jueves, 13 de octubre de 2016

Sitges 2016: THE EVIL IN US

Jason William Lee escribe y dirige una película que a priori cuesta definir si trata de zombies, caníbales o posesiones diabólicas. Y es precisamente ese juego de incertidumbre lo que mejor funciona en la historia de (otra vez) este debutante en la pantalla grande.
Tenemos tres historias en paralelo. Por un lado, la investigación de un despiadado asesinato múltiples donde la única superviviente puede ayudar a ofrecer algo de luz al caso si logra salir del coma, por otro, la presentación de lo que parece un “mad doctor” clásico con una serie de prisioneros a los que observa desde el exterior de sus celdas acristaladas. Y por último, un grupo de amigos que se reúnen en una cabaña en una bonita isla para celebrar la festividad del cuatro de Julio. Tres tramas que, inevitablemente, terminarán por unirse conformando un cruento y terrible baño de sangre.
Sin pretender desvelar demasiado de su argumento, que dicho sea de paso, va de menos a más, siendo al principio algo torpe en la presentación de personajes llegando a amenazar con desconectar son los mismos, la película recuerda en algunos momentos a aquella locura que se vio por este mismo festival hace justo un año, Summer Camp, con la gran diferencia de que aquí no hay nada de la diversión de Alberto Marini, siendo The Evil in us una película dura, violenta y sin apenas humor.
Muchas son las virtudes de esta obra que merece estar entre lo destacado del Festival, pero por desgracia la falta de experiencia de un directo al que habrá que seguir de cerca produce también alguna pesada losa, como ese arranque lento, la insistencia en alargar algunas de las escenas de acción y, sobre todo, la floja calidad interpretativa de alguno de los protagonistas, lo que resta empatía a la historia.
Con todo, el misterio se deja llevar bastante bien y pese al extremismo que pueda definir a  su resolución el mensaje nada sutil es digno de admiración, haciendo que todo derive en una crítica ácida y (esperemos) muy exagerada hacia el poder político y la ambición desmesurada.

Valoración: seis sobre diez.

Sitges 2016: VIRAL

Viral cuenta la historia de dos hermanas, Emma y Stacey (interpretadas por Sofia Black D’Elia y Analeigh Tipton) que tratan de enfrentarse a los típicos problemas de las chicas medias americanas (una nueva mudanza, el distanciamiento entre sus padres, los chicos…) cuando una epidemia que asola todo el territorio americano llega hasta ellas.
Una epidemia, en este caso, producida por una especie de gusanos que augura una película más repulsiva de lo que al final llega a ser.
A medio camino entre la clásica película de zombies y las de enfermedades contagiosas, pero pasada por el rasero de la comedia juvenil más que del terror, Viral es una película que no llega a sorprender en ningún momento pero que es fresca y divertida, consiguiendo crear a unos protagonistas que caen bien y por los que vale la pena sufrir y preocuparse.
Gusanos asquerosos propagando el virus, infectados con una especie de conciencia colmena, el ejército estropeando más que arreglando y la dosis justa de acción y sangre son los cócteles de este entretenimiento perfecto para una maratón nocturna en Sitges que provoca carcajadas y gritos por igual y, en más de una ocasión, sonoros aplausos. 
Únase a esto a alguna cara conocida como Michael Kelly o Machine Gun Kelly (uno de los secundarios de Nerve) y descubriremos que el fin del mundo quizá no sea tan terrible.
Un paso adelante en las carreras de sus directores: Henry Joost y Ariel Schiman, tras Paranormal Activity 3 y 4 y Nerve, otra película con y para adolescentes más comercial pero inferior a esta.
Eso sí, tampoco busquemos aquí una dosis de madurez y realismo extremo. Esto es otra cosa.

Valoración: Seis sobre diez.

