que dará dinero y que, casi con toda seguridad, tendrá una
continuación que se esperará con más ganas tras el cambio de rumbo ofrecido. En
breve tendremos la sexta entrega, lo cual parece una locura si recordamos que
todo empezó con la absurda idea de adaptar a la pantalla grande una atracción
del parque de Disneyland.
Muerta
la originalidad, quedémonos al menos con la división.
Valoración:
Seis sobre diez.
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