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sábado, 4 de abril de 2015

FAST&FURIOUS 7 (7d10)

Resulta difícil e increíblemente doloroso juzgar esta película que lamentablemente pasará a la historia del cine por razones que no tienen nada que ver con lo estrictamente cinematográfico.
Los que seguís este blog desde sus inicios ya sabréis que me acerqué a esta saga por primera vez hace un par de años con el estreno de su sexta parte. Nada sabía de ella más que iba de coches tuneados y chicas luciendo palmito y quedé gratamente sorprendido con lo que me encontré, una película adrenalítica tan imposible como La Jungla 4.0, Misión Imposible o Mentiras Arriesgadas pero igualmente disfrutable. Recuerdo que en su momento la definí como “un despiporre”, y aunque no pude profundizar en ello por no spoilear el film, descubrir en la escena postcréditos que en la siguiente entrega se sumaría al elenco Jason Statham no hacía más que presagiar que esta Fast & Furious 7 sería doblemente “despiporrante”.
Y empieza bien la cosa, con un Statham desatado que podría darle para el pelo incluso al Washington de The equalizer (el Protector), y que promete grandes dosis de espectacularidad, adrenalina y olor a neumático quemado. Para acabar de redondear la apuesta, no solo repiten todos los actores de la anterior película (incluso los personajes desaparecidos que interpretan Sung Kang y Gal Gadot tienen su plano propio, igual que un agónico Luke Evans) sino que se aumenta la apuesta con la presencia de grandes de la interpretación como Kurt Russell, la presencia de Djimon Hounsou, el acrobático Tony Jaa, la brutal Ronda Rousey (luchadora que debutó en cine con Los Mercenarios 3 y que tiene una escena genial con Rodriguez) y el nuevo fichaje que supone Nathalie Emmanuel (la Missandei de Juego de Tronos). Todo ello para secundar a los tipos duros de siempre, encabezados por la sagrada trinidad que son Vin Diesel, Paul Walker y Dwayne Johnson, bien acompañados por Michelle Rodriguez, Tyrese Gibson y Ludacris y las apariciones efímeras de Jordana Brewster y Elsa Pataky. Como se puede comprobar, la saga de Fast & Furious se ha convertido en la familia de la que tanto se vanaglorian en la ficción, y todo el mundo parece sentirse muy a gusto con sus compañeros de aventuras, lo cual termina por traspasar la pantalla y permite mantener la serie viva y sin síntomas de agotamiento.
Resultaba intrigante saber cómo se iba a desenvolver en una película de estas características el director James Wan, más acostumbrado a los ambientes claustrofóbicos y tétricos de las casas encantadas que a los espacios abiertos y luminosos a que nos tienen acostumbrados la saga, pero no se le da mal al realizador nacido en Malaysia y responsable del género de terror actual, aunque puede que se le note algo confuso y agarrotado en ciertos momentos de lucha, de cámara algo errática y nerviosa, por lo que los productores ya están barajando el retorno de Justin Lin a la franquicia (ya se ha confirmado la octava entrega, donde se continuará con la trama del personaje que interpreta Kurt Russell y se especula con la incorporación de ¡¡Hellen Mirren!!).
Efectivamente, todo es un despiporre. El enfrentamiento entre Johnson y Statham es brutal, el episodio de Azerbaijan prodigioso y los saltos imposibles entre los edificios de Abu Dhabi alucinantes.  Todo estaba siendo doblemente despiporrante, sin permitir que la inicial seriedad de la trama (los protagonistas han abandonado su vida alocada y pretenden sentar la cabeza y centrarse en la familia) afecte al espectáculo. 
Pero algo decae al llegar a su final, demasiado excesivo, en el que se peca de un estiramiento innecesario muy en la línea de El hombre de acero o el último Transformers, contagiando el agotamiento de la acción al propio espectador y sintiendo que, tras casi dos horas de auténtico frenesí, el duelo final de la “familia” contra Statham sabe a poco.
Decía al principio que era doloroso juzgar esta película, y es que por divertida y loca que sea no se puede obviar el fallecimiento de Paul Walker antes de terminar la filmación, tal y como nos recuerda el propio Wan en un final tan impuesto como emotivo, y que nunca llegaremos a saber cómo afectó al argumento de una película que estuvo incluso a punto de no llegar a terminarse nunca.
Los efectos digitales y la participación de sus hermanos hace que en pantalla no se aprecie la perdida de Paul, pero desconozco qué retoques obligo a hacer en el guion definitivo e incluso a la propia producción, sin duda hundida anímicamente tras el mazazo.
Es por ello que queda un gusto agridulce al final del visionado, como si nosotros mismos hubiésemos perdido a un amigo y nos sintiésemos culpables por haber disfrutado tanto de sus últimos momentos de vida.
Con todo, Fast & Furious 7 es genial, divertida, espectacular, suicida, estúpida, imposible, grandiosa y emotiva. Todo ello cabe en la historia de una familia (ahora más que nunca) unida hasta la muerte. Y por ello le perdonamos incluso el excesivo final.
Fast & Furious volverá, no lo dudéis. Y yo estaré ahí para disfrutarla y contároslo. Aunque sin Paul Walker será un poquito menos despiporre.