Sitges 2016: CAGE DIVE

El hecho de que uno espere muy poco o nada de una película no siempre es suficiente para que esta termine gustando. Tras la soporífera experiencia de Blair Witch volver a enfrentarse a otro film del tipo found footage y encima de un director novel no parecía lo más indicado. Y menos cuando se trata de una película de tiburones y uno tiene tan fresco el grato recuerdo de Infierno Azul.
Gerald Rascionato es el director australiano que debuta con Cage Drive y que, visto en Sitges, parece un buen tipo, afable y cercano, lo cual no lo redime, por supuesto, como realizador. Lamentablemente, su película es tan plana y soporífera como cabría esperar, y aunque tiene algún momento de agrado, algún susto que funciona, estamos ante más de lo mismo. El truquito de las grabaciones encontradas, a la postre, no es más que un recurso para conseguir hacer una película con cuatro duros, teniendo aquí la opción de desenfocar las escenas submarinas y lanzar cientos de burbujas a cámara para evitar costearse los supuestos tiburones. Por el contrario tienen el inconveniente de que dificultan el poder conocer y, por tanto, empatizar con los protagonistas. Aunque visto lo visto, tampoco es que haya mucho con lo que empatizar.
Megan, Jeff y Greg son tres amigos que decididos a conseguir hacer un reallity televisivo se embarcan a una aventura submarina entre tiburones, teniendo así la excusa para filmarlo todo. Aunque nada sorprende en la película y no hay un ápice de originalidad, se agradece el esfuerzo de pretender explicar algo más metiendo un triángulo amoroso por medio así como un mínimo (muy mínimo) ataque al “todo vale por la fama” al que nos arrastra la sociedad de consumo televisivo actual, pero nada es suficiente para combatir el aburrimiento más que la posibilidad de tomarnos a guasa las torpezas de los protagonistas y convertir el drama en comedia. Solo así se le puede salvar algo.

Valoración: Cuatro sobre diez.

Sitges 2016: BLAIR WITCH

En 1999 Daniel Myrick y Eduardo Sánchez revolucionaron el género del terror con El Proyecto de la Bruja de Blair, una peliculita de ínfimo presupuesto a la que supieron rodear de un airea de leyenda urbana muy en la línea de Holocausto Caníbal y que inició la moda de las found footage. Ambos fracasaron en la realización de su mediocre secuela, El libro de las sombras, y poco se ha vuelto a saber de ellos hasta ahora, en la que ejercen como productores de este torpe intento de revivir la saga.
Con el binomio Adam Wingard y Simon Barrett (director y guionista de las interesantes Tú eres el siguiente y The guest) la cosa apuntaba alto, más cuando todos prometían una nueva reinvención del género que volvería a dejar a todos asombrados y aterrados. Pero, para decepción de sus seguidores, lo único que han conseguido hacer es repetir paso por paso los esquemas de la primera película, obviando de hecho lo narrado en la secuela, para fotocopiar la película con más dinero y mejores técnicas.
Blair Witch es exactamente lo mismo que El proyecto de la Bruja de Blair, con más ruido de fondo y cachivaches más molones (aunque, a la postre, no sirvan para nada, como el desaprovechado dron). Hay alguna idea interesante en la propuesta, pero ellos mismos la dejan de lado como si temiesen apartarse lo más mínimo del camino marcado.
Blair Witch, por tanto, no aporta nada nuevo. Solo sirve como excusa para pretender enseñar a las nuevas generaciones lo que algunos padecieron hace un par de décadas en cine. Pero claro, mucho ha llovido desde entonces, y eso del “metraje encontrado” hace años que dejo de tener gracia.
El proyecto de la Bruja de Blair, vista hoy en día, es anodina y lenta. Pero en su momento tenía un toque de misterio y originalidad que al menos la hacía diferente de las demás. Blair Witch apenas logra aspirar a dar un par de sustos con sus golpes de sonido. Y ni eso lo consigue hacer bien.
No sé si será la peor película que se vea en este festival de Sitges. La más decepcionante seguro que sí.

Valoración: Tres sobre diez.

lunes, 10 de octubre de 2016

Sitges 2016: THE AUTOPSY OF JANE DOE

Jane Doe es como llama la policía de Estados unidos al cadáver de una mujer sin identificar. Así es como arranca la película The autopsy of Jane Doe, con el descubrimiento del cuerpo de una mujer joven desnuda enterrada en el sótano del escenario de un crimen.
Estamos en un pueblo pequeño, y el sheriff apremia al forense del lugar y a su hijo aprendiz para que averigüen qué causó la muerte de la muchacha con la esperanza de que esa primera revelación ayude a esclarecer varios asesinatos acontecidos en la susodicha casa. Así, Tony tilden y su hijo Austin deberán dedicar la noche entera a hurgar en el cuerpo de la desconocida en busca de respuestas.
Esta es la premisa del salto  a Hollywood de André Øvredal, director de la aclamada Trollhunter, que juega con los géneros del terror tocando de varias teclas (gore, posesiones demoníacas, espíritus) para conseguir una estimulante mezcla de pesadillas que mantiene en todo momento alerta al espectador. Con un limitado reparto compuesto por el estupendo Brian Cox y el emergente Emile Hirsch, bien secundados por Ophelia Lovibond y Michael McElhatton, pero sin olvidar la presencia pétrea pero desasosegante de la “cadáver” Olwen Catherine Kelly, Øvredal consigue estremecer con inteligencia, proponiendo un juego de sorpresas y descubrimientos que amenazan con rechinar en algún momento pero terminan encajando a la perfección, como las piezas del puzle que la propia autopsia supone. Aunque las escenas más macabras no alcanzan al nivel de crudeza necesaria para angustiar (no hay nada que no haya visto en series de televisión casi familiares como Dexter, I Zombie o cualquier variedad de C.S.I.), los sustos están bien dosificados y son ingeniosos, sin limitarse a los trucos de efectismo baratos de subidas de música y juegos con las sombras.
Además, con su poco más de hora y media de duración, la película no pierde el tiempo con tonterías, y la necesaria subtrama familiar imprescindible para poder crear unos personajes con esencia está tan limitada a lo estrictamente necesario que apenas se le pueden sacar pegas a una obra que ofrece justo lo que promete: terror y claustrofobia, sin apenas recurrir al humor ni caer en desviaciones reflexivas.

Valoración: Siete sobre diez.

Sitges 2016: PROYECTO LÁZARO

Proyecto Lázaro es, posiblemente, la película más ambiciosa de su director Mateo Gil, guionista de cabecera de Alejandro Amenábar que debutó en la dirección de largometrajes con nadie conoce a nadie. No tanto por su pretensión comercial (su anterior trabajo, Blackthorn, tenía un reparto más reconocible) como por sus pretensiones reflexivas y filosóficas.
A medio camino entre el Lázaro bíblico (aunque el milagro de la resurrección parece evocar más al propio Jesucristo) y el Frankenstein de Mary Shelley, Proyecto Lázaro narra la historia de un joven (exactamente con nada casuales treinta y tres años) publicista que cuando le diagnostican un cáncer que lo consumirá en un año aproximadamente decide crionizarse con la esperanza de que en el futuro se halle una cura a su enfermedad.
Limitado por unas imaginables carencias presupuestarias, toda la historia ubicada en ese futuro en el que la ciencia logra al fin triunfar en su objetivo de jugar  a ser Dios se limita a los interiores del centro donde tienen confinado al resucitado Lázaro (que en realidad se llama Marc, mientras que toda la película está salpicada por constantes flashbacks que nos muestran la historia de su vida hasta que la enfermedad le llevó a tomar tan drástica decisión. Una vida marcada, sobre todo, por su interrumpida historia de amor con Naomi, que puede llegar a recordarnos incluso a una especie de Romeo y Julieta futuristas.
Con semejante premisa, Gil intenta hacernos reflexionar sobre los límites morales de la ciencia, la perdida de la identidad y el precio al que se está dispuesto a pagar por lograr la inmortalidad, pero lo hace partiendo de una trampa difícil de perdonarle: el Marc revivido en el futuro no es el hombre sano de nuestra época al que deben curar un cáncer de garganta, sino que casi todo su cuerpo ha sido modificado, siendo más un producto artificial humanoide que el hombre que realmente era. Eso hace que todo el planteamiento inicial se desfigure y nos encontremos ante otra cosa que no es la que se invitaba a debatir, y eso y el discurso repetitivo de intenso corte intimista (innecesaria y saturada voz en off) con tono onírico a lo Terence Malick hace que el film termine por aburrir, esperando una reacción que no llega nunca a producirse.
Narrativamente, Proyecto Lázaro hace todo lo contrario a lo que se criticó a una película tan diferente pero a la vez tan similar como Morgan, pero eso no logra mejorar el resultado, pues el tercio final del otro referente del género, Ex machina, sobrepasa en intensidad, con mucho, a este Proyecto Lázaro. Sólo el epílogo final dignifica un poco la función, pero no lo suficiente.
Cabe aplaudir a Gil por su atrevimiento en una apuesta arriesgada y complicada, pero el resultado es decepcionante, a la par de plantear una situación tan inverisímil que roza el ridículo (la “apuesta de negocio” en que se convierte Marc campando a sus anchas por los laboratorios sin ningún tipo de control ni vigilancia).
Invita a la reflexión, pero poco más.