jueves, 8 de mayo de 2014

BRICK MANSIONS (LA FORTALEZA) (4D10)

Vayamos al grano. Brick mansions (la Fortaleza) es una solemne tontería de cabo a rabo. Producida por Luc Besson, esta Brick mansions es un remake americano del Distrito 13 que dirigiese en 2004 Pierre Morel, ya bajo el amparo de Luc Besson y que en realidad era una mezcla de influencias de Asalto a la comisaría del distrito 13 y 1997: rescate en Nueva York, ambas de John Carpenter. 
El elegido para dirigir el invento ha sido en esta ocasión el debutante Camille Delamarre, responsable de la edición de otros films producidos por Besson y con este elenco de amiguetes no podía faltar entre los actores protagonistas el insípido y plano David Belle, intérprete de registro cero pero de movimientos eléctricos a la hora de lanzarse al parkour, ese invento francés que consiste en pegar saltos por tejados y muros aprovechando las habilidades corporales de la forma más rápida posible.
Y de eso va realmente la película. Con una excusa tan poco convincente como estúpida (la creación de un muro tras el cual se encierra a lo peorcito de Detroit, como si de un gueto fortificado se tratase) lo que importa en la película es ver al Bello este pegando cabriolas por todas partes, lo cual, junto a la presencia de Paul Walker, resulta ser lo único salvable del film y que podría dar mayores alegrías si no fuese por lo mal filmadas que están algunas escenas demostrando que el debut de Delamarre ha sido un poco precipitado.
Damien Collier y Lino son dos policías de diferente pasado que deben trabajar juntos a su pesar para internarse en Brick Mansions y detener al gran villano de la función, Tremaine Alexander (interpretado por el rapero empeñado en ser actor: RZA), el jefe del cotarro al otro lado del muro. A partir de ahí solo podemos encontrar una sucesión de tópicos a cual más ridículo, desde la lucha “de gatas” entre la sádica amiga de Tremaine y la novieta de Lino, hasta tiroteos interminables, malvados grotescos (e insultantes por su patetismo), situaciones inverosímiles, humor de rebajas y giros de guion totalmente fuera de lugar que nos inviten a gritar en medio de la proyección: “¿pero esto qué es?”.
No se puede hablar de tomadura de pelo cuando las expectativas eran tan pocas y ya el cartel invitaba a saber lo que uno iba a ver. De hecho, dudo que si no fuera por la lamentable y reciente muerte de Paul Walker la película hubiera llegado a estrenarse en nuestro país. Y es en Walker donde encontramos la única vía de escape, pues su carisma y su buen hacer es lo único que ayuda a soportar esta tontería por más que se nos parta el corazón cada vez que se sube en un coche (y lo hace mucho) y termina estampándose contra algo.
Argumentos aparte, las secuencias de acción podrían haber sido espectaculares (Bello se esfuerza lo suyo) pero no están filmadas con la suficiente convicción como para impresionarnos, dejando siempre son la sensación de que se podría haber sacado mucho más.