Valoración: Cinco sobre diez.

Sitges 2016: SAFE NEIGHBORHOOD

Segunda película de Chris Peckover como director, Safe Neighborhood es una película que arranca rindiendo homenaje al cine familiar de los ochenta, con Solo en casa como principal fuente de inspiración (y por extensión, cualquier comedia de Chris Columbus
o John Hughes), aunque también con sutiles toques de Carpenter por ahí sembrados.
Luke es un chavalín que, con ayuda de su mejor amigo, orquesta una treta para tratar de seducir a su joven canguro una noche en la que los padres salen a cenar fuera de casa. Premisa sencilla y simpática en la que Levi Miller (el Peter de la innecesaria Pan) lleva la voz cantante junto a Olivia DeJonge y Ed Oxenbould, quienes ya trabajaran juntos haciendo de hermanos en La Visita, aquella interesante propuesta de M. Night Shyamalan) y a los que hay que añadir, como no podía ser menos, dos veteranas caras reconocibles como Virginia Madsen y Patrick Warburton. Hasta aquí todo bien, pero entonces uno recuerda que estamos en el festival de Sitges y que las cosas no son lo que parecen, y rápidamente los torpes flirteos infantiles son interrumpidos por un intruso que acecha la casa, girando las cosas hacia el “serial killer” de turno.
Pero ni siquiera este es el giro final, encontrándonos de repente en una película de “home invasion” en toda regla pero con mucho sentido del humor, muy gamberra y con continuas sorpresas.
Algo tiene que recuerda ligeramente al Know know de Eli Roth, sustituyendo la trama sexual por la ingenuidad infantil, pero Peckover, pese a su falta de experiencia, parece dominar mucho mejor los diálogos y las situaciones límites que su colega Roth, consiguiendo una pieza bastante redonda, que aun sin ser original en casi nada logra sorprender con lo bien colocados que están los giros argumentales, consiguiendo estremecer y divertir a la vez y con un trio protagonista que, pese a lo joven que es, cumplen a gran nivel.

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 8 de octubre de 2016

UN MONSTRUO VIENE A VERME: un gigante con alma.

Con tan solo dos películas en su filmografía, J.A. Bayona se había convertido en uno de los directores más importantes del cine español. Lo imposible era una película emotiva y espectacular que aunaba el dolor con unos increíbles efectos especiales que ya les gustaría conseguir (y más a ese precio) a muchas productoras norteamericanas.
Por eso, la incertidumbre sobre su próxima película era enorme. Para Bayona, podía significar la consagración definitiva. Y a tenor por las reacciones provocadas, lo ha conseguido. Incluso se comenta que la fecha de estreno en tierras yanquis se debe a promocionarla adecuadamente de cara a su hipotética carrera por los Oscars.
Un primer hándicap con que se podría topar Un monstruo viene a verme es con la comparativa con Mi amigo el gigante de Steven Spielberg. Al fin de cuentas, ambas van sobre un niño solitario y su relación/rescate con un ser gigantesco. Afortunadamente, toda comparación cae siempre en favor de Bayona. Huyendo del humor safio y del infantilismo de Spielberg, Un monstruo viene a verme es una película dramática, dura y amarga, que amenaza con erizar la piel y provoca más de una llantera entre el público. No busca descaradamente la pornografía sentimental, pero la acaricia por momentos.
Un niño acosado por sus compañeros de clase, una madre moribunda y una abuela dictatorial es todo lo que necesita este gigante (del que en España nos perdemos el trabajo de Liam Neeson) para acudir en su rescate. Basada en la novela de Patrick Ness, la base argumental no es un desborde de originalidad, recordando mucho, por ejemplo, a El Laberinto del Fauno, pero Bayona dirige con una eficacia tal que pronto se dejan de lado los posibles prejuicios para adentrarse en esta historia triste y emotiva. Volviendo a Spielberg, al que muchos se empeñan en comparar a Bayona (no es casualidad que el barcelonés vaya a encargarse de la secuela de Jurassic World), en Un monstruo viene a verme logra aunar los dos estilos propios del director de E.T., el drama más intimista y la espectacularidad más fantástica, consiguiendo una mezcla brillante y que nunca chirría.
Además, Bayona va camino a convertirse en un descubridor de jóvenes talentos. Si fue con Lo Imposible que se dio a conocer Tom Holland, el nuevo Spiderman visto ya en Civil War, aquí quien sobresale es Lewis MacDougall, que tras haber trabajado solo en un rol secundario en la prescindible Pan acepta el reto de cargar con el peso de toda la película y sale airoso de ello. Está también magistral, aunque eso ya es habitual en ella, Sigourney Weaver en el papel de abuela, mientras que Felicity Jones y Toby Kebbell cumplen con corrección.
¿Significa todo esto que Un monstruo viene a verme es una película perfecta? Pues no exactamente. La calidad está ahí, y eso es evidente, pero otra cosa es la sensibilidad. Ahí no hay crítico que pueda (o deba) medirla, ya que es una cosa tan subjetiva que cada uno puede y debe tener su propia opinión. Yo, personalmente, soy una persona fácil de conmover en una sala de cine, y Un monstruo viene a verme no consiguió hacerlo. Disfruté de la película, aluciné con el monstruo y sentí pena por los personajes, pero nunca alcancé el grado de dolor que logró traspasarme Bayona con Lo imposible, por más que algunos la acusaran de manipuladora. Lloré con la Watts y Holland más que con MacDougall y Jones, e incluso el final de El laberinto del Fauno me dejó más tocado. No sé si esto se debe a que esperaba demasiado de Un monstruo viene a verme, que yo no estaba en mi mejor momento como espectador o que Bayona no está a la altura de su anterior trabajo, pero me quedó una sensación de vacío al terminar el film, como si necesitara algo más, como si notara que han estado jugando con mi corazón pero no me lo han llegado a retorcer lo suficiente.
Algo que, para nada, debe empañar lo que es una magnífica película. Si su objetivo es hacer llorar o no solo Bayona lo puede valorar, y doy fe que había gente en la sala en la que yo estaba que lloró. Pero a mí me faltó ese punto de emoción final que me obliga a valorar la película un poquito por debajo de lo que me habría gustado.
Solo un poquito.

Valoración: Ocho sobre diez.