Simplería para pasar el tiempo y poco más, con interpretaciones nefastas por parte de los secundarios y un apunte a crítica social que queda en agua de borrajas, Brick Mansions queda infinitamente lejos de las dos grandes películas de Carpenter a las que pretende emular.

lunes, 27 de mayo de 2013

FAST & FURIOUS 6 (7d10)

Resulta curioso comentar esta película poco después de mi crítica a Scary Movie 5, ya que a priori guarda ciertas similitudes. Ambas corresponden a un número relativamente elevado dentro de una saga, cuenta con realizados últimamente dedicados casi en exclusividad a dichas sagas (Justin Lin lo único destacable fuera de Fast & Furius son un par de episodios de Community), sus guiones carecen de sentido y sus intérpretes son entre medianos y malos, y eso siendo generosos. Así pues, ¿cuál es la diferencia entre ambas obras? El despiporre. Furious 6 (este es el título que aparece en Pantalla; a estas alturas ya no estoy muy seguro de su título en España) es una montaña rusa constante, un espectáculo de acción y adrenalina que no deja en ningún momento espacio para el aburrimiento y ofrece precisamente lo que promete: acción,  persecuciones espectaculares, tiroteos, peleas y toques de humor. Perdónenme ustedes por ser tan poco académico,  pero por más vueltas que le he dado no encuentro una definición mejor que la del despiporre, desde la primera  la última escena e incluyendo la hoy en día inevitable escena postcréditos.
Si el otro día decía que me habría conformado con que los de Scary me hubiesen hecho reír alguna vez, en el caso que hoy nos ocupa la diversión es total. Se me ocurre ahora pensar en otra saga a la que también podíamos comparar: Jungla de Cristal, esa obra maestra del cine de acción mas ochentero que mantuvo el ritmo con dignidad hasta su tercera entrega y evolucionaba hasta el despiporre más delirante en La Jungla 4.0 hasta ofrecer un final triste y bochornoso (al menos por ahora) con la quinta entrega,  cuya critica tenéis por aquí. Pues bien, esta F&F6 recuerda en espíritu a esa Jungla 4.0, donde no importaba que John McCaine persiguiera un camión desde un Harrier mientras lo hiciera con estilo. Igualmente la alegre pandilla de Toretto se enfrenta a desafíos imposibles tanto de ver como de creer, como impedir que un avión militar de carga pueda despegar por el peso de unos simples coches en una pista aparentemente infinita, ser perseguidos a gran velocidad por una autopista por un tanque (con el Teide de fondo, por cierto), organizar carreras ilegales en medio de Londres (la ciudad con más cámaras de video según dicen en un momento de la película) con podiums para gogos, DJ's y coches estruendosos sin que nadie se entere, y eso por no mencionar la excesiva comprensión ante determinadas situaciones por las féminas de la película. Situaciones inverosímiles ante las que solo nos queda exclamar: ¿y qué más da? Y es que mientras disfrutamos de las más de dos horas de película lo único que podemos pensar es: quiero más. Y tened por seguro que nos lo dan.

Confieso que me acerqué a este film con cierto temor y sin haber visto las anteriores películas, por lo que no sabía si iba a poder identificarme con los personajes. Con reconocida simpleza pensaba que la cosa iba simplemente de carreras de coches y tópicos machistas, pero ya los títulos de crédito, con escenas de toda la saga, me advirtieron de que me había perdido cosas importantes,  aunque ello no era impedimento para disfrutar esta sexta entrega sin dificultad.
La excusa argumental es simple: unos terroristas están robando armas nucleares utilizando coches de gran cilindrada y el agente Hobbs pide ayuda al fugitivo Toretto con la excusa de que una ex del piloto, Letty, a la que daban por muerta, está metida en el ajo. Toretto junta a toda la panda y el espectador ya sabe que... ¡se va a liar parda!.
Una posible pega podría ser la calidad de sus actores, con un Vin Diesel inquietantemente hinchado que roza el ridículo en los momentos más dramáticos,  Wayne "the Rock" Johnson y Michelle Rodríguez haciendo de sí mismos, copiando gestos y tics que podrían pertenecer a cualquiera de sus papeles anteriores, Gina Carano que, como ya demostró en Indomable, es mejor que no pare nunca de dar leches, que es lo suyo, y unos cuantos actores de reparto que simplemente cumplen y no molestan. Y, junto a ellos, Paul Walker y Luke Evans que demuestran que son los únicos actores de verdad en la función. Y como maestro de ceremonias Justin Lin que si bien no emociona tanto  como pretende si consigue imponer un buen ritmo y dotar de gran espectacularidad a las escenas de persecuciones, precisamente lo que le echaba en falta a La Jungla: un buen día para morir.

En resumen,  acción, diversión y toques de tragedia que culminan en una escena final que avanza lo que veremos en la séptima entrega y quién se va a sumar a la fiesta. Y, creedme, volverá a ser un despiporre.