viernes, 7 de octubre de 2016

SITGES 2016

Al fin ha llegado el día. Hoy se abre el telón a la 49ª edición del Festival Internacional de cinema Fantàstic de Catalunya, Sitges 2016. Una cifra mágica que presagia que el año que viene será un evento muy especial.
Aunque mermado por un maldito virus que se resiste a abandonarme (espero que al menos no sea de origen zombie, tengo entendidos que los caminantes no se llevan bien con los procesadores de texto), no dudéis que el panda Cinéfilo hará alto de presencia un año más para comentar un buen puñado de las películas qu7e allí se estrenarán además de chafardear los eventos relacionados con el cincuenta aniversario de la saga Star Trek.
Como cada año, la gran cantidad de películas que se verán en el festival, dentro y fuera de concurso, será tan infinita que va a resultar imposible ver siquiera una pequeña muestra de ellas, cruzando los dedos para que las pocas seleccionadas coincidan con lo mejor del festival.
Aún así, Sitges es mucho más que buen cine: es diversión, es cachondeo, es pasear por las encantadoras calles de la villa rodeado de muertos vivientes, visitar las exposiciones y, quizá, hacer alguna compra en las paradas de la Playa de San Sebastián.
En los próximos días, El Panda Cinéfilo se teñirá de sangre, de manera que los comentarios de los estrenos de cine habituales quedarán un poco olvidados hasta el cierre del festival. Pero no os preocupéis, tarde o temprano se recuperarán y películas tan interesantes como Sing Street, Elle, Mechanic Resurrection, etc. encontrarán su huequecito. Pero antes, seis días visitando el Festival que se van a traducir, si no se estropean los planes, en los que veré diecinueve películas que podremos comentar todos juntos.
Hasta entonces... Sitges toma el control. "Scoty, teletransportanos".

sábado, 1 de octubre de 2016

CDS: LAS ÚLTIMAS SUPERVIVIENTES: al otro lado de la pantalla

Teniendo en cuenta que ya cuento las horas para que comience el próximo festival de Sitges (y del que este año también habrá un amplio repaso, no lo dudéis), me parecía un buen momento para recuperar una de las películas que se me escaparon en la edición del año pasado, precisamente la que se llevó los premios de mejor película, mejor guion y el premio especial del jurado.
En 1985 Woody Allen imagino un drama romántico donde un personaje de película atravesaba la pantalla de cine para aparecer en la vida real en la magnífica La rosa púrpura de El Cairo. John McTiernan repetiría la jugada en 1993 haciendo que un niño de la vida real se colase en una película y trajese de vuelta a su protagonista, un Schwarzenegger en estado de gracia en la genial e infravalorada El último gran héroe, esta vez combinando acción y comedia. Y esa misma premisa es la que ha seguido ahora Todd Strauss-Schulson para Las últimas supervivientes, en las que se juega (en un ejercicio similar al que hiciese Wes Craven en Scream o Joss Whedon y Drew Goddard en La Cabaña en el bosque) con los tópicos del cine de terror y les da la vuelta para burlarse de él hasta las últimas consecuencias.
En Las últimas supervivientes, Max (Taisa Farmiga) acude con unos amigos a un cine donde reponen una casposa película de serie B de los años ochenta protagonizada por su madre (Malin Akerman), recientemente fallecida. Allí, un incidente provoca que los jóvenes acaben atrapados dentro de la propia película y deban interactuar con los protagonistas para evitar ser asesinados por el enmascarado de turno.
La últimas supervivientes es una película pequeña y de poco presupuesto, pero eso no lastra la imaginación de un director para retorcer las bases del cine de género slasher, dándole una inteligente vuelta de tuerca que resulta muy divertida. Pero además, jugando bien las bazas de la madre y la hija, Strauss-Schulson logra también algunos momentos de verdadera emotividad consiguiendo unos toques de drama que para nada dificultan el ritmo narrativo (nunca ver a una rubia de ojos azules bailando en sujetador había sido tan dolorosamente triste).
Las últimas supervivientes rinde culto, a la vez que parodia, el género del terror, pero es también un homenaje a ese cine ochentero, a su música y a su ingenuidad (con muchos chistes propios de las películas de viajes temporales) que evocan irremediablemente a la aclamada serie de moda Stranger things, incluyendo su melodía electrónica y sus planos fotocopiados.
Una buena película para cualquier aficionado al cine, pero sobretodo una gran película para el aficionado al cine de terror.  Y con una Taisa Farmiga sublime.

Valoración: Siete sobre diez.

EL HOGAR DE MISS PEREGRINE PARA JÓVENES TALENTOS: los X-men de Tim Burton

Desde que Tim Burton se ganara la fama de visionario (esa coletilla que ponen a todos los directores algo imaginativos) por la maravillosa Eduardo Manostijeras y después de haber rodado la que a mi parecer es (y ahora es cuando la legión de nolanistas se me tira encima) la mejor película de Batman hasta la fecha (y posiblemente también la segunda mejor), cada film suyo parece ser un examen para dictaminar si su genialidad sigue intacta o si sus detractores pueden echársele ya al cuello definitivamente.
El hogar de miss Peregrine para chicos peculiares no será la película que saque de dudas a nadie. No tiene la firma gótica y retorcida que se le supone al creador de La melancólica muerte del chico ostra ni la sensibilidad que contenían sus mejores películas hasta la fecha (y también las menos locas desde un punto de vista fantástico): Ed Wood y Big Fish, pero tampoco es el empacho visual y excesivo de títulos como Alicia en el País de las Maravillas o Charlie y la fábrica de Chocolate.
De nuevo sin Johnny Deep a bordo (ya prescindió de él en Big Eyes) y con Eva Green sustituyendo definitivamente a Helena Bonham Carter como su musa (su primera colaboración juntos fue en  Sombras Tenebrosas), El hogar de Miss Peregrine…  está basada en una novela de Ransom Roggs que Jane Goldman, la guionista “oficial” de Matthew Vaughn, se ha encargado de adaptar. Y aunque la Goldman parece lucir bien adaptando comics quizá carezca de la fuerza necesaria para dar vida a unos personajes literarios que resultan demasiado parecidos a Harry Potter y su enfrentamiento con los mortífagos de Lord Voldemort (también el protagonista es un chaval que vive una vida anodina ajena a sus poderes y al mundo de fantasía que le aguarda) mezclada con la Academia Xavier para jóvenes talentos de los X-Men.
La historia funciona y se ve con agrado, haciendo que incluso las más de dos horas de duración pasen en un suspiro, teniendo Burton la oportunidad de lucirse en un par de momentitos pero sin ser capaz de crear un mundo propio como nos tiene acostumbrado vistos sus propios diseños para Frankenweenie, Pesadilla antes de Navidad o Mars Attacks! mientras que la parte adulta del reparto pasa un poco sin pena ni gloria (Eva Green se limita a lucir su mirada profunda, Chris O’Dowd demuestra que está mucho más dotado para la comedia que para el drama y Samuel L. Jackson hace más o menos lo mismo de siempre) dejando el peso interpretativo en manos de Asa Butterfield y Ella Purnell, que se esfuerzan en cumplir lo mejor que pueden. 
Eso sí, me llevé una sorpresa viendo pasear por ahí nombres como Terence Stamp, Judi Dench, Rupert Everett o Allison Janney.
El hogar de Miss Peregrine es una película entretenida, con buenos efectos y gotitas de emotividad, pero que te deja un poco frío una vez terminada. Como si le faltase algo de chicha, más alma, quizá. Es como esas películas origen de superhéroes que sabes que son casi un trámite para ver la secuela, que es la película de verdad.
Así, El hogar de Miss Peregrine funciona bien y no decepciona, pero tampoco deja un poso profundo. Como si Tim Burton, que digan lo que digan es uno de los grandes, la hubiese rodado con el piloto automático puesto, más preocupado en logran un resultado final de factura correcta que de dejar su huella. Y es esa falta de personalidad la que termina por castigar al film condenándolo sin duda a un ostracismo futuro.
Luego están, por supuesto, las miles de tonterías que tiene la historia en sí misma, las cosas inverosímiles que solo el buen ritmo de la acción (en esto sí cumple Burton) impiden que molesten demasiado. Es una de esas ocasiones en las que conviene no hacerse demasiadas preguntas sobre el porqué de las cosas.
En resumen, un buen entretenimiento para disfrutar durante su consumo pero que aspiraba a ser algo más. De nuevo una oportunidad perdida por falta de valentía, lo cual, tratándose de Burton, duele aún más.

Valoración: Seis sobre diez.